S?bado, 24 de marzo de 2007


Con la presencia de m?s de tres mil participantes se est? desarrollando el I Congreso Nacional Pro Vida y Familia en Guayaquil (Ecuador). En el primer d?a del Congreso, jueves 22 de marzo, el Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo Primado de Lima (Per?), present? una ponencia titulada ?La Vida Humana es Sagrada?.

I CONGRESO PRO VIDA Y FAMILIA. ECUADOR 2007


LA VIDA HUMANA ES SAGRADA


?El evangelio de la vida est? en el centro del mensaje de Jes?s. Acogido con amor cada d?a por la Iglesia, es anunciado con intr?pida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las ?pocas y culturas? (Evangelium vitae, n. 1).


I. Urgencia de la pastoral familiar en la situaci?n actual

No me averg?enzo del Evangelio, que es poder de Dios para la salvaci?n de todo el que cree? . As? se expresa el Ap?stol de las gentes al comprobar la incomprensi?n con la que se recib?an sus palabras en un mundo alejado del mensaje de Dios. Los obispos nos vemos en la necesidad de repetir con firmeza esta afirmaci?n de San Pablo al plantearnos en la actualidad la misi?n de anunciar a todos el Evangelio sobre el matrimonio y la familia. Se requiere la valent?a propia de la vocaci?n apost?lica para anunciar una verdad del hombre que muchos no quieren escuchar. Es necesario vencer la dificultad de un temor al rechazo para responder con una convicci?n profunda a los que se erigen a s? mismos como los ?poderosos? de un mundo al cual quieren dirigir seg?n su propia voluntad e intereses. El amor a los hombres nos impele a acercarles a Jesucristo, el ?nico Salvador.

Se trata de vivir el arrojo de no adaptarse a unas convenciones externas de lo que se viene a llamar ?pol?ticamente correcto?; de que todo cristiano sea capaz de poder hablar como un ciudadano libre al que todos deben escuchar con respeto. S?lo as?, en este ?mbito espec?fico de la relaci?n hombre-mujer, podremos ?dar raz?n de nuestra esperanza a todo el que nos la pidiere? . Esto supone vivir con radicalidad la libertad profunda de los hijos de Dios , buscar la verdad m?s all? de las redes que tienden los sofistas de cada ?poca que se adaptan exclusivamente al aplauso social.

El Ap?stol siente en su propia carne la fuerza de la acusaci?n de ?necedad? con la que la cultura de su ?poca calificaba su mensaje , pero gusta en cambio la ?fuerza de Dios? contenida en su predicaci?n . Vive as? en toda su intensidad la contradicci?n entre la Palabra de Dios y cierta sabidur?a de su tiempo, y atribuye con certeza el motivo de tal desencuentro a un radical ?desconocimiento de Dios? propio de un mundo pagano que ignora lo m?s fundamental de la vida y el destino de los hombres. Con una aguda comprensi?n de la interioridad humana, San Pablo no describe esta ignorancia como un problema meramente intelectual, sino ante todo como una aut?ntica herida en el centro del hombre, como ?un oscurecimiento del coraz?n? . El hombre, cuando se separa de Dios, se desconoce a s? mismo .

El Ap?stol responde as? con la luz del Evangelio ante un ambiente cultural que ignora la verdad de Dios y que, en consecuencia, busca justificar las obras que proceden de sus desviados deseos. Con ello advierte tambi?n a las comunidades cristianas para que no sucumban a las seducciones de un estilo de vida que les apartar?a de la vocaci?n a la que han sido llamados por Dios . Es una constante en sus escritos, donde exhorta a los cristianos a no dejarse enga?ar ante determinadas fascinaciones ofrecidas con todo su atractivo por una cultura pagana dominante .

Todo ello lo realiza desde la visi?n profunda del ?poder de Dios? que es ?salvaci?n para los que creen?; desde un plan de salvaci?n que obra en este mundo y que cambia la vida de las personas y que alcanza de distinto modo a todos los hombres cuando se acepta en la ?obediencia de la fe? .

La Iglesia en Am?rica Latina ha de saber vivir esa realidad en nuestros d?as, en el momento en el que el anuncio del Evangelio sufre un formidable desaf?o por parte de la cultura dominante. Una cultura surgida de un planteamiento que ignora el valor trascendente de la persona humana y exalta una libertad falsa y sin l?mites que se vuelve siempre contra el hombre.

Se trata de una sociedad -parad?jicamente en los pa?ses m?s desarrollados- que se declara a s? misma como postcristiana, y que va adquiriendo progresivamente unas caracter?sticas del todo paganas. Esto es, una sociedad en la que la sola menci?n al cristianismo se valora negativamente como algo sin vigencia que recordar?a tiempos felizmente superados.

El problema de fondo es, una vez m?s, el olvido de un Dios ?nico en una cultura en la que la simple referencia a lo divino deja de ser un elemento significativo para la vida cotidiana de los hombres y queda simplemente como una posibilidad dejada a la opci?n subjetiva de cada hombre. Esto construye una convivencia social privada de valores trascendentes y que, por consiguiente, reduce su horizonte a la mera distribuci?n de los bienes materiales, dentro de un sistema de relaciones cerrado al misterio y a las preguntas ?ltimas. En este sentido, el Magisterio de la Iglesia ha manifestado repetidas veces los peligros que emanan de este modo de ordenar la sociedad que, tras un relativismo en lo moral, esconde el totalitarismo de determinadas ideolog?as propugnado por aquellos que dominan los poderes f?cticos .

Al respecto, recuerdo las palabras pronunciadas en la Bas?lica de San Pedro en la homil?a de la Misa Pro Eligendo Pontifice, por el entonces Cardenal Decano del Colegio Cardenalicio, Joseph Ratzinger: ?una fe ?adulta? no es la que ?sigue las olas de la moda? sino la que est? ?profundamente radicada en la amistad de Cristo?, ?tener una fe clara, seg?n el Credo de la Iglesia, viene constantemente etiquetado como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir el dejarse llevar ?de aqu? hacia all? por cualquier tipo de doctrina?, aparece como la ?nica aproximaci?n a la altura de los tiempos modernos. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como ?ltima medida solo el propio yo y sus ganas? .

El Cardenal hizo esta reflexi?n tras constatar las olas de las corrientes ideolog?as y modos de pensar de las ?ltimas d?cadas por las que ?la peque?a barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido no raramente agitada? e, incluso, ?botada de un extremo al otro?. ?Del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ate?smo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo y as? en adelante. Cada d?a nacen nuevas sectas y se realiza cuanto dice San Pablo sobre el enga?o de los hombres, sobre la astucia que tiende a arrastrar hacia el error? .

Por eso, las realidades humanas m?s elementales que est?n vinculadas a la conformaci?n de una vida y al sentido de la misma quedan en muchos casos vac?as de contenido. As? se aboca al hombre al nihilismo y la desesperanza ante el futuro que se extienden como fantasmas en todos los ambientes de la sociedad. Son un aut?ntico c?ncer que ?aun antes de estar en contraste con las exigencias y los contenidos de la palabra de Dios, niega la humanidad del hombre y su misma identidad? .

Ante esta situaci?n contradictoria hay que afirmar con Juan Pablo II que: ?la Iglesia?, en todos sus estamentos, ha de proponer con fidelidad la verdad sobre el matrimonio y la familia? . No pocas veces ante el desaf?o implacable de la cultura dominante en lo referente a este tema vital, muchos cristianos, incluso algunos Pastores, s?lo han sabido responder con el silencio, o incluso han promovido ilusamente una adaptaci?n a las costumbres y valores culturales vigentes sin un adecuado discernimiento de lo genuinamente humano y cristiano. En la actualidad, tras la calidad y cantidad de doctrina actualizada en este tema y la llamada imperiosa a la evangelizaci?n de las familias, tal silencio o desorientaci?n no puede sino calificarse como culpable .

II. Alzar la voz para desenmascarar la situaci?n actual

La Iglesia, cuya misi?n comienza con el anuncio ?ntegro del Evangelio, tiene como fin hacer vida aquello que anuncia. No s?lo debe saber presentar de un modo cre?ble y cercano el tesoro de gracia que ha recibido, sino custodiar su crecimiento como el testimonio m?s verdadero de la presencia de Dios en este mundo. El Evangelio del matrimonio y la familia no tiene como t?rmino su predicaci?n, se dirige necesariamente a fomentar la vida en Cristo de los matrimonios y las familias que conforman la Iglesia de Cristo. Es en ellas donde la Comunidad eclesial se comprende a s? misma como la gran familia de los hijos de Dios.

Por esta misi?n divina recibida de Cristo, la Iglesia en Am?rica Latina se plantea su propia responsabilidad ante todos los matrimonios y familias de nuestros pa?ses. Esto supone, en primer lugar, ser consciente de las dificultades y preocupaciones que les asaltan, as? como las presiones y mensajes falsos, o al menos ambiguos, que reciben. Por eso mismo, es necesario alzar la voz para desenmascarar determinadas interpretaciones que pretenden marginar la verdad del Evangelio al presentarla como culturalmente superada o inadecuada para los problemas de nuestra ?poca y que proponen a su vez una pretendida liberaci?n que vac?a de sentido la sexualidad.


III. El valor sagrado de la vida humana

En continuidad con las ense?anzas de los Romanos Pont?fices, nosotros, los Obispos pastores del ?Pueblo de la Vida?, damos gracias a Dios Padre por el don de la vida. En la plenitud de los tiempos nos envi? a su Hijo nacido de la Virgen Mar?a, para que los hombres tengamos vida en abundancia; una ?vida nueva y eterna, que consiste en la comuni?n con el Padre, a la que todo hombre est? llamado gratuitamente en el Hijo por obra del Esp?ritu Santificador? .

??He querido un var?n por el favor de Dios?! . Es la exclamaci?n de la primera madre al comprobar la nueva vida como un don de Dios, que conf?a al hijo en sus manos. En esta experiencia de la transmisi?n de la vida se ilumina el hecho fundamental de la existencia: se percibe una relaci?n espec?fica con Dios y el valor sagrado de la vida humana . ?El origen del hombre no se debe s?lo a las leyes de la biolog?a, sino directamente a la voluntad creadora de Dios? . Es el comienzo de la vocaci?n al amor que nace del amor de Dios, y es ?la mayor de las bendiciones divinas? . Por ello, el hijo s?lo debe ser recibido como don. ?nicamente de esa manera se le da el trato que le es debido como persona, m?s all? del deseo subjetivo, al recibirlo gratuita y desinteresadamente. S?lo el acto conyugal es el lugar adecuado para la transmisi?n de la vida, acorde con la dignidad del hijo, don y fruto del amor.

Los que creen en su nombre ?no han nacido ni de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios? . Aqu? est? la revelaci?n ?ltima del valor de la vida humana como la participaci?n de la vida divina en Jesucristo, por obra del Esp?ritu Santo . El hijo no es s?lo un don para los padres, sino que es un modo nuevo de recibir al mismo Cristo en la familia. S?lo esta visi?n permite comprender de modo completo la acci?n del Dios ?vivificante? en la familia.

Universalmente, todas las culturas han reconocido el valor y la dignidad de la vida humana. El precepto de ?no matar?s?, que custodia el don de la vida humana, es una norma que toda cultura sana ha reconocido como principio fundamental. El derecho a la vida y el respeto a la dignidad de la persona son valores que la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos propone como fundamento para la convivencia.

Este reconocimiento universal encuentra su plena confirmaci?n en la revelaci?n del Evangelio de la vida con el misterio de Cristo. La vida humana, don precioso de Dios, es sagrada e inviolable. ?La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta la acci?n creadora de Dios y permanece siempre en una especial relaci?n con el Creador, su ?nico fin. S?lo Dios es Se?or de la vida desde su comienzo hasta su t?rmino. Nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente? . Por ello todo atentado contra la vida del hombre es tambi?n un atentado contra la raz?n, contra la justicia y constituye una grave ofensa a Dios.

Al respecto el Papa Benedicto XVI pide ?que crezca el respeto al car?cter sagrado de la vida? y que ?aumente el n?mero de quienes contribuyen a realizar en el mundo la civilizaci?n del amor?. Y tambi?n invita a los fieles a mantener ?un esfuerzo constante en favor de la vida y la instituci?n familiar para que nuestras comunidades sean un lugar de encuentro y esperanza donde se renueve, a pesar de tantas dificultades, un gran ?s? al amor aut?ntico y a la realidad del hombre y la familia seg?n el proyecto originario de Dios? .

?Jes?s dijo: no matar?s, no cometer?s adulterio, no robar?s...? . Precisamente ?ste es el primer precepto del Dec?logo que Jes?s recuerda al Joven que pregunta qu? mandamientos debe observar.

El mandamiento de Dios no esta nunca separado de su amor; es siempre un don para el crecimiento y la alegr?a del hombre. Como tal, constituye un aspecto esencial y un elemento irrenunciable del Evangelio, m?s a?n, es presentado como ?evangelio?, esto es, buena y gozosa noticia. Tambi?n el Evangelio de la vida es un gran don de Dios y, al mismo tiempo, una tarea que compromete al hombre.

Suscita asombro y gratitud en la persona libre, y requiere ser aceptado, observado y estimado con gran responsabilidad: al darle la vida, Dios exige al hombre que la ame, la respete y la promueva. De este modo, el don se hace mandamiento, y el mandamiento mismo es un don .

Como sucede con las cosas, y m?s a?n con la vida, el hombre no es due?o absoluto y ?rbitro incensurable, sino -y aqu? radica su grandeza sin par- que es ?administrador del plan establecido por el Creador? .

La vida se conf?a al hombre como un tesoro que no se debe malgastar, como un talento a negociar. El hombre debe rendir cuentas de ella a su Se?or .

?La vida humana es sagrada e inviolable? . Con estas palabras la Instrucci?n Donum vitae expone el contenido central de la revelaci?n de Dios sobre el car?cter sagrado e inviolable de la vida humana. En la misma l?nea el Papa Benedicto XVI, en continuidad con las ense?anzas de sus antecesores, reitera que la "inviolabilidad de la vida humana", que es "sagrada en todas las fases", y auspicia que los progresos de la ciencia respeten el valor de la vida .

En efecto la Sagrada Escritura impone al hombre el precepto ?no matar?s? como mandamiento divino . Este precepto -como ya se ha indicado- se encuentra en el Dec?logo, en el n?cleo de la Alianza que el Se?or establece con el pueblo elegido; pero estaba ya incluido en la alianza originaria de Dios con la humanidad despu?s del castigo purificador del diluvio, provocado por la propagaci?n del pecado y de la violencia .

Dios se proclama Se?or absoluto de la vida del hombre, creado a su imagen y semejanza . Por tanto, la vida humana tiene un car?cter sagrado e inviolable, en el que se refleja la inviolabilidad misma del Creador.

Precisamente por esto, Dios se hace juez severo de toda violaci?n del mandamiento ?no matar?s?, que est? en la base de la convivencia social. Dios es el defensor del inocente . Tambi?n de este modo, Dios demuestra que ?no se recrea en la destrucci?n de los vivientes? . S?lo Satan?s puede gozar con ella: por su envidia la muerte entr? en el mundo . Satan?s, que es ?homicida desde el principio?, y tambi?n ?mentiroso y padre de la mentira? , enga?ando al hombre, lo conduce a los confines del pecado y de la muerte, presentados como logros o frutos de vida.

Desde sus inicios, la Tradici?n viva de la Iglesia -como atestigua la Didach?, el m?s antiguo escrito no b?blico- repite de forma categ?rica el mandamiento ?no matar?s al hijo en el seno de su madre, ni quitar?s la vida al reci?n nacido? mas el camino de la muerte es ?ste?que no se compadecen del pobre, no sufren por el atribulado, no conocen a su Creador, matadores de sus hijos, corruptores de la imagen de Dios; los que rechazan al necesitado, oprimen al atribulado, abogados de los ricos, jueces injustos de los pobres, pecadores en todo. ?Ojal? os ve?is libres, hijos, de todos estos pecados!? .

A lo largo del tiempo, la Tradici?n de la Iglesia siempre ha ense?ado un?nimemente el valor absoluto y permanente del mandamiento ?no matar?s?. Es sabido que en los primeros siglos el homicidio se consideraba entre los tres pecados m?s graves -junto con la apostas?a y el adulterio- y se exig?a una penitencia p?blica particularmente dura y larga antes que el homicida arrepentido se le concediese el perd?n y la readmisi?n en la comunidad eclesial .

No debe sorprendernos: matar un ser humano, en el que est? presente la imagen de Dios, es un pecado particularmente grave. ?S?lo Dios es due?o de la vida! Desde siempre, sin embargo, ante las m?ltiples y a menudo dram?ticas situaciones que la vida individual y social presenta, la reflexi?n de los creyentes ha tratado de conocer de forma m?s completa y profunda lo que proh?be y prescribe el mandamiento de Dios .

