Mi?rcoles, 21 de febrero de 2007
Artículo publicado en el Boletín "Misioneros Javerianos", FEBRERO 2007, año XLIV - nº 430.


ENTRE NOSOTROS

compartiendo una ilusión

EL PRIMER ENCUENTRO


En el número anterior habíamos dejado a Guido María Conforti en el seminario de Parma, donde ingresó en noviembre de 1876. En el seminario permaneció estudiando Filosofía y Teología, fue ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1888 y nombrado vicerrector y profesor el mismo año, servicios que prestó hasta 1892.
En el período transcurrido desde su llegada a Parma y la conclusión de sus estudios en el seminario, la vida de Conforti se vio afectada por dos acontecimientos, dos encuentros, que determinarían su vocación sacerdotal y misionera, el primero sería
EL ENCUENTRO CON EL CRUCIFIJO.

Cuando Conforti, todos los días, recorría el camino de la casa donde vivía a la escuela, pasaba por la puerta de la Iglesia de Santa María de la Paz. Entraba en la Iglesia y se recogía unos minutos en oración, lo hacía delante de un crucifijo grande, de tamaño natural, que presidía el altar mayor, eran pocos minutos, los suficientes para entablar un breve diálogo con aquel impresionante crucifijo.

«Yo le miraba...»

Un día entró como de costumbre, se acercó al altar y se sintió envuelto por una mirada particular: «Yo le miraba y El me miraba, y pareció decirme tantas cosas» referiría Conforti más tarde. «Tantas cosas» que fueron labrando en su corazón su respuesta sacerdotal y mi¬sionera, una respuesta a la llamada de Aquel que había dado la vida por todos que «había sufrido por todos» como le decía su madre cuando era niño.
Todas las biografías de Conforti y el testimonio de amigos y confidentes, subrayan como determinante, para la vocación y trayectoria humana y cristiana de Conforti, el encuentro con el Crucifijo de la iglesia de Nuestra Señora de la Paz.

Jesús en la cruz

El encuentro del adolescente Conforti con Jesús en la cruz, con el crucifijo de la Paz, fue su primera y más fuerte experiencia religiosa en ese período de su vida, una experiencia que puso las bases para su futura vocación misionera y para su obra de fundación de un Instituto misionero. La contemplación de Jesús en la cruz, misionero del Padre, constituirá, a su tiempo, una de las características específicas del carisma misionero de Conforti.

La contemplación del crucifijo, «yo le miraba y El me miraba», llevará a Conforti a desarrollar una espiritualidad misionera. En Jesús, clavado en la Cruz, Conforti ve al Señor que ha dado la vida por todos, al Salvador del mundo, un Señor y un Salvador al que hay que dar a conocer a todo el mundo mediante la actividad misionera. Se reproduce en Conforti la experiencia fundamental del verdadero creyente: Conocer a Dios e, impelidos por esta experiencia, darle a conocer para el bien de los demás. Este encuentro de Conforti con Jesús crucificado se irá desarrollando, a lo largo de su vida, en frutos personales y realizaciones concretas que dieron forma a su proyecto de vida y de acción en la Iglesia y en el inundo.

Imagen entrañable

La influencia de Cristo en la vida de Conforti, como en la de todo cristiano-a, sacerdote, religioso-a, misionero-a, es una experiencia espiritual, de encuentro y de comunión con El. En Conforti esta experiencia del encuentro con Cristo en su adolescencia queda acreditada, si así podemos decirlo, por el cariño entrañable que él tuvo siempre a aquel Crucificado que encontró a temprana edad.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Paz fue cerrada y el Crucifijo fue a parar a la iglesia de San Francisco donde Conforti, ya obispo de Parma, lo encontró y lo compró, estaba muy deteriorado.

Un día llama a un ex-compañero suyo del colegio de la Salle y enseñándole el crucifijo le dice. «Para mí este crucifijo es milagroso. Tiene su historia. Estaba en la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz. A El atribuyo mi vocación. Deseo colocarlo en el altar mayor de nuestra catedral para que siga inspirándome. Te encargo que me lo restaures».

Ya restaurado, al obispo Conforti le gustaba llevar a sus amistades a verlo, un día, a Don Ormisda Pellegri (rector del Instituto Javeriano mientras Conforti fue arzobispo de Rávena), se lo muestra y le pregunta: «¿Qué te parece? ¿te gusta'? Tú no sabes su historia. Cuando yo vivía en Parma, en casa de las Maini, iba cada mañana a rezar delante de él, a él le debo mi vocación».

En la actualidad, esta (para Conforti y para todos los javerianos) entrañable imagen del Crucificado se encuentra en la capilla de nuestra Casa Madre, en Parma-Italia. 

P. Luis Pérez Hernández s.x.
Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Espiritualidad
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