Lunes, 26 de febrero de 2007
Homil?a que pronunci? Benedicto XVI durante la misa que presidi? en la bas?lica de San Sabina en Roma, en la tarde del Mi?rcoles de Ceniza, 21 de febrero de 2007.


Queridos hermanos y hermanas:
Con la procesi?n penitencial hemos entrado en el austero clima de la Cuaresma y, al introducirnos en la celebraci?n eucar?stica, acabamos de orar para que el Se?or ayude al pueblo cristiano a "iniciar un camino de aut?ntica conversi?n para afrontar victoriosamente, con las armas de la penitencia, el combate contra el esp?ritu del mal" (oraci?n Colecta).

Dentro de poco, al recibir la ceniza en nuestra cabeza, volveremos a escuchar una clara invitaci?n a la conversi?n, que puede expresarse con dos f?rmulas distintas: "Convert?os y creed el Evangelio" o "Acu?rdate de que eres polvo y al polvo volver?s". Precisamente por la riqueza de los s?mbolos y de los textos b?blicos y lit?rgicos, el mi?rcoles de Ceniza se considera la "puerta" de la Cuaresma. En efecto, esta liturgia y los gestos que la caracterizan forman un conjunto que anticipa de modo sint?tico la fisonom?a misma de todo el per?odo cuaresmal. En su tradici?n, la Iglesia no se limita a ofrecernos la tem?tica lit?rgica y espiritual del itinerario cuaresmal; adem?s, nos indica los instrumentos asc?ticos y pr?cticos para recorrerlo fructuosamente.

"Convert?os a m? de todo coraz?n, con ayuno, con llanto, con luto". Con estas palabras comienza la primera lectura, tomada del libro del profeta Joel (Jl 2, 12). Los sufrimientos, las calamidades que aflig?an en ese per?odo a la tierra de Jud? impulsan al autor sagrado a invitar al pueblo elegido a la conversi?n, es decir, a volver con confianza filial al Se?or, rasgando el coraz?n, no las vestiduras. En efecto, Dios ?recuerda el profeta? "es compasivo y misericordioso, lento a la c?lera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas" (Jl 2, 13).

La invitaci?n que el profeta Joel dirige a sus oyentes vale tambi?n para nosotros, queridos hermanos y hermanas. No dudemos en volver a la amistad de Dios perdida al pecar; al encontrarnos con el Se?or, experimentamos la alegr?a de su perd?n. As?, respondiendo de alguna manera a las palabras del profeta, hemos hecho nuestra la invocaci?n del estribillo del Salmo responsorial: "Misericordia, Se?or: hemos pecado". Proclamando el salmo 50, el gran salmo penitencial, hemos apelado a la misericordia divina; hemos pedido al Se?or que la fuerza de su amor nos devuelva la alegr?a de su salvaci?n.

Con este esp?ritu, iniciamos el tiempo favorable de la Cuaresma, como nos record? san Pablo en la segunda lectura, para reconciliarnos con Dios en Cristo Jes?s. El Ap?stol se presenta como embajador de Cristo y muestra claramente c?mo, en virtud de ?l, se ofrece al pecador, es decir, a cada uno de nosotros, la posibilidad de una aut?ntica reconciliaci?n. "Al que no hab?a pecado, Dios lo hizo expiaci?n por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a ?l, recibamos la justificaci?n de Dios" (2 Co 5, 21). S?lo Cristo puede transformar cualquier situaci?n de pecado en novedad de gracia.

Precisamente por eso asume un fuerte impacto espiritual la exhortaci?n que san Pablo dirige a los cristianos de Corinto: "En nombre de Cristo os pedimos que os reconcili?is con Dios" (2 Co 5, 20) y tambi?n: "Mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es el d?a de la salvaci?n" (2 Co 6, 2).

Mientras que el profeta Joel hablaba del futuro d?a del Se?or como de un d?a de juicio terrible, san Pablo, refiri?ndose a la palabra del profeta Isa?as, habla de "momento favorable", de "d?a de la salvaci?n". El futuro d?a del Se?or se ha convertido en el "hoy". El d?a terrible se ha transformado en la cruz y en la resurrecci?n de Cristo, en el d?a de la salvaci?n. Y hoy es ese d?a, como hemos escuchado en la aclamaci?n antes del Evangelio: "Escuchad hoy la voz del Se?or, no endurezc?is vuestro coraz?n". La invitaci?n a la conversi?n, a la penitencia, resuena hoy con toda su fuerza, para que su eco nos acompa?e en todos los momentos de nuestra vida.

De este modo, la liturgia del mi?rcoles de Ceniza indica que la conversi?n del coraz?n a Dios es la dimensi?n fundamental del tiempo cuaresmal. Esta es la sugestiva ense?anza que nos brinda el tradicional rito de la imposici?n de la ceniza, que dentro de poco renovaremos. Este rito reviste un doble significado: el primero alude al cambio interior, a la conversi?n y la penitencia; el segundo, a la precariedad de la condici?n humana, como se puede deducir f?cilmente de las dos f?rmulas que acompa?an el gesto. Aqu?, en Roma, la procesi?n penitencial del mi?rcoles de Ceniza parte de san Anselmo y se concluye en esta bas?lica de Santa Sabina, donde tiene lugar la primera estaci?n cuaresmal.

