Jueves, 22 de marzo de 2007


Desde la Delegaci?n Diocesana de Ense?anza de la di?cesis de Tenerife se nos ha remitido el art?culo del Arzobispo de Pamplona y Tudela deon Fernando Sebasti?n Aguilar


28 de enero de 2007
?Hasta cu?ndo, Se?or?


En los a?os pasados los alumnos cuyos padres lo quer?an as? pod?an tener dos horas de clase de religi?n a la semana. Ahora, el gobierno central las quiere reducir a una sola hora semanal. Parece que existe el deseo de que las clases de religi?n queden en el marco escolar como algo residual. Algo de muy poca importancia que se deja ah? por no quitarlo, casi como un residuo decorativo. Da pena comprobar que despu?s de 30 a?os de democracia estemos todav?a con esta discusi?n de ?religi?n, s? - religi?n, no?, cuando es un asunto que cualquier pa?s democr?tico y serio tendr?a que tener resuelto sin molestias ni malestar de nadie. Intentar? clarificar el asunto ordenando las ideas en unas cuantas proposiciones.
1?.- Los padres son los primeros responsables de la educaci?n de sus hijos. Ellos tienen obligaci?n y derecho de proporcionarles la mejor educaci?n posible seg?n sus propias convicciones y creencias. Este derecho de los padres est? recogido claramente en nuestra Constituci?n. Forma parte del pacto de convivencia entre espa?oles.
2?.- La intervenci?n del Estado en la educaci?n, sobre todo en los a?os de la educaci?n b?sica, entra de manera subsidiaria, y debe ser concebida como servicio y ayuda a la familia, por lo cual tiene que responder escrupulosamente al deseo de los padres y a las caracter?sticas culturales y espirituales de la poblaci?n. Aunque el Estado no sea confesional, muchos ciudadanos s? lo son. La no confesionalidad de un Estado democr?tico, consiste precisamente en respetar los deseos confesionales de los padres.
3?.- Si en nuestra sociedad hay una clara diferenciaci?n entre cat?licos y no cat?licos, lo justo es que la actuaci?n de las instituciones p?blicas respeten esta variedad y el sistema educativo atienda por igual los deseos de un grupo y de otro, sin agravios, sin colisiones, sin presiones de ninguna clase. Ni los cat?licos pueden imponer sus ideas a los laicistas, ni ?stos deber?an querer imponer las suyas a los cat?licos. ?No es hora ya de que podamos contar con una ense?anza p?blica que responda equitativamente a las caracter?sticas y a los deseos de la sociedad real en este campo tan sensible y tan importante de la educaci?n? El sistema educativo tiene que estar al servicio de la sociedad tal como es y no al servicio de ning?n partido, de ninguna ideolog?a, ni de ning?n proyecto de reeducaci?n social hecho autoritariamente desde el poder.

En este marco democr?tico, los cat?licos reclamamos un sistema educativo que respete nuestro derecho a una educaci?n para los hijos de las familias cat?licas que sea congruente con la visi?n cat?lica de la vida que ellos quieren transmitirles. Colegio y familia tienen que colaborar en un proyecto educativo com?n, sin contradicciones ni disfunciones. El estudio riguroso y cient?fico de los contenidos de la fe cat?lica en las edades de la ense?anza b?sica es fundamental para que los ni?os y j?venes cat?licos adquieran una visi?n del mundo unitaria, en la que las afirmaciones de la fe y las afirmaciones de las ciencias alcancen una relaci?n armoniosa. Sin esta armon?a interior no puede haber una buena educaci?n. En el orden pr?ctico pueden surgir dificultades para hacer compatibles los deseos de unos y otros. Busquemos entre todos soluciones equitativas y razonables. Pero no tratemos de imponer las propias ideas o de eliminar los justos deseos de los dem?s, como si fueran agresiones contra nuestras propias ideas. Los padres que no quieran para sus hijos una educaci?n religiosa pueden estar tranquilos. Nosotros no se la vamos a imponer por la fuerza. Pero que nos dejen a los dem?s educar a los nuestros como a nosotros nos parece mejor. ?A qui?n ofendemos con ello?
Los planteamientos que hacen algunos cat?licos de izquierdas, aparentemente muy puros y muy evang?licos, esconden un cierto anacronismo y una visi?n un poco confusa de las cosas. En un Estado democr?tico y no confesional las relaciones con los temas religiosos no se configuran primariamente como relaciones del Estado con la Iglesia, sino como la actuaci?n de las instituciones pol?ticas ante el derecho de los ciudadanos a practicar la religi?n seg?n su propia conciencia. Nuestra Constituci?n enumera la libertad religiosa como uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos cuyo ejercicio tiene que proteger y favorecer el Estado. La no confesionalidad no puede consistir en el desconocimiento de la dimensi?n religiosa de los ciudadanos por parte del Estado. Esa manera de entender las cosas lleva f?cilmente a una cierta violencia espiritual y cultural. El Estado tiene que tener en cuenta de forma positiva las creencias religiosas de los ciudadanos y por eso mismo debe tambi?n mantener relaciones de colaboraci?n con las asociaciones de naturaleza religiosa en las que los ciudadanos desarrollan y practican sus opciones religiosas. Por supuesto, tratando a todos de manera equitativa y proporcional, sin privilegios, por supuesto, pero tambi?n sin igualamientos artificiales y desproporcionados. Es la libertad de los ciudadanos y no los proyectos de los partidos o de los gobiernos quienes deciden qu? importancia tiene en la vida social la religi?n en general y cada una de las diferentes religiones o confesiones.
Todo esto est? muy bien explicado en los textos del Vaticano II cuando se estudian en conjunto: ?El poder civil debe asumir con eficacia, mediante leyes justas y otros medios adecuados, la tutela de la libertad religiosa de todos los ciudadanos y crear condiciones favorables para fomentar la vida religiosa, para que los ciudadanos puedan realmente ejercer los derechos y cumplir las obligaciones de su religi?n y la sociedad misma goce de los bienes de la justicia y de la paz que brotan de la fidelidad de los hombres hacia Dios y hacia su santa voluntad? (Vaticano II, Decreto sobre libertad religiosa, n. 6).
Por otra parte, no es f?cil de comprender el rechazo que algunos grupos manifiestan contra la religi?n cat?lica. Aparte de que nosotros la vivamos mejor o peor, si examinan lo que queremos ense?ar a nuestros j?venes como doctrina cristiana y cat?lica, ver?n que todo es positivo y muy beneficioso para la convivencia. Creer en Dios y cumplir sinceramente sus mandamientos ayuda a ser personas libres y responsables, bien dispuestas para luchar contra la injusticia y crear un mundo de relaciones fundadas en la verdad, la justicia y el amor verdadero y efectivo. ?Acaso esto no es tambi?n educar para la convivencia? Es muy importante que todo esto se vea en sus implicaciones civiles, democr?ticas y pol?ticas. No es un tema de sacrist?a, sino de ordenamiento democr?tico de la sociedad, una cuesti?n de toda pol?tica que quiera estar de verdad al servicio de las personas y de la sociedad real. Por eso est? muy bien que los partidos nos digan a tiempo qu? piensan hacer con las clases de religi?n, sin eufemismos ni ambig?edades. Para que los ciudadanos cat?licos sepamos a qu? atenernos. Est?n en juego cosas muy importantes.

+ Fernando Sebasti?n Aguilar,
Arzopispo de Pamplona y Obispo de Tudela
Publicado por verdenaranja @ 22:00  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios