Mi?rcoles, 07 de marzo de 2007
Comentario a las lecturas del Jueves de la Segunda Semana de Cuaresma, sacado del libro "Ens??ame tus caminos" de Guillermo Guti?rrez.

Primera. Jr 17,5-10: Bendici?n o maldiciones Evangelio. Lc 16,19-31: El hombre rico y el pobre L?zaro


I. Dios lee en el coraz?n. Imposible leer las palabras de Jerem?as sin un poco de inquietud. ?No se debe buscar el apoyo humano? El mandamiento principal es el amor, que es apoyo y ayuda, pero lo que aqu? se condena es la confianza en los medios humanos con olvido de Dios, si no ya con autoendiosamiento. Es bueno el humanismo integral, como es malo el humanismo ateo.

Cardo infecundo en estepa o ?rbol florido junto al agua: as? se compara al hombre que se olvida de Dios por confiar demasiado en los hombres y al que, buscando el apoyo humano, pone sin embargo la principal confianza en Dios. La abundancia de medios puede hacer olvidar la fuente de donde dimanan. Es la gran pobreza del esp?ritu y la esterilidad de una vida controlable al final. El harto no se acuerda de dar gracias a Dios ni compartir con el hombre: es lo que describe el pasaje del evangelio.

II. Dos estilos de vida. Los dos protagonistas de esta par?bola han cruzado los tiempos para convertirse en prototipos de situaciones existenciales antag?nicas. Dos hombres, dos situaciones, dos corazones, dos filosof?as difere?tes con dos suertes eternas distintas. Uno busca su apoyo en el dinero y lo que se compra con dinero: amigos, aduladores y me-dios para no privarse de nada. Frente a ?l la desnudez de quien carece de todo: marginado, sin amigos a no ser los perros compasivos, sin pan y sin ambiciones, porque se dar?a por satisfecho con las sobras que ca?an de la mesa del rico pero nadie se las daba.

La muerte lleg? puntual a la cita e invirti? el orden de papeles. El pobre fue trasladado a la dicha eterna y el rico al tormento eterno. Hay aqu?, pues, un rico que se condena no por tener mucho, sino por no tener coraz?n. Y un pobre que se salva no por no tener nada, sino por con?servar el coraz?n sin odio en medio de su pobreza.

No se dice en la par?bola que la pobreza material abra autom?ticamente y por s? misma las puertas de la dicha ni que la riqueza las cierre. La par?bola debe ser le?da en el contexto general del Evangelio. Siendo los bienes de este mundo don de Dios no pueden ser malos, pero s? pue?den llevar al orgullo que olvida a Dios y no se ocupa del pr?jimo. La po?breza predispone m?s para el proceso contrario. Pero la par?bola es un severo aviso para los que abundan en bienes materiales y un motivo de consuelo para quienes carecen de ellos. El rico de la par?bola no maldice a Dios ni explota al pobre. Pero en su orgullo no piensa en Dios ni tiene tiempo para el pobre: se trata de un grave pecado de omisi?n por estar demasiado c?modo en sus posesiones. Por otra parte, el pobre que mira con codicia y envidia los bienes que no tiene, no es mejor que el rico que los tiene porque ambos tienen el coraz?n alejado de Dios: ?donde est? tu tesoro all? est? tambi?n tu coraz?n? (Mt 6,21). Lo que aqu? se condena es el alejamiento de Dios.

III. La justicia de Dios. Esta par?bola ha servido de soporte doctrinal para anatematizar los bienes materiales y probar la situaci?n de frustraci?n total que se llama infierno. En ella se enfrentan dos situaciones econ?micas y dos diferencias de corazones. En esta vida uno goza y otro sufre. Despu?s se invierte la suerte. Tiene que haber justicia si no se quiere hacer del orden humano el gran absurdo de la creaci?n. La muer?te viene a se?alar d?nde est?n la verdadera riqueza y la verdadera pobreza. Y concluye: no son los prodigios los que engendran la fe sino las buenas disposiciones del coraz?n.
Publicado por verdenaranja @ 21:28  | Espiritualidad
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