IV. La paternidad responsable: los padres, cooperadores del amor de Dios Creador

Mediante la transmisi?n de la vida, los esposos realizan la bendici?n original del Creador y transmiten la imagen divina de persona a persona, a lo largo de la historia . En consecuencia, son responsables ante Dios de esta tarea, que no es una misi?n que quede en esta tierra sino que apunta m?s all? . De ah? deriva la grandeza y la dignidad, y tambi?n la responsabilidad de la paternidad y maternidad humanas.

Dado que el amor de los esposos es una participaci?n en el misterio de la vida y del amor de Dios, la Iglesia sabe que ha recibido la misi?n de custodiar y proteger la dignidad del matrimonio y su grav?sima responsabilidad en la transmisi?n de la vida humana.

As? nos lo recuerda Juan Pablo II en la Exhort. Apost. Familiaris consortio y en la Carta a las Familias: ?este Sagrado S?nodo de Obispos, reunido en la unidad de la fe con el sucesor de Pedro, mantiene firmemente lo propuesto en el Concilio Vaticano II (Gaudium et spes) y despu?s en la Enc?clica Humanae vitae, que el amor conyugal debe ser plenamente humano, exclusivo y abierto a una nueva vida . Y ?ltimamente se pronunci? al respecto el Papa Benedicto XVI en el V Encuentro Mundial de las familias celebrado en julio del 2005 en Valencia-Espa?a.

?La uni?n ?en una sola carne? es una uni?n din?mica, no cerrada en s? misma, ya que se prolonga en la fecundidad. La uni?n de los esposos y la transmisi?n de la vida implican una sola realidad en el dinamismo del amor, no dos, y por ello no son separables, como si se pudiera elegir una u otra sin que el significado humano del amor conyugal quedase alterado? .

De esta uni?n los esposos son int?rpretes, no ?rbitros , pues es una verdad propia del significado de la sexualidad, anterior, por tanto, a la elecci?n humana. Para el adecuado conocimiento de esto no basta una mera informaci?n de la doctrina de la Iglesia, sino una autentica formaci?n moral, afectiva y sexual que incluya el dominio de s? por la virtud de la castidad . Por esta virtud, la persona es capaz de captar el significado pleno de su entrega corporal abierta a una fecundidad.

Por eso, a la luz de la validez de la verdad de la inseparabilidad de los significados unitivo y procreador de todo acto conyugal , los esposos han de saber discernir en una decisi?n ponderada, conjunta y ante Dios, la conveniencia del nacimiento de un nuevo hijo o, por graves motivos, la de espaciar tal nacimiento mediante la abstinencia en los per?odos gen?sicos . Esta tarea es lo que se denomina paternidad responsable, que conlleva el conocimiento, la admiraci?n y el respeto de la fertilidad combinada de hombre y mujer como obra del Creador. Tal decisi?n debe estar siempre iluminada por la fe y con una conciencia rectamente formada. Se ha de cuidar con delicadeza los casos en que existan criterios dispares dentro del matrimonio y una de las partes sufra la imposici?n de la otra .

Dada la extensi?n de una mentalidad anticonceptiva que llena de temor a los esposos, cerr?ndoles a la acogida de los hijos, no puede faltarles el ?nimo y el apoyo de la comunidad eclesial. Es m?s, debe ser un contenido siempre presente en los cursos prematrimoniales, en donde se les debe alertar tambi?n los efectos secundarios de los m?todos anticonceptivos y los efectos abortivos de algunos de ellos. En los casos en que se requiera, se ha de informar a los esposos del uso terap?utico de algunos f?rmacos con efectos anticonceptivos, e igualmente alertar sobre la extensi?n indiscriminada en la pr?ctica m?dica de la esterilizaci?n. Se ha de formar al profesional de la salud en su tarea de servicio a la familia y no de imposici?n de criterios de efectividad, incluso con el recurso de amedrentar a las familias ante la fertilidad. Debe quedar claro que en ning?n caso se puede considerar la concepci?n de un ni?o como si fuese una especie de enfermedad. La vivencia de la paternidad responsable en el matrimonio cristiano ha de estar imbuida de confianza en Dios providente.

V. La preparaci?n al matrimonio

Las graves dificultades de la mentalidad actual tan extendida nos manifiesta la gran necesidad de preparar a las personas para afrontar, con la gracia de Dios y la disposici?n propia, esta tarea peculiar que han de vivir en la Iglesia . Las carencias de las personas al acceder al matrimonio son tambi?n manifestaci?n de una inadecuada preparaci?n por parte de la acci?n pastoral de la Iglesia, que no ha llegado a responder a las exigencias propias de su misi?n. Por todo ello, la pastoral de preparaci?n al matrimonio es, en la actualidad, m?s urgente y necesaria que nunca .

