Jueves, 22 de febrero de 2007
ZENIT publica la intervenci?n de Benedicto XVI en la audiencia general del mi?rcoles, 21 de Febrero de 2007, dedicada al Mi?rcoles de Ceniza.

Queridos hermanos y hermanas:

El Mi?rcoles de Ceniza que hoy celebramos, es para nosotros, cristianos, un d?a particular, caracterizado por el intenso esp?ritu de recogimiento y reflexi?n. Emprendemos, de hecho, el camino de la Cuaresma, tiempo de escucha de la Palabra de Dios, de oraci?n y de penitencia. Son cuarenta d?as en los que la liturgia nos ayudar? a revivir las fases destacadas del misterio de la salvaci?n.

Como sabemos, el hombre ha sido creado para ser amigo de Dios, pero el pecado de los primeros padres quebr? esta relaci?n de confianza y de amor y, como consecuencia, la humanidad es incapaz de realizar su vocaci?n originaria.

Gracias, sin embargo, al sacrificio redentor de Cristo, hemos sido rescatados por el poder del mal: Cristo, de hecho, escribe el ap?stol Juan, ha sido v?ctima de expiaci?n por nuestros pecados (Cf. 1 Juan 2, 2); y san Pedro a?ade: ?l ha muerto una vez para siempre por los pecados (Cf. 1 Pedro 3,18).

Al morir con Cristo al pecado, el bautizado tambi?n renace a una vida nueva y es restablecido gratuitamente en su dignidad de hijo de Dios. Por este motivo, en la primitiva comunidad cristiana, el Bautismo era considerado como la ?primera resurrecci?n? (Cf. Apocalipsis 20,5; Romanos 6,1?11; Juan 5,25?28).

Desde los or?genes, por tanto, la Cuaresma se vive como ese tiempo de la inmediata preparaci?n al Bautismo, que se administra solemnemente durante la Vigilia Pascual. Toda la Cuaresma era un camino hacia este gran encuentro con Cristo, hacia la inmersi?n en Cristo y la renovaci?n de la vida.

Estamos ya bautizados, pero con frecuencia el Bautismo es muy eficaz en nuestra vida cotidiana. Por este motivo, tambi?n para nosotros la Cuaresma es un ?catecumenado? renovado en el que salimos de nuevo al encuentro de nuestro Bautismo para redescubrirlo y revivirlo en profundidad, para ser de nuevo realmente cristianos.

Por tanto, la Cuaresma es una oportunidad para ?volver a ser? cristianos, a trav?s de un proceso constante de cambio interior y de avance en el conocimiento y en el amor de Cristo. La conversi?n no tiene lugar nunca una vez para siempre, sino que es un proceso, un camino interior de toda nuestra vida. Ciertamente este itinerario de conversi?n evang?lica no puede limitarse a un per?odo particular del a?o: es un camino de todos los d?as, que tiene que abarcar toda la existencia, cada d?a de nuestra vida.

Desde este punto de vista, para cada cristiano y para todas las comunidades eclesiales, la Cuaresma es la estaci?n espiritual propicia para entrenarse con mayor tenacidad en la b?squeda de Dios, abriendo el coraz?n a Cristo.

San Agust?n dijo en una ocasi?n que nuestra vida es un ejercicio ?nico del deseo de acercarnos a Dios, de ser capaces de dejar entrar a Dios en nuestro ser. ?Toda la vida del cristiano fervoroso --dice-- es un santo deseo?. Si esto es as?, en Cuaresma se nos invita a?n m?s a arrancar ?de nuestros deseos las ra?ces de la vanidad? para educar el coraz?n en el deseo, es decir, en el amor de Dios. ?Dios --dice san Agust?n-- es todo lo que deseamos? (Cf. ?Tract. in Iohn.?, 4). Y esperamos que realmente comencemos a desear a Dios, y de este modo desear la verdadera vida, el amor mismo y la verdad.

Es particularmente oportuna la exhortaci?n de Jes?s, referida por el evangelista Marcos: ?Convert?os y creed en la Buena Nueva? (Cf. Marcos 1, 15). El deseo sincero de Dios nos lleva a rechazar el mal y a realizar el bien. Esta conversi?n del coraz?n es ante todo un don gratuito de Dios, que nos ha creado para s? y en Jesucristo nos ha redimido: nuestra felicidad consiste en permanecer en ?l (Cf. Juan 15, 3). Por este motivo, ?l mismo previene con su gracia nuestro deseo y acompa?a nuestros esfuerzos de conversi?n.

Pero, ?qu? es en realidad convertirse? Convertirse quiere decir buscar a Dios, caminar con Dios, seguir d?cilmente las ense?anzas de su Hijo, Jesucristo; convertirse no es un esfuerzo para realizarse uno mismo, porque el ser humano no es el arquitecto del propio destino. Nosotros no nos hemos hecho a nosotros mismos. Por ello, la autorrealizaci?n es una contradicci?n y es demasiado poco para nosotros. Tenemos un destino m?s alto. Podr?amos decir que la conversi?n consiste precisamente en no considerarse en ?creadores? de s? mismos, descubriendo de este modo la verdad, porque no somos autores de nosotros mismos.

Conversi?n consiste en aceptar libremente y con amor que dependemos totalmente de Dios, nuestro verdadero Creador, que dependemos del amor. Esto no es dependencia, sino libertad. Convertirse significa, por tanto, no perseguir el ?xito personal, que es algo que pasa, sino, abandonando toda seguridad humana, seguir con sencillez y confianza al Se?or para que Jes?s se convierta para cada uno, como le gustaba decir a la beata Teresa de Calcuta, en ?mi todo en todo?. Quien se deja conquistar por ?l no tiene miedo de perder la propia vida, porque en la Cruz ?l nos am? y se entreg? por nosotros. Y precisamente, al perder por amor nuestra vida, la volvemos a encontrar.

He querido subrayar el inmenso amor que Dios tiene por nosotros en el mensaje con motivo de la Cuaresma publicado hace unos d?as para que los cristianos de toda comunidad puedan detenerse espiritualmente durante el tiempo de la Cuaresma, junto a Mar?a y Juan, el disc?pulo predilecto, ante Aquel que en la Cruz consum? por la humanidad el sacrificio de su vida (Cf. Juan 19, 25).

S?, queridos hermanos y hermanas, la Cruz tambi?n es para nosotros, hombres y mujeres de nuestra ?poca que con demasiada frecuencia estamos distra?dos por las preocupaciones y los intereses terrenos y moment?neos, la revelaci?n definitiva del amor y de la misericordia divina. Dios es amor y su amor es el secreto de nuestra felicidad. Ahora bien, para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de perdernos, entregarnos, el camino de la Cruz. ?Si alguno quiere venir en pos de m?, ni?guese a s? mismo, tome su cruz y s?game? (Marcos 8, 34). Por este motivo, la liturgia cuaresmal, al invitarnos a reflexionar y rezar, nos estimula a valorar m?s la penitencia y el sacrificio para rechazar el pecado y el mal y vencer el ego?smo y la indiferencia. La oraci?n, el ayuno y la penitencia, las obras de caridad hacia los hermanos se convierten de este modo en sendas espirituales que hay que recorrer para regresar a Dios en respuesta a los repetidos llamamientos a la conversi?n que hoy hace la liturgia (Cf. G?latas 2,12-13; Mateo 6,16-18).

Queridos hermanos y hermanas, que el per?odo cuaresmal, que hoy emprendemos con el austero y significativo rito de la imposici?n de las Cenizas, sea para todos una renovada experiencia del amor misericordioso de Cristo, quien en la Cruz derram? su sangre por nosotros.

Pong?monos d?cilmente a su escucha para aprender a ?volver a dar? su amor al pr?jimo, especialmente a los que sufren y atraviesan dificultades. Esta es la misi?n de todo disc?pulo de Cristo, pero para realizarla es necesario permanecer a la escucha de su Palabra y alimentarse asiduamente de su Cuerpo y de su Sangre. Que el itinerario cuaresmal, que en la Iglesia antigua es itinerario hacia la iniciaci?n cristiana, hacia el Bautismo y la Eucarist?a, sea para nosotros, los bautizados, un tiempo ?eucar?stico? en el que participemos con mayor fervor en el sacrificio de la Eucarist?a.

Que la Virgen Mar?a, tras haber compartido la pasi?n dolorosa de su hijo divino, experiment? la alegr?a de la resurrecci?n, nos acompa?e en esta Cuaresma hacia el misterio de la Pascua, revelaci?n suprema del amor de Dios.

?Buena Cuaresma a todos!

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en espa?ol:]

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, Mi?rcoles de Ceniza, es un d?a particular para nosotros cristianos. Emprendemos el camino Cuaresmal. Cuarenta d?as caracterizados por un intenso esp?ritu de oraci?n y penitencia durante los cuales la liturgia nos ayudar? a revivir el misterio de la salvaci?n. Una ocasi?n providencial para convertirnos, para buscar con m?s tes?n a Dios y volver a ?l, abriendo el coraz?n a Cristo.

Cu?n oportuna resuena la exhortaci?n de Jes?s, que leemos en el evangelista san Marcos: "Convert?os y creed en el Evangelio". Convertirse significa buscar a Cristo, seguir d?cilmente sus ense?anzas, amarlo, con sencillez y confianza.

Para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de la Cruz. La Cruz es la revelaci?n definitiva del amor y de la misericordia divina. La oraci?n, el ayuno, la penitencia y las obras de caridad para con los hermanos son los caminos espirituales para retornar a Dios.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, especialmente a las Siervas del Sagrado Coraz?n de Jes?s, que celebran el Cap?tulo General; a los fieles de Albacete, Tenerife y Toledo; a los estudiantes de C?ceres y San Sebasti?n, as? como a los peregrinos de Argentina, Chile y M?xico. El per?odo cuaresmal, que hoy comenzamos con el austero y significativo rito de la imposici?n de la Ceniza, sea para todos una experiencia renovada del amor misericordioso de Cristo. Aprendamos de ?l a amar al pr?jimo, especialmente a cu?ntos sufren. Que la Virgen Mar?a nos acompa?e en esta Cuaresma para prepararnos a revivir el misterio de la Pascua, revelaci?n suprema del amor de Dios. ?Buena Cuaresma a todos!

[? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 0:39  | Habla el Papa
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