Lunes, 05 de marzo de 2007
Publicado en Bolet?n Informativo de la causa de canonizaci?n de la Sierva de Dios Sor Mar?a de Jes?s de Le?n Delgado, OP
2007 La Laguna N.? 15

La Siervita

POBRE DE HECHO Y DE ESP?RITU


Sor Mar?a de Jes?s de Le?n Delgado naci? el 23 de marzo de 1643. cuarto v?stago de un matrimonio humilde afincado en El Sauzal, uno de los parajes m?s deliciosos de Tenerife.
El hogar se manten?a con el jornal que el padre de sor Mar?a de Jes?s, Andr?s de Le?n Bello, recib?a despu?s de cada peonada: la madre, Mar?a Delgado Perera. cuidaba de los cuatro hijos y atend?a la casa estirando, de modo prodigioso. los escasos recursos disponibles. Con el fallecimiento de Andr?s de Le?n ?que debi? de ocurrir antes de 1646. pues las primeras noticias que tenemos de la Sierva de Dios pertenecen a ese a?o y a ?l nunca se le menciona- la pobreza se adue?? del hogar, hasta verse Mar?a Delgado en la precisi?n de desprenderse. tres a?os despu?s. de la menor de sus hijas, hoy en proceso de canonizaci?n.

Acogida por extra?os

Un matrimonio peninsular afincado en La Laguna. ciudad en la que el esposo ejerc?a la profesi?n de m?dico, deseando ampliar la familia con un nuevo miembro, puesto que la naturaleza s?lo le hab?a concedi? una hija, determin? recibir en su hogar a una ni?a abandonada o perteneciente a una familia en pobreza extrema. Fracasadas las pesquisas en La Laguna. la esposa del m?dico se dirigi? a la villa de El Sauzal; all? le informaron de una viuda. madre de un ni?o y tres ni?as, la menor de seis a?os, y a su casa se encamin?. Ante la insistencia de la visitante en hacerse cargo de la ni?a peque?a. con la promesa de mantenerla en una situaci?n id?ntica, incluso afectiva, a la de la hija biol?gica de la misma edad. Mar?a Delgado accedi? por el bien de su hija. confiando en que recibir?a en la ciudad la instrucci?n vedada a ella.

La estancia de la ni?a en La Laguna se interrumpi? dos a?os despu?s, al llegar a o?dos de Mar?a Delgado que el matrimonio estaba a la espera de obtener pasajes para trasladarse
a Am?rica. donde el m?dico proyectaba sentar plaza, llev?ndose sigilosamente a su ni?a.

Mar?a Delgado falleci? a poco de recuperar a su hija. siendo ?sta recibida por una buena amiga llamada In?s P?rez. vecina de La Orotava. Permaneci? con ella hasta que. entrada en la juventud, dos mujeres, conocidas y con fama de muy caseras, se presentaron ante In?s P?rez simulando una carta de Catalina Delgado, hermana de la madre de la joven, invit?ndola a que fuera a vivir con ella y su esposo, Miguel P?rez, lagunero hacendado. En la misiva se recomendaba a la joven que emprendiese el camino a pie acompa?ada de las dos mensajeras. Al llegar a La Laguna, las acompa?antes se dirigieron a un callej?n sito tras la parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios -del que hoy s?lo se conserva parte sin acceso al p?blico-, entablando conversaci?n una de ellas con un hombre all? apostado, mientras la otra se manten?a a cierta distancia con la v?ctima, que intuy? lo que se tramaba.

Acogida por sus t?os

Descubierta la confabulaci?n de las celestinas con el libertino, Catalina Delgado y Miguel P?rez se hicieron cargo de la sobrina.

La Sierva de Dios en poco tiempo mereci? ser considerada como imprescindible por las cualidades que la adornaban. descritas por fray Andr?s de Fuentes, su confesor: natural suave y tierno, entendimiento claro, voluntad siempre inclinada al bien y a lo mejor, prudencia y discreci?n. Destacando la solicitud y diligencia desplegada en la ayuda prestada a su t?o en la administraci?n de la hacienda, y en la desenvoltura con que se ocupaba de los menesteres de la casa, supliendo a su t?a y adelant?ndose al alba, para alivio de la servidumbre, con los servicios m?s humildes, sin dar muestras de fatiga. Se escribi? en vida de ella que "era liger?sima en el trabajo, y parec?a que lo hallaba todo hecho o que alguna persona invisible la ayudaba; cuanto hacia era con singular gracia y donaire perfecto; lo acababa primoroso, y en cuanto pon?a mano daba gracia. Y con tantas ocupaciones jam?s faltaba a sus ejercicios y espirituales tareas, antes iban creciendo en el numero y aument?ndose en el fervor".

La Sierva de Dios, que fue pobre de hecho desde la ni?ez, dependiendo de otras personas en el sustento, vivienda y vestido, abraz? adem?s la pobreza de esp?ritu, con confianza absoluta en Dios, no acomod?ndose a la holgura econ?mica del hogar de sus t?os. siendo desprendida de cuanto le rodeaba o era de uso personal, siguiendo a Cristo pobre. que no tenia donde reclinar la cabeza.

La Sierva de Dios ten?a su cama bien aderezada, pero, como si padeciese de indigencia, sol?a descansar sobre el rev?s de una estera o sobre el mismo suelo. Era pobre en el modo de vestir. Refiere su confesor que cuando Catalina Delgado, se hac?a acompa?ar de su sobrina a un acto p?blico o a una visita, la anciana, con ma?a para engalanarse convenientemente, iba corrida por el pobre atav?o de la sobrina, que desdec?a de la posici?n social familiar.

Miguel P?rez acrecentaba sus posesiones porque ten?a una digna sucesora en su sobrina, y tan decidida estaba su resoluci?n, que no tomaba una decisi?n relacionada con su patrimonio, ni cerraba un contrato sin consultar con la destinataria de su hacienda. Catalina otorg? testamento a favor de la sobrina el 26 de marzo de 1665. Determinaciones que constitu?an cruces para ella, inclinada a consagrase a Dios: y rogaba insistentemente a Dios y a Santa Teresa, de la que era muy devota, que la hiciesen religiosa del velo blanco, pobre y dedicada a servir.

Pobreza profesada

La Sierva de Dios deseaba tener acceso a la vida consagrada en estricta pobreza, renunciado a la dote que le ofrec?an sus, t?os, sin otro recurso que la confianza en la bondad y providencia divinas. D. Gaspar Alvarez de Castro, vicario del obispo de la di?cesis Canariense, fue quien negoci? su ingreso en el monasterio de Santa Catalina de Sier informando a fray Alonso Talarico y Cabeza de Vaca, prior provincial de los dominio de que se trataba de una joven muy virtuosa. Fray Alonso concede la licencia de adr si?n en calidad de criada de sor Jacobina de San Jer?nimo Su?rez, religiosa de ed provecta; dispens?ndola de este modo de la dote que toda pretendiente deb?a llevar cc sigo, consistente en una suma de dinero o de bienes temporales. para su sustento. 5 Jacobina acept? gustosamente que la reci?n llegada fuera admitida como arrimada sus confesando que estando en oraci?n d?as antes. la hab?a visto de la misma suerte que E tr? el 22 de enero de 1668. Al fallecer sor Jacobina en 1670, la Sierva de Dios no qr daba desamparada, porque, seg?n escrito de sor Clara de Santa Juana Ascanio. "cree la providencia divina en ser socorrida de los extra?os hasta hoy, pues, sin diligen( suya, tiene bastante para su sustento corporal y vestuario"; de tal manera que "no pi( so ha habido criatura m?s socorrida de la providencia divina, seg?n las noticias que tE go y estoy experimentando cada d?a".

Seguidamente exponemos algunos de los muchos testimonios que aseveran lo escr por sor Clara de Santa Juana Ascanio.

El caso de la campesina, "que aunque pobre, como la gobernaba el Se?or, nunca falt? que traer as? de harina como de otras cositas". Da. Mar?a Brito, a la que la Sier de Dios llamaba madre, llegaba a tiempo con lo que la Sierva de Dios precisaba. Esta ?ora deseaba dejarla en testamento una renta, lo que no fue aceptado por la Sierva Dios, porque "teniendo su Esposo que cuidaba de ella no le hab?a de hacer ese agravie Da. Catalina de Guzm?n, el mismo d?a en que falleci? su esposo, el corregidor D. Ped de Aguiar Ponce de Le?n, "tuvo atenci?n la dolorida Se?ora de que no le faltara a Ma su socorro. Da. Catalina Manuel. esposa del regidor D. Mat?as Bocas de Limas. ren di? una situaci?n, advirti?ndose que dicha se?ora no hab?a tenido contacto con la Sier de Dios anteriormente.

Tal era su confianza en ser o?da que. cuando carec?a de pan. se iba al coro exponi? doselo a Dios, y algunas religiosas inmediatamente la auxiliaban. Su confidente sor G: para de San Dionisio se admiraba de que encontrase tales satisfacciones en el coro. a sor Mar?a de Jes?s respond?a: "Pues me sac? de mi casa, obligado est? a cuidar de m Y cuando se ve?a con la camisa y jub?n ya gastados dec?a: Se?or. pues me sacaste mi casa, a tu cargo esta el vestirme", y no tardaba en llegar la tela. Existe constancia que la condesa de Salazar envi? ocho varas de crea fina, justamente lo que precisaba Sierva de Dios, sin mediar instancia ante la donante.

Cuatro cartas escritas por la Sierva de Dios al final de su vida, contienen frases demc trativas de que vivi?. hasta el ?ltimo momento. dependiendo de los auxilios que le pres. ban. Los destinatarios benefactores son: D`'. Ignacia de Nava, el marqu?s de Villanueva c Prado, D. Juan de Dios Roo y la esposa de ?ste, Da. M?nica Francisca Alvarez del Real.

"Nuestro Se?or Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, pa que nosotros fu?ramos ricos en su pobreza" (2 Cor 8,9), incluye entre los bienaventui dos a "los pobres de esp?ritu, porque suyo es el reino de los cielos" (Mt 5,3), y aconse. "No os inquiet?is sobre vuestra vida sobre qu? comer?is, ni de vuestro cuerpo sobre q os vestir?is... bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso ten?is necesidad. Busca pues, primero el reino y su justicia. y todo se os dar? por a?adidura" (Mt, 6,25,32-3: La Sierva de Dios vivi? siempre en las manos de Dios, experimentando la felicidad qi lleva consigo la primera de las bienaventuranzas.
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios