Domingo, 04 de marzo de 2007
Carta Pastoral de Cuaresma 2007 del Arzobispo de Zaragoza, Mons. Manuel Ure?a Pastor.

Su Santidad el Papa Benedicto XVI nos ha ofrecido, como todos los a?os, el Mensaje para la Cuaresma.

Esta vez, el Papa nos brinda como texto clave para nuestra meditaci?n cuaresmal el paso b?blico de Jn 19,37: ?Mirar?n al que traspasaron?.

Muerto en la cruz y levantado bien alto para ser mirado por todos, Cristo es la expresi?n plena y definitiva del amor de Dios al hombre. En Cristo, Dios se nos da de forma absoluta. Y se nos da para colmarnos de dicha, de verdad y de bien. En este sentido, Cristo crucificado es la expresi?n acabada y completa del ?ag?pe?, de la ?caridad? de Dios hacia nosotros.

Pero Cristo crucificado es tambi?n la expresi?n de la otra cara del amor de Dios, de su pasi?n por el hombre, la ?nica criatura del mundo visible a la que ?l am? por s? misma. Recordemos que fuimos creados por ?l a imagen suya y que fuimos llamados por ?l a la comuni?n plena consigo. Por eso, Dios sabe que, si el hombre no responde al amor, se pierde irremisiblemente. De ah? que, ante el primer ?no? del hombre, Dios no se d? por vencido y que, en vez de replegarse sobre s? y abandonarnos a nuestra suerte, se valga del ?no? de Ad?n para redoblar su amor a nosotros, hasta el punto de entregar a la muerte a su propio Hijo para devolver al hombre la vida.

Esto supuesto, Dios, en Cristo muerto y resucitado, no nos ha amado s?lo con un amor de caridad (ag?pe). Nos ha amado tambi?n con un amor de ??ros?, con el amor de quien anhela la uni?n de amistad con el amado. De este modo, en el amor de Dios al hombre mostrado en Cristo se unen en admirable s?ntesis el amor de ?ag?pe? y el amor de ??ros?. Como dice el Papa, ?s?lo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios m?s duros?.

Desgraciadamente, desde sus mismos or?genes, la humanidad, seducida por las mentiras del Maligno, se ha cerrado al amor de Dios, con la ilusi?n de una autosuficiencia que es imposible, pues carece de todo fundamento (cf Gn 3,1-7).

Sin embargo, Dios, en Cristo crucificado, sigue llamando a la puerta de nuestro coraz?n para mendigar una y otra vez nuestro esperado ?s?, un ?s? del que, por otra parte, depende nuestra salvaci?n. La respuesta que Dios desea ardientemente de nosotros es que levantemos la mirada a su Hijo traspasado y muerto por nuestros pecados, que recibamos su amor y nos dejemos atraer por ?l.

S?lo entonces Dios penetra en lo m?s profundo de nuestros corazones, los renueva y los purifica, les da vida y los convierte en instrumentos vivos por medio de los cuales comunica su amor a todos los hombres.

Nos encontramos al principio mismo de la Cuaresma. Dej?monos rociar durante este tiempo de gracia por el agua y por la sangre que manaron del costado traspasado de Jes?s (cf Jn 19,34). Aceptemos el amor de Dios, cuyo icono perfecto es Cristo, y aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y con cada palabra. Abramos el coraz?n a los dem?s reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano. El amor que Dios nos tiene y al que hemos dicho ?s? nos llevar? a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotaci?n de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de tantos seres humanos.

Tenemos por delante toda la Cuaresma. Convirtamos nuestros corazones al coraz?n de Cristo que sangra amor. Que su amor no sea bald?o. Y que este amor, aceptado y hecho nuestro, alcance, por nuestro medio, a todos los hombres.

Mons. Manuel Ure?a Pastor
Arzobispo de Zaragoza
Publicado por verdenaranja @ 0:19  | Hablan los obispos
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