Martes, 27 de marzo de 2007
AMERICA/ECUADOR - El Primer Congreso Provida y Familia. El viernes 23 de marzo, el Cardenal Pedro Rubiano Sa?nz, Arzobispo de Bogot? (Colombia) y Primado de Colombia, present? la ponencia ?La Familia Santuario de la Vida?


PRIMER CONGRESO NACIONAL PRO-VIDA Y FAMILIA

?LA FAMILIA ES EL SANTUARIO DE LA VIDA?
(Guayaquil, Ecuador, viernes 23 de marzo del 2007)



INTRODUCCI?N Y CONTEXTO GENERAL DEL TEMA

Me encomiendo en este d?a particularmente a Santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima y Patrono de los Obispos de Am?rica Latina, el gran catequista y el organizador de numerosos concilios provinciales y s?nodos diocesanos, que defendieron el sentido del matrimonio cristiano y valoraron la dimensi?n sagrada de la familia.

As? mismo, con respeto filial y profunda admiraci?n, me encomiendo a Juan Pablo II, el Grande, quien a trav?s de todo su inconmensurable magisterio nos ense?? a amar la familia; y espec?ficamente nos insisti?, a partir de la Enc?clica Centesimus Annus, (01,05,91), a entender la familia como el santuario de la vida, se?alando as? su car?cter sagrado, porque es en ella, -son palabras del Pont?fice-, en ?donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los m?ltiples ataques a que est? expuesta, y puede desarrollarse seg?n las exigencias de un aut?ntico crecimiento humano? (C.A. N? 39).

Por eso, no es de extra?ar, que la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Santo Domingo, haya acogido, un a?o despu?s de la Centesimus Annus, la misma expresi?n del Santo Padre, despu?s de hablar de los nuevos signos de los tiempos en el campo de la Promoci?n Humana (Cf. N? 2.2); se?alando la relaci?n entre familia y vida como el desaf?o de especial urgencia en dicha Promoci?n (Cf. N? 2.3; numerales 210-227). Hoy nosotros debemos anunciar ?con alegr?a y convicci?n la Buena Nueva sobre la familia?, reconociendo que en este inicio del III Milenio ?la familia es v?ctima de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla? (N? 210).

El recordado peruano, Germ?n Doig Klinge, fallecido el 13 de febrero del 2001, miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, laico consagrado al servicio total de la Iglesia, invitado por el Santo Padre a Santo Domingo, miembro del Pontificio Consejo de Laicos y auditor en el S?nodo de Am?rica, en su magn?fico trabajo que titul? ?La Familia, santuario de la vida. Una Mirada desde Santo Domingo?, nos recuerda que fue el mismo Santo Padre Juan Pablo II, quien en su discurso inaugural de Santo Domingo expresamente introdujo el tema de la familia como santuario de la vida, dentro del cap?tulo referente a la Promoci?n Humana (Cf. N? 18); relacion?ndolo con la ense?anza de la Exhortaci?n Apost?lica Familiaris consortio (22,11,81), que en su conclusi?n nos recuerda: ?el futuro de la humanidad se fragua en la familia? (Cf. F.C. N? 86) y traslad?ndolo de la Nueva Evangelizaci?n a la Promoci?n Humana, como expresamente lo reconoce Santo Domingo (Cf. N? 210 ? 2).

Por otra parte, no podemos olvidar que el horizonte doctrinal sobre el sentido de la vida nos lo da la Enc?clica Evangelium Vit?, la cual cumple doce a?os de su promulgaci?n el 25 de marzo de 1995, y es el documento m?s valioso de defensa del valor e inviolabilidad de la vida humana; en ella, Juan Pablo II propugna por una nueva cultura: la cultura de la vida (Cf. E.V. Cap?tulo IV, N? 78-101); retomando as? la expresi?n de la Centesimus Annus: ?Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida? (C.A. N? 39)

La Conferencia Episcopal Espa?ola en su LXXVI Asamblea Plenaria, en abril del 2001, public? con el t?tulo de ?La familia santuario de la vida y esperanza de la sociedad? uno de los m?s completos documentos sobre el tema que nos ocupa; a su vez, la Conferencia Episcopal Mexicana en su LXXV Asamblea Plenaria, reunida en Monterrey entre el 28 de abril y el 2 de mayo del 2003 aprob? una super s?ntesis de la cuesti?n en frases muy cortas y cargadas de sentido, entre las cuales se destaca la n?mero 10 que dice: ?Dios ha querido que la familia sea el santuario de la vida?.

