Domingo, 18 de febrero de 2007
Mensaje que ha enviado Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, al Congreso ?Comunicaci?n y relaci?n en la medicina? que se celebra del 16 al 17 de febrero en el Auditorium Policl?nico A. Gemelli de la Universidad Cat?lica de Roma.



Me es grato dirigir un saludo y un auspicio a cuantos est?n reunidos en este Congreso para profundizar en el tema de la ?Comunicaci?n y relaci?n en la medicina?.

Perm?tanme ofrecerles un pensamiento espiritual referente a este tema.

Lo que puedo decirles no nace, ciertamente, de conocimiento m?dicos, sino de la experiencia de m?s de 60 a?os, durante la cual, bajo la acci?n de un don especial de Dios reconocido como ?carisma de la unidad?, he visto componerse una comunidad de personas de las m?s diversas proveniencias, que, de alguna manera, han constituido un peque?o ?pueblo? que vive entre todos los pueblos de la tierra.

Su caracter?stica es haber hecho del amor rec?proco la ley fundamental de la propia vida, testimoniando as? que es posible establecer interrelaciones que encuentran su m?xima expresi?n en la reciprocidad.

Cada ser humano siente la necesidad de ser amado y de derramar sobre los dem?s el amor recibido. De hecho, hemos sido creados como un don los unos hacia los otros, y realizamos nuestro ser comprometi?ndonos a amar a cada hombre sin esperar su respuesta.

Y cuando este amor es vivido por dos o m?s personas, se convierte en amor rec?proco, es decir, un amor capaz de hacer superar cualquier dificultad, cualquier obst?culo; un amor que hace ver al otro como si fuera yo mismo, para comprenderlo profundamente y ayudarlo en lo concreto; un amor capaz de hacernos descubrir hermanos los unos de los otros, y que por lo tanto tiende al bien de la familia humana.

En una palabra: un amor que genera fraternidad y pone en marcha una proceso de renovaci?n en todos los ?mbitos de la sociedad.

Nuestra experiencia nos dice que estas relaciones fraternas vividas en lo cotidiano de la vida personal, familiar y profesional, pueden liberar recursos inesperados. Nacen v?nculos nuevos, llenos de significado, que suscitan las iniciativas m?s diversas en beneficio del individuo y de la comunidad.

Y esto vale tambi?n para el delicado mundo de la medicina.

El trabajo en este ?mbito da la posibilidad de amar al pr?jimo con una medida de caridad creciente que se dirige a todos; una caridad que no es solo sentimentalismo sino acci?n concreta, siempre atenta a las necesidades del momento; una caridad capaz de instaurar un di?logo profundo con todos, y que si es vivida por un grupo genera comuni?n, unidad.


Pero ?c?mo generar la comuni?n en un mundo dominado muchas veces por la dificultad de las relaciones, por la l?gica del conflicto?

?C?mo realizar la unidad, haci?ndola efectiva en lo cotidiano?

Podremos hacerlo viviendo ese mandamiento de Jes?s que ?l mismo defini? ?suyo? y ?nuevo?: ??mense los unos a los otros como yo los he amado? (Jn.13,14;15,12)

Es precisamente este amor rec?proco, vivido con la medida del amor de Jes?s por nosotros, que lleg? hasta el abandono y la muerte en la cruz, que nos garantiza la unidad.

Su abandono fue el v?rtice de su pasi?n, la culminaci?n de sus dolores, el drama de un Dios que se siente abandonado por Dios. All? experimenta la separaci?n m?s abismal que se pueda pensar: experimenta, de alguna manera, la divisi?n del Padre con el cual es y sigue siendo una cosa sola.

Pero es justamente gritando en la cruz ?Dios m?o, Dios m?o, ?por qu? me has abandonado?? (Mt. 27,46; Mc. 15,34 ) y entreg?ndose en las manos del Padre con un acto supremo de amor, que ?l se hace ?medicina? de todos los dolores del alma y alivio de cada dolor del cuerpo. All? ?l dona a los hombres la unidad con Dios y entre ellos, convirti?ndose en el modelo de quien supera toda desunidad.

Y por eso, sigui?ndolo, logramos superar las dificultades y construir relaciones de reciprocidad, de unidad.

Deseo a cada uno de los presentes que sean hombres y mujeres capaces de hacer nacer y crecer una medicina seg?n el coraz?n de Dios, y que este Congreso los estimule y los comprometa nuevamente a trabajar y construir relaciones verdaderas de fraternidad, de manera que el empe?o cultural se vea sostenido por una aut?ntica experiencia de vida comunitaria.

[Traducci?n distribuida por la Oficina de Prensa del Congreso ?Comunicaci?n y relaci?n en la medicina?]
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