Lunes, 12 de marzo de 2007
Homil?a para el Domingo III de cuaresmaInstituci?n de lectores y Ac?litos


Mercedes 11 de marzo de 2007.

En la memoria colectiva del pueblo de Israel, la salida de Egipto y la traves?a por el desierto eran consideradas como los momentos privilegiados de su relaci?n con Dios, y la narraci?n de estos hechos era muy cuidada y remarcaba las maravillas que Dios hab?a obrado para su pueblo. En el desierto fueron guiados por una nube milagrosa que los proteg?a del sol durante el d?a y los iluminaba de noche. Cuando esta nube se deten?a, plantaban las tiendas y cuando la nube segu?a, ellos se pon?an nuevamente en camino. En esta traves?a por el desierto se nutr?an con el man? que ca?a del cielo y beb?an el agua de la roca, que hab?a hecho brotar Mois?s con el golpe de su bast?n.

San Pablo hace alusi?n a todas estas cosas en su carta a los Corintios, cuando dice: ? nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, todos atravesaron el mar Rojo? todos comieron la misma comida espiritual, todos bebieron la misma agua de la roca? Pero la mayor?a de ellos no fueron del agrado de Dios, (1Co 10, 5)??

Esto es para nosotros una seria advertencia: todos estamos bautizados y confirmados y recibimos otros sacramentos, porque algunos ya estamos ordenados. Nos confesamos y regularmente recibimos la Eucarist?a y hacemos la mayor parte de las cosas que debe hacer un buen cristiano, un buen sacerdote y un buen seminarista. Pero ?complacemos a Dios? ?C?mo podemos responder esta pregunta? El Evangelio nos dice que somos agradables a Dios si damos fruto. Y para suerte nuestra, el mismo Evangelio nos ense?a que Dios es exigente, pero tambi?n es paciente. Est? siempre dispuesto a darnos un poco m?s de tiempo, pero espera de nosotros frutos.

Toda esta historia de Israel, que es tambi?n la nuestra, y que comenz? con Abrah?n, toma una veta espiritual excepcional en el encuentro de Mois?s con Dios, que nos narra la primera lectura. Mois?s estaba en casa del Fara?n de Egipto, como un hijo. Estaba destinado a altas responsabilidades en la administraci?n del pa?s. Un d?a corre el riesgo de defender a uno de sus hermanos y este acto le cost? la carrera, bien pronto se encontr? en el exilio, sin porvenir, pero del todo libre, porque ya no ten?a que perder. Es entonces que, sumergi?ndose m?s a fondo en la soledad, encuentra a Dios. Dios se le revela como un Padre amoroso, que ha visto la aflicci?n de su pueblo y quiere liberarlo. Es posible un di?logo entre Dios y Mois?s porque ambos tienen la misma preocupaci?n. Dios quiere confiar a Mois?s la misi?n de liberar a su pueblo. Mois?s entonces formula dos preguntas fundamentales: ?Qui?n soy yo? Y ?Qui?n eres t?? Qui?n soy yo para hacer esto que me pides. Y ?qui?n eres t?? para que yo pueda decir qui?n me ha enviado. A la primera pregunta Dios responde simplemente: ?Yo estar? contigo? y a la segunda responde: ?Yo soy?.

Es el mismo Dios paciente y lleno de misericordia que Jes?s nos revela en el Evangelio de hoy. ?En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre hab?a mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondi? Jes?s: ? ?Pens?is que esos galileos eran m?s pecadores que todos los dem?s galileos, porque han padecido estas cosas?. No, os lo aseguro; y si no os convert?s, todos perecer?is del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplom? la torre de Silo? mat?ndolos, ?pens?is que eran m?s culpables que los dem?s hombres que habitaban en Jerusal?n? No, os lo aseguro; y si no os convert?s, todos perecer?is del mismo modo.? Las injusticias y cataclismos que pueden acaecer en nuestro tiempo, no necesariamente hay que interpretarlos como castigo directo de Dios, por la culpa de aquellos que los sufren. Muchos de esos cataclismos son frutos de la libertad de la naturaleza o de la libertad mal usada de los hombres. Dios es paciente, y desea que demos frutos, y sabe que los frutos tienen necesidad de tiempo para crecer y madurar. La cuaresma nos es dada a fin de qu? realicemos nuestra conversi?n, el primero de todos los frutos, un regalo que Dios quiere hacernos si permanecemos en ?l.

Hoy instituyo lectores y ac?litos. Un seminarista en camino al presbiterado debe recibir estos ministerios y ejercerlos durante un tiempo para prepararse mejor al ejercicio de sus oficios de la Palabra y del Altar.

El lector es instituido par la funci?n, que le es propia, de leer la Palabra de Dios en la asamblea lit?rgica. Por lo cual leer? las lecturas de la Sagrada Escritura, excepto el Evangelio, en la Misa y en las dem?s acciones sagradas. Adem?s al lector se le encarga en el pueblo de Dios el oficio particular de instruir a los ni?os y a los adultos en la fe y para la digna recepci?n de los sacramentos. El ac?lito es instituido para ayudar al di?cono y servir al sacerdote. Es propio de ?l atender el servicio del altar. Adem?s le pertenece como ministro extraordinario, distribuir la Sagrada comuni?n. En circunstancias extraordinarias se le podr? encomendar que exponga p?blicamente a la adoraci?n de los fieles la Sagrada Eucarist?a y hacer despu?s la reserva; sin bendici?n.

Los seminaristas que hoy reciben estos ministerios, y todos los dem?s y nosotros debemos recordar la lecci?n de la palabra de Dios: todo lo que recibimos lo recibimos para dar fruto, el fruto no viene de nuestro s?lo esfuerzo. ?Qui?n soy yo para esta misi?n? dice Mois?s, Dios le contesta: Yo estar? contigo. S?lo podemos dar frutos con el Se?or.

Encomendamos a estos hermanos nuestros, y nos encomendamos nosotros tambi?n, a la intercesi?n de Mar?a Sant?sima, que ella nos lleve de la mano por el camino de la cuaresma al encuentro de Dios, para que en nuestras vidas aprovechemos el tiempo que Dios nos regale y demos frutos.

Mons. Rub?n H?ctor Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luj?n
Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Hablan los obispos
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