Domingo, 25 de marzo de 2007


Nota de los obispos de la Provincia Eclesi?stica de Madrid ?Sobre el grave problema del aborto?



La Iglesia, fiel al evangelio de la vida, ha proclamado siempre que s?lo Dios es el Se?or y Due?o de la vida y de la muerte de los hombres: ?Yo doy la muerte y doy la vida?, dice el Se?or . Por ello, al mismo tiempo que reconoce la soberan?a de Dios sobre la vida y muerte de los hombres, la Iglesia ha condenado siempre los ataques contra la vida del hombre, que en nuestra sociedad parecen haber entrado en una espiral imparable. No en vano, Juan Pablo II, calific? como ?cultura de muerte? , las corrientes actuales que presentan los atentados directos a la vida como reivindicaciones modernas amparadas en ?un concepto perverso de libertad? . El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la jornada de la Paz de este mismo a?o, presentaba los ataques a la vida humana como atentados directos a la paz que todos anhelamos: ?Hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentaci?n sobre los embriones y la eutanasia. ?C?mo no ver en todo esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentaci?n sobre los embriones son una negaci?n directa de la actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas? .

Entre estos atentados contra la vida, el aborto reviste una especial gravedad, por lo que el Concilio Vaticano II no duda en calificarlo de ?crimen nefando? . En raz?n de su intr?nseca malicia y de la injusta y terrible indefensi?n que sufre quien deber?a recibir todos los cuidados de la familia, de la sociedad y del Estado para alcanzar la meta de la gestaci?n y ser alumbrado a la vida, la Iglesia lo condena con la pena de la excomuni?n de quienes lo practican y colaboran directamente en ?l . Los obispos de la Provincia Eclesi?stica de la Madrid ya nos vimos obligados a hablar sobre este tema anteriormente . Desgraciadamente, la situaci?n desde entonces ha ido a peor, por lo que consideramos necesario recordar el Magisterio de la Iglesia y exhortar a los cristianos y personas de buena voluntad que quieran escucharnos a tomar conciencia de la gravedad del problema. No podemos acostumbrarnos a situaciones inmorales, ocasionadas por leyes injustas; tampoco podemos pensar que nada se puede hacer por cambiar el rumbo de la sociedad en cuestiones que ponen en peligro el fundamento de la misma sociedad, como es el derecho a la vida.

1. Los datos

Queremos destacar, en primer lugar, la malicia real del fen?meno y su extensi?n: no estamos ya ante el aborto como un hecho inicuo que se comete de forma particular, sino de una realidad de enormes proporciones que busca su propia justificaci?n al margen de la Ley de Dios y de los m?s elementales principios morales.

Hemos de tomar conciencia de que el aborto es una aut?ntica estructura de pecado , que ?busca la deformaci?n generalizada de las conciencias para la extensi?n de su maldad de modo estable? . Despu?s de veinte a?os de la ley de despenalizaci?n del aborto en Espa?a (1985), se constata el ritmo constantemente creciente de los abortos llamados ?legales? en nuestro pa?s, y en nuestra comunidad aut?noma. Se ha extendido la consideraci?n del aborto como recurso f?cil ante la dificultad de un embarazo no deseado.

Los datos sobre el aborto en Espa?a y en nuestra Comunidad son harto elocuentes. En Espa?a se ha llegado en el a?o 2004 a la cifra de casi 85.000 abortos anuales, de los cuales 16.228 se han realizado en la Comunidad Aut?noma de Madrid. S?lo en cinco a?os se ha producido un incremento de un 45 %; una evoluci?n acelerada que muestra una sociedad a la deriva que ha aceptado como normal una violaci?n tan grave contra la vida humana. En estos a?os de aplicaci?n de la ley de despenalizaci?n del aborto ya se han producido en Espa?a m?s de un mill?n de muertes por aborto.

En lo que corresponde a nuestra Comunidad, existe un incremento notable de los abortos tard?os (de fetos de m?s de dos meses -9 semanas- de gestaci?n) que alcanzan ahora el 41% (6.619 abortos) de los totales, cuando el a?o 2000 eran poco m?s del 33%. En una sola cl?nica de Madrid se producen 40 abortos diarios de muy avanzado estado. La cifra de abortos realizados por madres menores de 19 a?os (1.765) representa ya el 11% del total. Y ha crecido el tanto por ciento de personas paradas que acuden al aborto (2.092) que suma un 13% del total e indica el aumento de n?mero de personas emigrantes que se ven empujadas a cometerlo.

