Mi?rcoles, 28 de febrero de 2007
ZENIT publica las preguntas de los seminaristas del Seminario Romano Mayor y las respuestas de Benedicto XVI durante la visita que el Papa realiz? al mismo el 17 de febrero de 2007.


GREGORPAOLO STANO: DI?CESIS DE ORIA, ITALIA del I a?o (1? FILOSOF?A)

Santidad, durante el primero de los dos a?os que dedicamos al discernimiento nos esforzamos por escrutar a fondo nuestra persona. Es un ejercicio arduo para nosotros, porque el lenguaje de Dios es especial y s?lo quien est? atento puede captarlo entre las mil voces que resuenan dentro de nosotros. Por eso, le pedimos que nos ayude a comprender c?mo habla Dios en concreto y cu?les son las huellas que deja al hablarnos en nuestro interior.

Benedicto XVI: Ante todo, agradezco al monse?or rector sus palabras. Ya siento deseos de conocer el texto que vais a escribir y de aprender de ?l. No estoy seguro de poder aclarar los puntos esenciales de la vida del seminario, pero dir? lo que puedo decir.

Ahora respondo a la primera pregunta: ?c?mo podemos discernir la voz de Dios entre las mil voces que escuchamos cada d?a en nuestro mundo? Yo dir?a que Dios habla con nosotros de much?simas maneras. Habla por medio de otras personas, por medio de los amigos, de los padres, del p?rroco, de los sacerdotes ?aqu?, os habla a trav?s de los sacerdotes que se encargan de vuestra formaci?n, que os orientan?. Habla por medio de los acontecimientos de nuestra vida, en los que podemos descubrir un gesto de Dios. Habla tambi?n a trav?s de la naturaleza, de la creaci?n; y, naturalmente, habla sobre todo en su Palabra, en la sagrada Escritura, le?da en la comuni?n de la Iglesia y le?da personalmente en conversaci?n con Dios.

Es importante leer la sagrada Escritura, por una parte, de modo muy personal, y realmente, como dice san Pablo, no como palabra de un hombre o como un documento del pasado, como leemos a Homero o Virgilio, sino como una palabra de Dios siempre actual, que habla conmigo. Aprender a escuchar en un texto, que hist?ricamente pertenece al pasado, la palabra viva de Dios, es decir, entrar en oraci?n, convirtiendo as? la lectura de la sagrada Escritura en una conversaci?n con Dios.

San Agust?n dice a menudo en sus homil?as: llam? muchas veces a la puerta de esta Palabra, hasta que pude percibir lo que Dios mismo me dec?a. Por una parte, esta lectura muy personal, esta conversaci?n personal con Dios, en la que trato de descubrir lo que el Se?or me dice; y juntamente con esta lectura personal, es muy importante la lectura comunitaria, porque el sujeto vivo de la sagrada Escritura es el pueblo de Dios, es la Iglesia.

Esta Escritura no era algo meramente privado, de grandes escritores ?aunque el Se?or siempre necesita a la persona, necesita su respuesta personal?, sino que ha crecido con personas que estaban implicadas en el camino del pueblo de Dios y as? sus palabras son expresi?n de este camino, de esta reciprocidad de la llamada de Dios y de la respuesta humana.

Por consiguiente, el sujeto vive hoy como vivi? en aquel tiempo; la Escritura no pertenece al pasado, dado que su sujeto, el pueblo de Dios inspirado por Dios mismo, es siempre el mismo. As? pues, se trata siempre de una Palabra viva en el sujeto vivo. Por eso, es importante leer la sagrada Escritura y escuchar la sagrada Escritura en la comuni?n de la Iglesia, es decir, con todos los grandes testigos de esta Palabra, desde los primeros Padres hasta los santos de hoy, hasta el Magisterio de hoy.

Sobre todo en la liturgia se convierte en una Palabra vital y viva. Por consiguiente, yo dir?a que la liturgia es el lugar privilegiado donde cada uno entra en el "nosotros" de los hijos de Dios en conversaci?n con Dios. Es importante: el padrenuestro comienza con las palabras "Padre nuestro". S?lo podr? encontrar al Padre si estoy insertado en el "nosotros" de este "nuestro"; s?lo escuchamos bien la palabra de Dios dentro de este "nosotros", que es el sujeto de la oraci?n del padrenuestro.

