Domingo, 11 de marzo de 2007
En su encuentro con el clero del Roma, el 22 de febrero, Benedicto XVI mantuvo una sesi?n de preguntas y respuestas. Ofrecemos la respuesta del Papa a la tercera pregunta sobre el valor de la palabra de Dios en la comunidad eclesial.




El rector de la iglesia de Santa Luc?a del Gonfalone expuso la experiencia de la lectura integral de la Biblia que est? haciendo la comunidad junto con la Iglesia valdense, y pregunt? cu?l es el valor de la palabra de Dios en la comunidad eclesial, c?mo promover el conocimiento de la Biblia para que la Palabra forme a la comunidad tambi?n para un camino ecum?nico.

Usted tiene ciertamente una experiencia m?s concreta de c?mo hacer esto. Ante todo, puedo decir que el pr?ximo S?nodo tratar? sobre la palabra de Dios. He visto ya los Lineamenta elaborados por el Consejo del S?nodo, y pienso que estar?n bien presentadas las diversas dimensiones de la presencia de la Palabra en la Iglesia.

Sin duda alguna, la Biblia, en su integridad, es algo grandioso y que hay que descubrir poco a poco. Porque si la consideramos s?lo parcialmente, a menudo puede resultar dif?cil comprender que se trata de la palabra de Dios: por ejemplo, en ciertas partes de los libros de los Reyes, con las cr?nicas, con el exterminio de los pueblos existentes en Tierra Santa. Muchas otras cosas son dif?ciles. Precisamente tambi?n el Qoh?let puede ser aislado y puede resultar muy dif?cil: justamente parece teorizar la desesperaci?n, porque nada permanece y porque tambi?n el sabio al final muere junto con los necios. Acabamos de leerlo ahora en el Breviario.

Un primer punto me parece precisamente leer la Sagrada Escritura en su unidad e integridad. Cada parte forma parte de un camino, y s?lo vi?ndolas en su integridad, como un camino ?nico, donde una parte explica la otra, podemos comprender esto. Deteng?monos, por ejemplo, con el Qoh?let. En otro tiempo estaba la palabra de la sabidur?a, seg?n la cual quien es bueno vive tambi?n bien, es decir, Dios premia a quien es bueno. Y despu?s viene Job y se ve que no es as?, y precisamente quien vive bien sufre m?s. Parece verdaderamente olvidado por Dios. Siguen los Salmos de aquel per?odo, donde se dice: ?qu? hace Dios? Los ateos, los soberbios viven bien, est?n gordos, se alimentan bien, se r?en de nosotros y dicen: ?d?nde est? Dios? No se interesa por nosotros, y nosotros hemos sido vendidos como ovejas de matadero ?Qu? haces con nosotros? ?Por qu? es as?? Llega el momento en que el Qoh?let dice: pero toda esta sabidur?a, al final, ?d?nde permanece? Es un libro casi existencialista, en el que se afirma: todo es vano. Este primer camino no pierde su valor, sino que se abre a la nueva perspectiva que, al final, conduce hacia la cruz de Cristo, "el Santo de Dios", como dice san Pedro en el cap?tulo sexto del evangelio de san Juan. Termina con la cruz. Y precisamente as? se demuestra la sabidur?a de Dios, que luego nos describir? san Pablo.

Y, por tanto, s?lo si consideramos todo como un ?nico camino, paso a paso, y aprendemos a leer la Escritura en su unidad, podemos tambi?n realmente acceder a la belleza y a la riqueza de la Sagrada Escritura. Por consiguiente, leer todo, pero siempre teniendo presente la totalidad de la Sagrada Escritura, donde una parte explica la otra, un paso del camino explica el otro. La ex?gesis moderna puede ser de gran ayuda en lo que respecta a este punto. Consideremos, por ejemplo, el libro de Isa?as, cuando los exegetas descubrieron que a partir del cap?tulo 40 el autor es otro, el Deutero-Isa?as, como se dijo en aquel tiempo. Para la teolog?a cat?lica fue un momento de gran terror.

Alguno pens? que as? se destru?a Isa?as y, al final, en el cap?tulo 53, la visi?n del Siervo de Dios ya no era del Isa?as que hab?a vivido casi 800 a?os antes de Cristo. ?Qu? hacemos?, se preguntaron. Ahora hemos comprendido que todo el libro es un camino de relecturas siempre nuevas, donde se entra cada vez con m?s profundidad en el misterio propuesto al inicio y se abre cada vez m?s plenamente cuanto estaba inicialmente presente, pero a?n cerrado.

