Mi?rcoles, 14 de marzo de 2007


SEGUNDA PARTE

EUCARIST?A,
MISTERIO QUE SE HA DE CELEBRAR


?Os aseguro que no fue Mois?s quien os dio el pan del cielo,
sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo? (Jn 6,32)


Lex orandi y lex credendi

34. El S?nodo de los Obispos ha reflexionado mucho sobre la relaci?n intr?nseca entre fe eucar?stica y celebraci?n, poniendo de relieve el nexo entre lex orandi y lex credendi, y subrayando la primac?a de la acci?n lit?rgica. Es necesario vivir la Eucarist?a como misterio de la fe celebrado aut?nticamente, teniendo conciencia clara de que ? el intellectus fidei est? originariamente siempre en relaci?n con la acci?n lit?rgica de la Iglesia ?.[105] En este ?mbito, la reflexi?n teol?gica nunca puede prescindir del orden sacramental instituido por Cristo mismo. Por otra parte, la acci?n lit?rgica nunca puede ser considerada gen?ricamente, prescindiendo del misterio de la fe. En efecto, la fuente de nuestra fe y de la liturgia eucar?stica es el mismo acontecimiento: el don que Cristo ha hecho de s? mismo en el Misterio pascual.

Belleza y liturgia

35. La relaci?n entre el misterio cre?do y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teol?gico y lit?rgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como tambi?n la Revelaci?n cristiana, est? vinculada intr?nsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia s? y nos llama a la comuni?n. En Jes?s, como sol?a decir san Buenaventura, contemplamos la belleza y el fulgor de los or?genes.[106] Este atributo al que nos referimos no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo, haci?ndonos salir de nosotros mismos y atray?ndonos as? hacia nuestra verdadera vocaci?n: el amor.[107] Ya en la creaci?n, Dios se deja entrever en la belleza y la armon?a del cosmos (cf. Sb 13,5; Rm 1,19-20). Encontramos despu?s en el Antiguo Testamento grandes signos del esplendor de la potencia de Dios, que se manifiesta con su gloria a trav?s de los prodigios hechos en el pueblo elegido (cf. Ex 14; 16,10; 24,12-18; Nm 14,20-23). En el Nuevo Testamento se llega definitivamente a esta epifan?a de belleza en la revelaci?n de Dios en Jesucristo.[108] ?l es la plena manifestaci?n de la gloria divina. En la glorificaci?n del Hijo resplandece y se comunica la gloria del Padre (cf. Jn 1,14; 8,54; 12,28; 17,1). Sin embargo, esta belleza no es una simple armon?a de formas; ? el m?s bello de los hombres ? (Sal 45[44],33) es tambi?n, misteriosamente, quien no tiene ? aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres [...], ante el cual se ocultan los rostros ? (Is 53,2). Jesucristo nos ense?a c?mo la verdad del amor sabe tambi?n transfigurar el misterio oscuro de la muerte en la luz radiante de la resurrecci?n. Aqu? el resplandor de la gloria de Dios supera toda belleza mundana. La verdadera belleza es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual.

La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresi?n eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra. El memorial del sacrificio redentor lleva en s? mismo los rasgos de aquel resplandor de Jes?s del cual nos han dado testimonio Pedro, Santiago y Juan cuando el Maestro, de camino hacia Jerusal?n, quiso transfigurarse ante ellos (cf. Mc 9,2). La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acci?n lit?rgica; es m?s bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelaci?n. Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atenci?n para que la acci?n lit?rgica resplandezca seg?n su propia naturaleza.

La celebraci?n eucar?stica,
obra del ?Christus totus?


Christus totus in capite et in corpore

36. La belleza intr?nseca de la liturgia tiene como sujeto propio a Cristo resucitado y glorificado en el Esp?ritu Santo que, en su actuaci?n, incluye a la Iglesia.[109] En esta perspectiva, es muy sugestivo recordar las palabras de san Agust?n que describen elocuentemente esta din?mica de fe propia de la Eucarist?a. El gran santo de Hipona, refiri?ndose precisamente al Misterio eucar?stico, pone de relieve c?mo Cristo mismo nos asimila a s?: ? Este pan que vosotros veis sobre el altar, santificado por la palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo. Este c?liz, mejor dicho, lo que contiene el c?liz, santificado por la palabra de Dios, es sangre de Cristo. Por medio de estas cosas quiso el Se?or dejarnos su cuerpo y sangre, que derram? para la remisi?n de nuestros pecados. Si lo hab?is recibido dignamente, vosotros sois eso mismo que hab?is recibido ?.[110] Por lo tanto, ? no s?lo nos hemos convertido en cristianos, sino en Cristo mismo ?.[111] Podemos contemplar as? la acci?n misteriosa de Dios que comporta la unidad profunda entre nosotros y el Se?or Jes?s: ? En efecto, no se ha de creer que Cristo est? en la cabeza sin estar tambi?n en el cuerpo, sino que est? enteramente en la cabeza y en el cuerpo ?.[112]

Eucarist?a y Cristo resucitado

37. Puesto que la liturgia eucar?stica es esencialmente actio Dei que nos une a Jes?s a trav?s del Esp?ritu, su fundamento no est? sometido a nuestro arbitrio ni puede ceder a la presi?n de la moda del momento. En esto tambi?n es v?lida la afirmaci?n indiscutible de san Pablo: ? Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo ? (1 Co 3,11). El Ap?stol de los gentiles nos asegura adem?s que, por lo que se refiere a la Eucarist?a, no nos transmite su doctrina personal, sino lo que ?l, a su vez, ha recibido (cf. 1 Co 11,23). En efecto, la celebraci?n de la Eucarist?a implica la Tradici?n viva. A partir de la experiencia del Resucitado y de la efusi?n del Esp?ritu Santo, la Iglesia celebra el Sacrificio eucar?stico obedeciendo el mandato de Cristo. Por este motivo, al inicio, la comunidad cristiana se re?ne el d?a del Se?or para la fractio panis. El d?a en que Cristo ha resucitado de entre los muertos, el domingo, es tambi?n el primer d?a de la semana, el d?a que seg?n la tradici?n veterotestamentaria representaba el principio de la creaci?n. Ahora, el d?a de la creaci?n se ha convertido en el d?a de la ? nueva creaci?n ?, el d?a de nuestra liberaci?n en el que conmemoramos a Cristo muerto y resucitado.[113]

