S?bado, 24 de marzo de 2007


Art?culo publicado en la revista "Iglesia Nivariense" MARZO 2007.

El misterio de la Semana Grande


Carmelo P?rez


Pocas cosas pueden sorprendernos ya. Acostumbrados como estamos a que los medios de comunicaci?n trastornen a diario nuestros horizontes con el m?s dificil todav?a, pocas oportunidades damos ya en nuestra vida a que nuestra innata capacidad de asombro nos haga estremecer por algo.
En las rebajas de la esquina hemos comprado una especie de sill?n del espectador impenitente, un observatorio hecho a medida desde el que oteamos el paisaje humano que nos circunda sin la m?s m?nima intenci?n de saltar al ruedo y participar realmente de la vida.

"A m? ya no me asusta nada", acostumbramos a decir para explicarlo. Y con semejante sentencia, que algunos llaman
adaptaci?n, nos condenamos a vivir en la tibieza, que es peor que el fr?o extremo o el calor abrupto. La tibieza es el alimento de los mediocres.

Sin embargo, este a?o, una vez m?s, la Iglesia volver? a intentarlo. No ser? f?cil, nunca lo ha sido, remover las costras de la rutina. Pero merece la pena apostar de nuevo. Todo sea porque alcancemos a experimentar personalmente el hondo misterio de nuestra fe.

Misterio es, probablemente, la m?s hermosa palabra del vocabulario de un creyente. No apunta ni a lo esot?rico ni a las tinieblas. Es, por el contrario, una confesi?n de fe. Nos remite a las entra?as de lo que somos y a la explicaci?n de lo que ocurre.

No es otra cosa, sino un misterio, nuestra vida. Bajo la tr?mula apariencia que nos envuelve, acariciamos a poco que lo intentemos una realidad que nos supera, que no depende de nosotros y sin embargo es nuestra. Como un ni?c busca el pecho de su madre, con Ir misma intensidad con que buscamos ser queridos... a?oramos las entra?as de quien nos llam? a la vida y nos sostiene en ella.

Y ese objeto de nuestro deseo, Dios mismo, es tambi?n un misterio. Porque sin necesitarnos ha decidido que seamos imprescindibles en su proyecto. Dios ha elegido no estar completo, si es que puede hablarse as?, hasta que cada une de nosotros se sienta invitado a sosteneu su mirada.

La Semana Grande de nuestra fe nos espera con los brazos abiertos, deseosa de acoger nuestros cansancios y mudarlos en esperanza. Un trueque conveniente en el que nos va la vida. Dej?monos sorprender, este a?o s?, abraz?ndonos al Misterio.
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