Jueves, 15 de marzo de 2007

Artículo publicado en el Boletín SANTA MADRE MARAVILLAS DE JESÚS número 146 año 2007, que por deferencia de las Carmelitas Descalzas llega a la parroquia.

El Reloj
de la parroquia de la Magdalena



Después de seis años de restauración, la Catedral de Santa María Magdalena, de Getafe, vuelve a abrirse al culto. El pasado 23 de enero, fiesta de San Ildefonso, el Sr. Cardenal de Madrid, don Antonio Ma Rouco, presidió la solemne Misa de Acción de gracias, con motivo de la finalización de las obras. La Misa estuvo concelebrada por el Obispo de la Diócesis de Getafe, don Joaquín Ma López de Andújar, y su Obispo auxiliar, don Rafael Zornoza, el Nuncio de Su Santidad, el Arzobispo Castrense, el Obispo de Alcalá de Henares y los Obispos Auxiliares de Madrid.

Este templo –consagrado como Catedral en 1995-, se convierte de nuevo en el corazón de la Diócesis, y será el lugar de encuentro y alabanza a Dios para muchas personas. La Catedral de Santa María Magdalena ha sido durante muchos años la parroquia de Santa María Magdalena, la única que había en Getafe. La fachada principal posee una torre mudéjar donde se encuentra el campanario, y sobre él un reloj que señaló las horas, durante décadas, a las gentes del pueblo. En los inicios de la fundación del Carmelo del Cerro, las sonoras campanadas del reloj de la torre sacaron a las fundadoras de un buen apuro:

Cuatro carmelitas descalzas llegaban a Getafe, a una casita de la calle del Marqués, nº 2. Eran la Madre Mª Josefa del Corazón de Jesús, y las Hermanas Rosario de Jesús, Maravillas de Jesús y Josefina de Santa Teresa. Acababan de abandonar su Carmelo de El Escorial, y se disponían a iniciar una nueva fundación en el Cerro de los Angeles. Mientras duraban las obras, permanecerían en aquel pueblo.

Era el 19 de mayo de 1924. Estaban rendidas por tantas emociones, y aún les quedaba mucho por hacer antes de tomar su bien merecido descanso. Al día siguiente, a las ocho de la mañana, llegaría el señor Obispo para celebrar la Misa y dejar reservado el Santísimo, y todo debía estar, para entonces, bien arreglado.

Cuando por fin pudieron acostarse unas breves horas, la Madre Mª Josefa cayó en su jergón de paja como en un colchón de plumas, tapada con una de las dos únicas mantas que tenían. Lo mismo hizo la Hermana Josefina. Pero ni la Hermana Maravillas ni la Hermana Rosario pudieron descansar aquella noche. Es que no tenían reloj, y pensaba la Hermana Maravillas que, si se acostaba, se dormiría profundamente, y al día siguiente no se despertarían a tiempo para la llegada del señor Obispo.

En el silencio de la noche se oyeron unas campanadas. Eran las del reloj de la torre de la cercana parroquia de Santa María Magdalena. La Hermana Maravillas respiró: «¡Menos mal! —pensó—. Con esto nos podremos orientar». Y así, acostándose y levantándose para asomarse a la ventana a oír la hora del reloj de la Magdalena, pasó su primera noche en Getafe la Hermana Maravillas.

Hasta 1926 permaneció la incipiente comunidad del Cerro de los Ángeles en la casita de la calle del Marqués. Pero Santa Maravillas, desde el Carmelo del Cerro, siguió, con indecible cariño e interés, el estado espiritual de Getafe. En 1930 pidió al Padre jesuita Alfonso Torres que diese en el pueblo unas misiones. Así lo hicieron él y otros jesuitas en abril de aquel año, con abundantes frutos. Al finalizar organizó el Padre la catequesis en la parroquia de la Magdalena, poniendo al frente de esta obra a Lola Gandarias (años después la Madre Dolores de Jesús, también carmelita descalza en el Cerro), y a unas quince jóvenes getafenses como catequistas. Santa Maravillas gozó mucho con este florecimiento de la vida cristiana en su querido Getafe.

La vida santa de la Madre Maravillas, como el grano que al morir da mucho fruto, ha atraído sobre estas tierras abundantes gracias y bendiciones del Señor: la creación, en octubre de 1991, de la nueva Diócesis de Getafe, el nombramiento de su primer Obispo, don Francisco José Pérez y Fernández-Golfín, la inauguración del Seminario Diocesano en el Cerro de los Angeles, etc., etc.

También al desarrollo y florecimiento de esta nueva diócesis ha contribuido la Madre. Ella ya no está entre nosotros con una presencia física. Pero sigue estando presente con una presencia distinta, pero muy real. Aquí vivió sus primeros años como carmelita descalza, en el Carmelo del Cerro. Aquí pasó sus últimos años en la tierra, en el Carmelo de La Aldehuela, desde donde voló al cielo en 1974. Aquí han quedado sus hijas y sus restos mortales. Ella sigue ayudando y protegiendo a cuantos la invocan con fe, y acercando a muchas almas a Dios. Ahora, con la apertura de la Catedral de Santa María Magdalena y el restablecimiento del culto, parece que nos dice a todos:

«El Señor se ha quedado aquí en el sagrario para que le amemos, le imitemos, para ser
nuestra fortaleza y nuestro consuelo. ¡Qué alegría que tenga un sagrario más, donde va a recibir tanto amor!»


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