S?bado, 24 de febrero de 2007
Con motivo del 50 Aniversario de la Enc?clica Fidei Donum la OCSHA ha hecho una edici?n especial de "Carta de Casa", n? 228-29 ENERO-FEBRERO 2007, de la que sacamos el mensaje de Juan Pablo II.

Al Sr. Cardenal Antonio Mar?a ROUCO VARELA
Arzobispo de Madrid
y Presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola


1. Con ocasi?n de las celebraciones que tendr?n lugar en Madrid, Burgos y Santiago de Compostela para conmemorar el 50 Aniversario de la Obra de Cooperaci?n Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA), me es grato hacer llegar un cordial saludo a los Pastores y presb?teros de Espa?a, que con esta Instituci?n han mantenido vivo el empuje misionero y el esp?ritu de solidaridad con otras Iglesias, hermanas del Conti?nente americano en el com?n compromiso de evangelizar, dando as? muestras de la constante vitalidad de las antiguas ra?ces cristianas de esa Naci?n.

En efecto, esta Obra iniciada hace ahora 50 a?os por la Conferencia de Metropolitanos de Espa?a, puede ser interpretada como la consecuencia natural de una honda conciencia eclesial y, al mismo tiempo, como una respuesta vigorosa a uno de los m?s urgentes desaf?os de nuestra ?poca, cual es la necesidad de tejer v?nculos de colaboraci?n y fraternidad entre las personas, los pueblos y las comunidades eclesiales, que se hace a?n m?s apremiante en todo aquello que se refiere a la difusi?n de la Buena Nueva de Jesucristo.

2. En esta significativa conmemoraci?n, deseo unirme a la acci?n de gracias al Se?or por los m?s de dos mil sacerdotes de las di?cesis espa?olas que han dedicado buena parte de su vida a colaborar con otras iglesias hermanas, movidos ante todo por la fuerza de su fe en Cristo, cuya novedad y riqueza no pueden esconder ni conservar para s? (cf. Recfemptoris missio, l 1), as? como por el aliento y la solicitud pastoral de sus Obispos, conscientes de su responsabilidad com?n respecto a la Iglesia universal (cf. Lumen gentium, 23; Optatarn todos, 10). Su experiencia misionera les ha enriquecido, haci?ndoles ver la inconmesurable fuerza salvadora del Evangelio en situaciones a veces in?ditas e insospechadas para ellos, convirti?ndoles despu?s, con frecuencia, en agentes de renovaci?n en sus propias comunidades de origen, a las que pueden apor?tar perspectivas de formas de expresi?n de fe y de vida cristiana nacidas en el coraz?n creyente del Continente americano.

Adem?s, los estrechos v?nculos culturales e hist?ricos que unen a las Iglesias parti?culares de Espa?a con aquellas de Hispanoam?rica, hacen de la colaboraci?n sacerdo?tal y apost?lica entre ellas un signo del particular compromiso adquirido desde el momento de la primera evan?gelizaci?n de Am?rica, al que han respondido generosamente los innumerables sacerdotes, personas consagradas y laicos que han acompa?ado el crecimiento de la fe de sus hermanos americanos a trav?s de los siglos. Las Di?cesis espa?olas, al establecer este servicio com?n de cooperaci?n sacerdotal, lo han hecho a?n m?s suyo, m?s significativo y organizado. Con ?l han
querido reflejar, en cierto modo, la actitud del Ap?stol, siempre dispuesto a "gastar" y "desgastar" su vida (cf. 2 Co 12,15) en favor de aquellos en los que ha plantado el Evangelio de Cristo (cf. 1 Co 3,6).

3. Me complace en comprobar c?mo, en esta cooperaci?n entre las Iglesias. se ha puesto un especial esmero en cultivar los lazos de fraternidad y comuni?n que son caracter?sticos del aut?ntico esp?ritu de servicio al Evangelio, respetando el principio de subsidiariedad y fomentando todo aquello que permite fortalecer la vida propia de las Iglesias locales, corno son particularmente los seminarios y, en general, todo lo referente a la promoci?n de las vocaciones y a la formaci?n del clero local. La experiencia acumulada en estos a?os, en que tanto Espa?a como los Pa?ses de Hispanoa?m?rica han conocido vicisitudes diversas y situaciones cambiantes, permitir? tambi?n en el futuro encontrar aquellas formas de colaboraci?n que mejor respondan a los nue?vos desaf?os de estos momentos de la historia en que la Iglesia v la humanidad se dis?ponen a pasar el umbral del Tercer milenio.

Alguno de estos desaf?os, como es la presencia creciente de una poblaci?n hispana en pa?ses de Am?rica del Norte o Europa ha comenzado ya a hacerse sentir, reclamando una respuesta pastoral generosa y decidida tambi?n por parte de las Iglesias de lengua espa?ola. En otros casos, el desarrollo de las perspectivas que ahora se perciben est? a?n envuelto en muchas incertidumbres y ambivalencias, como ocurre con el llamado fen?meno de la globalizaci?n, que afecta de un modo particular a Am?rica (cf. Ecclesia in Annerica, 5.5). La causa del Evangelio no es ajena a estas nuevas realidades, que est?n transformando r?pidamente la fisonom?a humana y social tanto del viejo corno del nuevo mundo. Por el contrario, tiene en ellas un papel decisivo, puesto que, al ser universal por naturaleza, el mensaje de Cristo es en s? mismo fermento de integraci?n, animada por el respeto a la m?s alta dignidad de las personas y los pueblos y en busca de una nueva civilizaci?n de la solidaridad y del amor.

En este contexto, la colaboraci?n sacerdotal y apost?lica entre las comunidades cristianas puede ser considerada como una de las respuestas m?s v?lidas al desaf?o de "asegurar una globalizaci?n en la solidaridad" (Mensaje para la Jornada mundial de la Paz, 1998, 3), as? como una de las "formas" que caracterizan la nueva Evangelizaci?n, al poner de relieve "el deber de la rec?proca solidaridad y de compartir sus dones espirituales y los bienes materiales con que Dios las ha bendecido, favoreciendo la disponibilidad de las personas para trabajar donde sea necesario" (Ecclesia in America, 52).

4. Mientras expreso mi sincero reconocimiento por los trabajos realizados en estos a?os por la Obra de Cooperaci?n Sacerdotal Hispanoamericana, ruego a la Virgen Mar?a, Estrella de la Evangelizaci?n, que gu?e los pasos de esta benem?rita Instituci?n, para que contin?e dando abundantes frutos, sea siempre signo elocuente de la comuni?n y la fraternidad que han de reinar entre las Iglesias y sea ejemplo de la estrecha y cada vez m?s necesaria colaboraci?n entre ellas. Con estos deseos imparto de coraz?n la Bendici?n Apost?lica a cuantos forman o han formado parte de esa Obra, as? como a los que se unen a ella en la acci?n de gracias al Se?or por su cincuentenario.

Vaticano, 3 de junio, solemnidad del Sant?simo Cuerpo y Sangre de Cristo, del a?o 1999

Joannes Paulus II
Publicado por verdenaranja @ 0:07  | Habla el Papa
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