S?bado, 17 de febrero de 2007
Meditaci?n sobre el evangelio del VII Domingo del Tiempo Ordinario, d?a 18 de Febrero de 2007.

El amor a todos que Dios espera



Posiblemente pueda sonarnos muy a sabido lo que hoy nos recuerda la Iglesia con estas palabras de Nuestro Se?or, que recoge el Evangelio seg?n san Lucas de este domingo. El amor?incluso a los enemigos? es, en efecto, una de las ense?anzas m?s significativas del cristianismo. La rotundidad de esta doctrina se muestra en los t?rminos bien precisos de Jes?s cuando la expone. A los que nos odian, hemos de tratarlos bien; y si hablan mal de nosotros, no les responderemos con la misma moneda. El colmo ?bien gr?ficamente lo explica Jes?s? est? en presentar la otra mejilla al que nos pega.

Por m?s conocida que sea esta ense?anza del Se?or, reconocemos que se trata de un deber con frecuencia pendiente. Nos cuesta no quedarnos en la queja interior, en la protesta y en la rebeld?a..., cuando recibimos ofensas. Nos cuesta cambiar ese impulso a la venganza, que puede parecernos natural ?tan espont?neo nos sale?, por ver en quien nos ofende a otro destinatario de nuestro inter?s, de nuestro trabajo, de nuestro cari?o..., aunque haya tal vez que corregirle. No pensamos quiz? que ese que nos molesta es otra criatura muy querida por Dios, por quien Jesucristo dio su vida.

Debemos y queremos aprender de la vida de Nuestro Se?or. Deseamos ir por el mundo, con esa actitud que ?l nos ense?a, mientras nuestra vida discurre entre los hombres ocupados en actividades diversas: familiares, profesionales, sociales de todo tipo. ?Que nos encomendemos, por eso, al Esp?ritu Santo!, para descubrir, con su Luz, en cada persona que de alg?n modo nos molesta, si es tan s?lo distinta, o m?s bien se equivoca o es simplemente ignorante: pero siempre alguien que, en cualquier caso, debe ser objeto de nuestro amor. Con frecuencia se tratar? de un hijo de Dios que, si mejora en su conducta, agradar? m?s a ese Padre que todos tenemos en com?n.

Considerando as? las cosas, de las ofensas que recibimos y nos molestan, queda muy en segundo t?rmino el componente de agravio que pusiera haber. Valoramos primero y ante todo lo que puede haber en esas acciones de pecado, de ofensa a Dios; y luego el defecto de aquel, que desdice de un hijo de Dios, y le impide ser feliz de verdad. Se trata de amar; ante todo a Dios que es nuestro Padre, y no queremos que sea ofendido sino m?s y m?s amado. Amado por muchos buenos cristianos que pueden y deben ser mejores, y tambi?n por otros que no lo son, a juzgar por sus obras. A unos y a otros los amamos de verdad, procurando que vivan m?s seg?n Dios. Pues vivir seg?n Dios, Creador nuestro, es el sentido ?nico de la vida humana: ?que se cumpla en cada uno la voluntad de Dios Creador!

Ciertamente es una dif?cil tarea. Dios nos cre? libres y, por el pecado, tendemos a constituirnos ?prescindiendo de Dios? en centro y criterio de nuestra vida. Es por soberbia, por egoismo, por un af?n desordenado ?sin ?l? de grandeza personal, que es el origen de los dem?s defectos. Pero no es excesiva la dificultad de vivir para Dios, ni un motivo para no proponer a otros la santidad, esa vida que Nuestro Se?or espera de los hombres.

?Que vemos bastantes deficiencias en muchos? Tambi?n ellos contemplan las nuestras, porque tenemos defectos aunque tratemos de superarlos. Esas imperfecciones, que reconocemos bien, no nos quitan, o no nos deben quitar, la ilusi?n por mejorar y por agradar a Dios. Animemos tambi?n a nuestros amigos y conocidos ?que no son peores que nosotros? a encararse ilusionados contra eso que les criticamos. Hemos de dar ese paso m?s en favor de ellos, a costa de olvidar el rechazo interior por el enfado que nos producen, pero que s?lo nos inpulsa a la cr?tica. Como consecuencia, los defectos de los dem?s se convierten as? en ocasi?n de ayudarles a ser mejores y felices verdad.

Queramos ser en esto como Nuestro Padre Dios, que es bueno con los ingratos y con los malos. Como anima el Se?or, amemos a los enemigos y hagamos el bien sin esperar nada a cambio. Con m?s raz?n ayudaremos a los dem?s, si no son propiamente enemigos aunque nos hayan herido, si tal vez s?lo son diferentes y tienen otros puntos de vista.

Mirando a Mar?a, recordamos que para Dios todos somos hermanos, hijos de esa Madre que nos quiere mucho a todos.


Publicado por verdenaranja @ 15:10  | Espiritualidad
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