En un libro podemos comprender precisamente todo el camino de la Sagrada Escritura: se trata de una relectura permanente, un volver a comprender cuanto se ha dicho antes. La luz se va encendiendo lentamente y el cristiano puede comprender cuanto el Se?or ha dicho a los disc?pulos de Ema?s, explic?ndoles que todos los profetas hab?an hablado de ?l. El Se?or nos abre la ?ltima relectura: Cristo es la clave de todo, y s?lo uni?ndose en el camino a los disc?pulos de Ema?s, s?lo caminando con Cristo, releyendo todo en su luz, con ?l crucificado y resucitado, entramos en la riqueza y en la belleza de la Sagrada Escritura.

Por esta raz?n, dir?a que el punto importante es no fragmentar la Sagrada Escritura. Precisamente la cr?tica moderna, como vemos ahora, nos ha hecho comprender que es un camino permanente. Y tambi?n podemos ver que es un camino que tiene una direcci?n y que Cristo es el punto de llegada. Comenzando desde Cristo podemos reanudar el camino y entrar en la profundidad de la Palabra.

Resumiendo, dir?a que la lectura de la Sagrada Escritura debe ser siempre una lectura a la luz de Cristo. S?lo as? podemos leer y comprender, incluso en nuestro contexto actual, la Sagrada Escritura y obtener realmente de ella la luz. Debemos comprender esto: la Sagrada Escritura es un camino con una direcci?n. Quien conoce el punto de llegada tambi?n puede dar, ahora de nuevo, todos los pasos y aprender as?, de modo m?s profundo, el misterio de Cristo. Comprendiendo esto, tambi?n hemos comprendido el car?cter eclesial de la Sagrada Escritura, porque estos caminos, estos pasos del camino, son pasos de un pueblo. Es el pueblo de Dios que va adelante. El verdadero propietario de la Palabra es siempre el pueblo de Dios, guiado por el Esp?ritu Santo, y la inspiraci?n es un proceso complejo: el Esp?ritu Santo gu?a adelante, y el pueblo recibe.

Es, pues, el camino de un pueblo, del pueblo de Dios. La sagrada Escritura hay que leerla bien. Pero esto s?lo puede hacerse si caminamos dentro de este sujeto que es el pueblo de Dios que vive, que es renovado y fundado de nuevo por Cristo, pero que conserva siempre su identidad.

Por consiguiente, dir?a que hay tres dimensiones relacionadas y compenetradas entre s?: la dimensi?n hist?rica, la dimensi?n cristol?gica y la dimensi?n eclesiol?gica ?del pueblo en camino?. En una lectura completa las tres dimensiones est?n presentes. Por eso, la liturgia ?la lectura com?n y orante del pueblo de Dios? sigue siendo el lugar privilegiado para la comprensi?n de la Palabra, porque precisamente aqu? la lectura se convierte en oraci?n y se une a la oraci?n de Cristo en la Plegaria eucar?stica.

Quisiera a?adir a?n una cosa, que han subrayado todos los Padres de la Iglesia. Pienso, sobre todo, en un bell?simo texto de san Efr?n y en otro de san Agust?n, en los que se dice: si has comprendido poco, acepta, no pienses que has comprendido todo. La Palabra sigue siendo siempre mucho m?s grande de lo que has podido comprender. Y esto hay que decirlo ahora de modo cr?tico ante una cierta parte de la ex?gesis moderna, que piensa que ha comprendido todo y que por eso, despu?s de la interpretaci?n elaborada por ella, ya no se puede decir nada m?s. Esto no es verdad. La Palabra es siempre m?s grande que la ex?gesis de los Padres y que la ex?gesis cr?tica, porque tambi?n esta comprende s?lo una parte, dir?a, m?s bien, una parte m?nima. La Palabra es siempre m?s grande, este es nuestro gran consuelo. Y, por una parte, es hermoso saber que hemos comprendido solamente un poco. Es hermoso saber que existe a?n un tesoro inagotable y que cada nueva generaci?n redescubrir? nuevos tesoros e ir? adelante con la grandeza de la palabra de Dios, que va siempre delante de nosotros, nos gu?a y es siempre m?s grande. Con esta certeza se debe leer la Escritura.

San Agust?n dijo: beben de la fuente la liebre y el asno. El asno bebe m?s, pero cada uno bebe seg?n su capacidad. Sea que seamos liebres, sea que seamos asnos, estemos agradecidos porque el Se?or nos permite beber de su agua.

[Traducci?n del original en italiano distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 23:49  | Habla el Papa
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