Mi?rcoles, 07 de marzo de 2007
En su encuentro con el clero del Roma, el 22 de febrero, Benedicto XVI mantuvo una sesi?n de preguntas y respuestas. Ofrecemos la respuesta del Papa a la primera pregunta sobre la oraci?n en los santuarios.


1. En la primera pregunta, el p?rroco y rector del santuario de Santa Mar?a del Amor Divino en Castel di Leva pidi? indicaciones concretas para poder realizar con mayor eficacia la misi?n del santuario mariano de la di?cesis de Roma m?s amado.

Benedicto XVI: Ante todo, quisiera decir que estoy contento y feliz de sentirme aqu? realmente Obispo de una gran di?cesis. El cardenal vicario ha dicho que esper?is luz y consuelo. Y os confieso que ver a tantos sacerdotes de todas las generaciones es luz y consuelo para m?. Ya desde la primera pregunta sobre todo he aprendido: y esto me parece tambi?n un elemento esencial de nuestro encuentro. Aqu? puedo o?r la voz viva y concreta de los p?rrocos, sus experiencias pastorales, y as? puedo comprender tambi?n yo vuestra situaci?n concreta, las cuestiones que afront?is, vuestras experiencias y dificultades. Puedo vivirlas no s?lo de modo abstracto, sino en un coloquio concreto con la vida real de las parroquias.

Respondo a esta primera pregunta. Me parece que usted ha dado esencialmente tambi?n la respuesta sobre lo que puede hacer este santuario... S? que es el santuario mariano m?s querido por los romanos. Yo mismo, cuando fui en diversas ocasiones al santuario antiguo, experiment? esta piedad tan arraigada. Se percibe la presencia orante de las distintas generaciones y casi se palpa la presencia materna de la Virgen. Las distintas generaciones que vienen al encuentro de Mar?a con sus deseos, necesidades, estrecheces, sufrimientos e incluso alegr?as nos permiten constatar realmente esta antigua devoci?n mariana. As?, ese santuario, al que van las personas con sus esperanzas, problemas, interrogantes, sufrimientos, es un hecho esencial para la di?cesis de Roma. Comprobamos cada vez m?s que los santuarios son una fuente de vida y de fe en la Iglesia universal, y lo mismo en la Iglesia de Roma. En mi tierra natal tuve la experiencia de las peregrinaciones a pie a nuestro santuario nacional de Alt?tting. Es una gran misi?n popular. Van sobre todo los j?venes y, peregrinando a pie durante tres d?as, viven en clima de oraci?n, de examen de conciencia, casi redescubriendo su conciencia cristiana de fe. Esos tres d?as de peregrinaci?n son d?as de reconciliaci?n, de oraci?n, son un verdadero camino hacia la Virgen, hacia la familia de Dios y, tambi?n, hacia la Eucarist?a. Caminando, van a la Virgen y van, con la Virgen, al Se?or, al encuentro eucar?stico, prepar?ndose a la renovaci?n interior por medio de la confesi?n. Viven de nuevo la realidad eucar?stica del Se?or que se entrega a s? mismo, como la Virgen dio su propia carne al Se?or, abriendo as? la puerta a la Encarnaci?n. La Virgen dio su carne para la Encarnaci?n, y as? hizo posible la Eucarist?a, en la que recibimos la Carne que es el Pan para el mundo. Saliendo al encuentro de la Virgen, los j?venes aprenden a ofrecer su propia carne, la vida de cada d?a, para entregarla al Se?or. Y aprenden a creer, a decir, poco a poco, "s?" al Se?or.

Por eso, retomando la pregunta, dir?a que el santuario como tal, como lugar de oraci?n, de confesi?n, de celebraci?n de la Eucarist?a, es un gran servicio en la Iglesia de nuestros d?as para la di?cesis de Roma. Por tanto, pienso que el servicio esencial, del que usted, por otra parte, ha hablado de modo concreto, es precisamente ofrecerse como lugar de oraci?n, de vida sacramental y de vida de caridad. Si he entendido bien, usted ha hablado de cuatro dimensiones de la oraci?n. La primera es personal. Y aqu? Mar?a nos muestra el camino. San Lucas nos dice dos veces que la Virgen "guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz?n" (Lc 2, 19; cf. 2, 51). Era una persona en coloquio con Dios, con la palabra de Dios, y tambi?n con los acontecimientos a trav?s de los cuales Dios hablaba con ella. El Magn?ficat es un "tejido" de palabras de la Sagrada Escritura, y nos muestra c?mo Mar?a vivi? en un coloquio permanente con la palabra de Dios y, as?, con Dios mismo. Naturalmente, en la vida junto al Se?or estuvo siempre en coloquio con Cristo, con el Hijo de Dios y con el Dios trino. Por consiguiente, aprendamos de Mar?a a hablar personalmente con el Se?or, ponderando y conservando en nuestra vida y en nuestro coraz?n la palabra de Dios, para que se convierta en verdadero alimento para cada uno. De este modo, Mar?a nos gu?a en una escuela de oraci?n, en un contacto personal y profundo con Dios.

