Jueves, 15 de marzo de 2007
VATICANO - AVE MARIA de don Luciano Alimandi - "Itinerario hacia la oraci?n del coraz?n"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "Y entrando en s? mismo, dijo: "?Cu?ntos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aqu? me muero de hambre! Me levantar?, ir? a mi padre y le dir?: Padre, pequ? contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, tr?tame como a uno de tus jornaleros." Y, levant?ndose, parti? hacia su padre. ?Estando ?l todav?a lejos, le vi? su padre y, conmovido, corri?, se ech? a su cuello y le bes? efusivamente" (Lc 15, 17-20). A todos ser?n evidentes que estos vers?culos se refieren a la par?bola del hijo pr?digo, o mejor conocida como la par?bola del padre misericordioso; la leeremos el pr?ximo domingo, cuarto de Cuaresma. Una vez m?s, pues, en toda la Iglesia cat?lica, resonar? vivo la llamada del Se?or a la conversi?n del coraz?n, mediante el retorno a su divina misericordia.
El Siervo de Dios Juan Pablo II, en la enc?clica "Dives in misericordia", afirmaba: "La conversi?n a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno. El aut?ntico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversi?n, no solamente como moment?neo acto interior, sino tambi?n como disposici?n estable, como estado de ?nimo." (DM n. 13). El itinerario de la conversi?n del coraz?n est?, por lo tanto, hecho de conocimiento y oraci?n: se conoce y se permanece en el amor misericordioso de Dios por nosotros, por medio de una "estable disposici?n", un "estado de ?nimo", que es precisamente la oraci?n, o mejor, la vida de oraci?n. Como el hijo pr?digo tambi?n el hombre de nuestro tiempo debe "entrar en s? mismo; s?lo entonces hallar? al Padre y redescubriendo la misericordia podr? levantarse de su pecado para ir hacia ?l.
Una de las principales dificultades, en nuestra oraci?n, es precisamente la de alcanzar una "estable disposici?n del coraz?n". D?a tras d?a la debemos conquistar, don?ndole a Dios suficientes espacios de oraci?n prolongada para poder "entrar en nosotros mismos?. Nuestra oraci?n, para ser aut?ntica, debe convertirse en "oraci?n del coraz?n"; no debe quedarse en una "oraci?n superficial" que roza, pero no penetra nuestro ?ntimo. Estamos a menudo, tentados de quedarnos en la superficie de nosotros mismos, poni?ndonos entre las cosas del mundo y las de Dios: no se dejan las primeras y tampoco se gusta de las segundas. Uno permanece en una especie de "zona gris", d?nde no nos alcanzan los rayos de amor de nuestro Padre celeste.
La Virgen est? en nuestro camino, para llamarnos de nuevo a una oraci?n m?s profunda, a la oraci?n de su Hijo, la oraci?n de coraz?n; s?lo si llegamos a nosotros mismos, le alcanzaremos a ?l. De poco sirven nuestras palabras, si ?stas no revelan a Dios nuestro coraz?n. Un amigo es tal, s?lo cuando nos abre el coraz?n y nos revela su intimidad. C?lebre es la frase de San Agust?n que buscaba a Dios desesperadamente, pero se quedaba flotando entre las criaturas y el Creador: "?sero te amavi, pulchritudo tam antiqua et tam nova? Tarde te am?, Belleza tan antigua y tan nueva, tarde te am?! S?, porque t? estabas dentro de mi y yo estaba fuera. All? te buscaba; deforme, me lanzaba sobre las bellas formas de tus criaturas" (Confes 10, 27, 38). Si est? presente el esfuerzo de la interioridad, no faltar? ciertamente en nuestras vidas como cristianos el resultado de una fecundidad espiritual. La oraci?n del coraz?n lleva a la verdadera dependencia del Se?or, sustray?ndonos de otras dependencias que pueden tener nombres diferentes y que hacen la vida terriblemente est?ril.
Jes?s en el desierto nos da testimonio claramente de que al diablo no se lo combate con palabras, con argumentos, sino con una vida interior rica de amistad con Dios. Estamos habitados por ?l y ?l merece toda el espacio de nuestra libertad interior, para generar actos libres de adhesi?n a su divina Voluntad. La oraci?n del coraz?n es esencialmente una oraci?n de amistad con Dios (la oraci?n preferida por S. Teresa de ?vila) que parte de lo m?s ?ntimo de nosotros mismos; aqu? se produce el encuentro con Cristo y se genera el acto de amor puro: ?Se?or t? sabes todo, t? sabes que te amo! Cuando Pedro entr? en s? mismo, arrepentido de su pecado - como har?n Pablo, Agust?n e innumerables otros hermanos y hermanas en la fe - no le estaba esperando un Dios Juez intransigente sino un Dios Padre de infinita misericordia que lo vio "de lejos, conmovido corri? a su encuentro, se tir? a su cuello y lo bes?". Si Pedro hubiera conocido realmente el Se?or Jes?s, no le habr?a dicho "al?jate de m? que soy un pecador", sino m?s bien "ac?rcate a m? porque soy un pecador."
La Virgen Maria, que conoce mejor que nadie la misericordia de Dios, quiere que experimentemos esta ternura de Dios: ?el Dios rico en misericordia! Hagamos entonces nuestras las palabras del Santo Padre Benedicto XVI, que nos invita a menudo a una vida de amistad con Dios, a una aut?ntica vida de oraci?n: "Queridos hermanos y hermanas, la oraci?n no es algo accesorio, algo opcional; es cuesti?n de vida o muerte. En efecto, s?lo quien ora, es decir, quien se pone en manos de Dios con amor filial, puede entrar en la vida eterna, que es Dios mismo. Durante este tiempo de Cuaresma pidamos a Mar?a, Madre del Verbo encarnado y Maestra de vida espiritual, que nos ense?e a orar como hac?a su Hijo, para que nuestra existencia sea transformada por la luz de su presencia" (Benedetto XVI, ?ngelus del 4 de marzo de 2007). (Agencia Fides 14/3/2007, L?neas: 62 Palabras: 956)
Publicado por verdenaranja @ 22:34  | Espiritualidad
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