Viernes, 23 de febrero de 2007
VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Las parejas de hecho y personas homosexuales (II)

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Ante la realidad de que no poco cat?licos han adoptado una idea "liberal" de conciencia, individualista, rechazando por el contrario la de comuni?n, que ve al cristiano y la Iglesia como un ?nico un cuerpo, dada la gravedad de la materia y la urgencia del momento, es necesario tambi?n hacer luz sobre las manipulaciones de los porcentajes del fen?meno, sobre el hecho de que la tendencia homosexual sea innata o sea un "tercer g?nero" (4), casi una condici?n natural y normal de la persona, y sobre todos los dem?s aspectos desconocidos, poniendo sobre todo la atenci?n en demostrar el hecho fundamental de que la dignidad humana reside en la capacidad soberana del hombre de decidir sobre sus acciones y de realizar actos libres, no ciertamente s?lo en la orientaci?n homosexual o heterosexual; que eso, en si, sea una anomal?a psicol?gica (5) (neurosis, etc).
El fen?meno tiene una psicog?nesis y sociogenesis compleja, la cual podr?a en ?ltimo t?rmino, dar lugar a alteraciones hormonales o funcionales (pero esto hasta ahora no se ha demostrado y parece improbable). En t?rminos generales se debe afrontar en una perspectiva de terapia y cambio. Si se dan el compromiso y las motivaciones justas, hay buenas prospectivas terap?uticas.
La acci?n por parte de los cat?licos, deber?a partir de llamar la atenci?n sobre los art?culos en m?rito del Catecismo de la Iglesia Cat?lica (6); luego deber?a subrayar la importancia de la gracia de Dios para influir positivamente sobre la libertad de la persona y sobre sus actos, para reforzarla en la virtud; la gracia no es in?til para ayudar a resistir las tentaciones homosexuales. Se deber?a tambi?n eliminar las ideas sobre la homosexualidad de otras convicciones justas presentes en la conciencia (respeto, igualdad, discriminaci?n injusta?). Por ?ltimo, se deber?a se?alar los estudios serios y abiertos a la perspectiva de cambio y a la conversi?n que conciernen a las personas homosexuales como a todos los cristianos, criticando y poniendo en guardia de aquellos disconformes. La verdad sobre la homosexualidad debe decirse con caridad, rompiendo la indiferencia.
Por ?ltimo, toda la cuesti?n debe llevar a demostrar la inseparabilidad de los derechos de los valores. Asistimos a esta paradoja. Las autoridades invocan los "valores", pero luego quienes los practica son tratados con cierta desconfianza. Quien los hace propios es tratado a veces incluso como un desequilibrado o un obscurantista. La sana mentalidad humana todav?a existe, aunque ha habido una progresiva erosi?n conceptual del derecho. Se debe ir al origen ilustrado del derecho europeo. Hab?a valores referidos a la raz?n humana y a la religi?n, no s?lo como deuda hist?rica sino por razones filos?ficas. Siempre ha estado claro que el derecho a la libertad individual es decisivo. Pero es inevitable, si no se quiere la descomposici?n del Estado, que el subjetivismo tenga l?mites. La sociedad tiene que establecer continuamente reglas si quiere sobrevivir. La naturaleza humana, como consecuencia del pecado original, est? herida, no ve siempre con claridad lo que es necesario para sobrevivir. Se necesita, adem?s de la raz?n humana, la luz de la Revelaci?n, aunque no sea pol?ticamente correcto (7). (fin) (Agencia Fides 22/2/2007; L?neas: 40 Palabras: 538)

4. Cfr Carta a los Obispos de la Iglesia Cat?lica sobre la colaboraci?n del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, Ciudad del Vaticano 2004, n 2.
5. Ha sido modificado el Manual Diagn?stico de la asociaci?n americana de Psiquiatr?a (cfr P.Cameron y otros, Errors etc, 79(1996, 383-404; se han promovido diversas investigaciones psicol?gicas y sociol?gicas escondiendo y falseando los datos, mientras que se han censurado los resultados buenos: cfr G.J.M van den Aardweg, Homosexualidad y esperanza, Ares, Mil?n 1995.
6. Art. 2357-2359 y 2396 con una aclaraci?n del Editio typica latina del 1997.
7. Cfr Europa, O. c, p 121.
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