Jueves, 08 de marzo de 2007
VATICANO - AVE MARIA de don Luciano Alimandi - La Virgen Maria y "la hermana muerte"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El tiempo del Cuaresma es particularmente propicio para pensar y meditar sobre los "Nov?simos" (muerte, cielo, purgatorio, infierno) y, naturalmente, de modo particular sobre la muerte, pero no s?lo sobre el sentido de la muerte en general, sino sobre el de nuestra muerte en particular. En aquella hora, que s?lo Dios conoce, el tiempo terrenal se parar? para siempre y ya no estar? en nuestra posesi?n: ?entraremos en un "tiempo" donde nos encontraremos fuera de espacio para entrar en la beatitud eterna!
?Por qu? el pensamiento de la muerte es a menudo tan extra?o cu?ndo, por el contrario, deber?a estar siempre presente, particularmente en aquellos momentos de reflexi?n personal, d?nde replanteamos toda nuestra vida? Siempre reflexionamos sin tener en cuenta esa hora, antes bien, ni siquiera la valoramos y se ha convertido en un tab? para nosotros mismos. Se nos ha dado la vida para vivirla hasta el fondo, la muerte no debe ser entendida como si estuviera "fuera" de nuestra vida. Cada uno de nosotros, en efecto, sigue un recorrido terrenal con un principio y un fin: el nacimiento y la muerte. Visitando el cementerio - mejor ser?a llamarlo el campo de los santos - y si nos paramos delante de una tumba, leemos dos fechas pero la que m?s cuenta es la segunda, la del despegue, o mejor del "nacimiento a la eternidad?. Este d?a misterioso deber?a ser m?s veces contemplado, no s?lo como una etapa, sino como la etapa final, la m?s decisiva, a la cual nos deber?amos preparar de forma mucho m?s consciente. La meta, en efecto, se acerca de d?a en d?a y cuando tengamos que atravesar ese umbral ser?a bueno que cada uno de nosotros se presentase con el vestido c?ndido de la vida eterna.
Por desgracia, el mundo asocia el pensamiento de la muerte a un acontecimiento solamente natural; para el mundo, llegados a este punto s?lo existe la tierra y basta. El mundo a causa de una ideolog?a err?nea aleja la idea de la muerte lo m?s posible, porque est? convencido de que la muerte le quita todo al hombre y no le da nada a cambio. Desde siempre el mundo habla de la muerte como de un encuentro como la nada.
?ste es el razonamiento del mundo, es la prisi?n mental del no creyente, pero para un cristiano la muerte no es un absurdo, no es entrar en la nada, es tomar la vida es eterna. Hay tantos modos por medio de los cuales el pagano trata de exorcizar el pensamiento y la realidad de la muerte; pero un creyente, decididamente encaminado hacia la Pascua, ?puede sustraerse del pensamiento de la misma muerte, como si esta realidad pudiera conmoverlo? ?Evidentemente no! Todos necesitan una seria conversi?n, se trata de pasar de una mentalidad terrenal a una mentalidad sobrenatural, adhiri?ndose con todas sus fuerzas a la firme verdad que aquella hora es el tiempo de la mayor visitaci?n: ?Dios mismo nos visitar?! ?Cu?nto ilusiones terrenales cesar?an si pens?ramos en nuestra muerte!
La hora de este encuentro especial, d?a y lugar, est?n ya marcados en el calendario de nuestro Se?or. Cada uno de nosotros est? all? apuntado, est? escrito en la palma de su mano, en la agenda de la vida eterna. En aquella hora, como Jes?s nos ha asegurado, ?l vendr? personalmente a nuestro encuentro para tomarnos y llevarnos consigo (cfr. Gv 14, 3). ?Qu? bello y consolador se es pues, para un cristiano, a pesar del miedo, el pensamiento de la propia muerte!; no es una ca?da libre en el abismo de la nada, sino que es un dejarse definitivamente, en plena confianza, en el oc?ano ilimitado de la Misericordia de Dios.
?C?mo prepararse mejor a nuestra muerte? Sobre todo, por medio de la sincera conversi?n cotidiana. La Cuaresma es tiempo propicio para esto, y el Virgen Maria nos acompa?a en el camino de este gran ?xodo hacia la tierra prometida: el Para?so. De vez en cuando recitamos el Ave Maria pidiendo precisamente a la Virgen que haga algo importante en nuestro paso, le decimos "ahora y en la hora de nuestra muerte".
Cuando rezamos el Rosario, no s?lo el pensamiento de nuestra muerte vuelve a la mente y reaparece en el horizonte de nuestras cotidianas valoraciones sino la alegr?a de la solicitud de Maria hacia nosotros nos tranquiliza, porque estamos seguros de que esta Mam? har? que "hermana muerta" no nos encuentre desprevenidos en la gran visita de Dios. ?Qu? papel har?amos si un hu?sped nuestro de honor, invitado al almuerzo, no encontrara nada preparado y nada para comer! Nos llenar?amos de verg?enza.
De este mismo modo debemos pensar en preparar con tiempo la definitiva visita de Dios, el d?a de ese banquete tan especial, en el que nuestro Dios ser? nuestro hu?sped. Un bonito canto y conocido, titulado ?cuando llame a tu puerta", dice as?: "Se?or? tendr? frutos para llevar, tendr? cestas de dolor, tendr? racimos de amor. Habr? amado a mucha a gente, tendr? amigos a los que encontrar? de nuevo y amigos por los que rezar!? Cuando el Se?or llame a nuestra puerta, habr? una Mam? que la abrir? y acogiendo al Hijo resucitado, como nadie mejor que Ella sabe hacer, nos lo presentar? y le dir?: "he aqu? ese hijo que t? me diste desde la Cruz"! (Agencia Fides 7/3/2007; L?neas: 60 Palabras: 902)
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