Viernes, 16 de marzo de 2007
EUROPA/ESPA?A - Las Diocesanas Vascas confirman su compromiso misionero en ?frica y Am?rica Latina a pesar de las pocas vocaciones y abren nuevas posibilidades de colaboraci?n: 18 de marzo celebraci?n del d?a de las Misiones Diocesanas Vascas


Futuro de nuestras Misiones Diocesanas



Presentaci?n

El presente documento constituye el resultado final de un proceso de consulta iniciado en su d?a a partir de la reflexi?n propuesta por los obispos de las di?cesis de Bilbao, San Sebasti?n y Vitoria. Se trataba entonces de un texto abierto que inclu?a la invitaci?n a participar en su enriquecimiento. As? lo han hecho en las citadas di?cesis varios Consejos y organismos, las Procuras y Delegaciones de Misiones, misioneras y misioneros, tanto a t?tulo individual como en grupo. Tambi?n los obispos de las di?cesis con las que se mantienen convenios de cooperaci?n han sido invitados y han aportado sugerencias que se recogen en la redacci?n final.

Introducci?n

Las di?cesis de Bilbao, San Sebasti?n y Vitoria quieren actualizar su compromiso misionero, su cooperaci?n con otras Iglesias locales. Son conscientes de que en ello est? en juego su propia identidad, ya que la Iglesia "es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misi?n del Hijo y la misi?n del Esp?ritu Santo seg?n el plan de Dios Padre"(AG 2).

Esta tarea se plantea en com?n, justamente porque nuestras di?cesis mantienen conjuntamente las Misiones Diocesanas nacidas en 1948. Precisamente mediante esta reflexi?n se quiere desarrollar la propuesta surgida durante la celebraci?n del 50 aniversario de dichas Misiones, en el que se ped?a una actualizaci?n y revitalizaci?n del compromiso misionero en las Iglesias locales de Bilbao, San Sebasti?n y Vitoria.

Este prop?sito exige renovar la actividad misionera de nuestras iglesias, especialmente en lo tocante a Misiones Diocesanas. Pues aunque no es el ?nico cauce de la acci?n misionera de las di?cesis, s? constituye un modo singular de cooperaci?n misionera con otras iglesias. Durante estos casi 60 a?os no se han ahorrado esfuerzos y generosidad, llegando en ocasiones hasta la entrega de la propia vida. Tanto las misioneras y misioneros como el conjunto de las di?cesis se han visto enriquecidas. Se trata ahora de revitalizar el compromiso y la dimensi?n misionera de nuestras Iglesias locales con perspectiva de futuro pues la experiencia muestra que la misi?n no se puede plantear ni desarrollar como en tiempos pasados.

Rasgos elementales de la situaci?n

Actualmente nos encontramos ante nuevos retos evangelizadores en nuestra sociedad como respuesta a un intenso proceso de secularizaci?n y de cambio cultural. Entre sus m?ltiples consecuencias, puede destacarse alguna que afecta especialmente a la cooperaci?n misionera de nuestras di?cesis con otras iglesias: la dr?stica disminuci?n del n?mero de vocaciones orientadas a la labor pastoral y evangelizadora de la Iglesia (tanto de presb?teros, religiosas y religiosos como de laicas y laicos) con las consiguientes dificultades para el relevo generacional de misioneros. Los compromisos a medio y largo plazo resultan muy problem?ticos. Simult?neamente los laicos han evolucionado como agentes de pastoral para prestar una ayuda m?s de acuerdo con su vocaci?n peculiar tanto en la vida de las comunidades como en su acci?n misionera. La misi?n refleja a su modo la situaci?n general de nuestras Iglesias.
Las Misiones Diocesanas est?n actualmente presentes mediante convenios establecidos en una di?cesis de Angola y en dos de Ecuador (Los R?os y El Oro) a trav?s de equipos misioneros. Otras presencias como las que se dan en Rwanda o en la Rep?blica Democr?tica del Congo, pueden considerarse herencias de anteriores compromisos m?s intensos, sin pertenecer actualmente a Misiones Diocesanas en sentido estricto.

