Mi?rcoles, 14 de marzo de 2007
Art?culo publicado en el Bolet?n n?mero 146, a?o 2007, de Santa Maravillas, carmelita descalza.

"Un coraz?n muy grande, para amar a mi Cristo y a los que ?l me ha dado"

"La familia es ?mbito donde cada persona aprende a dar y recibir amor" (Benedicto XVI)

A veces, equivocadamente, pensamos que los santos poseen cualidades y condiciones muy por encima de las tendencias naturales de cualquier persona. Y por eso los ?deshumanizamos?, como si el amor de Dios quitara en ellos sus afectos naturales, sus simpat?as humanas. Esto es un error. El amor de Dios no quita los sentimientos naturales. Al contrario, los eleva y los purifica. En los santos florece extraordinariamente el amor a la familia, a sus amigos, a sus bienhechores, a su patria, sin que por ello, quede mermado el amor al Se?or.

En Santa Maravillas tambi?n fue as?. Siempre demostr? un inmenso cari?o hacia sus padres, sus hermanos, hacia el resto de su familia, y tambi?n hacia sus amigos, los criados de su casa, etc... Despu?s, al entrar en el Carmelo, su amor a Dios se desbordaba sobre cuantas personas tuvieron relaci?n con ella, especialmente sobre sus monjas:

?Me parec?a ?escribi?, por ejemplo? amaba yo m?s tiernamente que nunca a mis hermanas?. ?El amor para con Dios se mide por el amor que se tiene con el pr?jimo, y ?ste roba el Coraz?n del Se?or y... el de las criaturas tambi?n. Sent?a como necesidad de ejercitar la caridad, aunque sea en peque?eces, para probarle a El el amor, y en hacer, aun en estas cosas exte?riores que tanto cansan, lo que pueda ser agradable a las hermanas?.

Como no pod?a ser de otra forma, todos le correspondieron con un amor y veneraci?n muy grandes, y estaban convencidos de que viv?an con una verdadera santa. Podr?amos ilustrar este amor de Santa Maravillas por los suyos con innumerables p?rrafos de sus cartas.

Escogemos s?lo una peque??sima muestra:

Refiri?ndose a su madre, do?a Cristina Chico de Guzm?n, escrib?a al Padre Torres:
??Ay, padre, qu? apegada estoy a mi madre! Ahora que la veo anciana, enferma y sola, lo noto m?s?.
?Mi pobre madre estuvo esta tarde, y s?lo el Se?or sabe cu?nto le agradezco cuanto hace por mi viejecita querida?.

Y a la muerte de do?a Cristina escribi?:
?Con toda mi alma, hago al Se?or el sacrificio de la separaci?n de mi madre, en los momentos pasados y en los presen?tes, pero ?cu?nto cuesta! No menos ahora que cuando estaba enferma. Recuerdo que, cuando murieron mi padre y mi abuela, no permit?a yo que les rindieran sin m? estos ?ltimos servicios. Me parec?a que tocarlos sin el cari?o con que yo lo hac?a era una profanaci?n, y ahora mi pobre madre no ha tenido para hac?rselos m?s que las criadas. Esta noche estoy todo el tiempo junto a su caja. Padre, es terrible quedarse sin madre, es un fr?o y una soledad por dentro. Antes se ten?a un coraz?n de madre, y de madre amant?sima, como era la m?a, y ahora ya nada. Se levanta un dolor tan agudo en el alma al recordar que no tengo madre, y todas las pruebas recibidas de su ternura avivan este dolor?.

Y de su abuela materna, do?a Patricia Mu?oz: ?Yo quer?a horrores a mi abuela?.

Reci?n entrada en el Carmelo, escrib?a a su cu?ada, Adelaida Fern?ndez-Hontoria:
?No pens?is por un momento que os olvido, ni olvidar? a ninguno?.

Refiri?ndose a sus sobrinos y sobrinos nietos:
?Ya las conoces a todas las monjas, y no sabes cu?nto te quieren, aunque, claro est?, que no pueden igualar a tu t?a?. ?Me figuro que las ni?as estar?n mon?simas, y estoy deseando conocerlas. Yo ya las quiero mucho?. ?Tengo muchas ganas de conocer a mis sobrinas nietas, que todo el mundo me dice que son una monada?. ?No sabes cu?nto me gusta Juan ?el marido de una de sus sobrinas?. Las hermanas me dicen que es el sobrino predilecto?. ?Mucho me gust? haber podido conocer de cerca a las nenas. Son mon?simas?. ??Qu? tal los hijos y nietos? No sabes cu?nto los recuerdo y quiero, y lo que tira la sangre, pues a los nietos los quiero tambi?n much?simo?.

Al morir su cu?ada, escrib?a de ella: ?Yo quer?a a Adelaida como una verdadera hermana?.

Cuanto hemos dicho podr?a resumirse con estas l?neas de la Santa: ?Mi Cristo me dio, eso s?, un coraz?n muy grande para amarle a El, pobre de m?, y a los dem?s que El me ha dado?.