Ars celebrandi

38. En los trabajos sinodales se ha insistido varias veces en la necesidad de superar cualquier posible separaci?n entre el ars celebrandi, es decir, el arte de celebrar rectamente, y la participaci?n plena, activa y fructuosa de todos los fieles. Efectivamente, el primer modo con el que se favorece la participaci?n del Pueblo de Dios en el Rito sagrado es la adecuada celebraci?n del Rito mismo. El ars celebrandi es la mejor premisa para la actuosa participatio.[114] El ars celebrandi proviene de la obediencia fiel a las normas lit?rgicas en su plenitud, pues es precisamente este modo de celebrar lo que asegura desde hace dos mil a?os la vida de fe de todos los creyentes, los cuales est?n llamados a vivir la celebraci?n como Pueblo de Dios, sacerdocio real, naci?n santa (cf. 1 P 2,4-5.9).[115]

El Obispo, liturgo por excelencia

39. Si bien es cierto que todo el Pueblo de Dios participa en la Liturgia eucar?stica, en el correcto ars celebrandi tienen un papel imprescindible los que han recibido el sacramento del Orden. Obispos, sacerdotes y di?conos, cada uno seg?n su propio grado, han de considerar la celebraci?n como su deber principal.[116] En primer lugar el Obispo diocesano: en efecto, ?l, como ? primer dispensador de los misterios de Dios en la Iglesia particular a ?l confiada, es el gu?a, el promotor y custodio de toda la vida lit?rgica ?.[117] Todo esto es decisivo para la vida de la Iglesia particular, no s?lo porque la comuni?n con el Obispo es la condici?n para que toda celebraci?n en su territorio sea leg?tima, sino tambi?n porque ?l mismo es por excelencia el liturgo de su propia Iglesia.[118] A ?l corresponde salvaguardar la unidad concorde de las celebraciones en su di?cesis. Por tanto, ha de ser un ? compromiso del Obispo hacer que los presb?teros, di?conos y los fieles comprendan cada vez mejor el sentido aut?ntico de los ritos y los textos lit?rgicos, y as? se les gu?e hacia una celebraci?n de la Eucarist?a activa y fructuosa ?.[119] En particular, exhorto a cumplir todo lo necesario para que las celebraciones lit?rgicas oficiadas por el Obispo en la iglesia Catedral respeten plenamente el ars celebrandi, de modo que puedan ser consideradas como modelo para todas las iglesias de su territorio.[120]

Respeto de los libros lit?rgicos y de la riqueza de los signos

40. Por consiguiente, al subrayar la importancia del ars celebrandi, se pone de relieve el valor de las normas lit?rgicas.[121] El ars celebrandi ha de favorecer el sentido de lo sagrado y el uso de las formas exteriores que educan para ello, como, por ejemplo, la armon?a del rito, los ornamentos lit?rgicos, la decoraci?n y el lugar sagrado. Favorece la celebraci?n eucar?stica que los sacerdotes y los responsables de la pastoral lit?rgica se esfuercen en dar a conocer los libros lit?rgicos vigentes y las respectivas normas, resaltando las grandes riquezas de la Ordenaci?n General del Misal Romano y de la Ordenaci?n de las Lecturas de la Misa. En las comunidades eclesiales se da quiz?s por descontado que se conocen y aprecian, pero a menudo no es as?. En realidad, son textos que contienen riquezas que custodian y expresan la fe, as? como el camino del Pueblo de Dios a lo largo de dos milenios de historia. Para una adecuada ars celebrandi es igualmente importante la atenci?n a todas las formas de lenguaje previstas por la liturgia: palabra y canto, gestos y silencios, movimiento del cuerpo, colores lit?rgicos de los ornamentos. En efecto, la liturgia tiene por su naturaleza una variedad de formas de comunicaci?n que abarcan todo el ser humano. La sencillez de los gestos y la sobriedad de los signos, realizados en el orden y en los tiempos previstos, comunican y atraen m?s que la artificiosidad de a?adiduras inoportunas. La atenci?n y la obediencia de la estructura propia del ritual, a la vez que manifiestan el reconocimiento del car?cter de la Eucarist?a como don, expresan la disposici?n del ministro para acoger con d?cil gratitud dicho don inefable.

El arte al servicio de la celebraci?n

41. La relaci?n profunda entre la belleza y la liturgia nos lleva a considerar con atenci?n todas las expresiones art?sticas que se ponen al servicio de la celebraci?n.[122] Un elemento importante del arte sacro es ciertamente la arquitectura de las iglesias,[123] en las que debe resaltar la unidad entre los elementos propios del presbiterio: altar, crucifijo, tabern?culo, amb?n, sede. A este respecto, se ha de tener presente que el objetivo de la arquitectura sacra es ofrecer a la Iglesia, que celebra los misterios de la fe, en particular la Eucarist?a, el espacio m?s apto para el desarrollo adecuado de su acci?n lit?rgica.[124] En efecto, la naturaleza del templo cristiano se define por la acci?n lit?rgica misma, que implica la reuni?n de los fieles (ecclesia), los cuales son las piedras vivas del templo (cf. 1 P 2,5).

El mismo principio vale para todo el arte sacro, especialmente la pintura y la escultura, en los que la iconograf?a religiosa se ha de orientar a la mistagog?a sacramental. Un conocimiento profundo de las formas que el arte sacro ha producido a lo largo de los siglos puede ser de gran ayuda para los que tienen la responsabilidad de encomendar a arquitectos y artistas obras relacionadas con la acci?n lit?rgica. Por tanto, es indispensable que en la formaci?n de los seminaristas y de los sacerdotes se incluya la historia del arte como materia importante, con especial referencia a los edificios de culto, seg?n las normas lit?rgicas. Es necesario que en todo lo que concierne a la Eucarist?a haya gusto por la belleza. Se debe tambi?n respetar y cuidar los ornamentos, la decoraci?n, los vasos sagrados, para que, dispuestos de modo org?nico y ordenado entre s?, fomenten el asombro ante el misterio de Dios, manifiesten la unidad de la fe y refuercen la devoci?n.[125]

El canto lit?rgico

42. En el ars celebrandi desempe?a un papel importante el canto lit?rgico.[126] Con raz?n afirma san Agust?n en un famoso serm?n: ? El hombre nuevo conoce el c?ntico nuevo. El cantar es funci?n de alegr?a y, si lo consideramos atentamente, funci?n de amor ?.[127] El Pueblo de Dios reunido para la celebraci?n canta las alabanzas de Dios. La Iglesia, en su bimilenaria historia, ha compuesto y sigue componiendo m?sica y cantos que son un patrimonio de fe y de amor que no se ha de perder. Ciertamente, no podemos decir que en la liturgia sirva cualquier canto. A este respecto, se ha de evitar la f?cil improvisaci?n o la introducci?n de g?neros musicales no respetuosos del sentido de la liturgia. Como elemento lit?rgico, el canto debe estar en consonancia con la identidad propia de la celebraci?n.[128] Por consiguiente, todo ?el texto, la melod?a, la ejecuci?n? ha de corresponder al sentido del misterio celebrado, a las partes del rito y a los tiempos lit?rgicos.[129] Finalmente, si bien se han de tener en cuenta las diversas tendencias y tradiciones tan loables, deseo, como han pedido los Padres sinodales, que se valore adecuadamente el canto gregoriano[130] como canto propio de la liturgia romana.[131]

Estructura de la celebraci?n eucar?stica


43. Despu?s de haber recordado los elementos b?sicos del ars celebrandi puestos de relieve en los trabajos sinodales, quisiera llamar la atenci?n de modo m?s concreto sobre algunas partes de la estructura de la celebraci?n eucar?stica que requieren un especial cuidado en nuestro tiempo, para ser fieles a la intenci?n profunda de la renovaci?n lit?rgica deseada por el Concilio Vaticano II, en continuidad con toda la gran tradici?n eclesial.

