S?bado, 24 de febrero de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. - predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo, I de Cuaresma, 25 de Febrero de 2007.


Fue tentado por el diablo


I Domingo de Cuaresma
Deuteronomio 26, 4-10; Romanos 10, 8-13; Lucas 4, 1-13

El Evangelio de Lucas que leemos durante este a?o fue escrito, como dice ?l mismo en la introducci?n, para que el lector creyente se pudiera ?dar cuenta de la solidez de las ense?anzas que hab?a recibido?. Esta intenci?n es de extraordinaria actualidad. Frente a los ataques desde toda parte a la historicidad de los evangelios y a las manipulaciones sin l?mites de la figura de Cristo, es m?s importante que nunca que el cristiano y todo lector honesto del Evangelio se d? cuenta de la solidez de las ense?anzas y de los relatos en ?l referidos.

Con este fin he orientado los comentarios del evangelio desde el primer domingo de Cuaresma al domingo ?in Albis? (II domingo de Pascua. Ndt). Partiendo cada vez del Evangelio del domingo, ampliaremos la mirada a todo un sector o un aspecto de la persona y de la ense?anza de Cristo a ?l vinculado, para descubrir qui?n era verdaderamente Jes?s: si un simple profeta y un gran hombre, o algo m?s y diferente. Desear?amos, en otras palabras, brindar un poco de cultura religiosa. Fen?menos como el del ?C?digo da Vinci? de Dan Brown, con las imitaciones y las discusiones que ha suscitado, han puesto de manifiesto la alarmante ignorancia religiosa que reina entre la gente y que se convierte en el terreno ideal para toda desaprensiva operaci?n comercial.

El evangelio del primer domingo de Cuaresma es el de las tentaciones de Jes?s en el desierto. Seg?n el plan anunciado, desear?a partir de ?l para ampliar el tema al problema m?s general de la actitud de Jes?s respecto a las potencias demon?acas y los pose?dos por el demonio.

Es un hecho innegable y entre los m?s seguros, hist?ricamente, que Jes?s liber? a muchas personas del poder destructivo de Satan?s. No tenemos tiempo de recordar todos los episodios. Limit?monos a evidenciar dos cosas: en primer lugar, la explicaci?n que Jes?s daba de su poder sobre el demonio; en segundo lugar, qu? dice este poder de ?l y de su persona.

Frente a la liberaci?n clamorosa que Jes?s hab?a obrado en un endemoniado, sus enemigos, al no poder negar el hecho, dicen: ?Expulsa a los demonios en nombre de Belceb?, el pr?ncipe de los demonios? (Lc 11, 15). Jes?s demuestra que esta explicaci?n es absurda (si Satan?s estuviera dividido contra s? mismo, habr?a acabado desde hace tiempo su dominio; en cambio, prospera). La explicaci?n es otra: ?l expulsa los demonios con el dedo de Dios, esto es, con el Esp?ritu Santo, y esto demuestra que ha llegado a la tierra el Reino de Dios.

Satan?s era ?el hombre fuerte? que ten?a bajo su poder a la humanidad; pero ahora ha venido uno ?m?s fuerte que ?l? y le est? despojando de su poder. Esto nos dice algo formidable sobre la persona de Cristo. Con su venida ha comenzado para la humanidad una nueva era, un cambio de r?gimen. Una cosa de este tipo no puede ser obra de un simple hombre; tampoco de un gran profeta.

Es importante observar el nombre o el poder en base al cual Jes?s expulsa a los demonios. La f?rmula habitual con la que el exorcista se dirige al demonio es: ?Te conjuro por...?, o ?en nombre de... te ordeno que salgas de esta persona?. Apela, por lo tanto, a una autoridad superior, que generalmente es la de Dios, y para los cristianos la de Jes?s. No as? Jes?s: ?l dirige al demonio un tajante ?te ordeno?. ?Yo te ordeno! Jes?s no necesita apelar a una autoridad superior; ?l es la autoridad superior.

La derrota del poder del mal y del demonio era parte integrante de la salvaci?n definitiva (escatolog?a) anunciada por los profetas. Jes?s invita a sus adversarios a sacar la consecuencia de lo que ven con sus propios ojos: as? que ya no hay m?s que esperar, que mirar adelante; el reino y la salvaci?n est? en medio de ellos.

El tan mencionado discurso sobre la blasfemia contra el Esp?ritu Santo se explica a partir de esto. Atribuir al esp?ritu del mal, a Belceb?, o a magia, aquello que era manifiestamente obra del Esp?ritu Santo de Dios significaba cerrar obstinadamente los ojos ante la verdad, ponerse contra Dios mismo, y por lo tanto privarse solos de la posibilidad de perd?n.

El corte hist?rico y formativo que intento dar a estos comentarios de Cuaresma no nos debe impedir recoger cada vez igualmente una sugerencia pr?ctica del evangelio del d?a. El mal tambi?n es fuerte hoy a nuestro alrededor. Asistimos a formas de maldad que van m?s all? de nuestra capacidad de comprender; nos quedamos abatidos y sin palabras ante ciertos episodios de cr?nica. El mensaje consolador que brota de las reflexiones hasta aqu? hechas es que existe en medio de nosotros uno que es ?m?s fuerte? que el mal. La fe no nos sit?a a resguardo del mal y del sufrimiento, pero nos asegura que con Cristo podemos orientar al bien tambi?n el mal, hacerlo servir para la redenci?n nuestra y del mundo.

Algunas personas experimentan en la propia vida o en la propia casa una presencia de mal que les parece de origen directamente diab?lico. A veces ciertamente lo es (conocemos la difusi?n que tienen las sectas y los ritos sat?nicos en nuestra sociedad, especialmente entre los j?venes), pero es dif?cil entender en casos individuales si se trata verdaderamente de Satan?s o de perturbaciones de origen patol?gico. Afortunadamente no es necesario llegar a las certeza sobre las causas. Lo que hay que hacer es adherirse a Cristo con la fe, la invocaci?n de su nombre, la pr?ctica de los sacramentos.

El evangelio del domingo nos sugiere un medio con vistas a esta lucha, importante para cultivar sobre todo en tiempo de Cuaresma. Jes?s no fue al desierto para ser tentado; su intenci?n era retirarse en el desierto a orar y a escuchar la voz del Padre.

En la historia ha habido muchedumbres de hombres y mujeres que han elegido imitar a este Jes?s que se retira al desierto. Pero la invitaci?n a seguir a Jes?s al desierto no se dirige s?lo a monjes y ermita?os. De manera distinta, tambi?n se dirige a todos. Monjes y eremitas han elegido un espacio en el desierto; nosotros debemos elegir al menos un tiempo de desierto. Pasar un tiempo de desierto significa hacer un poco de vac?o y de silencio entorno a nosotros; reencontrar el camino de nuestro coraz?n, sustraernos al bullicio y a los apremios externos, a fin de entrar en contacto con las fuentes m?s profundas de nuestro ser y de nuestro creer.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 23:39  | Espiritualidad
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