As? pues, esto me parece muy importante: la liturgia es el lugar privilegiado donde la Palabra est? viva, est? presente; m?s a?n, donde la Palabra, el Logos, el Se?or, habla con nosotros y se pone en nuestras manos. Si nos disponemos a la escucha del Se?or en esta gran comuni?n de la Iglesia de todos los tiempos, lo encontraremos.

?l nos abre la puerta poco a poco. Por tanto, yo dir?a que en este punto se concentran todos los dem?s: el Se?or nos gu?a personalmente en nuestro camino y, al mismo tiempo, vivimos en el gran "nosotros" de la Iglesia, donde la palabra de Dios est? viva.

Luego vienen los dem?s puntos: escuchar a los amigos, escuchar a los sacerdotes que nos gu?an, escuchar la voz viva de la Iglesia de hoy, escuchando as? tambi?n las voces de los acontecimientos de este tiempo y de la creaci?n, que resultan descifrables en este contexto profundo.

Por tanto, para resumir, dir?a que Dios nos habla de muchas maneras. Es importante, por una parte, estar en el "nosotros" de la Iglesia, en el "nosotros" vivido en la liturgia. Es importante personalizar este "nosotros" en m? mismo; es importante estar atentos a las dem?s voces del Se?or, dejarnos guiar tambi?n por personas que tienen experiencia con Dios, por decirlo as?, y nos ayudan en este camino, para que este "nosotros" se transforme en mi "nosotros", y yo, en uno que realmente pertenece a este "nosotros". As? crece el discernimiento y crece la amistad personal con Dios, la capacidad de percibir, en medio de las mil voces de hoy, la voz de Dios, que siempre est? presente y siempre habla con nosotros.

CLAUDIO FABBRI: DI?CESIS DE ROMA del II a?o (2? FILOSOF?A)

Santo Padre, ?c?mo estaba articulada su vida durante el tiempo de formaci?n para el sacerdocio y cu?les eran los intereses que cultivaba? Teniendo en cuenta su experiencia, ?cu?les son los puntos fundamentales de la formaci?n para el sacerdocio? En particular, ?qu? lugar ocupa en ella Mar?a?

Benedicto XVI: Creo que nuestra vida, en el seminario de Freising, estaba articulada de un modo muy semejante a vuestro horario, aunque no conozco exactamente vuestro reglamento diario. Me parece que se comenzaba a las 6.30, a las 7.00, con una meditaci?n de media hora, en la que cada uno en silencio hablaba con el Se?or, trataba de disponer su alma para la sagrada liturgia. Luego segu?a la santa misa, el desayuno y, durante la ma?ana, las clases.

Por la tarde, seminarios, tiempos de estudio, y luego de nuevo oraci?n en com?n. En la noche, los "puntos": el director espiritual o el rector del seminario, altern?ndose, nos hablaban para ayudarnos a encontrar el camino de la meditaci?n; no nos daban una meditaci?n ya hecha, sino elementos que pod?an ayudar a cada uno a interiorizar las palabras del Se?or que ser?an objeto de nuestra meditaci?n.

As? era el itinerario de cada d?a. Luego, naturalmente, estaban las grandes fiestas, con una hermosa liturgia, con m?sica... Pero, me parece ?tal vez volver? a hablar de esto al final? que es muy importante tener una disciplina que nos precede y no deber inventar cada d?a de nuevo lo que hay que hacer, lo que hay que vivir. Existe una regla, una disciplina que ya me espera y me ayuda a vivir ordenadamente este d?a.

Ahora bien, por lo que respecta a mis preferencias, naturalmente segu?a con atenci?n, como pod?a, las clases. En los dos primeros a?os, desde el inicio me fascin? la filosof?a, sobre todo la figura de san Agust?n; luego tambi?n la corriente agustiniana en la Edad Media: san Buenaventura, los grandes franciscanos, la figura de san Francisco de As?s.

Me impresionaba sobre todo la gran humanidad de san Agust?n, que no tuvo la posibilidad de identificarse con la Iglesia como catec?meno desde el inicio, sino que, por el contrario, tuvo que luchar espiritualmente para encontrar poco a poco el acceso a la palabra de Dios, a la vida con Dios, hasta que pronunci? el gran "s?" a su Iglesia.

