Martes, 20 de febrero de 2007
Carta Pastoral en la Cuaresma de 2007 del Arzobispo de Santiago de Compostela Don Juli?n Barrio Barrio,

Carta Pastoral en la Cuaresma de 2007
?Convert?os a M? de todo coraz?n?? (Joel 2,12)


Queridos diocesanos:

La liturgia cuaresmal se hace revelaci?n y pedagog?a para orientarnos a la Pascua y conmemorar los misterios m?s grandes de nuestra fe: la Pasi?n, Muerte y Resurrecci?n de Cristo. En los primeros pasos de la Iglesia la Cuaresma era un tiempo de preparaci?n para recibir el Bautismo y de arrepentimiento para quienes hab?an fallado a su compromiso cristiano. Ahora ?la Iglesia se une todos los a?os, durante los cuarenta d?as de Cuaresma, al misterio de Jes?s en el desierto? . Tiempo de gracia y de misericordia que Dios nos ofrece para levantar nuestra alma hacia El, recorrer el camino de la propia conversi?n y dar testimonio de la fe y de la vivencia cristiana mediante nuestro empe?o personal y la ayuda de la gracia para morir al pecado (cf. Rom 8,12-14) y alejarnos de todo aquello que nos aparta del plan de Dios y por consiguiente de nuestra felicidad y realizaci?n personal.

Llamada a la conversi?n

La conversi?n pasa por un cambio de mentalidad y por posicionarnos ante la vida desde los valores y las exigencias del Evangelio, significadas de manera especial en las Bienaventuranzas que subrayan la primac?a interior de nuestras actitudes cristianas frente a los convencionalismos de la exterioridad. ?Como ya en los profetas, la llamada de Jes?s a la conversi?n y a la penitencia no mira en primer lugar a las obras exteriores: ?el saco y la ceniza?, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversi?n del coraz?n, la penitencia interior? . La propuesta de la Iglesia es la conversi?n, invit?ndonos a la oraci?n con relaci?n a Dios, al ayuno con relaci?n a nosotros mismos, a la limosna con relaci?n a los dem?s para vivir la din?mica cuaresmal. En este sentido, ?la conversi?n se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliaci?n, la atenci?n a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho, por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la correcci?n fraterna, la revisi?n de vida, el examen de conciencia, la direcci?n espiritual, la aceptaci?n de los sufrimientos, el padecer persecuci?n a causa de la justicia. Tomar la cruz cada d?a y seguir a Jes?s es el camino m?s seguro de la penitencia? . Se nos llama a vencer el ego?smo con el ejercicio solidario del amor. ?No os olvid?is de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ?sos son los sacrificios que agradan a Dios? (Heb 13,16). Comenta san Le?n Magno que ?estos d?as cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un inter?s especial?simo en la adquisici?n de esta virtud, que contiene en s? a las dem?s y cubre multitud de pecados?.

En la Cuaresma, de manera especial, se nos llama a vivir confiadamente el misterio de Dios, asegur?ndonos que en el desierto de nuestra vida, podemos encontrarle en el oasis de la misericordia. Es tiempo propicio para reafirmar el seguimiento de Cristo, nuestra vocaci?n cristiana y nuestra identidad enraizada en Jesucristo, el hombre nuevo (Ef 2,15). La esperanza es la propuesta de Dios al hombre en estos tiempos de des?nimo e increencia. ?Para muchos cristianos, la desesperanza es una verdadera tentaci?n, una aut?ntica amenaza?. En medio de las dificultades, en la Iglesia y en el mundo, ?es cierto que Dios nos ama irrevocablemente; que Jes?s nos ha prometido su presencia y su asistencia hasta el fin del mundo; que Dios, en su providencia, de los males saca bienes para sus hijos? .

Es la hora de abrirnos a la gracia, responder a la llamada a la penitencia y vivir la experiencia del amor de Dios. El prefacio cuarto de Cuaresma nos pregona que la verdadera mortificaci?n ?refrena nuestras pasiones, eleva nuestro esp?ritu, nos da fuerza y recompensa?. El amor gratuito de Dios para con nosotros, d?ciles a la acci?n del Esp?ritu, ha de encontrar respuesta en nuestro amor paciente y misericordioso frente al odio y a la injusticia, y en un coraz?n abierto a la caridad como superaci?n de todo ego?smo. Los ?ndices de la conversi?n cristiana son la apertura a la bondad fraterna universal, comprometi?ndonos a hacer a los dem?s lo que desear?amos que los dem?s hicieran con nosotros (Lc 6, 31), y la imitaci?n filial de la perfecci?n del Padre celestial, recordando que estamos llamados a ser perfectos como ?l es perfecto (Mt 5, 48). Y todo ello en esp?ritu de oraci?n que nos ayuda a descubrir y cumplir su voluntad con la actitud obediencial de Cristo en el amor al plan divino. ?A la luz del amor tratamos los cristianos de comprender la verdad profunda de las personas, de la familia, de la vida social en toda su complejidad y en toda su amplitud? y ?al ver a los dem?s con los ojos de Cristo podremos darles mucho m?s que la ayuda de cosas materiales, tan necesarias: podremos ofrecerles la mirada de amor que todo hombre necesita? .

La Cuaresma, ?evangelio de la reconciliaci?n?

Vivimos un momento desasosegado en nuestra convivencia y ser?a lamentable perder lo que con tanto esfuerzo y tenacidad se ha ido consiguiendo en estos a?os pasados. ?Perd?n, reconciliaci?n, paz y convivencia, fueron los grandes valores morales que la Iglesia proclam? y que la mayor?a de los cat?licos y de los espa?oles en general vivieron intensamente en aquellos momentos?. Reconciliarse con Dios conlleva sus exigencias profundas: El pecador reconciliado con Dios no puede tributarle un culto agradable si no va primero a reconciliarse con su hermano (cf. Mt 5,23 ss). En este sentido mas all? de toda reticencia, ?todos debemos procurar que no se deterioren ni se dilapiden los bienes alcanzados. Una sociedad que parec?a haber encontrado el camino de su reconciliaci?n y distensi?n, vuelve a hallarse dividida y enfrentada. Una utilizaci?n de la memoria hist?rica, guiada por una mentalidad selectiva, abre de nuevo viejas heridas de la guerra civil y aviva sentimientos encontrados que parec?an estar superados. Estas medidas no pueden considerarse un verdadero progreso social, sino m?s bien un retroceso hist?rico y c?vico, con un riesgo evidente de tensiones, discriminaciones y alteraciones de una tranquila convivencia? .

Os saluda con todo afecto y bendice en el Se?or,

+Juli?n Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela
Publicado por verdenaranja @ 11:00  | Hablan los obispos
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