Estas cifras manifiestan que nos encontramos de hecho ante el aborto libre, lo cual es un fraude de ley. Son datos que revelan la incapacidad de la autoridad p?blica de defender la vida del no nacido y una ineficacia enorme en la prevenci?n de los embarazos no deseados. Detr?s de estas estad?sticas oficiales, se oculta una tremenda realidad que es necesario recordar: los dramas familiares y las secuelas enormes de las personas m?s afectadas, que han tomado la decisi?n de deshacerse del fruto de la concepci?n y que arrastran su culpa. El denominado ?s?ndrome postaborto? es ya suficientemente conocido, una manifestaci?n clamorosa de la gravedad de lo realizado y que la sociedad pretende silenciar.

2. Un creciente desprecio a la vida

Hablar del aborto en la actualidad nos obliga a denunciar nuevas situaciones donde el desprecio a la vida es especialmente manifiesto y que deben considerarse como nuevas formas de aborto. Por una parte, los efectos ps?quicos del aborto tan bien comprobados han conducido a buscar un aborto menos ?traum?tico? que los evite. De ah? la extensi?n de las ?pastillas abortivas? en sus dos tipos principales: la primera (comercializada como RU-486), que se toma directamente tras la comprobaci?n de un embarazo y que mediante tratamientos hormonales provoca el desprendimiento del embri?n que hab?a anidado en el seno materno. Por ser un tratamiento bastante agresivo, no ha tenido la aceptaci?n que se esperaba, pues necesita un seguimiento m?dico con lo que conlleva una clara conciencia de lo que se est? cometiendo: un aborto.

El segundo modo de llevarlo a cabo es la denominada ?p?ldora del d?a despu?s?, que se quiere presentar como un anticonceptivo de emergencia en las denominadas ?relaciones de riesgo?. Es una pastilla que busca impedir la anidaci?n del embri?n en el caso de haberse producido la concepci?n, por lo que se induce directamente el aborto y quien la toma acepta impl?citamente esta posibilidad.

Lamentamos profundamente la ligereza con que las Administraciones P?blicas han procedido respecto a estos atentados contra la vida humana. Se ha permitido la comercializaci?n de la p?ldora abortiva; adem?s, se ha promocionado y facilitado gratuitamente la p?ldora del d?a despu?s incluso a menores de edad sin informar a los padres. Tampoco se informa con rigor a quienes la piden de los graves efectos secundarios de este tipo de f?rmacos.

Es evidente que estas pr?cticas obedecen a una ?tica social utilitarista que, con tal de evitar la carga de un ni?o a una persona que no lo deseaba, no le importa eliminarlo, pensando que con ello se acaba el problema. Tiene adem?s la ventaja pol?tica de que, con evidente incoherencia, no se cuestiona la clara ilegalidad de muchas de estas intervenciones que no se ci?en a las despenalizadas por la ley, pero que se las considera equivocadamente como un simple tratamiento sanitario que no necesitar?a otra aprobaci?n que la del m?dico.

Por ?ltimo, hemos de lamentar la ampliaci?n de la ley sobre t?cnicas de reproducci?n asistida (14/2006 de 26 de mayo) conducente, casi exclusivamente, a abrir el uso de los denominados embriones sobrantes a la experimentaci?n cient?fica.

En este punto hay que ser especialmente claros con el lenguaje. Se emplea el t?rmino ?preembri?n? para sugerir un estado anterior al de embri?n, que deber?a contar con una protecci?n menor, aunque los legisladores saben que esta terminolog?a va contra los datos cient?ficos. La misma existencia de embriones congelados ?sobrantes? muestra el criterio pragm?tico de producci?n inhumana que se aplica en estas t?cnicas. Seg?n esta mentalidad, se busca el uso productivo de los embriones sobrantes: un ?material biol?gico? para experimentaci?n. ?sta se califica con enga?o como ?terap?utica? cuando todav?a de ella no se ha conseguido ninguna pr?ctica curativa y ni siquiera se prev? a medio plazo. Se dan informaciones sobre ?c?lulas madres? de modo indiferenciado, sin aclarar que son las procedentes de cuerpos adultos, no las embrionarias, las que ya han dado importantes resultados curativos.

En la ley se emplean circunloquios para ocultar que se permite de hecho la clonaci?n humana con un pretendido sentido ?terap?utico? de curar a un adulto. Se trata de dejar una puerta abierta a una t?cnica especialmente aberrante de manipulaci?n gen?tica y que ni siquiera entre animales tiene ninguna aplicaci?n terap?utica previsible a medio plazo. Se ha aprobado tambi?n la fabricaci?n de ?beb?s medicamento?: aquellos que se eligen entre los dem?s por tener una carga gen?tica que permite curar la enfermedad de alg?n hermano. Esta pr?ctica es inmoral porque se realiza mediante un proceso eugen?sico que desprecia los dem?s embriones producidos por considerarlos inservibles para el ?nico fin que se busca y termina tambi?n con el seleccionado.

Hemos de reconocer en todo ello una falta grav?sima de protecci?n de los derechos del embri?n al que se trata, en la cuesti?n del aborto, como una vida sin importancia y, en la actual ley de t?cnicas de reproducci?n asistida, simplemente como una cosa. Una falta de protecci?n de un ser humano embrionario que contrasta cruelmente con los cuidados prestados a embriones animales, mucho m?s protegidas por la ley que los humanos.


3. Graves responsabilidades p?blicas


Ante esta situaci?n tenemos que recordar la grave responsabilidad de los legisladores que aprueban estas leyes gravemente injustas que crean una gran violencia interna en la sociedad y con las cuales se aplasta sin m?s los derechos de los que no tienen voz. Es un modo totalitario de legislar que olvida el principio primero de la justicia que reside en el derecho a la vida, fundamento de todos los dem?s.

Igualmente, hemos de llamar la atenci?n a los gobernantes porque en el modo de aplicar la ley vigente del aborto se lleva a cabo un enorme fraude de ley, ya que en 2004 el 96,7 % de los abortos se produjeron por peligro en la salud f?sica o ps?quica de la mujer. No se vigila entonces el cumplimiento exacto de los supuestos de la ley, con lo que la protecci?n del nasciturus, reconocida por el Tribunal Constitucional como uno de sus derechos (Sentencia 53/1985, de 11 de abril), es nula en la pr?ctica.

Constatamos el crecimiento de los debates en temas bio?ticos y la aparici?n de muchos comit?s de ?tica para dar soluci?n a estos graves problemas. En este campo se siente la necesidad urgente de una aclaraci?n ?tica en el ?mbito social. Corresponde a los especialistas cristianos en estos temas, entrar en ellos e influir, con fidelidad al magisterio y desde la profunda sabidur?a evang?lica, para recuperar la importancia de la dimensi?n moral propia de las profesiones relacionadas con la vida: m?dicos, personal sanitario, bi?logos e investigadores.

A los m?dicos y personal sanitario, al tiempo que les agradecemos su servicio a la vida, les pedimos que no claudiquen ante concepciones materialistas de la vida y pongan todos sus esfuerzos en la defensa de la vida como don de Dios. No son meros t?cnicos que aplican un protocolo; deben conservar siempre las convicciones morales b?sicas recogidas en el juramento hipocr?tico. Que ejerzan, cuando proceda, la objeci?n de conciencia; a nadie se le puede obligar a atentar contra la vida de otro ser humano. Esto se extiende tambi?n a los farmac?uticos que no son meros comerciantes, sino profesionales al servicio de la salud. Tanto la p?ldora abortiva como la del d?a despu?s no son medicinas; por ello, no existe obligaci?n alguna de distribuirlas y s? el deber moral de no venderlas en una acci?n que ser?a una cooperaci?n formal con el mal del aborto.

Nuestro pensamiento se dirige tambi?n hacia quienes se ven m?s afectadas por el mal del aborto: las madres gestantes. Muchas veces estas personas se ven presionadas fuertemente y sin ayuda externa, de tal modo que se sienten psicol?gicamente obligadas a ceder al aborto. En ese caso la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes las han forzado a abortar . Un estudio detallado de las causas que llevan a las mujeres a tomar la decisi?n de abortar muestra que las razones por las que se llega a este extremo son de orden econ?mico y de carencia de aut?ntica formaci?n afectiva y sexual. Es decir, las pol?ticas sociales se han mostrado muy ineficaces.

Parad?jicamente, se gastan ingentes cantidades en ?producir? ni?os y no se ofrecen casi recursos de ayuda a las madres embarazadas sin posibilidades. En la Comunidad Aut?noma de Madrid, se ha activado la denominada ?redmadre? -con una mayor?a de asociaciones de inspiraci?n directamente cristiana- para procurar una ayuda global a las j?venes embarazadas sin recursos: el sector de poblaci?n que accede m?s al aborto. Hemos de felicitar a los que han hecho posible esta iniciativa y esperamos que crezca, tambi?n en dotaci?n econ?mica, como alternativa real al aborto, de forma que nadie elija este camino por carencias econ?micas o de informaci?n de asistencia social.

Un fracaso notable de nuestra sociedad es el intento de reducir la tasa de embarazos no deseados entre adolescentes, que sigue creciendo. Es un indicio claro de la carencia de educaci?n moral en nuestro sistema educativo y en la sociedad en general. Se reduce la educaci?n afectivo-sexual a una pura informaci?n de las t?cnicas para evitar un embarazo en una relaci?n sexual. As? se favorecen conductas irresponsables que terminan lamentablemente en el drama del aborto. Por el contrario, la experiencia comprobada de una educaci?n afectivo-sexual basada en la concepci?n cristiana del hombre y en la virtud de la castidad tiene una eficacia muy notable en la reducci?n de embarazos no deseados.

4. Una llamada a defender la vida

Al describir esta situaci?n queremos, como pastores del Pueblo de Dios, que nuestros fieles tomen conciencia del enorme desaf?o que suponen estos problemas ante los que no podemos permanecer impasibles. La sociedad est? da?ada grav?simamente por el aborto; se trata de un ?peligro grav?simo y mortal, el de la confusi?n entre el bien y el mal en relaci?n con el mismo derecho fundamental a la vida? .

Es preciso responder desde la fe mediante el anuncio gozoso del Evangelio de la vida, capaz de llevar al hombre a la plenitud de su existencia en la tierra, y a la participaci?n en la vida m?s all? de la muerte.
La Iglesia es el lugar donde mana abundantemente la vida que procede del Esp?ritu Santo, el Se?or vivificante. La Iglesia es el ?pueblo de la vida? y el ?pueblo para la vida? ; sabe reunir a todas las personas que reconocen en la vida un don precioso. Os exhortamos, pues, a adquirir un ?coraz?n que ve? y sabe apreciar con mirada contemplativa el don de la vida que tiene su fuente verdadera en la vida de Dios y es, por ello, una realidad sagrada e indisponible. De aqu? nace el anuncio del Evangelio de la vida en la ense?anza, la catequesis y la formaci?n de la conciencia .

La Iglesia ha respondido al desaf?o de las distintas revoluciones sexuales de la historia con el llamamiento a una fuerte espiritualidad que reconozca la vida como un don precioso de Dios y la relaci?n que existe entre la acogida agradecida de la vida y la vocaci?n al amor. Por ello, gasta sus energ?as en una aut?ntica formaci?n sobre el amor y la vida seg?n el plan de Dios.

Animamos, pues, a padres y educadores, a dedicar sus mejores energ?as en la formaci?n afectivo-sexual de ni?os, adolescentes y j?venes. Se trata de ense?arles a interpretar sus deseos m?s profundos del coraz?n en los que existe un lenguaje del amor puesto por Dios. Sin esta educaci?n b?sica dif?cilmente aceptar?n las exigencias del Evangelio de la vida en el momento de fundar un hogar y realizar su vocaci?n de padres cristianos. Educar para el amor y la vida es una tarea hermosa, pues de ella depende la creaci?n de una sociedad en la que el hombre sea amado por s? mismo, como hijo de Dios, llamado a participar en su misma vida, que recibimos como don sagrado cuando el Hijo de Dios tom? carne en las entra?as de la Virgen Mar?a.


Madrid, a 25 de marzo de 2007, Solemnidad de la Encarnaci?n del Se?or.



+ Antonio Mar?a Rouco Varela, Cardenal Arzobispo de Madrid
+ Jes?s E. Catal? Ib??ez, Obispo de Alcal? de Henares
+ Joaqu?n M? Lz. de And?jar y Canovas del Castillo, Obispo de Getafe
+ Fidel Herr?ez Vegas, Obispo Auxiliar de Madrid
+ Cesar A. Franco Mart?nez, Obispo Auxiliar de Madrid
+ Eugenio Romero Pose, Obispo Auxiliar de Madrid
+ Rafael Zornoza Boy, Obispo Auxiliar de Getafe
Publicado por verdenaranja @ 21:36  | Hablan los obispos
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