Fue un camino muy humano, donde tambi?n nosotros podemos ver hoy c?mo se comienza a entrar en contacto con Dios, c?mo hay que tomar en serio todas las resistencias de nuestra naturaleza, canaliz?ndolas para llegar al gran "s?" al Se?or. As? me conquist? su teolog?a tan personal, desarrollada sobre todo en la predicaci?n. Esto es importante, porque al inicio san Agust?n quer?a vivir una vida puramente contemplativa, escribir otros libros de filosof?a..., pero el Se?or no quer?a eso; lo llam? a ser sacerdote y obispo; de este modo, todo el resto de su vida, de su obra, se desarroll? fundamentalmente en el di?logo con un pueblo muy sencillo. Por una parte, siempre tuvo que encontrar personalmente el significado de la Escritura; y, por otra, deb?a tener en cuenta la capacidad de esa gente, su contexto vital, para llegar a un cristianismo realista y, al mismo tiempo, muy profundo.

Naturalmente, para m? adem?s era muy importante la ex?gesis: tuvimos dos exegetas un poco liberales, pero a pesar de ello grandes exegetas, tambi?n realmente creyentes, que nos fascinaban. Puedo decir que, en realidad, la sagrada Escritura era el alma de nuestro estudio teol?gico: viv?amos con la sagrada Escritura y aprend?amos a amarla, a hablar con ella. Ya he hablado de la patrolog?a, del encuentro con los santos Padres. Tambi?n nuestro profesor de dogm?tica era un persona entonces muy famosa; hab?a alimentado su dogm?tica con los Padres y con la liturgia.

Para nosotros un punto muy central era la formaci?n lit?rgica. En aquel tiempo no hab?a a?n c?tedras de liturgia, pero nuestro profesor de pastoral nos dirigi? grandes cursos sobre liturgia y ?l, en ese momento, era tambi?n rector del seminario. As?, la liturgia vivida y celebrada iba muy unida a la liturgia ense?ada y pensada.

Juntamente con la sagrada Escritura, estos eran los puntos m?s importantes de nuestra formaci?n teol?gica. De esto doy siempre gracias al Se?or, porque en su conjunto son realmente el centro de una vida sacerdotal.

Otro inter?s era la literatura: era obligatorio leer a Dostoievski; era la moda del momento. Luego estaban los grandes franceses: Claudel, Mauriac, Bernanos; pero tambi?n la literatura alemana; ten?amos una edici?n alemana de Manzoni: en aquel tiempo yo no hablaba italiano. As?, en cierto sentido, tambi?n form?bamos nuestro horizonte humano. Asimismo, sent?amos gran amor por la m?sica, al igual que por la belleza de la naturaleza de nuestra tierra. Con estas preferencias, estas realidades, en un camino no siempre f?cil, segu? adelante. El Se?or me ayud? a llegar hasta el "s?" del sacerdocio, un "s?" que me ha acompa?ado todos los d?as de mi vida.

GIANPIERO SAVINO: DI?CESIS DE TARANTO del III a?o (1? TEOLOG?A)

Santidad, a los ojos de mucha gente, podemos parecer j?venes que dicen con firmeza y valent?a su "s?" y que lo dejan todo para seguir al Se?or; pero sabemos que estamos muy lejos de una verdadera coherencia con ese "s?". Con confianza de hijos, le confesamos la parcialidad de nuestra respuesta a la llamada de Jes?s y el esfuerzo diario por vivir una vocaci?n que nos pide dar un "s?" definitivo y total. ?C?mo responder a la vocaci?n tan exigente de pastores del pueblo de Dios, si sentimos constantemente nuestra debilidad e incoherencia?

Benedicto XVI: Es muy saludable reconocer nuestra debilidad, porque sabemos que necesitamos la gracia del Se?or. El Se?or nos consuela. En el colegio de los Ap?stoles no s?lo estaba Judas, sino tambi?n los Ap?stoles buenos. A pesar de eso, Pedro cay?. El Se?or reprocha muchas veces la lentitud, la cerraz?n del coraz?n de los Ap?stoles, la poca fe que ten?an. Por tanto, eso nos demuestra que ninguno de nosotros est? plenamente a la altura de este gran "s?", a la altura de celebrar "in persona Christi", de vivir coherentemente en este contexto, de estar unido a Cristo en su misi?n de sacerdote.

