Domingo, 04 de marzo de 2007
? Carta Pastoral ante el D?a del Seminario 2007? del obispo de Tenerife Don Bernardo ?lvarez Afonso.


Lo que cuesta hacer un sacerdote


Queridos Diocesanos:

De nuevo, al llegar el mes de marzo, coincidiendo con la fiesta de San Jos?, celebramos en nuestra Di?cesis el D?a del Seminario. A nadie se le oculta que el Seminario es la instituci?n de mayor repercusi?n en el presente y futuro de nuestra Iglesia Diocesana, pues en el Seminario se "van haciendo" los pastores que ? en nombre de Cristo Cabeza y Pastor de la Iglesia? han de guiar al pueblo de Dios. Ninguna otra realidad diocesana tiene un mayor efecto multiplicador. Del Seminario van saliendo los sacerdotes que, repartidos por toda la Di?cesis, con su vida y ministerio sacerdotal, sirven a cientos de miles de cristianos y as? van edificando la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Con toda raz?n al Seminario se le da el t?tulo de "coraz?n de la Di?cesis", es decir, el ?rgano vital del cual depende el buen funcionamiento del cuerpo eclesial.

Con frecuencia, no importa la ?poca del a?o, cuando voy por las parroquias siempre hay quienes me dicen ?seg?n los casos?: "no nos deje sin sacerdote", "m?ndenos un cura joven", "no nos cambie el p?rroco que estamos contentos con el", "a ver cuando nos manda otro cura que este ya lleva mucho tiempo", etc.

En este ?ltimo a?o bastantes parroquias de nuestra Di?cesis han vivido el traslado de su sacerdote. Como ocurre siempre, los fieles no son indiferentes al cambio de su cura y eso me alegra porque demuestra el reconocimiento y la importancia que tiene el sacerdote para la comunidad cristiana que lo quiere como algo propio. En la mayor?a de los casos los fieles son conscientes que tarde o temprano el p?rroco se ir? a otro sitio y cuando eso sucede la cosa se ve como normal pero, como es l?gico, nunca llueve a gusto de todos y del mismo modo que en un lugar unos se lamentan por perder a su cura, en otro sitio se alegran por el que les llega nuevo.

Luego, pasado un poco de tiempo, a medida que el nuevo p?rroco y los fieles se van conociendo, los sentimientos se tranquilizan y, como ocurre siempre, la vida de la parroquia contin?a cualquiera que sea el sacerdote, porque la fe de los fieles est? por encima de las personas concretas. Lo m?s complicado es cuando, por falta de sacerdotes, tenemos que encargar a un solo p?rroco varias parroquias a la vez. En nuestra Di?cesis hay 312 parroquias, de la cuales, s?lo 63 cuentan con un p?rroco exclusivo, para el resto hay: 70 sacerdotes con dos parroquias, 23 con tres y 10 con cuatro.

Esto nos coloca ante la cruda realidad, que ya predijo el Se?or en el Evangelio: "la mies es mucha y los obreros pocos". Ciertamente, no contamos con suficientes sacerdotes para las necesidades de nuestra Di?cesis. Todos queremos tener un sacerdote en nuestra parroquia y, adem?s, deseamos que sea un buen sacerdote, que tenga salud y muchas cualidades: atento y trabajador, espiritual y cercano a las personas, que predique bien, que nos dedique todo su tiempo de modo que no nos falte la misa y la confesi?n, ni una buena catequesis para los ni?os, j?venes y adultos, ni la visita a los enfermos y la atenci?n a los pobres, ni la formaci?n de grupos de laicos, ni la atenci?n a los movimientos apost?licos? Es leg?timo que una comunidad cristiana aspire a tener una parroquia viva, din?mica, y es bueno que los cristianos caigan en la cuenta de que sin la presencia del sacerdote decae la vitalidad de la parroquia, se produce dispersi?n y muchas cosas se quedan sin hacer.

En efecto, es saludable experimentar la necesidad de los sacerdotes para que as? aprendamos a darles la importancia que por voluntad de Cristo tienen en la Iglesia y, en consecuencia, los valoremos en su justa medida y respetemos su vocaci?n, los apoyemos m?s, recemos por ellos y pidamos constantemente "al Se?or de la mies que env?e m?s operarios a su mies". No debemos ignorarlo, tenemos falta de sacerdotes y esta necesidad puede agravarse a?n m?s. Actualmente, en relaci?n con a?os anteriores, en nuestra Di?cesis ha descendido notablemente el n?mero de seminaristas mayores, no as? el de los menores que se mantiene m?s o menos igual. Esto es debido a que el n?mero de los que comenzaron y luego han abandonado el camino hacia el sacerdocio no se ha visto suficientemente compensado con nuevas incorporaciones. ?A qu? se debe este sensible descenso de las vocaciones al sacerdocio?

Los motivos son varios. Por una parte, hoy hay menos adolescentes y j?venes que en otras ?pocas. El descenso de la natalidad es un hecho. De familias con tres, cuatro o cinco hijos, hemos pasado a familias con uno o dos. A esto se a?ade que hay menos j?venes que sientan y vivan la fe cristiana, lo que hace muy dif?cil sentir una llamada al sacerdocio: quien no quiere ser cristiano es pr?cticamente imposible que quiera ser sacerdote. Incluso, muchas veces, cuando los seminaristas dejan el Seminario, m?s que por crisis de vocaci?n es por una crisis de fe.

Pero, por otro lado, la crisis vocacional tiene mucho que ver tambi?n con el tipo de sociedad en que vivimos, marcadamente materialista, hedonista e individualista. En todos los ?mbitos hay crisis de vocaciones, no s?lo en la Iglesia, pues incluso las profesiones tradicionalmente "vocacionales", cargadas de humanismo y esp?ritu de servicio, como las de m?dico, enfermeros, maestros y profesores, m?sicos, cient?ficos, artistas, etc., hoy tienden a convertirse en algo meramente funcional y a elegirse porque son m?s rentables o tienen m?s salida laboral.

Nuestra cultura actual no favorece el esp?ritu de sacrificio y de renuncia, por eso tampoco surgen muchas vocaciones de servicio y entrega generosa a una causa sea religiosa o humanitaria. No obstante, es gratificante ver como en medio de todo, hay personas (j?venes y adultos) que s? que "viven la vida con vocaci?n", tanto en el campo de la vida profesional, como en la dedicaci?n a obras sociales en diversas ONGs, o la entrega de por vida en una vocaci?n de sacerdote, de misionero, de religioso, etc.

En medio de esta realidad no debemos desanimarnos ni perder la confianza en Dios. El sigue llamando y, a?n en medio de la dif?cil situaci?n actual, entre nosotros hay muchas posibilidades para transmitir el Evangelio a las nuevas generaciones. Tenemos que seguir trabajando en la promoci?n de los valores que hacen posible escuchar la llamada de Dios al ministerio sacerdotal. Para que haya sacerdotes necesitamos tener seminaristas, pero para que haya seminaristas necesitamos tener j?venes cristianos capaces de recibir con fe y alegr?a la llamada de Cristo, pues la semilla de la vocaci?n necesita el terreno f?rtil de la fe y adhesi?n a Jesucristo para poder germinar. Dios sigue llamando y s?lo necesita personas con unos o?dos despiertos y preparados para escucharlo. Por eso hemos de empe?arnos en la formaci?n cristiana de los ni?os y los j?venes, tanto en las familias y en las parroquias como en los centros educativos. Hemos de poner mucha atenci?n en "el pasado de los seminaristas", es decir, en esos "primeros seminarios" de la vocaci?n sacerdotal que son las familias y las parroquias.

El que tengamos muchos, buenos y santos sacerdotes repercute sin duda en el bien de todos los fieles pero, tambi?n, es responsabilidad de todos. Los sacerdotes no caen del cielo ni vienen de otra parte, salen de entre nosotros, de nuestras familias y de nuestras parroquias, se les prepara en un Seminario, que funciona y realiza su misi?n gracias al esfuerzo de todos. Pero la cosa no termina el d?a que un seminarista recibe la Ordenaci?n. A partir de ese momento comienza su vida como pastor del pueblo de Dios, una vida y ministerio que necesita el m?ximo apoyo ?humano y espiritual? de toda la Di?cesis y particularmente de la comunidad a la que sirve. Los sacerdotes, como cualquier ser humano, tambi?n se les quiebra la salud y envejecen, tambi?n sufren crisis an?micas e incluso de fe, a veces experimentan y sufren, como le pas? a Jesucristo, que su ministerio no es valorado y se cuestionan la vocaci?n. Si, depende de todos el que podamos tener muchos, buenos y santos sacerdotes y, por tanto, todos debemos poner el m?ximo inter?s y empe?o por conseguirlo.

Este a?o, haci?ndonos eco de la primera enc?clica del Papa Benedicto XVI, "Dios es amor", hemos elegido como lema: "Sacerdotes, testigos del amor de Dios". De hecho, todo cristiano est? llamado a ser "testigo del amor de Dios", pero el sacerdote ?adem?s de por ser cristiano? lo es por "oficio". Dec?a San Agust?n: "ha de ser tarea de amor el apacentar el reba?o del Se?or". Pero, tambi?n, el lema hace referencia a que "un sacerdote", por el mismo hecho de existir, es testimonio y manifestaci?n visible del amor de Dios a su pueblo. Un sacerdote es un regalo de Dios, porque es Dios quien lo elige, lo llama y lo env?a, es Dios quien capacita al sacerdote ?hombre d?bil y fr?gil como los dem?s? para que por su ministerio la salvaci?n de Cristo alcance a hombres y mujeres concretos en cualquier tiempo y lugar. Por eso, agradecidos, en la liturgia rezamos: "Te damos gracias, Padre, porque no abandonas nunca a tu reba?o, sino que por medio de los santos Ap?stoles lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por gu?a la palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misi?n de anunciar el Evangelio".

Como regalo de Dios a su pueblo, los sacerdotes no se pertenecen a s? mismos. Por el Sacramento del Orden han sido "expropiados" y constituidos en "un bien p?blico". Por eso, a semejanza de Cristo, "el Gran Testigo del amor de Dios", entregan su vida por la salvaci?n de los hermanos y as? dan testimonio constante de la fidelidad y del amor de Dios para con todos. En efecto, la esencia del sacerdocio cat?lico consiste en imitar a Cristo en su ofrecimiento y entrega de s? mismo hasta dar la vida por todos. De ah? que, no s?lo en lo que hace sino, sobre todo, en la donaci?n de s? mismo es donde el sacerdote se manifiesta como testigo del amor Dios por su pueblo. Como dec?a San Juan de la Cruz, el sacerdote est? llamado a proclamar con su vida: "ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya s?lo en amar es mi ejercicio".

Desde esta visi?n del sacerdote como "un hombre de Dios para su pueblo", se puede comprender mejor la importante y dif?cil misi?n que se le encomienda al Seminario. Si el sacerdote fuera simplemente un "profesional de asuntos religiosos" bastar?a con ense?arle a hacer las cosas propias de su oficio. Como en cualquier carrera s?lo tendr?a que estudiar y hacer las pr?cticas correspondientes para ejercer su profesi?n. El Seminario ser?a entonces un "centro de ense?anza" como cualquier universidad o instituto, y seguramente no se producir?an tantos "fracasos" (empiezan muchos y terminan pocos) como se dan en el Seminario. Pero el sacerdocio, a?n teniendo algo de todo eso, es mucho m?s, incluso podemos decir que se trata de algo totalmente distinto, es "una vocaci?n".

Para llegar a ser sacerdote no bastan el deseo y unas dotes naturales, es necesario "ser elegido y llamado por Dios" y responder a esa elecci?n poniendo la propia vida en sus manos. La misi?n del Seminario es capacitar a un hombre no para "hacer de sacerdote", sino para "ser sacerdote", es decir, para hacer de su vida una ofrenda al servicio de la Iglesia. El "sujeto humano" que acepta ser constituido sacerdote por el Sacramento del Orden ha de ser un hombre que, con plena conciencia, libertad y responsabilidad, se dispone a "perder su vida", a sacrificar "el propio querer y sentir", a expropiarse de s? mismo y a hipotecar su vida a favor de la Iglesia. Quien acepta la llamada al sacerdocio "est? vendido", ya no se pertenece a s? mismo. No es f?cil encontrar personas as?, por eso, para "hacer un sacerdote", adem?s de la formaci?n humana e intelectual, hace falta la formaci?n espiritual, la formaci?n pastoral y la formaci?n comunitaria.

Cuesta mucho "hacer un sacerdote". Y no me refiero s?lo al coste econ?mico, sino tambi?n al esfuerzo personal que tiene que hacer el propio seminarista, los formadores y los profesores, y toda la comunidad cristiana. Son muchos a?os de trabajo y de oraci?n, con muchas personas implicadas, para que ?de entre muchos? fructifiquen algunas vocaciones y la Iglesia vaya teniendo lo que necesita: m?s y mejores sacerdotes a imagen de Cristo Sacerdote.

Al celebrar un a?o m?s el D?a del Seminario les invito a todos a mirar nuestro Seminario con cari?o y preocupaci?n a la vez. Es mucho lo que el Seminario nos ha dado y nos seguir? dando, d?mosle gracias a Dios por ello. Que nuestra nuestro afecto y preocupaci?n se convierta en oraci?n y en colaboraci?n econ?mica con el Seminario para bien de aquellos que se preparan a ser los futuros pastores de nuestra Iglesia. Con mi agradecimiento por lo que ya hacen por el Seminario, le bendice en el Se?or, "todo de todos",

? Bernardo ?lvarez Afonso

Obispo Nivariense
Comentarios