Unidad intr?nseca de la acci?n lit?rgica

44. Ante todo, hay que considerar la unidad intr?nseca del rito de la santa Misa. Se ha de evitar que, tanto en la catequesis como en el modo de la celebraci?n, se d? lugar a una visi?n yuxtapuesta de las dos partes del rito. La liturgia de la Palabra y la liturgia eucar?stica ?adem?s de los ritos de introducci?n y conclusi?n? ? est?n estrechamente unidas entre s? y forman un ?nico acto de culto ?.[132] En efecto, la Palabra de Dios y la Eucarist?a est?n intr?nsecamente unidas. Escuchando la Palabra de Dios nace o se fortalece la fe (cf. Rm 10,17); en la Eucarist?a, el Verbo hecho carne se nos da como alimento espiritual.[133] As? pues, ? la Iglesia recibe y ofrece a los fieles el Pan de vida en las dos mesas de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo ?.[134] Por tanto, se ha de tener constantemente presente que la Palabra de Dios, que la Iglesia lee y proclama en la liturgia, lleva a la Eucarist?a como a su fin connatural.

Liturgia de la Palabra

45. Junto con el S?nodo, pido que la liturgia de la Palabra se prepare y se viva siempre de manera adecuada. Por tanto, recomiendo vivamente que en la liturgia se ponga gran atenci?n a la proclamaci?n de la Palabra de Dios por parte de lectores bien instruidos. Nunca olvidemos que ? cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su Pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio ?.[135] Si las circunstancias lo aconsejan, se puede pensar en unas breves moniciones que ayuden a los fieles a una mejor disposici?n. Para comprenderla bien, la Palabra de Dios ha de ser escuchada y acogida con esp?ritu eclesial y siendo conscientes de su unidad con el Sacramento eucar?stico. En efecto, la Palabra que anunciamos y escuchamos es el Verbo hecho carne (cf. Jn 1,14), y hace referencia intr?nseca a la persona de Cristo y a su permanencia de manera sacramental. Cristo no habla en el pasado, sino en nuestro presente, ya que ?l mismo est? presente en la acci?n lit?rgica. En esta perspectiva sacramental de la revelaci?n cristiana,[136] el conocimiento y el estudio de la Palabra de Dios nos permite apreciar, celebrar y vivir mejor la Eucarist?a. A este respecto, se aprecia tambi?n en toda su verdad la afirmaci?n, seg?n la cual ? desconocer la Escritura es desconocer a Cristo ?.[137]

Para lograr todo esto es necesario ayudar a los fieles a apreciar los tesoros de la Sagrada Escritura en el leccionario, mediante iniciativas pastorales, celebraciones de la Palabra y la lectura meditada (lectio divina). Tampoco se ha de olvidar promover las formas de oraci?n conservadas en la tradici?n, la Liturgia de las Horas, sobre todo Laudes, V?speras, Completas y tambi?n las celebraciones de vigilias. El rezo de los Salmos, las lecturas b?blicas y las de la gran tradici?n del Oficio divino pueden llevar a una experiencia profunda del acontecimiento de Cristo y de la econom?a de la salvaci?n, que a su vez puede enriquecer la comprensi?n y la participaci?n en la celebraci?n eucar?stica.[138]

Homil?a

46. La necesidad de mejorar la calidad de la homil?a est? en relaci?n con la importancia de la Palabra de Dios. En efecto, ?sta ? es parte de la acci?n lit?rgica ?; [139] tiene el cometido de favorecer una mejor comprensi?n y eficacia de la Palabra de Dios en la vida de los fieles. Por eso los ministros ordenados han de ? preparar la homil?a con esmero, bas?ndose en un conocimiento adecuado de la Sagrada Escritura ?.[140] Han de evitarse homil?as gen?ricas o abstractas. En particular, pido a los ministros un esfuerzo para que la homil?a ponga la Palabra de Dios proclamada en estrecha relaci?n con la celebraci?n sacramental[141] y con la vida de la comunidad, de modo que la Palabra de Dios sea realmente sustento y vigor de la Iglesia.[142] Se ha de tener presente, por tanto, la finalidad catequ?tica y exhortativa de la homil?a. Es conveniente que, partiendo del leccionario trienal, se prediquen a los fieles homil?as tem?ticas que, a lo largo del a?o lit?rgico, traten los grandes temas de la fe cristiana, seg?n lo que el Magisterio propone en los cuatro ? pilares ? del Catecismo de la Iglesia Cat?lica y en su reciente Compendio: la profesi?n de la fe, la celebraci?n del misterio cristiano, la vida en Cristo y la oraci?n cristiana.[143]

Presentaci?n de las ofrendas

47. Los Padres sinodales han puesto tambi?n su atenci?n en la presentaci?n de las ofrendas. ?sta no es s?lo como un ? intervalo ? entre la liturgia de la Palabra y la eucar?stica. Entre otras razones, porque eso har?a perder el sentido de un ?nico rito con dos partes interrelacionadas. En realidad, este gesto humilde y sencillo tiene un sentido muy grande: en el pan y el vino que llevamos al altar toda la creaci?n es asumida por Cristo Redentor para ser transformada y presentada al Padre.[144] En este sentido, llevamos tambi?n al altar todo el sufrimiento y el dolor del mundo, conscientes de que todo es precioso a los ojos de Dios. Este gesto, para ser vivido en su aut?ntico significado, no necesita ser enfatizado con a?adiduras superfluas. Permite valorar la colaboraci?n originaria que Dios pide al hombre para realizar en ?l la obra divina y dar as? pleno sentido al trabajo humano, que mediante la celebraci?n eucar?stica se une al sacrificio redentor de Cristo.