El pasado 26 de diciembre de 2006, a los 95 a?os de edad, muri? en Madrid do?a Patricia Bertr?n de Lis y Pida], sobri?na querid?sima de la Madre Maravillas ?hija mayor de Nin?, hermana de la Santa?. Do?a Patricia vivi? con su t?a Maravillas desde que tuvo uso de raz?n hasta los ocho a?os, cuando aqu?lla ingre?s? en el Carmelo de El Escorial. Despu?s, continu? siempre en estrecha relaci?n con su t?a y sus fundaciones. Fue testigo excepcional en el Proceso de Canonizaci?n, aportando valios?simos y preciosos datos de la vida de su t?a antes de que ingresara en el Carmelo. Pocos meses des?pu?s de la muerte de la Madre Maravillas, en 1974, escribi? un testimonio con sus recuerdos de aquellos primeros a?os de su vida. He aqu? parte de ellos, en los que queda bien patente el amor que derrochaba Santa Maravillas con los suyos:
Yo, desde que recuerdo, viv?a en el piso de abajo con abuelita ?do?a Cristina Chico de Guzm?n? y Tit? (nombre que supongo le pondr?a yo a m? t?a Maravillas). Pienso que de reci?n nacida dormir?a arriba con mis padres, pero estaba todo el tiempo en el piso de mis abuelos. Tit? era como mi segunda madre, o casi mi prime?ra madre, y lo mismo mi abuela, porque mi madre tuvo muchos hijos, y yo pr?ctica-mente viv?a con mi t?a. Dorm?a Tit? en el cuarto de al lado m?o, entre el cuarto de su madre y el m?o.

Era muy alegre, muy delgada, con una alegr?a constante, pero sin estridencias.

Ten?a un paso ligero y suave. Tocaba el piano, y yo, de o?rla ?pues siempre la quer?a imitar?, quise tocarlo, aunque me dec?an ten?a que esperar hasta los siete a?os.

Ten?a un reclinatorio en su cuarto con un Cristo crucificado, y siempre que yo iba a mi cuarto, quer?a que, al pasar delante, me arrodillara y rezara alguna jaculatoria que me hab?a ense?ado: ?Dulce Coraz?n de Jes?s, sed mi salvaci?n?, ?Jes?s, Jos? y Mar?a, os doy el coraz?n y el alma m?a?, etc.

La recuerdo por las ma?anas, cuando entraba a despertarme con el velo puesto:
??Vas a Misa o vienes??, le preguntaba siempre. Grande era mi alegr?a si dec?a: ?Vengo?, pues desayunaba con ella. Recuerdo siempre una gran lata de mante?quilla salada.
Mi abuelo Luis y mi bisabuela murieron con un mes de diferencia. Yo a?n viv?a arri?ba con mis padres. Un d?a, al entrar en el comedor de casa de Tit?, vi que estaban todos de negro y tristes. Yo estaba muy intranquila y asustada, pues no ve?a a la ?Bis? ?Patricia, mi bisabuela?, ni a mi abuelo ?O?, como le llamaba. Creo que fue Tit? la que me explic? que se hab?an ido al cielo. Despu?s, del cuarto de mi bisabuela hicieron oratorio, y ten?amos Misa diaria.

Cuando aprend? a leer, me regalaron un peque?o devocionario, que yo empec? a leer bisbiseando alto para que me oye?ran. Cuando todos se hab?an ido, se me acerc? Tit? y me explic? que la oraci?n era para que la oyera Dios y no las dem?s personas, a las que, adem?s, distra?a y no dejaba rezar. Me lo dijo tan suave y tan tranquila, y de manera que los dem?s no se enteraran. No me rega?aba jam?s, pero siempre, como en esa ocasi?n, cari?osamente sab?a c?mo explicar sin herir y dej?ndome completamente convencida de lo que ?s?? y lo que ?no? hab?a que hacer. Dentro de lo peque?a que yo era, siempre buscaba su aprobaci?n, que era para m? una gran alegr?a.

Estando en el Balneario de Urberuaga, ?bamos a visitar a las Carmelitas Descalzas de Marquina. Una vez, la priora dijo que me sacaran un vaso de leche, que yo odiaba; cog? una pataleta, pues no la quer?a tomar. Tit? tom? el vaso con la leche, y, llev?ndome a una mesa camilla que estaba a un lado en el locutorio, me pidi? que hicie?ra el sacrificio de tomarla, pues era un feo a las monjas, que con tanto cari?o la hab?an hecho traer para m?, y que al Ni?o Jes?s le gustar?a que lo hiciera. Sorbito a sorbito la tom?, y despu?s me qued? muy contenta de mi haza?a. ?La haza?a era suya!

Nn recuerdo nunca haberla visto enfadada, ni rega?ar, pero consegu?a lo que se propon?a, y se quedaba una encantada y feliz de haberle dado gusto. Yo, como he dicho, buscaba siempre su aprobaci?n, que era mi mayor recompensa.