A este prop?sito, es interesante recordar que la antigua liturgia romana, a trav?s de las estaciones cuaresmales, hab?a elaborado una singular geograf?a de la fe, partiendo de la idea de que, con la llegada de los ap?stoles san Pedro y san Pablo y con la destrucci?n del templo, Jerusal?n se hab?a trasladado a Roma. La Roma cristiana se entend?a como una reconstrucci?n de la Jerusal?n del tiempo de Jes?s dentro de los muros de la Urbe. Esta nueva geograf?a interior y espiritual, ?nsita en la tradici?n de las iglesias "estacionales" de la Cuaresma, no es un simple recuerdo del pasado, ni una anticipaci?n vac?a del futuro; al contrario, quiere ayudar a los fieles a recorrer un itinerario interior, el camino de la conversi?n y la reconciliaci?n, para llegar a la gloria de la Jerusal?n celestial, donde habita Dios.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos cuarenta d?as para profundizar en esta extraordinaria experiencia asc?tica y espiritual. En el pasaje evang?lico que se ha proclamado Jes?s indica cu?les son los instrumentos ?tiles para realizar la aut?ntica renovaci?n interior y comunitaria: las obras de caridad (limosna), la oraci?n y la penitencia (el ayuno). Son las tres pr?cticas fundamentales, tambi?n propias de la tradici?n jud?a, porque contribuyen a purificar al hombre ante Dios (cf. Mt 6, 1-6. 16-18).

Esos gestos exteriores, que se deben realizar para agradar a Dios y no para lograr la aprobaci?n y el consenso de los hombres, son gratos a Dios si expresan la disposici?n del coraz?n para servirle s?lo a ?l, con sencillez y generosidad. Nos lo recuerda uno de los Prefacios cuaresmales, en el que, a prop?sito del ayuno, leemos esta singular afirmaci?n: "ieiunio... mentem elevas", "con el ayuno..., elevas nuestro esp?ritu" (Prefacio IV de Cuaresma).

Ciertamente, el ayuno al que la Iglesia nos invita en este tiempo fuerte no brota de motivaciones de orden f?sico o est?tico, sino de la necesidad de purificaci?n interior que tiene el hombre, para desintoxicarse de la contaminaci?n del pecado y del mal; para formarse en las saludables renuncias que libran al creyente de la esclavitud de su propio yo; y para estar m?s atento y disponible a la escucha de Dios y al servicio de los hermanos. Por esta raz?n, la tradici?n cristiana considera el ayuno y las dem?s pr?cticas cuaresmales como "armas" espirituales para luchar contra el mal, contra las malas pasiones y los vicios.

Al respecto, me complace volver a escuchar, juntamente con vosotros, un breve comentario de san Juan Cris?stomo: "Del mismo modo que, al final del invierno ?escribe?, cuando vuelve la primavera, el navegante arrastra hasta el mar su nave, el soldado limpia sus armas y entrena su caballo para el combate, el agricultor afila la hoz, el peregrino fortalecido se dispone al largo viaje y el atleta se despoja de sus vestiduras y se prepara para la competici?n; as? tambi?n nosotros, al inicio de este ayuno, casi al volver una primavera espiritual, limpiamos las armas como los soldados; afilamos la hoz como los agricultores; como los marineros disponemos la nave de nuestro esp?ritu para afrontar las olas de las pasiones absurdas; como peregrinos reanudamos el viaje hacia el cielo; y como atletas nos preparamos para la competici?n despoj?ndonos de todo" (Homil?as al pueblo de Antioqu?a, 3).

En el mensaje para la Cuaresma invit? a vivir estos cuarenta d?as de gracia especial como un tiempo "eucar?stico". Recurriendo a la fuente inagotable de amor que es la Eucarist?a, en la que Cristo renueva el sacrificio redentor de la cruz, cada cristiano puede perseverar en el itinerario que hoy solemnemente iniciamos.

Las obras de caridad (limosna), la oraci?n, el ayuno, juntamente con cualquier otro esfuerzo sincero de conversi?n, encuentran su m?s profundo significado y valor en la Eucarist?a, centro y cumbre de la vida de la Iglesia y de la historia de la salvaci?n.

"Se?or, estos sacramentos que hemos recibido ?as? rezaremos al final de la santa misa? nos sostengan en el camino cuaresmal, hagan nuestros ayunos agradables a tus ojos y obren como remedio saludable de todos nuestros males".

Pidamos a Mar?a que nos acompa?e para que, al concluir la Cuaresma, podamos contemplar al Se?or resucitado, interiormente renovados y reconciliados con Dios y con los hermanos. Am?n.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 23:06  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios