S?bado, 24 de marzo de 2007


ZENIT publica el discurso que dirigi? Benedicto XVI el jueves 22 de Marzo de 2007, al recibir en audiencia a los participantes en la sesi?n plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.


Se?or cardenal,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:

Con alegr?a os doy la bienvenida con motivo de la sesi?n plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. Dirijo mi cordial saludo a cada uno de vosotros, que ven?s de diferentes partes del mundo, como v?lidas expresiones del compromiso de las Iglesias particulares, de los institutos de vida consagrada y de las numerosas obras de la comunidad cristiana en el campo sanitario. Doy las gracias al cardenal Javier Lozano Barrag?n, presidente del dicasterio, por las corteses palabras con las que se ha hecho int?rprete de los sentimientos comunes, ilustr?ndome los objetivos que por el momento son objeto de vuestro trabajo. Saludo con reconocimiento al secretario, al subsecretario, a los oficiales y consultores presentes, y a los dem?s colaboradores.

Vuestra reuni?n no se propone profundizar en un tema espec?fico, sino m?s bien verificar el estado de aplicaci?n del programa que hab?is establecido precedentemente y determinar consecuentemente los objetivos futuros.

Por ello, mi encuentro con vosotros en una circunstancia como ?sta me da la alegr?a de hacer que cada uno de vosotros sienta la concreta cercan?a del sucesor de Pedro, y a trav?s suyo, de todo el colegio episcopal en vuestro servicio eclesial. La pastoral de la salud es un ?mbito evang?lico por excelencia que recuerda la obra de Jes?s, buen samaritano de la humanidad. Cuando pasaba por los pueblos de Palestina anunciando la buena nueva del Reino de Dios, acompa?aba siempre la predicaci?n con los signos que cumpl?a sobre los enfermos, curando a todos los que eran prisioneros de todo tipo de enfermedades y dolencias

La salud del ser humano, de todo el ser humano, fue el signo que Cristo eligi? para manifestar la cercan?a de Dios, su amor misericordioso que cura el esp?ritu, el alma y el cuerpo. Queridos amigos, que ?ste siempre sea el punto de referencia fundamental de todas vuestras iniciativas: el seguimiento de Cristo, a quien los Evangelios nos presentan como ?m?dico divino?.

Esta es la perspectiva b?blica que da valor al principio ?tico natural del deber de la atenci?n al enfermo, en virtud del cual toda existencia humana debe ser defendida seg?n las particulares dificultades en que se encuentra y seg?n nuestras posibilidades concretas de ayuda. Socorrer al ser humano es un deber tanto en respuesta a un derecho fundamental de la persona como porque el tratamiento de los individuos redunda en beneficio de la colectividad.

La ciencia m?dica progresa cuando acepta replantearse siempre tanto el diagn?stico como los m?todos de tratamiento, presuponiendo que los datos anteriores y los presuntos l?mites puedan superarse.

De hecho, la estima y la confianza del personal sanitario son proporcionales a la certeza de que estos defensores por profesi?n de la vida no despreciar?n jam?s una existencia humana, aunque sea minusv?lida, y sabr?n alentar siempre todo intento de curaci?n.

El compromiso por ofrecer tratamientos debe extenderse, por tanto, a todos los seres humanos, con el objetivo de cubrir toda su existencia. El concepto moderno de atenci?n sanitaria es, de hecho, la promoci?n humana: va desde el cuidado del enfermo a los tratamientos preventivos, incluyendo la b?squeda del mayor desarrollo humano, favoreciendo un adecuado ambiente familiar y social.

Esta perspectiva ?tica, basada en la dignidad de la persona y en sus derechos y deberes fundamentales ligados a ella, se confirma y potencia con el mandamiento del amor, centro del mensaje cristiano.

Los agentes sanitarios cristianos, por tanto, saben bien que se da un lazo ?ntimo e indisoluble entre la calidad de su servicio profesional y la virtud de la caridad a la que Cristo les llama: con el buen cumplimiento de su trabajo llevan precisamente a las personas el testimonio del amor de Dios. La caridad, como tarea de la Iglesia, objeto de reflexi?n en mi enc?clica ?Deus caritas est?, se aplica de manera particularmente significativa en la atenci?n a los enfermos.

Lo testimonia la historia de la Iglesia, con innumerables testimonios de hombres y mujeres que, de forma tanto individual como asociada, han actuado en este campo. Por este motivo, entre los santos que han ejercido de manera ejemplar la caridad, pude mencionar en la enc?clica figuras emblem?ticas como las de Juan de Dios, Camilo de Lelis y Cottolengo, que sirvieron a Cristo pobre y que sufre en las personas de los enfermos.

Queridos hermanos, permitidme por tanto volver a entregaros idealmente hoy las reflexiones que propuse en la enc?clica con las relativas orientaciones pastorales sobre el servicio caritativo de la Iglesia como ?comunidad de amor?.

Y a la enc?clica puedo a?adir ahora la exhortaci?n apost?lica postisnodal reci?n publicada, que habla de manera amplia y articulada sobre la Eucarist?a como ?Sacramento de la caridad?. La pastoral de la salud puede sacar continuamente fuerza precisamente de la Eucarist?a para socorrer eficazmente al ser humano y promoverle, seg?n la dignidad que le es propia.

En los hospitales y en las cl?nicas, la capilla es el coraz?n palpitante en el que Jes?s se ofrece intensamente al Padre celestial por la vida de la humanidad. La Eucarist?a, distribuida con dignidad y con esp?ritu de oraci?n a los enfermos, es savia vital que les consuela e infunde en su esp?ritu luz interior para vivir con fe y con esperanza la condici?n de enfermedad y de sufrimiento.

Os encomiendo, por tanto, tambi?n este reciente documento: hacedlo vuestro, aplicadlo al campo de la pastoral de la salud, sacando indicaciones espirituales y pastorales apropiadas.

Mientras os deseo todo bien para vuestros trabajos de estos d?as, los acompa?o con un particular recuerdo en la oraci?n, invocando la maternal protecci?n de Mar?a sant?sima, ?Salus infirmorum?, y con la bendici?n apost?lica, que imparto de coraz?n a los que est?is aqu? presentes, a cuantos colaboran con vosotros en vuestras respectivas sedes y a todos vuestros seres queridos.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit
Publicado por verdenaranja @ 10:01  | Habla el Papa
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