Martes, 20 de febrero de 2007
Carta pastoral "Cuaresma en tiempos de prueba", del Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Mons. Fernando Sebasti?n,

21 de febrero de 2007 - Mi?rcoles de Ceniza

Cuaresma en tiempos de prueba


Vivimos en una sociedad de muchos contrastes, y hay una cierta predisposici?n en favor del rechazo, de la transgresi?n, como si necesit?ramos disfrutar del gusto de lo prohibido, de lo nuevo, de lo diferente. En nuestra sociedad se ha instalado la creencia de que para ser progresista hay que criticar a los Obispos y fastidiar a los cat?licos. Esta situaci?n, poco a poco, debilita las convicciones religiosas de muchas personas, y dificulta la adhesi?n de los j?venes a la fe y a las tradiciones cristianas.

En este contexto puede resultar muy provechoso para los cristianos el esfuerzo de vivir con especial seriedad las semanas de la pr?xima Cuaresma. El mensaje de la Cuaresma est? en el centro de la fe cristiana. Se trata de prepararnos para celebrar adecuadamente las fiestas de la Pascua, para vivir la Resurrecci?n de Cristo como centro de nuestra fe en Dios, apoyo de nuestra esperanza y justificaci?n de nuestra vida.

La primera invitaci?n de la Cuaresma es dedicar algo m?s de atenci?n y de tiempo al cuidado de nuestra fe y nuestra vida cristiana. Con un poco de inter?s todos podemos hacerlo. Podemos, por ejemplo, dedicar unos minutos a leer un pasaje del evangelio, unas p?ginas de un libro espiritual, como el Kempis, o de los escritos de los santos. Podemos tambi?n dedicar unos minutos a rezar, en casa, por la ma?ana o por la noche. Podemos, incluso pasar unos minutos en el silencio de una Iglesia, ante el Sagrario. Por cierto, los responsables tendr?an que estudiar el modo de tener las iglesias abiertas durante m?s tiempo.

Una segunda dimensi?n de la Cuaresma es la invitaci?n al arrepentimiento y la penitencia de nuestros pecados. Cuando nos acercamos a Dios, cuando dejamos que la mirada de Jes?s ilumine nuestra vida, nos damos de nuestros pecados, nuestras faltas de piedad, de diligencia, de amor y misericordia. S?lo reconociendo nuestras deficiencias podremos librarnos de ellas y mejorar espiritualmente. La oraci?n nos ayuda a sentir con fuerza la presencia de Jes?s en nuestro coraz?n y ver en su presencia la verdad de nuestra vida personal y espiritual. Somos pecadores, y s?lo podemos alcanzar la verdad y la paz interior reconociendo nuestras faltas y pidiendo perd?n a Dios por ellas.

Los cristianos contamos con la seguridad del perd?n de Dios anunciado por Jes?s, ofrecido por la Iglesia, en virtud de su pasi?n y muerte, mediante el sacramento de la penitencia y del perd?n de los pecados. La Iglesia ha recibido del Se?or el encargo de anunciar y conceder el perd?n de los pecados en nombre de Dios y de Jesucristo nuestro salvador. En virtud de la misi?n y de la autoridad recibida, ha ordenado el modo de celebrar y alcanzar este perd?n de Dios mediante la celebraci?n del sacramento. Nadie, ning?n sacerdote, ning?n grupo, tiene capacidad para modificar las normas de la Iglesia acerca de c?mo celebrar este sacramento. El desconcierto y los abusos existentes en torno a este sacramento est?n haciendo mucho da?o en la vida de las parroquias y de los cristianos.

Los cristianos tienen que saber que el ordenamiento eclesial para recibir el perd?n de los pecados en el nombre de Dios requiere la confesi?n personal de los pecados a un confesor autorizado por la Iglesia y la manifestaci?n de un verdadero arrepentimiento con sincero deseo de la enmienda que nos prepara para recibir personalmente del confesor la absoluci?n de los pecados por el ministerio de la Iglesia y en nombre del mismo Dios. Esta manera de celebrar el sacramento no se puede modificar ni sustituir por otras formas llamadas comunitarias en las que se suprimen la confesi?n de los pecados y la recepci?n directa y personal de la absoluci?n en nombre de Dios con la f?rmula prevista por la Iglesia.

Cuando celebramos este sacramento, los sacerdotes somos meros ministros de la Iglesia, humildes instrumentos y servidores del Se?or. Los sacramentos son verdaderas acciones de Cristo Salvador por medio de su Cuerpo que es la Iglesia. No tenemos ning?n dominio sobre ellos. Nadie puede modificar a su gusto la manera de celebrarlos sin riesgo de profanarlos y perder su fuerza santificadora. Quien act?a de esta manera comete una grave desobediencia, enga?a a los fieles y hiere la comuni?n eclesial.

Con toda mi autoridad y el mayor empe?o de que soy capaz pido a los sacerdotes que siguen impartiendo estas falsas absoluciones generales que desistan definitivamente de esta pr?ctica abusiva, gravemente il?cita y perjudicial. Los fieles no deben dar cr?dito a quienes les inviten a celebrar el sacramento de la penitencia en contra de las prescripciones de la Iglesia. Hagamos todos un esfuerzo en esta Cuaresma por reconocer al sacramento de la penitencia la dignidad que le corresponde en la vida de la comunidad cristiana y en nuestra propia vida personal. Busquemos en ?l el perd?n de nuestras culpas, facilitemos a los fieles la celebraci?n del sacramento de penitencia de manera personal, con una buena preparaci?n, seg?n el rito previsto por la Iglesia, anunciemos y celebremos el gozo del perd?n y de la paz. Sin esta pr?ctica no puede haber crecimiento espiritual en los cristianos ni conseguiremos nunca promover comunidades parroquiales espiritualmente vigorosas.

El tercer ejercicio de la Cuaresma es la caridad, el amor. La caridad fraterna tiene un reverso que es la sobriedad, la austeridad. Para ser efectivos en la ayuda a los hermanos necesitados, antes tendremos que ser m?s austeros y practicar la sobriedad, resistiendo las llamadas constantes que recibimos a favor del consumismo sin l?mites, del fatigoso tener de todo sin contentarnos nunca con nada. Hagamos un ejercicio consciente de sobriedad para poder ayudar a nuestros hermanos, para dar limosnas importantes en favor de las misiones, de las actividades de Caritas o de Manos Unidas, de las inacabables necesidades de la Iglesia diocesana.

Recorramos con fervor este camino de la nueva Cuaresma. Vivamos estos ejercicios cuaresmales con intensidad en nuestras parroquias y comunidades. Es un tiempo de progreso y de crecimiento, un itinerario de liberaci?n y de fraternidad. Por delante de nosotros se ven ya las luces de la Resurrecci?n, el resplandor del rostro de Jes?s que nos espera con los brazos abiertos en la Casa eterna del Padre com?n. Esta es la peregrinaci?n de la Iglesia, el itinerario de nuestro crecimiento espiritual, el camino indispensable de la verdadera humanidad.

+ Fernando Sebasti?n Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
Publicado por verdenaranja @ 10:48  | Hablan los obispos
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