Para nuestro consuelo, el Se?or nos dio tambi?n las par?bolas de la red con peces buenos y malos, del campo donde crece el trigo pero tambi?n la ciza?a. Nos explica que vino precisamente para ayudarnos en nuestra debilidad; que no vino, como dice, para llamar a los justos, a los que se creen ya plenamente justos, a los que creen que no necesitan la gracia, a los que oran alab?ndose a s? mismos, sino que vino a llamar a los que se saben d?biles, a los que son conscientes de que cada d?a necesitan el perd?n del Se?or, su gracia, para seguir adelante.

Me parece muy importante reconocer que necesitamos una conversi?n permanente, que no hemos llegado a la meta. San Agust?n, en el momento de su conversi?n, pensaba que ya hab?a llegado a la cumbre de la vida con Dios, de la belleza del sol, que es su Palabra. Luego comprendi? que tambi?n el camino posterior a la conversi?n sigue siendo un camino de conversi?n, que sigue siendo un camino donde no faltan las grandes perspectivas, las alegr?as, las luces del Se?or, pero donde tampoco faltan valles oscuros, donde debemos seguir adelante con confianza apoy?ndonos en la bondad del Se?or.

Por eso, es importante tambi?n el sacramento de la Reconciliaci?n. No es correcto pensar que en nuestra vida no tenemos necesidad de perd?n. Debemos aceptar nuestra fragilidad, permaneciendo en el camino, siguiendo adelante sin rendirnos, y mediante el sacramento de la Reconciliaci?n convirti?ndonos constantemente para volver a comenzar, creciendo, madurando para el Se?or, en nuestra comuni?n con ?l.

Naturalmente, tambi?n es importante no aislarse, no pensar que podemos ir adelante nosotros solos. Necesitamos la compa??a de sacerdotes amigos, tambi?n de laicos amigos, que nos acompa?en, que nos ayuden. Es muy importante para un sacerdote en la parroquia ver c?mo la gente tiene confianza en ?l y experimentar, adem?s de su confianza, su generosidad al perdonar sus debilidades. Los verdaderos amigos nos desaf?an y nos ayudan a ser fieles en este camino. Me parece que esta actitud de paciencia, de humildad, nos puede ayudar a ser buenos con los dem?s, a tener comprensi?n ante las debilidades de los dem?s, a ayudarles tambi?n a ellos a perdonar como nosotros perdonamos.

Creo que no soy indiscreto si digo que hoy he recibido una hermosa carta del cardenal Martini, agradeciendo la felicitaci?n que le envi? con ocasi?n de su 80? cumplea?os; somos coet?neos. Expresando su agradecimiento, dice: sobre todo doy gracias al Se?or por el don de la perseverancia. Hoy ?escribe? incluso el bien se hace por lo general ad tempus, ad experimentum. El bien, seg?n su esencia, s?lo se puede hacer de modo definitivo, pero para hacerlo de modo definitivo necesitamos la gracia de la perseverancia. Pido cada d?a al Se?or ?concluye? que me d? esta gracia.

Vuelvo a san Agust?n: al inicio estaba contento de la gracia de la conversi?n. Luego descubri? que necesitaba otra gracia, la gracia de la perseverancia, que debemos pedir cada d?a al Se?or. Pero, volviendo a las palabras del cardenal Martini, "hasta ahora el Se?or me ha dado esta gracia de la perseverancia; espero que me la d? tambi?n para esta ?ltima etapa de mi camino en esta tierra". Me parece que debemos confiar en este don de la perseverancia, pero que tambi?n debemos orar al Se?or con tenacidad, con humildad y con paciencia, para que nos ayude y nos sostenga con el don de la perseverancia final, para que nos acompa?e cada d?a hasta el final, aunque el camino pase por un valle oscuro. El don de la perseverancia nos da alegr?a, nos da la certeza de que somos amados por el Se?or y que este amor nos sostiene, nos ayuda y no nos abandona en nuestras debilidades.
Nuestro verdadero tesoro es el amor del Se?or

[La segunda parte de las preguntas y respuestas ser? publicada en el servicio de este mi?rcoles
Traducci?n del original italiano distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 0:09  | Habla el Papa
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