Viernes, 16 de marzo de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. - predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo, IV de Cuaresma, 18 de Marzo de 2007.


Jes?s y los pecadores


II Domingo de Cuaresma


Josu? 5, 9a.10-12;
2 Corintios 5, 17-21;
Lucas 15, 1-3.11-32



El Evangelio del IV domingo de Cuaresma constituye una de las p?ginas m?s c?lebres del Evangelio de Lucas y de los cuatro Evangelios: la par?bola del hijo prodigo. Todo, en esta par?bola, es sorprendente; nunca hab?a sido descrito Dios a los hombres con estos rasgos. Ha tocado m?s corazones esta par?bola sola que todos los discursos de los predicadores juntos. Tiene un poder incre?ble para actuar en la mente, en el coraz?n, en la fantas?a, en la memoria. Sabe tocar los puntos m?s diversos: el arrepentimiento, la verg?enza, la nostalgia.

La par?bola se introduce con estas palabras: ?Sol?an acercarse a Jes?s los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "?se acoge a los pecadores y come con ellos". Entonces Jes?s les dijo esta par?bola...? (Lc 15, 1-2). Siguiendo esta indicaci?n, queremos reflexionar sobre la actitud de Jes?s hacia los pecadores, contemplando el Evangelio en su conjunto, movidos por el objetivo que nos hemos fijado en este comentario a los Evangelios de Cuaresma de conocer mejor qui?n era Jes?s, qu? sabemos hist?ricamente de ?l.

Es sabida la acogida que Jes?s reserva a los pecadores en el Evangelio y la oposici?n que ello le procur? por parte de los defensores de la ley, que le acusaban de ser ?un comedor y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores? (Lc 7, 34). Uno de los dichos hist?ricamente mejor atestiguados de Jes?s enuncia: ?No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores? (Mc 2, 17). Sinti?ndose por ?l acogidos y no juzgados, los pecadores le escuchaban gustosamente.

?Pero qui?nes eran los pecadores, qu? categor?a de personas era designada con este t?rmino? Alguno, en el intento de exonerar del todo a los adversarios de Jes?s, a los fariseos, sostuvo que con este t?rmino se entiende ?a los transgresores deliberados e impenitentes de la ley?, en otras palabras, a los criminales, a los fuera de la ley. Si as? fuera, los adversarios de Jes?s ten?an toda la raz?n de escandalizarse y de considerarle una persona irresponsable y socialmente peligrosa. Ser?a como si hoy un sacerdote frecuentara habitualmente a mafiosos y criminales y aceptara sus invitaciones a comer, bajo el pretexto de hablarles de Dios.

En realidad las cosas no son as?. Los fariseos ten?an una visi?n propia de la ley y de lo que es conforme o contrario a ella, y consideraban r?probos a todos los que no se conformaban con su r?gida interpretaci?n de la ley. Pecadores, en resumen, eran para ellos todos los que no segu?an sus tradiciones y dict?menes. Siguiendo la misma l?gica, ?los Esenios de Qumran consideraban injustos y transgresores de la ley a los propios fariseos! Tambi?n ocurre hoy. Ciertos grupos ultraortodoxos consideran autom?ticamente herejes a cuantos no piensan exactamente como ellos.

Un eminente estudioso escribe al respecto: ?No es verdad que Jes?s abriera las puertas del reino a criminales empedernidos e impenitentes, o negara la existencia de "pecadores". Jes?s se opuso a las empalizadas que se levantaban en el cuerpo de Israel, por las cuales algunos israelitas eran tratados como si estuvieran fuera de la alianza y excluidos de la gracia de Dios? (James Dunn).

Jes?s no niega que exista el pecado y que existan los pecadores. El hecho de llamarles ?enfermos? lo demuestra. Sobre este punto es m?s riguroso que sus adversarios. Si estos condenan el adulterio de hecho, ?l condena tambi?n el adulterio de deseo; si la ley dec?a no matar, ?l dice que no se debe siquiera odiar o insultar al hermano. A los pecadores que se acercan a ?l, les dice: ?Vete y no peques m?s?; no dice: ?Vete y sigue como antes?.

Lo que Jes?s condena es establecer por cuenta propia cu?l es la verdadera justicia y despreciar a los dem?s, neg?ndoles hasta la posibilidad de cambiar. Es significativo el modo en que Lucas introduce la par?bola del fariseo y del publicano. ?Dijo tambi?n a algunos que se ten?an por justos y despreciaban a los dem?s, esta par?bola? (Lc 18, 9). Jes?s era m?s severo hacia quienes, despectivos, condenaban a los pecadores que hacia los pecadores mismos.

Pero el hecho m?s novedoso e inaudito en la relaci?n entre Jes?s y los pecadores no es su bondad y misericordia hacia ellos. Esto se puede explicar humanamente. Existe, en su actitud, algo que no se puede explicar humanamente, esto es, sosteniendo que Jes?s fuera un hombre como los dem?s, y es el hecho de perdonar los pecados.

Jes?s dijo al paral?tico: ?Hijo, tus pecados te son perdonados?. ??Qui?n puede perdonar los pecados, m?s que Dios??, gritan espantados sus adversarios. Y Jes?s: ?Para que sep?is que el Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados, "Lev?ntate" ?dijo al paral?tico-, toma tu camilla y vete a casa?. Nadie pod?a verificar si los pecados de aquel hombre hab?an sido o no perdonados, pero todos pod?an constatar que se levantaba y caminaba. El milagro visible atestiguaba lo invisible.

Tambi?n el examen de las relaciones de Jes?s con los pecadores contribuye a dar una respuesta a la pregunta: ?Qui?n era Jes?s? ?Un hombre como los dem?s, un profeta, o algo m?s y diferente? Durante su vida terrena Jes?s no afirm? jam?s expl?citamente que fuera Dios (y hemos explicado con anterioridad tambi?n por qu?), pero actu? atribuy?ndose poderes que son exclusivos de Dios.

Volvamos ahora al Evangelio del domingo y a la par?bola del hijo pr?digo. Hay un elemento com?n que une entre s? las tres par?bolas de la oveja perdida, de la dracma perdida y del hijo pr?digo narradas una tras otra en el cap?tulo 15 de Lucas. ?Qu? dice el pastor que ha encontrado la oveja perdida y la mujer que ha encontrado su dracma? ??Alegraos conmigo!?. ?Y qu? dice Jes?s como conclusi?n de cada una de las tres par?bolas? ?Habr? m?s alegr?a en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversi?n?.

El leitmotiv de las tres par?bolas es por lo tanto la alegr?a de Dios. (Hay alegr?a ?ante los ?ngeles de Dios? es una forma hebraica de decir que hay alegr?a ?en Dios?). En nuestra par?bola, la alegr?a se desborda y se convierte en fiesta. Aquel padre no cabe en s? y no sabe qu? inventar: ordena sacar el vestido de lujo, el anillo con el sello de familia, matar el ternero cebado, y dice a todos: ?Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo m?o estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado?.

En una novela suya, Dostoiewski describe una escena que tiene todo el ambiente de una imagen real. Una mujer del pueblo tiene en brazos a su ni?o de pocas semanas, cuando ?ste ?por primera vez, dice ella- le sonr?e. Compungida, se hace el signo de la cruz y a quien le pregunta el por qu? de aquel gesto le responde: ?De igual manera que una madre es feliz cuando nota la primera sonrisa de su hijo, as? se alegra Dios cada vez que un pecador se arrodilla y le dirige una oraci?n con todo el coraz?n? ( L'Idiota , Milano 1983, p. 272). Tal vez alguno, al o?r, decida dar por fin a Dios un poco de esta alegr?a, brindarle una sonrisa antes de morir...

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 22:22  | Espiritualidad
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