La primera y fundamental pastoral familiar es la que realizan las propias familias, pues, en su seno, el ser humano se va desarrollando y se hace capaz de intervenir en la sociedad. Su gran contribuci?n de la familia la Iglesia y a la sociedad es la formaci?n y madurez de las personas que la componen. En este sentido, la familia es la primera y principal protagonista de la pastoral familiar, el sujeto indispensable e insustituible de esa pastoral. Por eso, la pastoral familiar que se realice desde la comunidad cristiana, consciente de este hecho, debe adaptarse a ?los procesos de vida? propios de la familia, en orden a su integraci?n en la iglesia local y en la sociedad.

A la familia, en consecuencia, corresponde realizar un cometido propio, original e insustituible en el desarrollo de la sociedad. En la familia nace y a la familia est? confiado el crecimiento de cada ser humano. La familia es el lugar natural primero en el que la persona es afirmada como persona, querida por s? misma y de manera gratuita. En la familia, por la serie de relaciones interpersonales que la configuran, la persona es valorada en su irrepetibilidad y singularidad. Es en la familia donde encuentran respuesta algunos de las deformaciones culturales de nuestra sociedad, como el individualismo, el utilitarismo, el hedonismo, laicismo, equidad de g?nero, derechos reproductivos, etc. Tan importante es esta tarea que se puede concluir que la sociedad ser? lo que sea la familia; y que el resto de las pastorales de la Iglesia tendr?n muy escasos frutos en la tarea de evangelizar nuestra sociedad, si no cuentan con la pastoral familiar.

Las ayudas que se deben prestar a las familias son m?ltiples e importantes desde los ?mbitos m?s variados: psicol?gico, m?dico, jur?dico, moral, econ?mico, etc. Para una acci?n eficaz en este campo se ha de contar con servicios espec?ficos entre los cuales se destacan: Centros de Orientaci?n Familiar, los Centros de formaci?n en los m?todos naturales de conocimiento de la fertilidad, los Institutos de ciencias y estudios sobre el matrimonio y la familia, y de bio?tica, etc.

Con esta finalidad se promover? -principalmente en el ?mbito diocesano- la creaci?n de estos organismos que, con la competencia necesaria y una clara inspiraci?n cristiana, est?n en disposici?n de ayudar con su asesoramiento para la prevenci?n y soluci?n de los problemas planteados en la pastoral familiar.

Se denomina Centros de Orientaci?n Familiar a un servicio especializado de atenci?n integral a los problemas familiares en todas sus dimensiones. Para poder denominarse cat?lico debe inspirarse y ejercer su actividad desde la antropolog?a cristiana y la fidelidad al Magisterio y ser reconocido as? por el Obispo de la di?cesis. Es un instrumento de suma importancia para la ayuda efectiva a las familias en sus problemas y por ello se recomienda muy especialmente su existencia .

La familia es el lugar preferente en el que se recibe y promueve la vida seg?n el proyecto de Dios. La comunidad cristiana debe prestar su colaboraci?n a la familia mediante estructuras y servicios dirigidos directamente a la acogida, defensa, promoci?n y cuidado de la vida humana . En particular es necesario que existan Centros de ayuda a la vida y Casas o Centros de acogida a la vida. Nacidos directamente de la comunidad cristiana o de otras iniciativas, han de reunir las condiciones para ayudar a las j?venes y a las parejas en dificultad, ofreciendo no solo razones y convicciones, sino tambi?n una asistencia y apoyo concreto y efectivo para superar las dificultades de la acogida de una vida naciente o reci?n nacida.

Al final de este recorrido, en el que hemos analizado la situaci?n actual en la que viven nuestras familias, el valor sagrado de la vida humana y, con renovada esperanza, hemos propuesto un itinerario pastoral para acompa?arlas, como pastor de la Iglesia, hacemos nuestra la exhortaci?n del Papa Juan Pablo II:

??El futuro de la humanidad se fragua en la familia! Por consiguiente es indispensable y urgente que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores y exigencias de la familia, en primer lugar de la vida.

Muchas gracias.


Cardenal Juan Luis Cipriani, Per?
Publicado por verdenaranja @ 1:11
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