Plegaria eucar?stica

48. La Plegaria eucar?stica es ? el centro y la cumbre de toda la celebraci?n ?.[145] Su importancia merece ser subrayada adecuadamente. Las diversas Plegarias eucar?sticas que hay en el Misal nos han sido transmitidas por la tradici?n viva de la Iglesia y se caracterizan por una riqueza teol?gica y espiritual inagotable. Se ha de procurar que los fieles las aprecien. La Ordenaci?n General del Misal Romano nos ayuda en esto, record?ndonos los elementos fundamentales de toda Plegaria eucar?stica: acci?n de gracias, aclamaci?n, ep?clesis, relato de la instituci?n y consagraci?n, an?mnesis, oblaci?n, intercesi?n y doxolog?a conclusiva.[146] En particular, la espiritualidad eucar?stica y la reflexi?n teol?gica se iluminan al contemplar la profunda unidad de la an?fora, entre la invocaci?n del Esp?ritu Santo y el relato de la instituci?n,[147] en la que ? se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituy? en la ?ltima Cena ?.[148] En efecto, ? la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora la fuerza del Esp?ritu Santo para que los dones que han presentado los hombres queden consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para que la v?ctima inmaculada que se va a recibir en la Comuni?n sea para la salvaci?n de quienes la reciben ?.[149]

Rito de la paz

49. La Eucarist?a es por su naturaleza sacramento de paz. Esta dimensi?n del Misterio eucar?stico se expresa en la celebraci?n lit?rgica de manera espec?fica con el rito de la paz. Se trata indudablemente de un signo de gran valor (cf. Jn 14,27). En nuestro tiempo, tan lleno de conflictos, este gesto adquiere, tambi?n desde el punto de vista de la sensibilidad com?n, un relieve especial, ya que la Iglesia siente cada vez m?s como tarea propia pedir a Dios el don de la paz y la unidad para s? misma y para toda la familia humana. La paz es ciertamente un anhelo irreprimible en el coraz?n de cada uno. La Iglesia se hace portavoz de la petici?n de paz y reconciliaci?n que surge del alma de toda persona de buena voluntad, dirigi?ndola a Aqu?l que ? es nuestra paz ? (Ef 2,14), y que puede pacificar a los pueblos e individuos aun cuando fracasan las iniciativas humanas. Por ello se comprende la intensidad con que se vive frecuentemente el rito de la paz en la celebraci?n lit?rgica. A este prop?sito, sin embargo, durante el S?nodo de los Obispos se ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede adquirir expresiones exageradas, provocando cierta confusi?n en la asamblea precisamente antes de la Comuni?n. Ser?a bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebraci?n, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los m?s cercanos.[150]

Distribuci?n y recepci?n de la Eucarist?a

50. Otro momento de la celebraci?n, al que es necesario hacer referencia, es la distribuci?n y recepci?n de la santa Comuni?n. Pido a todos, en particular a los ministros ordenados y a los que, debidamente preparados, est?n autorizados para el ministerio de distribuir la Eucarist?a en caso de necesidad real, que hagan lo posible para que el gesto, en su sencillez, corresponda a su valor de encuentro personal con el Se?or Jes?s en el Sacramento. Respecto a las prescripciones para una praxis correcta, me remito a los documentos emanados recientemente.[151] Todas las comunidades cristianas han de atenerse fielmente a las normas vigentes, viendo en ellas la expresi?n de la fe y el amor que todos han de tener respecto a este sublime Sacramento. Tampoco se descuide el tiempo precioso de acci?n de gracias despu?s de la Comuni?n: adem?s de un canto oportuno, puede ser tambi?n muy ?til permanecer recogidos en silencio.[152]

A este prop?sito, quisiera llamar la atenci?n sobre un problema pastoral con el que nos encontramos frecuentemente en nuestro tiempo. Me refiero al hecho de que en algunas circunstancias, como por ejemplo en las santas Misas celebradas con ocasi?n de bodas, funerales o acontecimientos an?logos, adem?s de fieles practicantes, asisten tambi?n a la celebraci?n otros que tal vez no se acercan al altar desde hace a?os, o quiz?s est?n en una situaci?n de vida que no les permite recibir los sacramentos. Otras veces sucede que est?n presentes personas de otras confesiones cristianas o incluso de otras religiones. Situaciones similares se producen tambi?n en iglesias que son meta de visitantes, sobre todo en las grandes ciudades de en las que abunda el arte. En estos casos, se ve la necesidad de usar expresiones breves y eficaces para hacer presente a todos el sentido de la comuni?n sacramental y las condiciones para recibirla. Donde se den situaciones en las que no sea posible garantizar la debida claridad sobre el sentido de la Eucarist?a, se ha de considerar la conveniencia de sustituir la Eucarist?a con una celebraci?n de la Palabra de Dios.[153]

Despedida: ? Ite, missa est ?

51. Quisiera detenerme ahora en lo que los Padres sinodales han dicho sobre el saludo de despedida al final de la Celebraci?n eucar?stica. Despu?s de la bendici?n, el di?cono o el sacerdote despide al pueblo con las palabras: Ite, missa est. En este saludo podemos apreciar la relaci?n entre la Misa celebrada y la misi?n cristiana en el mundo. En la antig?edad, ? missa ? significaba simplemente ? terminada ?. Sin embargo, en el uso cristiano ha adquirido un sentido cada vez m?s profundo. La expresi?n ? missa ? se transforma, en realidad, en ? misi?n ?. Este saludo expresa sint?ticamente la naturaleza misionera de la Iglesia. Por tanto, conviene ayudar al Pueblo de Dios a que, apoy?ndose en la liturgia, profundice en esta dimensi?n constitutiva de la vida eclesial. En este sentido, ser?a ?til disponer de textos debidamente aprobados para la oraci?n sobre el pueblo y la bendici?n final que expresen dicha relaci?n.[154]

Actuosa participatio


Aut?ntica participaci?n

52. El Concilio Vaticano II puso un ?nfasis particular en la participaci?n activa, plena y fructuosa de todo el Pueblo de Dios en la celebraci?n eucar?stica.[155] Ciertamente, la renovaci?n llevada a cabo en estos a?os ha favorecido notables progresos en la direcci?n deseada por los Padres conciliares. Pero no hemos de ocultar el hecho de que, a veces, ha surgido alguna incomprensi?n precisamente sobre el sentido de esta participaci?n. Por tanto, conviene dejar claro que con esta palabra no se quiere hacer referencia a una simple actividad externa durante la celebraci?n. En realidad, la participaci?n activa deseada por el Concilio se ha de comprender en t?rminos m?s sustanciales, partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relaci?n con la vida cotidiana. Sigue siendo totalmente v?lida la recomendaci?n de la Constituci?n conciliar Sacrosanctum Concilium, que exhorta a los fieles a no asistir a la liturgia eucar?stica ? como espectadores mudos o extra?os ?, sino a participar ? consciente, piadosa y activamente en la acci?n sagrada ?.[156] El Concilio prosigue la reflexi?n: los fieles, ? instruidos por la Palabra de Dios, reparen sus fuerzas en el banquete del Cuerpo del Se?or, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a s? mismos al ofrecer la hostia inmaculada no s?lo por manos del sacerdote, sino tambi?n juntamente con ?l, y se perfeccionen d?a a d?a, por Cristo Mediador, en la unidad con Dios y entre s? ?.[157]

Participaci?n y ministerio sacerdotal

53. La belleza y armon?a de la acci?n lit?rgica se manifiestan de manera significativa en el orden con el cual cada uno est? llamado a participar activamente. Eso comporta el reconocimiento de las diversas funciones jer?rquicas implicadas en la celebraci?n misma. Es ?til recordar que, de por s?, la participaci?n activa no es lo mismo que desempe?ar un ministerio particular. Sobre todo, no ayuda a la participaci?n activa de los fieles una confusi?n ocasionada por la incapacidad de distinguir las diversas funciones que corresponden a cada uno en la comuni?n eclesial.[158] En particular, es preciso que haya claridad sobre las tareas espec?ficas del sacerdote. ?ste es, como atestigua la tradici?n de la Iglesia, quien preside de modo insustituible toda la celebraci?n eucar?stica, desde el saludo inicial a la bendici?n final. En virtud del Orden sagrado que ha recibido, ?l representa a Jesucristo, cabeza de la Iglesia y, en la manera que le es propia, tambi?n a la Iglesia misma.[159] En efecto, toda celebraci?n de la Eucarist?a est? dirigida por el Obispo, ? ya sea personalmente, ya por los presb?teros, sus colaboradores ?.[160] Es ayudado por el di?cono, que tiene algunas funciones espec?ficas en la celebraci?n: preparar el altar y prestar servicio al sacerdote, proclamar el Evangelio, predicar eventualmente la homil?a, enunciar las intenciones en la oraci?n universal, distribuir la Eucarist?a a los fieles.[161] En relaci?n con estos ministerios vinculados al sacramento del Orden, hay tambi?n otros ministerios para el servicio lit?rgico, que desempe?an religiosos y laicos preparados, lo que es de alabar.[162]

Celebraci?n eucar?stica e inculturaci?n

54. A partir de las afirmaciones fundamentales del Concilio Vaticano II, se ha subrayado varias veces la importancia de la participaci?n activa de los fieles en el Sacrificio eucar?stico. Para favorecerla se pueden permitir algunas adaptaciones apropiadas a los diversos contextos y culturas.[163] El hecho de que haya habido algunos abusos no disminuye la claridad de este principio, que se debe mantener de acuerdo con las necesidades reales de la Iglesia, que vive y celebra el mismo misterio de Cristo en situaciones culturales diferentes. En efecto, el Se?or Jes?s, precisamente en el misterio de la Encarnaci?n, naciendo de mujer como hombre perfecto (cf. Ga 4,4), est? en relaci?n directa no s?lo con las expectativas expresadas en el Antiguo Testamento, sino tambi?n con las de todos los pueblos. Con eso, ?l ha manifestado que Dios quiere encontrarnos en nuestro contexto vital. Por tanto, para una participaci?n m?s eficaz de los fieles en los santos Misterios, es ?til proseguir el proceso de inculturaci?n en el ?mbito de la celebraci?n eucar?stica, teniendo en cuenta las posibilidades de adaptaci?n que ofrece la Ordenaci?n General del Misal Romano,[164] interpretadas a la luz de los criterios fijados por la IV Instrucci?n de la Congregaci?n para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos, Varietates legitimae, del 25 de enero de 1994,[165] y de las directrices dadas por el Papa Juan Pablo II en las Exhortaciones apost?licas postsinodales Ecclesia in Africa, Ecclesia in America, Ecclesia in Asia, Ecclesia in Oceania, Ecclesia in Europa.[166] Para lograr este objetivo, encomiendo a las Conferencias Episcopales que favorezcan el adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones,[167] siempre de acuerdo con la Sede Apost?lica.

Condiciones personales para una ? actuosa participatio ?

55. Al considerar el tema de la actuosa participatio de los fieles en el rito sagrado, los Padres sinodales han resaltado tambi?n las condiciones personales de cada uno para una fructuosa participaci?n.[168] Una de ellas es ciertamente el esp?ritu de conversi?n continua que ha de caracterizar la vida de cada fiel. No se puede esperar una participaci?n activa en la liturgia eucar?stica cuando se asiste superficialmente, sin antes examinar la propia vida. Favorece dicha disposici?n interior, por ejemplo, el recogimiento y el silencio, al menos unos instantes antes de comenzar la liturgia, el ayuno y, cuando sea necesario, la confesi?n sacramental. Un coraz?n reconciliado con Dios permite la verdadera participaci?n. En particular, es preciso persuadir a los fieles de que no puede haber una actuosa participatio en los santos Misterios si no se toma al mismo tiempo parte activa en la vida eclesial en su totalidad, la cual comprende tambi?n el compromiso misionero de llevar el amor de Cristo a la sociedad.

Sin duda, la plena participaci?n en la Eucarist?a se da cuando nos acercamos tambi?n personalmente al altar para recibir la Comuni?n.[169] No obstante, se ha de poner atenci?n para que esta afirmaci?n correcta no induzca a un cierto automatismo entre los fieles, como si por el s?lo hecho de encontrarse en la iglesia durante la liturgia se tenga ya el derecho o quiz?s incluso el deber de acercarse a la Mesa eucar?stica. Aun cuando no es posible acercarse a la comuni?n sacramental, la participaci?n en la santa Misa sigue siendo necesaria, v?lida, significativa y fructuosa. En estas circunstancias, es bueno cultivar el deseo de la plena uni?n con Cristo, practicando, por ejemplo, la comuni?n espiritual, recordada por Juan Pablo II[170] y recomendada por los Santos maestros de la vida espiritual.[171]

Participaci?n de los cristianos no cat?licos

56. Al tratar el tema de la participaci?n nos encontramos inevitablemente con el de los cristianos pertenecientes a Iglesias o Comunidades eclesiales que no est?n en plena comuni?n con la Iglesia Cat?lica. A este respecto, se ha de decir que la uni?n intr?nseca que se da entre Eucarist?a y unidad de la Iglesia nos lleva a desear ardientemente, por un lado, el d?a en que podamos celebrar junto con todos los creyentes en Cristo la divina Eucarist?a y expresar as? visiblemente la plenitud de la unidad que Cristo ha querido para sus disc?pulos (cf. Jn 17,21). Por otro lado, el respeto que debemos al sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo nos impide hacer de ?l un simple ? medio ? que se usa indiscriminadamente para alcanzar esta misma unidad.[172] En efecto, la Eucarist?a no s?lo manifiesta nuestra comuni?n personal con Jesucristo, sino que implica tambi?n la plena communio con la Iglesia. ?ste es, pues, el motivo por el cual, con dolor pero no sin esperanza, pedimos a los cristianos no cat?licos que comprendan y respeten nuestra convicci?n, basada en la Biblia y en la Tradici?n. Nosotros sostenemos que la comuni?n eucar?stica y la comuni?n eclesial se corresponden tan ?ntimamente que hace imposible generalmente por parte de los cristianos no cat?licos la participaci?n en una sin tener la otra. Menos sentido tendr?a a?n una concelebraci?n propia y verdadera con ministros de Iglesias o Comunidades eclesiales no en plena comuni?n con la Iglesia Cat?lica. No obstante, es verdad que, de cara a la salvaci?n, existe la posibilidad de admitir individualmente a cristianos no cat?licos a la Eucarist?a, al sacramento de la Penitencia y a la Unci?n de los enfermos. Pero eso s?lo en situaciones determinadas y excepcionales, caracterizadas por condiciones bien precisas.[173] ?stas est?n indicadas claramente en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica [174] y en su Compendio.[175] Todos tienen el deber de atenerse fielmente a ellas.

Participaci?n a trav?s de los medios de comunicaci?n social

57. Debido al gran desarrollo de los medios de comunicaci?n social, la palabra ? participaci?n ? ha adquirido en las ?ltimas d?cadas un sentido m?s amplio que en el pasado. Todos reconocemos con satisfacci?n que estos instrumentos ofrecen tambi?n nuevas posibilidades en lo que se refiere a la Celebraci?n eucar?stica.[176] Eso exige a los agentes pastorales del sector una preparaci?n espec?fica y un acentuado sentido de responsabilidad. En efecto, la santa Misa que se transmite por televisi?n adquiere inevitablemente una cierta ejemplaridad. Por tanto, se ha de poner una especial atenci?n en que la celebraci?n, adem?s de hacerse en lugares dignos y bien preparados, respete las normas lit?rgicas.

Por lo que se refiere al valor de la participaci?n en la santa Misa que los medios de comunicaci?n hacen posible, quien ve y oye dichas transmisiones ha de saber que, en condiciones normales, no cumple con el precepto dominical. En efecto, el lenguaje de la imagen representa la realidad, pero no la reproduce en s? misma.[177] Si es loable que ancianos y enfermos participen en la santa Misa festiva a trav?s de las transmisiones radiotelevisivas, no puede decirse lo mismo de quien, mediante tales transmisiones, quisiera dispensarse de ir al templo para la celebraci?n eucar?stica en la asamblea de la Iglesia viva.

? Actuosa participatio ? de los enfermos

58. Teniendo presente la condici?n de los que no pueden ir a los lugares de culto por motivos de salud o edad, quisiera llamar la atenci?n de toda la comunidad eclesial sobre la necesidad pastoral de asegurar la asistencia espiritual a los enfermos, tanto a los que est?n en su casa como a los que est?n hospitalizados. En el S?nodo de los Obispos se ha hecho referencia a ellos varias veces. Se ha de procurar que estos hermanos y hermanas nuestros puedan recibir con frecuencia la Comuni?n sacramental. Al reforzar as? la relaci?n con Cristo crucificado y resucitado, podr?n sentir su propia vida integrada plenamente en la vida y la misi?n de la Iglesia mediante la ofrenda del propio sufrimiento en uni?n con el sacrificio de nuestro Se?or. Se ha de reservar una atenci?n particular a los discapacitados; si lo permite su condici?n, la comunidad cristiana ha de favorecer su participaci?n en la celebraci?n en un lugar de culto. A este respecto, se ha de procurar que los edificios sagrados no tengan obst?culos arquitect?nicos que impidan el acceso de los minusv?lidos. Se ha de dar tambi?n la comuni?n eucar?stica, cuando sea posible, a los discapacitados mentales, bautizados y confirmados: ellos reciben la Eucarist?a tambi?n en la fe de la familia o de la comunidad que los acompa?a.[178]

Atenci?n a los presos

59. La tradici?n espiritual de la Iglesia, siguiendo una indicaci?n espec?fica de Cristo (cf. Mt 25,36), ha reconocido en la visita a los presos una de las obras de misericordia corporal. Los que se encuentran en esta situaci?n tienen una necesidad especial de ser visitados por el Se?or mismo en el sacramento de la Eucarist?a. Sentir la cercan?a de la comunidad eclesial, participar en la Eucarist?a y recibir la santa Comuni?n en un per?odo de la vida tan particular y doloroso puede ayudar sin duda en el propio camino de fe y favorecer la plena reinserci?n social de la persona. Interpretando los deseos manifestados en la asamblea sinodal pido a las di?cesis que, en lo posible, pongan los medios adecuados para una actividad pastoral que se ocupe de atender espiritualmente a los presos.[179]

Los emigrantes y su participaci?n en la Eucarist?a

60. Al plantearse el problema de los que se ven obligados a dejar la propia tierra por diversos motivos, el S?nodo ha expresado particular gratitud a los que se dedican a la atenci?n pastoral de los emigrantes. En este contexto, se ha de prestar una atenci?n especial a los emigrantes que pertenecen a las Iglesias cat?licas orientales y a los que, lejos de su propia casa, tienen dificultades para participar en la liturgia eucar?stica seg?n el propio rito de pertenencia. Por eso, donde sea posible, se les conceda poder ser asistidos por sacerdotes de su rito. En todo caso, pido a los Obispos que acojan en la caridad de Cristo a estos hermanos. El encuentro entre los fieles de diversos ritos puede convertirse tambi?n en ocasi?n de enriquecimiento rec?proco. Pienso particularmente en el beneficio que puede aportar, sobre todo para el clero, el conocimiento de las diversas tradiciones.[180]

Las grandes concelebraciones

61. La asamblea sinodal ha considerado la calidad de la participaci?n en las grandes celebraciones que tienen lugar en circunstancias particulares, en las que, adem?s de un gran n?mero de fieles, concelebran muchos sacerdotes.[181] Por un lado, es f?cil reconocer el valor de estos momentos, especialmente cuando el Obispo preside rodeado de su presbiterio y de los di?conos. Por otro, en estas circunstancias se pueden producir problemas por lo que se refiere a la expresi?n sensible de la unidad del presbiterio, especialmente en la Plegaria eucar?stica y en la distribuci?n de la santa Comuni?n. Se ha de evitar que estas grandes concelebraciones produzcan dispersi?n. Para ello, se han de prever modos adecuados de coordinaci?n y disponer el lugar de culto de manera que permita a los presb?teros y a los fieles una participaci?n plena y real. En todo caso, se ha de tener presente que se trata de concelebraciones de car?cter excepcional y limitadas a situaciones extraordinarias.

Lengua latina

62. No obstante, lo dicho anteriormente no debe ofuscar el valor de estas grandes liturgias. En particular, pienso en las celebraciones que tienen lugar durante encuentros internacionales, hoy cada vez m?s frecuentes. ?stas han de ser valoradas debidamente. Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo que ha sugerido el S?nodo de los Obispos, en sinton?a con las normas del Concilio Vaticano II: [182] exceptuadas las lecturas, la homil?a y la oraci?n de los fieles, ser?a bueno que dichas celebraciones fueran en lat?n; tambi?n se podr?an rezar en lat?n las oraciones m?s conocidas[183] de la tradici?n de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos. M?s en general, pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en lat?n, adem?s de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano; se procurar? que los mismos fieles conozcan las oraciones m?s comunes en lat?n y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia.[184]

Celebraciones eucar?sticas en peque?os grupos

63. Una situaci?n muy distinta es la que se da en algunas circunstancias pastorales en las que, precisamente para lograr una participaci?n m?s consciente, activa y fructuosa, se favorecen las celebraciones en peque?os grupos. Aun reconociendo el valor formativo que tienen estas iniciativas, conviene precisar que han de estar en armon?a con el conjunto del proyecto pastoral de la di?cesis. En efecto, dichas experiencias perder?an su car?cter pedag?gico si se las considerara como antagonistas o paralelas respecto a la vida de la Iglesia particular. A este respecto, el S?nodo ha subrayado algunos criterios a los que atenerse: los grupos peque?os han de servir para unificar la comunidad parroquial, no para fragmentarla; esto debe ser evaluado en la praxis concreta; estos grupos tienen que favorecer la participaci?n fructuosa de toda la asamblea y preservar en lo posible la unidad de cada familia en la vida lit?rgica.[185]

La celebraci?n participada interiormente


Catequesis mistag?gica

64. La gran tradici?n lit?rgica de la Iglesia nos ense?a que, para una participaci?n fructuosa, es necesario esforzarse en corresponder personalmente al misterio que se celebra mediante el ofrecimiento a Dios de la propia vida, en uni?n con el sacrificio de Cristo por la salvaci?n del mundo entero. Por este motivo, el S?nodo de los Obispos ha recomendado que los fieles tengan una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras. Si faltara ?sta, nuestras celebraciones, por muy animadas que fueren, correr?an el riesgo de caer en el ritualismo. As? pues, se ha de promover una educaci?n en la fe eucar?stica que disponga a los fieles a vivir personalmente lo que se celebra. Ante la importancia esencial de esta participatio personal y consciente, ?cu?les pueden ser los instrumentos formativos id?neos? A este respecto, los Padres sinodales han propuesto un?nimemente una catequesis de car?cter mistag?gico que lleve a los fieles a adentrarse cada vez m?s en los misterios celebrados.[186] En particular, por lo que se refiere a la relaci?n entre el ars celebrandi y la actuosa participatio, se ha de afirmar ante todo que ? la mejor catequesis sobre la Eucarist?a es la Eucarist?a misma bien celebrada ?.[187] En efecto, por su propia naturaleza, la liturgia tiene una eficacia propia para introducir a los fieles en el conocimiento del misterio celebrado. Precisamente por ello, el itinerario formativo del cristiano en la tradici?n m?s antigua de la Iglesia, aun sin descuidar la comprensi?n sistem?tica de los contenidos de la fe, tuvo siempre un car?cter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por aut?nticos testigos. En este sentido, el que introduce en los misterios es ante todo el testigo. Dicho encuentro ahonda en la catequesis y tiene su fuente y su culmen en la celebraci?n de la Eucarist?a. De esta estructura fundamental de la experiencia cristiana nace la exigencia de un itinerario mistag?gico, en el cual se han de tener siempre presentes tres elementos:

a) Ante todo, la interpretaci?n de los ritos a la luz de los acontecimientos salv?ficos, seg?n la tradici?n viva de la Iglesia. Efectivamente, la celebraci?n de la Eucarist?a contiene en su infinita riqueza continuas referencias a la historia de la salvaci?n. En Cristo crucificado y resucitado podemos celebrar verdaderamente el centro que recapitula toda la realidad (cf. Ef 1,10). Desde el principio, la comunidad cristiana ha le?do los acontecimientos de la vida de Jes?s, y en particular el misterio pascual, en relaci?n con todo el itinerario veterotestamentario.

b) Adem?s, la catequesis mistag?gica ha de introducir en el significado de los signos contenidos en los ritos. Este cometido es particularmente urgente en una ?poca como la actual, tan imbuida por la tecnolog?a, en la cual se corre el riesgo de perder la capacidad perceptiva de los signos y s?mbolos. M?s que informar, la catequesis mistag?gica debe despertar y educar la sensibilidad de los fieles ante el lenguaje de los signos y gestos que, unidos a la palabra, constituyen el rito.

c) Finalmente, la catequesis mistag?gica ha de ense?ar el significado de los ritos en relaci?n con la vida cristiana en todas sus facetas, como el trabajo y los compromisos, el pensamiento y el afecto, la actividad y el descanso. Forma parte del itinerario mistag?gico subrayar la relaci?n entre los misterios celebrados en el rito y la responsabilidad misionera de los fieles. En este sentido, el resultado final de la mistagog?a es tomar conciencia de que la propia vida es transformada progresivamente por los santos misterios que se celebran. El objetivo de toda la educaci?n cristiana, por otra parte, es formar al fiel como ? hombre nuevo ?, con una fe adulta, que lo haga capaz de testimoniar en el propio ambiente la esperanza cristiana que lo anima.

Para desarrollar en nuestras comunidades eclesiales esta tarea educativa, hay que contar con formadores bien preparados. Ciertamente, todo el Pueblo de Dios ha de sentirse comprometido en esta formaci?n. Cada comunidad cristiana est? llamada a ser ?mbito pedag?gico que introduce en los misterios que se celebran en la fe. A este respecto, durante el S?nodo los Padres han subrayado la conveniencia de una mayor participaci?n de las comunidades de vida consagrada, de los movimientos y dem?s grupos que, por sus propios carismas, pueden aportar un renovado impulso a la formaci?n cristiana.[188] Tambi?n en nuestro tiempo el Esp?ritu Santo prodiga la efusi?n de sus dones para sostener la misi?n apost?lica de la Iglesia, a la cual corresponde difundir la fe y educarla hasta su madurez.[189]

Veneraci?n de la Eucarist?a

65. Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucar?stica tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros. Eso se puede comprobar a trav?s de manifestaciones espec?ficas de veneraci?n de la Eucarist?a, hacia la cual el itinerario mistag?gico debe introducir a los fieles.[190] Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucar?stica. Para adecuarse a la leg?tima diversidad de los signos que se usan en el contexto de las diferentes culturas, cada uno ha de vivir y expresar que es consciente de encontrarse en toda celebraci?n ante la majestad infinita de Dios, que llega a nosotros de manera humilde en los signos sacramentales.

Adoraci?n y piedad eucar?stica


Relaci?n intr?nseca entre celebraci?n y adoraci?n

66. Uno de los momentos m?s intensos del S?nodo fue cuando, junto con muchos fieles, nos desplazamos a la Bas?lica de San Pedro para la adoraci?n eucar?stica. Con este gesto de oraci?n, la asamblea de los Obispos quiso llamar la atenci?n, no s?lo con palabras, sobre la importancia de la relaci?n intr?nseca entre celebraci?n eucar?stica y adoraci?n. En este aspecto significativo de la fe de la Iglesia se encuentra uno de los elementos decisivos del camino eclesial realizado tras la renovaci?n lit?rgica querida por el Concilio Vaticano II. Mientras la reforma daba sus primeros pasos, a veces no se percibi? de manera suficientemente clara la relaci?n intr?nseca entre la santa Misa y la adoraci?n del Sant?simo Sacramento. Una objeci?n difundida entonces se basaba, por ejemplo, en la observaci?n de que el Pan eucar?stico no habr?a sido dado para ser contemplado, sino para ser comido. En realidad, a la luz de la experiencia de oraci?n de la Iglesia, dicha contraposici?n se mostr? carente de todo fundamento. Ya dec?a san Agust?n: ? nemo autem illam carnem manducat, nisi prius adoraverit; [...] peccemus non adorando ? Nadie come de esta carne sin antes adorarla [...], pecar?amos si no la ador?ramos ?.[191] En efecto, en la Eucarist?a el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoraci?n eucar?stica no es si no la continuaci?n obvia de la celebraci?n eucar?stica, la cual es en s? misma el acto m?s grande de adoraci?n de la Iglesia.[192] Recibir la Eucarist?a significa adorar al que recibimos. Precisamente as?, y s?lo as?, nos hacemos una sola cosa con ?l y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la belleza de la liturgia celestial. La adoraci?n fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebraci?n lit?rgica. En efecto, ? s?lo en la adoraci?n puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Se?or madura luego tambi?n la misi?n social contenida en la Eucarist?a y que quiere romper las barreras no s?lo entre el Se?or y nosotros, sino tambi?n y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros ?.[193]

Pr?ctica de la adoraci?n eucar?stica

67. Por tanto, unido a la asamblea sinodal, recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la pr?ctica de la adoraci?n eucar?stica, tanto personal como comunitaria.[194] A este respecto, ser? de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir m?s profundamente y con mayor fruto la celebraci?n lit?rgica. Adem?s, cuando sea posible, sobre todo en los lugares m?s poblados, ser? conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoraci?n perpetua. Recomiendo tambi?n que en la formaci?n catequ?tica, sobre todo en el ciclo de preparaci?n para la Primera Comuni?n, se inicie a los ni?os en el significado y belleza de estar junto a Jes?s, fomentando el asombro por su presencia en la Eucarist?a.

Adem?s, quisiera expresar admiraci?n y apoyo a los Institutos de vida consagrada cuyos miembros dedican una parte importante de su tiempo a la adoraci?n eucar?stica. De este modo ofrecen a todos el ejemplo de personas que se dejan plasmar por la presencia real del Se?or. Al mismo tiempo, deseo animar a las asociaciones de fieles, as? como a las Cofrad?as, que tienen esta pr?ctica como un compromiso especial, siendo as? fermento de contemplaci?n para toda la Iglesia y llamada a la centralidad de Cristo para la vida de los individuos y de las comunidades.

Formas de devoci?n eucar?stica

68. La relaci?n personal que cada fiel establece con Jes?s, presente en la Eucarist?a, lo pone siempre en contacto con toda la comuni?n eclesial, haciendo que tome conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo. Por eso, adem?s de invitar a los fieles a encontrar personalmente tiempo para estar en oraci?n ante el Sacramento del altar, pido a las parroquias y a otros grupos eclesiales que promuevan momentos de adoraci?n comunitaria. Obviamente, conservan todo su valor las formas de devoci?n eucar?stica ya existentes. Pienso, por ejemplo, en las procesiones eucar?sticas, sobre todo la procesi?n tradicional en la solemnidad del Corpus Christi, en la pr?ctica piadosa de las Cuarenta Horas, en los Congresos eucar?sticos locales, nacionales e internacionales, y en otras iniciativas an?logas. Estas formas de devoci?n, debidamente actualizadas y adaptadas a las diversas circunstancias, merecen ser cultivadas tambi?n hoy.[195]

Lugar del sagrario en la iglesia

69. Sobre la importancia de la reserva eucar?stica y de la adoraci?n y veneraci?n del sacramento del sacrificio de Cristo, el S?nodo de los Obispos ha reflexionado sobre la adecuada colocaci?n del sagrario en nuestras iglesias.[196] En efecto, esto ayuda a reconocer la presencia real de Cristo en el Sant?simo Sacramento. Por tanto, es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucar?sticas sea identificado f?cilmente por cualquiera que entre en la iglesia, gracias tambi?n a la lamparilla encendida. Para ello, se ha de tener en cuenta la estructura arquitect?nica del edificio sacro: en las iglesias donde no hay capilla del Sant?simo Sacramento, y el sagrario est? en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservaci?n y adoraci?n de la Eucarist?a, evitando poner delante la sede del celebrante. En las iglesias nuevas conviene prever que la capilla del Sant?simo est? cerca del presbiterio; si esto no fuera posible, es preferible poner el sagrario en el presbiterio, suficientemente alto, en el centro del ?bside, o bien en otro punto donde resulte bien visible. Todos estos detalles ayudan a dar dignidad al sagrario, del cual debe cuidarse tambi?n el aspecto art?stico. Obviamente, se ha tener en cuenta lo que dice a este respecto la Ordenaci?n General del Misal Romano.[197] En todo caso, el juicio ?ltimo en esta materia corresponde al Obispo diocesano.




Publicado por verdenaranja @ 10:55  | Habla el Papa
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