Martes, 20 de febrero de 2007
Homil?a que pronunci? Benedicto XVI durante la misa de exequias del cardenal Antonio Mar?a Javierre Ortas, en la Bas?lica de San Pedro del Vaticano, el 2 de febrero de 2007.

Salesiano, nacido en Espa?a, el cardenal Javierre hab?a sido prefecto de la Congregaci?n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.


Queridos hermanos y hermanas:
Ayer, al d?a siguiente de la memoria lit?rgica de san Juan Bosco, parti? hacia el cielo uno de sus hijos espirituales, el querido y venerado cardenal Antonio Mar?a Javierre Ortas. En el momento de su partida, se encontr? rodeado de la oraci?n de sufragio que todos los salesianos suelen elevar por sus hermanos y hermanas difuntos precisamente al d?a siguiente de la fiesta de su fundador.

A su familia religiosa se une hoy la Curia romana; se unen los familiares y los amigos, con esta celebraci?n, en el d?a que la liturgia recuerda la Presentaci?n del Se?or en el templo. Las palabras del anciano Sime?n, que estrecha entre sus brazos al Ni?o Jes?s, resuenan en esta circunstancia con especial emoci?n: ?Nunc dimittis servum tuum Domine, secundum verbum tuum in pace?, ?Ahora, Se?or, seg?n tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz? (Lc 2, 29). Es la oraci?n que la Iglesia eleva a Dios al atardecer, y es muy significativo recordarla hoy cuando este hermano nuestro ha llegado al ocaso de su vida terrena.

?Misericordias Domini in aeternum cantabo?, ?Cantar? eternamente las misericordias del Se?or?. Hagamos nuestras estas palabras, tomadas de su diario espiritual, mientras acompa?amos al cardenal Javierre Ortas en su viaje hacia la casa del Padre.

Nacido en Si?tamo, en la di?cesis de Huesca, el 21 de febrero de 1921, recibi? como don una larga existencia, animada desde su juventud por un marcado esp?ritu misionero. Siguiendo el ejemplo de don Bosco hubiera querido vivir su vocaci?n de salesiano en contacto directo con la juventud, en tierras de misi?n, pero la Providencia lo llam? a otras tareas. As?, fue ap?stol en ambientes universitarios y en la Curia romana, pero sin perder ocasi?n de realizar una intensa actividad espiritual en el ?mbito m?s propiamente teol?gico y en el campo m?s amplio de la cultura, sobre todo animando a grupos de profesores y de religiosos, y como capell?n entre universitarios. Su servicio eclesial fue un servicio fiel y generoso, siempre disponible y cordial. Aunque lleg? a una edad avanzada, nos dej? de modo improviso. Impulsados por la fe, pero tambi?n por el afecto hacia su venerada persona, nos encontramos ahora reunidos en torno al altar del Se?or, y nos disponemos a ofrecer por ?l el sacrificio eucar?stico.

En nuestra alma resuenan las palabras de Cristo que acabamos de escuchar en el evangelio: ?Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivir? para siempre; y el pan que yo le dar?, es mi carne para vida del mundo? (Jn 6, 51). Esta es una de las frases de Jes?s que encierran en s?ntesis todo su misterio. Y es consolador escucharla y meditarla mientras oramos por un alma sacerdotal que puso la Eucarist?a como centro de su vida. La comuni?n sacramental, ?ntima y perseverante, con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, obra una profunda transformaci?n de la persona, y el fruto de este proceso interior, que la envuelve totalmente, es lo que afirma de s? mismo el ap?stol san Pablo en su carta a los Filipenses: ?Mihi vivere Christus est?, ?Mi vida es Cristo? (Flp 1, 21). As? la muerte es una ?ganancia?, porque s?lo muriendo se puede realizar plenamente el ?estar con Cristo? del que la comuni?n eucar?stica es prenda en esta tierra.

Ayer pude tener entre mis manos algunas cartas que el cardenal Javierre dirigi? al amado Juan Pablo II y en las que se pone de manifiesto precisamente esta referencia privilegiada a la Eucarist?a. En 1992, cuando recibi? el nombramiento de prefecto de la Congregaci?n para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, escribi?: ?Huelga repetir en esta ocasi?n mi voluntad incondicionada de servicio. Cuente, Santidad, con mi esfuerzo sincero de conducir a t?rmino el cometido que se me ha encomendado. Lo imagino gravitando por completo en torno a la EUCARIST?A ?escrito as? todo en may?sculas?. Todo gira en torno a ese baricentro?.

Luego, con ocasi?n del 50? aniversario de su ordenaci?n sacerdotal, en la carta de acci?n de gracias al Santo Padre por la felicitaci?n que le hab?a enviado, escribi?: ?En el tiempo de mi ordenaci?n, en Salamanca, el sacerdocio gravitaba ?ntegramente en torno a la Eucarist?a... Es una alegr?a revivir los sentimientos de nuestra ordenaci?n, conscientes de que en la Eucarist?a, sacramento del Sacrificio, Cristo actualiza en plenitud su ?nico sacerdocio?.

El querido cardenal Javierre ya participa con alegr?a en la mesa celestial, en el banquete mesi?nico del que habla Isa?as en la primera lectura, donde la muerte ha sido eliminada para siempre y donde se han enjugado las l?grimas en todos los rostros (cf. Is 25, 8). En espera de compartir tambi?n nosotros, cuando el Se?or lo disponga, ese eterno banquete de amor, ahora nos une a nosotros peregrinos y a ?l, que ya ha llegado a la meta, el canto que resuena en el salmo responsorial: ?Dominus pascit me, et nihil mihi deerit: in loco pascuae, ibi me collocavit?, ?El Se?or es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar? (Sal 22, 1-2). S?, al hombre que vive en Cristo la muerte no le asusta; experimenta en todo momento lo que el salmista afirma con confianza: ?Nam et si ambulavero in valle umbrae mortis, non timebo mala, quoniam tu mecum es?, ?Aunque camine por ca?adas oscuras, nada temo, porque t? vas conmigo? (Sal 22, 4).

?Tu mecum es?, ?T? est?s conmigo?: esta expresi?n remite a otra que Jes?s resucitado dirigi? a los Ap?stoles y que este hermano nuestro eligi? como su lema episcopal: ?Ego vobiscum sum?, ?Yo estoy con vosotros? (Mt 28, 20). En efecto, el cardenal Javierre Ortas quiso que su existencia personal y su misi?n eclesial fueran un mensaje de esperanza; en su apostolado, siguiendo el ejemplo de san Juan Bosco, se esforz? por comunicar a todos que Cristo est? siempre con nosotros.

?l, hijo de la patria de santa Teresa y de san Juan de la Cruz, ?cu?ntas veces rez? en su coraz?n: ?Nada te turbe, nada te espante. Quien a Dios tiene, nada le falta... S?lo Dios basta?! Y precisamente por estar acostumbrado a vivir sostenido por estas convicciones, el cardenal Javierre Ortas, en el momento de despedirse del ministerio activo en la Curia, escribi? de nuevo al Papa estas palabras impregnadas de esperanza: ?No me resta sino impetrar que el Se?or utilice ?en registro divino? la bondad de su Vicario cuando en la tarde de la vida ?no lejana? suene para m? la hora del examen sobre el amor?.

En el escudo de este querido hermano nuestro est? representada una barca unida a dos columnas: la barca es la Iglesia, el timonel es el Papa, y las dos columnas son la Eucarist?a y la Virgen Mar?a. Como digno hijo de don Bosco, ten?a una profunda devoci?n a Mar?a, amada y venerada con el t?tulo de Auxiliadora. De la Virgen, "Ancilla Domini", trat? de imitar el estilo de un servicio discreto y generoso.

Dej? el cargo de prefecto de la Congregaci?n para el culto divino y la disciplina de los sacramentos "de puntillas" para dedicarse al servicio que, en cambio, nunca se debe dejar: la oraci?n. Y ahora que el Padre celestial lo ha llamado a s?, estoy seguro de que en el cielo, donde confiamos en que el Se?or lo haya acogido en su abrazo paternal, sigue rezando por nosotros.

Me complace concluir con una reflexi?n suya que nos lleva al abrazo del Redentor: Es maravilloso ?escrib?a? pensar que no importa la serie de pecados de nuestra vida, que basta elevar los ojos y ver el gesto del Salvador que nos acoge a cada uno con bondad infinita, con suma amabilidad. Desde esta perspectiva, conclu?a, ?la despedida se nimba de esperanza y de gozo?.

[Traducci?n del italiano distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 21:19  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios