Mi?rcoles, 21 de febrero de 2007
Art?culo publicado en el Bolet?n "Misioneros Javerianos" de FEBRERO 2007, a?o XLIV - N? 430.

EVANGELIO Y TRANSFORMACIONES
SOCIOCULTURALES


P. Carlos Collantes

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Escrib?amos en n?meros anteriores que la cultura es la forma de entender, valorar y explicar la vida que comparte una comunidad humana, una manera de estar en el mundo, de interpretarlo, de sentirse en ?l, de vivir, y que cada pueblo tiene su cultura propia. El Evangelio es tambi?n una manera de entender y de vivir la vida, y al ser portador de valores que van a terminar influyendo en la cultura del pueblo y de las personas que lo acogen, se con-vierte en un factor de transformaci?n cultural.

La inculturaci?n, encuentro entre el evangelio y la cultura, proceso nunca acabado, es reflejo de ese otro encuentro universal entre Dios y los distintos pueblos con sus culturas, Dios, en buen pedagogo, se adapta a su interlocutor y porque quiere hacerse entender nos habla un lenguaje comprensible, aunque con frecuencia nos sorprende porque rompe nuestros estrechos esquemas. Se nos acerca de modo admirable en Jes?s, -Verbo Encarnado, por eso decimos que la. Encarnaci?n ?el m?ximo acercamiento de Dios a la humanidad? es el modelo que debe seguir la inculturaci?n. ?La Palabra se hizo carne...? se hizo lenguaje amoroso de Dios Padre, se hizo pueblo, cultura, historia, ?y acamp? entre nosotros?, en nuestros corazones, en nuestras esperanzas, en nuestras b?squedas, en nuestra humanidad creadora.

Redenci?n y transformaci?n

La inculturaci?n sigue el modelo de la Encarnaci?n pero tiene en cuenta tambi?n otros criterios o l?gicas, en concreto la l? gica de la redenci?n o del misterio pascual. La inculturaci?n, necesaria para que el mensaje evang?lico sea bien comprendido, asimilado, vivido y d? frutos abundantes, necesaria para que el evangelio se enra?ce en toda comunidad humana, en sus gentes, en sus culturas, es el camino para que la fe penetre en la vida concreta y cotidiana de los grupos humanos que se abren al evangelio. El esp?ritu que debe inspirar este proceso largo, viene dado por la ?l?gica? propia del misterio de lo r edenci?n?, misterio que indica la necesidad de transformaci?n interna que toda cultura humana tiene, es esta l?gica la que debe animar el discernimiento necesario en este proceso para distinguir y separar lo positivo y lo negativo en cada cultura.

La penetraci?n de los valores evang?licos en las culturas forma parte del proceso de inculturaci?n que no deja ?intacta? la cultura, se producen inevitable-mente cambios y transformaciones. Y de hecho los documentos del magisterio utilizan la expresi?n ?transformaci?n? para hablar de este proceso. ?El proceso de inserci?n de la Iglesia en las culturas de los pueblos requiere largo tiempo: no se trata de una mera adaptaci?n externa, ya que la inculturaci?n ?significa una ?ntima transformaci?n de los aut?nticos valores culturales mediante su integraci?n en el cristianismo y la radicaci?n del cristianismo en las diversas culturas? (RM 52).

Nueva creaci?n
Los primeros javerianos, animados por el Fundador, se empe?aron desde los inicios en recoger y hacer conocer las tradiciones culturales y religiosas de los pueblos entre los que trabajaban. Tambi?n hoy debemos desarrollar un rol activo en este sector, colaborando gustosos con las Iglesias locales y las comunidades humanas en las que operamos. De esta manera facilitamos la relaci?n y el intercambio entre culturas e Iglesias diversas. Adem?s, apoyando las culturas loca-les podemos salvaguardar y desarrollar su identidad, contrarrestando as? los efectos nocivos de la globalizaci?n en acto.

La inculturaci?n es adem?s un proa eso que podr?amos calificar de total porque afecta a todas las dimensiones y sectores de la vida cristiana, a las expresiones de la fe, a la manera de celebrar esta misma fe dentro de la vida en la liturgia y en los sacramentos, tambi?n afecta a la vida interna de la comunidad, a su manera de organizar los diferentes servicios, a sus compromisos sociales, caritativos o de justicia en su ambiente, afecta por su-puesto a las relaciones humanas y a toda la manera de vivir. Abarca, por tanto, a todo el mensaje cristiano no s?lo a la re-flexi?n, a la teolog?a, a las ideas, sino tambi?n a la praxis, al comportamiento. Y no debe ser obra de unos especialistas ?un grupo de te?logos? sino que debe madurar en el seno de toda la comunidad, todo el pueblo cristiano debe sentirse concernido o implicado, porque el Esp?ritu es dado a todos y reparte sus dones y carismas con liberad y generosidad.

Ya hemos citado la c?lebre definici?n del P. Arrupe: la inculturaci?n ?es la en-carnaci?n de la vida y del mensaje cristiano en un determinado contexto cultural, de tal forma que esta experiencia no s?lo encuentra expresi?n a trav?s de los elementos propios de la cultura en cuesti?n, esto ser?a una adaptaci?n superficial, sino que tambi?n se convierte en un principio que anima, dirige y unifica la cultura transform?ndola y rehaci?ndola como si naciese una nueva creaci?n?. El mensaje evang?lico una vez encarnado dentro de una cultura act?a con fuerza y desde dentro transforma y recrea todo dando lugar a una nueva realidad. Es como una semilla poderosa que crece vigorosa, s?lida y por su propia virtualidad y energ?a transforma todo lo que toca (Marcos 4, 26-29), lleva la luz en las entra?as porque es Buena Nueva de un Dios cercano y bueno aun-que siempre envuelta en ropaje humano.

Desde dentro

El Hijo de Dios se encarna en nuestra humanidad y s?lo al final del proceso, tras su muerte y resurrecci?n comienza a existir un hombre nuevo, una humanidad nueva. Al hacerse de verdad uno de nosotros, el Verbo encarnado act?a y transforma desde dentro nuestra condici?n humana, para dar a luz a una nueva humanidad.

?El encuentro entre el Evangelio y una cultura no est? orientado tanto hacia la encarnaci?n del Evangelio en una cultura determinada como hacia la transformaci?n de dicha cultura. Y se puede transformar aut?ntica-mente algo en lo que no se est? presente?, escribe el te?logo indio M. Amaladoss. El anuncio evang?lico encuentra personas, las cuales, una vez convertidas de verdad, se con-vierten en agentes de transformaci?n cultural, personas que previamente se han dejado transformar, que han cambia-do su visi?n del mundo aceptando valores nuevos, que han enriquecido su sistema de valores y que est?n dispuestas a transformar estructuras econ?micas, socioculturales, o pol?ticas injustas. He visto cristianos ?tocados? de verdad en su coraz?n, transformados por el esp?ritu evang?lico y que, con su comportamien?to nuevo, se han convertido en fermento que cuestiona y critica, en levadura que transforma ciertos rasgos culturales poco respetuosos con la dignidad de las personas. Y transformar una cultura significa en el fondo transformar una sociedad para que el Reino de Dios se exprese en ella, se haga m?s presente. Los cristianos a trav?s de su testimonio personal y co?munitario ?levadura en la masa, sal que da sabor a su sociedad? pueden y deben invitar a su propia cultura al cambio, a la conversi?n, a la transformaci?n sin querer imponer al conjunto social la pro?pia visi?n. Porque la invitaci?n a la con-versi?n no se dirige ?nicamente a los in?dividuos sino tambi?n a las colectividades: a los pueblos, y a sus creaciones: las culturas.

Dado que la finalidad ?ltima de la evangelizaci?n es la construcci?n del Reino de Dios, la creaci?n de comunidades que vivan la fraternidad y la justicia, el servicio y el perd?n, la reconciliaci?n y la paz, el evangelio est? llamado a levantar su voz prof?tica, cr?tica y renovadora, ?capaz de hacer nuevas todas las cosas?, desde la plenitud de vida que ofrece.
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