Martes, 27 de febrero de 2007
Homil?a para el mi?rcoles de Ceniza
21 de febrero de 2007



La primera lectura de hoy nos ense?a que el tiempo de Cuaresma es un tiempo de penitencia.

El profeta Joel (1. Joel 2,12-18) llama al pueblo de Israel a una jornada de penitencia. Les urge a que se conviertan de su mal y se pongan con decisi?n en la l?nea del seguimiento de Dios. Esto suced?a unos cuatro siglos antes de Cristo.

El ambiente se ve que estaba bastante ap?tico y decadente. Adem?s, estaban padeciendo en aquellos momentos los efectos de una cat?strofe natural, una larga sequ?a y una plaga de langostas o saltamontes que hab?a arrasado toda la cosecha.

El profeta aprovecha la circunstancia para convocar en asamblea general a peque?os y mayores, sacerdotes y laicos, para que todos juntos pidan perd?n a Dios. Para ?l, la causa fundamental de la situaci?n es que se han olvidado de Dios y descuidan su alianza. Eso s?: no se tienen que contentar con un ayuno oficial, ni con unas l?grimas o con un cambio de vestidos exteriores en se?al de luto. La conversi?n tiene que ser interior: volverse de coraz?n a Dios, buscar sinceramente su voluntad y cumplirla.

El argumento con el que les anima a dar este paso es la bondad de Dios. Les recuerda una definici?n de Dios que se repite muchas veces en la Biblia: El Se?or es ?compasivo y misericordioso, lento a la c?lera, rico en piedad?.

Por medio de la penitencia debemos volver a Dios, reconocer que lo necesitamos y a veces las cosas que buscamos nos impiden encontrarnos con la bondad de Dios. Las ascesis el dejar lo superfluo el esp?ritu penitencial nos hace m?s ?giles en la b?squeda de Dios



La segunda lectura nos muestra que la cuaresma es un tiempo de gracia, un tiempo de reconciliaci?n. San Pablo (2 Corintios 5,20-6,2) se lo dijo a los corintios hace dos mil a?os, pero nosotros lo o?mos hoy: ?ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el d?a de la salvaci?n?.

El se muestra orgulloso de ser ?embajador de Cristo?, y la embajada que trae de parte de ?l es ?sta: ?d?jense reconciliar con Dios?. Esta reconciliaci?n se la ofrece Dios a todos por medio de la muerte salvadora de su Hijo Jes?s. Hay que aprovechar esta ocasi?n y no ?echar en saco roto la gracia de Dios?. Es el tiempo propicio para reconciliarse: o sea, para recomponer la relaci?n entre nosotros y Dios, por si se hubiera roto o debilitado. La confesi?n nos deber?a llevar constantemente a este esp?ritu de reconciliaci?n que cuanto m?s aut?ntico es se refleja en la relaci?n con los hermanos.



El Evangelio nos propone las obras propias de la cuaresma: oraci?n, ayuno, limosna.

Jes?s, en el serm?n de la monta?a (Mateo 6,1-6; 16-18), ense?a a sus disc?pulos c?mo tiene que ser su estilo de vida. Es una hermosa p?gina, con paralelismos y ant?tesis muy expresivos.

Describe tres aspectos de la vida de un creyente que se puede decir que abarcan las tres direcciones de cada persona: para con Dios (oraci?n), para con el pr?jimo (limosna) y para consigo mismo (ayuno). En las tres, el disc?pulo de Jes?s tiene que profundizar, no quedarse en lo exterior, sino situarse delante de Dios Padre, que es el que nos conoce hasta lo m?s profundo del ser, sin buscar premios o aplausos aqu? abajo:

- la limosna: ?no vayas tocando la trompeta? para que todos se enteren; al contrario: ?que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha?; el Padre te lo recompensar?;

- la oraci?n: no rezar ?para que los vea la gente?; al contrario: ?entra en tu cuarto y reza?; el Padre te lo pagar?;

- el ayuno: ?no anden cabizbajos para que la gente sepa que ayunan?; al contrario: ?perf?mate la cabeza?; el Padre te premiar?.



Muchos cristianos est?n asustados de la situaci?n presente: la gran sequ?a de fe y de vocaciones, y los grandes males del mundo que arrasan valores humanos y cristianos. ?Tiene futuro todo esto? La Cuaresma nos viene a responder que s?. Ante todo porque Dios sigue siendo rico en bondad y misericordia, y est? siempre dispuesto a perdonar y empezar de nuevo. Y tambi?n porque las personas, por m?s d?biles que se sientan, pueden ser movidas por el Esp?ritu y cambiar.

Por eso somos invitados a emprender un camino pascual, un camino que incluye la cruz y la renuncia, y por tanto ser? inc?modo. Somos invitados a reconocer que algo no va bien en nosotros mismos, adem?s de en la sociedad o en la Iglesia, y a cambiar, a dar un viraje, a convertirnos. Conversi?n se dice en griego ?met?noia?, que significa cambio de mentalidad.



El gesto penitencial de la ceniza que hacemos hoy, despu?s de la homil?a, nos recuerda, por una parte, que somos polvo y al polvo volveremos, cosa que nos hace bien recordar. Y por otra, nos invita a que aceptemos el Evangelio como norma de vida, como mentalidad propia de los seguidores de Jes?s, la otra exhortaci?n que se puede hacer al poner la ceniza: Convi?rtete y cree en el Evangelio.

Conversi?n que necesitamos todos y que tiene que tener las tres direcciones que Jes?s nos propon?a en el Evangelio hacia el pr?jimo, una caridad y una apertura que no busca ostentaci?n, sino que se basa en un amor verdadero y desinteresado. En direcci?n a Dios, una oraci?n que no se conforma con palabras y gestos exteriores, sino que brota del coraz?n. En direcci?n a nosotros mismos, un ayuno que es autocontrol, capacidad de renuncia de valores secundarios en favor de los principales.

Todo ello -dar limosna, rezar, ayunar- no lo hacemos para llamar la atenci?n, sino con sinceridad y profundidad, para abrirnos a los dem?s, abrirnos a Dios y cerrarnos un poco a nosotros mismos.

Dec?a el Papa Benedicto XVI, el 1 de marzo del a?o pasado: ?Animados por un fuerte compromiso de oraci?n, decididos a un esfuerzo cada vez mayor de penitencia, de ayuno y de solicitud amorosa por los hermanos, encamin?monos hacia la Pascua, acompa?ados por la Virgen Mar?a, Madre de la Iglesia y modelo de todo aut?ntico disc?pulo de Cristo.? Si nos acompa?a la Virgen la cuaresma de 2007 ser? un paso seguro, en nuestra vida, en el seguimiento de Jes?s.

+Mons. Rub?n H. Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luj?n
Publicado por verdenaranja @ 23:50  | Homil?as
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