La segunda dimensi?n de la que usted ha hablado es la oraci?n lit?rgica. En la liturgia el Se?or nos ense?a a rezar, primero d?ndonos su Palabra y despu?s introduci?ndonos mediante la oraci?n eucar?stica en la comuni?n con su misterio de vida, de cruz y de resurrecci?n. San Pablo dijo en una ocasi?n que "no sabemos c?mo pedir para orar como conviene" (Rm 8, 26): no sabemos c?mo rezar, qu? decirle a Dios. Por eso Dios nos ha dado las palabras para la oraci?n, tanto en el Salterio, como en las grandes oraciones de la sagrada liturgia o en la misma liturgia eucar?stica. Aqu? nos ense?a a rezar. Entramos en la oraci?n que se ha formado a lo largo de los siglos bajo la inspiraci?n del Esp?ritu Santo, y nos unimos al coloquio de Cristo con el Padre. Por tanto, la liturgia es sobre todo oraci?n: primero escucha y despu?s respuesta, sea en el salmo responsorial, sea en la oraci?n de la Iglesia, sea en la gran plegaria eucar?stica. La celebramos bien, si la celebramos con actitud "orante", uni?ndonos al misterio de Cristo y a su coloquio de Hijo con el Padre. Si celebramos la Eucarist?a de este modo, primero como escucha y despu?s como respuesta, o sea, como oraci?n con las palabras indicadas por el Esp?ritu Santo, la celebramos bien. Y la gente es atra?da a trav?s de nuestra oraci?n com?n hacia la comunidad de los hijos de Dios.

La tercera dimensi?n es la piedad popular. Un importante documento de la Congregaci?n para el culto divino y la disciplina de los sacramentos habla de esta piedad popular y nos indica c?mo "orientarla". La piedad popular es una fuerza nuestra, porque se trata de oraciones muy arraigadas en el coraz?n de las personas. Incluso personas que est?n algo alejadas de la vida de la Iglesia y no tienen una gran comprensi?n de la fe, se sienten tocados en el coraz?n por esta oraci?n. Se debe s?lo "iluminar" estos gestos, "purificar" esta tradici?n, para que se convierta en vida actual de la Iglesia.

Luego, la adoraci?n eucar?stica. Estoy muy agradecido, porque se renueva de forma constante. Durante el S?nodo sobre la Eucarist?a, los obispos hablaron mucho de su experiencia, de c?mo las comunidades recobran nueva vida con esta adoraci?n, incluso nocturna, y de c?mo precisamente as? nacen nuevas vocaciones. Puedo decir que dentro de poco firmar? la exhortaci?n postsinodal sobre la Eucarist?a, que luego estar? a disposici?n de la Iglesia. Es un documento que se ofrece precisamente para la meditaci?n. Ser? una ayuda tanto en la celebraci?n lit?rgica, como en la reflexi?n personal, en la preparaci?n de las homil?as, en la celebraci?n de la Eucarist?a. Y servir? tambi?n para guiar, iluminar y revitalizar la piedad popular.

Por ?ltimo, usted nos ha hablado del santuario como lugar de la caritas. Esto me parece muy l?gico y necesario. He rele?do hace poco tiempo lo que san Agust?n dice en el libro X de las Confesiones: he sido tentado, y ahora comprendo que era una tentaci?n encerrarme en la vida contemplativa, buscar la soledad contigo, Se?or; pero t? me lo has impedido, me has sacado y me has hecho o?r las palabras de san Pablo: "Cristo muri? por todos. As? nosotros debemos morir con Cristo y vivir para todos"; he comprendido que no puedo encerrarme en la contemplaci?n; t? has muerto por todos, por tanto, debo vivir contigo para todos, y as? vivir las obras de caridad. La verdadera contemplaci?n se demuestra en las obras de caridad. Por consiguiente, el signo de que verdaderamente hemos rezado, de que nos hemos encontrado con Cristo, es que somos "para los dem?s". As? debe ser un p?rroco. Y san Agust?n era un gran p?rroco. Dice: en mi vida quer?a vivir siempre a la escucha de la Palabra, en meditaci?n, pero ahora ?d?a a d?a, hora a hora? debo estar a la puerta, donde suena siempre la campanilla: debo consolar a los afligidos, ayudar a los pobres, reprender a los que disputan, crear paz, etc. San Agust?n hace una lista de todo el trabajo de un p?rroco, porque en aquel tiempo el obispo era tambi?n lo que ahora es el cad? en los pa?ses isl?micos. Podemos decir que para los problemas de derecho civil era el juez de paz: deb?a favorecer la paz entre los que disputaban. Por tanto, vivi? una existencia que para ?l, hombre contemplativo, fue muy dif?cil. Pero comprendi? esta verdad: as? estoy con Cristo; siendo "para los dem?s", estoy en el Se?or crucificado y resucitado.

Me parece que este es un gran consuelo para los p?rrocos y los obispos. Si queda poco tiempo para la contemplaci?n, siendo "para los dem?s", estamos con el Se?or. Usted ha hablado de los otros elementos concretos de la caridad, que son muy importantes. Son tambi?n un signo para nuestra sociedad, en particular, para los ni?os, los ancianos, los que sufren. Por tanto, pienso que usted, con estas cuatro dimensiones de la vida, nos ha dado la respuesta a la pregunta: ?qu? debemos hacer en nuestro santuario?

[Traducc?n del original en italiano distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 22:20  | Habla el Papa
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