Una vez, en Carrascalejo, Ma Luisa, mi hermana, me dijo que Tit? la quer?a m?s a ella que a m?, pues era su madrina. Corr? desolada a Tit?, a preguntarle si era ver-dad. Ri?ndose, me tranquiliz?, haci?ndome comprender que nos quer?a a las dos. Yo le dije que me hubiera gustado que fuera ella mi madrina, y Tit? me hizo ver que estaba muy mal me quejara, pues mi madrina hab?a sido la ?Bis?, que tanto me quer?a; y era ser desagradecida a la ilusi?n que ella puso en ser mi madrina.

Yo le dec?a siempre que la quer?a mucho. Muchas veces me contestaba: ??Por qu? me quieres, Andr?s? ?Por inter?s!?. Esto supongo lo dir?a porque, efectivamente, me regalaba y buscaba lo que me gustaba.

Una vez lleg? ella a Carrascalejo ?ya est?bamos all? abuelita y yo?, con una cestita y un ovillo blanco dentro. Cuando la destap?, vi que era una perrita blanca lul?. No s? si sent? muy bien: ??Qu? idea, Maravillas!? Pero yo estaba loca con ?Busca?. A ella, como a m?, le encantaban los animales.
En invierno, en Madrid, me llev? al ropero de San Vicente de Pa?l para que yo cosiera lo que pod?a. Supongo que lo arreglar?an despu?s, pues mi cosido ser?a mal?simo.
Ven?a mucho a visitarla Sor Julia, Hija de la Caridad, y recuerdo a alguna de sus amigas, a Mercedes Muguiro, Amalia Arnau, Mar?a Chirel, Dolores Pidal, Ventura Travesedo.

Me llev? al colegio de la Asunci?n a prepararme para la Primera Comuni?n, y le hicieron mucho caso las monjas. Yo siempre ten?a la preocupaci?n de cu?ndo se ir?a al convento, pues no lo dudaba. Por fin lleg? el momento. Se hab?a ido sin des-pedirse de m?. Cuando anteriormente le preguntaba si se iba a meter monja, me dec?a que yo ya era grande, y me ten?a que ocupar de abuelita.

?Muchos recuerdos son tan imprecisos!, pues yo era muy peque?a, y hace muchos a?os; pero otros son como recientes, y, sobre todo, lo que podr?a resumir es como si toda ella estuviera envuelta en alegr?a, bondad, generosidad para con los dem?s y, sobre todo, amor de Dios. Todo lo resum?a en que el Ni?o Jes?s, que hac?a tanto por m?, estar?a triste si yo no era buena, y as? era todo. Una vez tambi?n organiz? para todos un gran ?rbol de Noel, para que vinieran todos los primos. Fui con ella a escoger los regalos para el ?rbol, y, claro, yo quer?a qued?rmelos casi todos. Tambi?n aquello fue aprovechado por Tit? para hacerme pensar en los dem?s, y con alegr?a. Otra vez deb? de ser mal?sima, pues me llev? ante el Cristo de la capilla, a pedir perd?n a Jes?s.

Me regal? la reliquia de Santa Teresa que ten?a siempre con ella, su rosario de Primera Comuni?n y una preciosa pulsera, que me robaron en la Guerra Civil.

Cuando fui mayor ya pensaba que era santa. Ya prop?sito de esto, una vez le hice una faena: Cuando estuvo en la casita de Getafe, mientras hac?an el Carmelo del Cerro, como a?n no ten?an clausura, Mar?a, mi prima, y yo le cortamos un peda?zo del escapulario para tener una reliquia.

La quer?a todo el mundo, la quer?a mucho la gente: los que ten?an dinero y los pobres. Era cari?os?sima con todos, trabajaba con ellos, les ayudaba. Recuerdo que algunos de los que serv?an en casa estaban tejiendo una alfombra, y ella se sentaba al lado de las que la hac?an, como una m?s.

Oigo a todo el mundo que reza a la Madre Maravillas con buen?simos resulta-dos: favores, milagros...; algo impresio?nante. Adem?s, ya en vida inspiraba una fe ciega en ella: lo que dec?a, era. Pienso que era algo ?que ven?a de Dios?. Era excepcional. No se le pasaba otra cosa por la cabeza que Dios; era constante su referencia a Dios y a agradarle.

El pasado 14 de enero, en la iglesia de las Carmelitas Descalzas de La Aldehuela, con asistencia de los familia-res de do?a Patricia, el Sr. Cardenal Primado de Espa?a, Mons. Antonio Ca?izares, presidi? un funeral por su eterno descanso. Concelebraron con ?l el Obispo auxiliar de Getafe y varios sacerdotes. Al final de su entra?able homil?a, en la que la present? como ?una mujer fiel, profundamente creyente?, termin? pidiendo: ?Que Santa Maravillas de Jes?s, t?a de nuestra hermana Patricia, la haya presentado al Se?or, que colma de toda dicha y felicidad?.
Publicado por verdenaranja @ 23:40  | Espiritualidad
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