Las dificultades para cumplir los convenios de cooperaci?n misionera establecidos con di?cesis de ?frica y Am?rica han ido en aumento desde hace ya bastantes a?os. Al mismo tiempo han ido en aumento los recursos pastorales propios de aquellas Iglesias con las que cooperamos. A esta situaci?n se ha ido respondiendo mediante un proceso de adaptaci?n, que no por necesario est? resultando menos doloroso.

En este tiempo, la conciencia misionera de la Iglesia ha ido evolucionando, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II. El decreto Ad gentes (AG), la exhortaci?n apost?lica Evangelii nuntiandi (EN) y la enc?clica Redemptoris missio (RM) se?alan pasos importantes en esta evoluci?n. Esa Enc?clica, entre otras afirmaciones, destaca especialmente que:

La misi?n renueva a la Iglesia y constituye el primer servicio que ella puede prestar al mundo. La acci?n evangelizadora de la comunidad cristiana, primero en su propio territorio y luego en otras partes, como participaci?n en la misi?n universal de la Iglesia, es el signo m?s claro de madurez en la fe. La misi?n adem?s de provenir del mandato del Se?or, se deriva de la exigencia profunda de la vida de Dios en nosotros. Su cometido fundamental es "dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo?

En la acci?n misionera es necesario unir el anuncio del reino de Dios (el contenido del kerigma de Jes?s) y la proclamaci?n del evento de Jesucristo (que es el kerigma de los ap?stoles). Los dos anuncios se completan y se iluminan mutuamente. Asimismo, el anuncio del Reino no puede ser separado de la implantaci?n de la Iglesia. El Reino exige la promoci?n de los valores y bienes humanos que no puede separarse ni contraponerse al anuncio de Cristo y de su evangelio, a la fundaci?n y el desarrollo de las comunidades que actualizan entre los hombres la imagen viva del Reino.

Afirmar hoy que toda la Iglesia es misionera no excluye que haya una especifica misi?n ad gentes. Entre las diferentes actividades de la misi?n de la Iglesia, la misi?n ad gentes es propiamente aquella que se dirige a los pueblos, grupos humanos o contextos socio-culturales donde Cristo y su evangelio no son conocidos o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos. La misi?n ad gentes trata de establecer en cada lugar comunidades cristianas que sean un ?exponente de la presencia de Dios en el mundo" y hacerlas crecer hacia su madurez hasta llegar a ser Iglesias.
La responsabilidad de la misi?n ad gentes recae sobre la Iglesia universal y sobre las Iglesias particulares. Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de las dem?s e incluir la animaci?n para la cooperaci?n misionera como elemento de su pastoral ordinaria. La colaboraci?n entre las Iglesias, por medio de una reciprocidad real, es fuente de enriquecimiento para todas y abarca varios sectores de la vida eclesial, pero se manifiesta especialmente en la promoci?n de las vocaciones misioneras que son el coraz?n de la cooperaci?n.

Adem?s, las asambleas del episcopado latinoamericano en Medell?n, Puebla y Santo Domingo, as? como los S?nodos de los Obispos de ?frica, Am?rica y Europa han enriquecido notablemente los modos de entender la acci?n misionera de la Iglesia. Todas estas aportaciones han ido modificando tanto el pensamiento teol?gico como las realizaciones pr?cticas de la misi?n.

Opciones b?sicas

1 . Confirmar el compromiso misionero. Nuestras di?cesis quieren seguir siendo misioneras y, para ello, cooperar con otras Iglesias locales. Ello implica mantener los actuales convenios de cooperaci?n, renov?ndolos y actualiz?ndolos en la medida de nuestras posibilidades.

2. Mantener la coordinaci?n interdiocesana de las Misiones Diocesanas a trav?s de los obispos y de sus delegados. Hemos mantenido el compromiso unidos desde el inicio en un proyecto com?n y as? queremos seguir.

3. Atender a comunidades de especial pobreza y debilidad. Nuestra cooperaci?n misionera se realiza casi exclusivamente en relaci?n con Iglesias de pa?ses empobrecidos y quiere guiarse primeramente por el criterio del grado de necesidad de recursos pastorales y materiales.

4. Fortalecer las relaciones entre los obispos de las Iglesias que env?an y de las que acogen. A ellos corresponde fomentar y guiar la cooperaci?n entre las Iglesias, personalmente y por medio de sus delegados, manteniendo contacto con las misioneras y misioneros. Son ellos quienes aprueban los convenios de colaboraci?n, env?an, acogen y determinan el destino pastoral de los misioneros.

5. Ponerse a disposici?n de las Iglesias locales. Nuestra ayuda ha de servir para que ellas puedan responder por s? mismas a los retos de la evangelizaci?n. Son Iglesias locales a todos sus efectos, plenamente responsables de su vida y de los objetivos de su acci?n pastoral. Son ellas las que marcan las prioridades y el ritmo de su acci?n evangelizadora. Las misioneras y misioneros se integran en los planes y proyectos pastorales de la Iglesia local a la que son enviados, para promover el fortalecimiento de clero y laicado propios.

6. Abrirse a otras formas de cooperaci?n. Conviene contemplar adem?s otras iniciativas como por ejemplo, la acogida de personas para su formaci?n, la asunci?n de proyectos pastorales en nuevos lugares para un tiempo definido, o la prestaci?n de otros servicios, siempre con la aprobaci?n del obispo diocesano.


L?neas de actuaci?n

a) En relaci?n con Misiones Diocesanas

1 . Actualizar los compromisos de cooperaci?n vigentes.

2. Facultar al Delegado de Misiones para acompa?ar a las misioneras y misioneros, atender a sus necesidades humanas y espirituales, favorecer la relaci?n entre los obispos y realizar un seguimiento de los proyectos de cooperaci?n aprobados. En los equipos misioneros habr? un moderador encargado de animar su vida interna y de conducir las relaciones inmediatas con el obispo del lugar.

3. Favorecer el env?o de laicas y laicos adecuadamente preparados al servicio de proyectos pastorales definidos en cuanto a personas y plazos, determinando sus funciones y tareas en virtud de su vocaci?n laical.

4. Situar la econom?a de Misiones Diocesanas, peculiar por el origen y la finalidad de sus recursos, en el conjunto de la administraci?n diocesana.

5. Fomentar la difusi?n de la revista "Los R?os", insert?ndola en el conjunto de la pastoral de las di?cesis, como factor de intercambio y animaci?n misionera.

b) En relaci?n con otros servicios misioneros

6. Articular la Procura en la Delegaci?n Diocesana de Misiones, buscando la justa proporci?n entre el personal destinado a la organizaci?n y el enviado al servicio de otras Iglesias.

7. Posibilitar otro tipo de ayudas como becas para la formaci?n de clero y agentes de pastoral, acogida de presb?teros, financiaci?n de materiales y proyectos pastorales, apoyo a la infraestructura.

8. Coordinar en nuestras iglesias diocesanas las iniciativas de cooperaci?n misionera promovidas de modo particular por parroquias o zonas.

9. Fortalecer la relaci?n de la Delegaci?n diocesana de misiones con las comunidades de vida consagrada, especialmente con aquellas que se caracterizan por su carisma misionero.


Bilbao, San Sebasti?n y Vitoria, 24 de Enero de 2007

Ricardo Bl?zquez, Obispo de Bilbao
Juan Mar?a Uriarte, Obispo de San Sebasti?n
Miguel Asurmendi, Obispo de Vitoria
Carmelo Echenagus?a, Obispo Auxiliar de Bilbao
Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Hablan los obispos
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