El Santo Padre Benedicto XVI en su discurso a los participantes de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia el 13 de mayo del a?o pasado, as? como en su diferentes intervenciones con ocasi?n del V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, Espa?a en julio del 2006; retom?, como un homenaje a su antecesor, la defensa de la familia como santuario de la vida. All? en Valencia, fue emocionante la ponencia del Cardenal Stanislaw Dswisz, Arzobispo de Cracovia, quien como todos recordamos fue el fiel secretario de Juan Pablo II, cuando lo proclam? como el Papa de la familia y de la vida.

Hoy nosotros, convocados por la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, queremos renovar esas mismas ense?anzas y rendir tambi?n homenaje a Juan Pablo II, teniendo adem?s la perspectiva de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en la que, estamos seguros, se nos impulsar? para fortalecer la cultura de la vida en donde la familia sea efectivamente el santuario de la vida y por lo mismo el lugar en donde nos formamos como disc?pulos y misioneros de Jesucristo.

Este Congreso me anima a considerar dos realidades diferentes en el tema de la familia: el aspecto doctrinal y la dimensi?n pastoral.

En cuanto lo primero, es evidente que hay una gran cantidad de elementos, los cuales son ya patrimonio de la Doctrina Social de la Iglesia y est?n debidamente sistematizados en el Compendio de la misma, publicado en buena hora, por el Pontificio Consejo ?Justicia y Paz?, y en castellano en la pulcra versi?n editada por el Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM; frente a ellos, creo que es poco lo que hay que a?adir.

En cambio, en cuanto lo pastoral, me encontr?, por una parte, con la riqueza de lo que Santo Domingo dijo sobre el tema, siguiendo claramente la visi?n de Juan Pablo II en el discurso inaugural de dicha reuni?n; pensamiento que conviene retomar de cara a Aparecida y siguiendo la din?mica de las Conferencias Generales, que es la de continuar, al mismo tiempo en que se avanza. Pero, como suele suceder en lo pastoral, me encontr? con un cierto vac?o, muy peque?o, enunciado muchas veces, pero creo, no suficientemente sistematizado, en un punto que es clave para comprender el modus operandi que debemos asumir para conseguir los mejores resultados pastorales. En ese punto espec?fico, con cierto temor, me atrevo a aportar algunos elementos.

En resumen, los dos aspectos el doctrinal y el pastoral, constituyen las columnas vertebrales de mi presentaci?n, que supone el trabajo espec?fico, tanto de las seis ponencias que est?n programadas para esta tarde, como de las presentadas el d?a de ayer.






LA FAMILIA COMO SANTUARIO DE LA VIDA
S?NTESIS DOCTRINAL

En este primer aspecto, por ser f?cilmente consultable en el Compendio antes citado, me limito a se?alar lo m?s sobresaliente; recordando, para mejor intelecci?n del tema, un breve resumen de la estructura general del Compendio, para poder colocar y resaltar, dentro de ella, como una joya, el tema que nos ocupa.

El Compendio ha sido redactado alrededor de tres grandes partes, la primera de car?cter general, en donde se tratan cuatro temas; la segunda dedicada a siete grandes problem?ticas, siendo la primera de ellas, la familia; y la tercera parte, pensada de manera teleol?gica y centrada en la relaci?n de la Doctrina Social con la acci?n eclesial, y, a manera de conclusi?n, con una referencia valios?sima sobre la construcci?n de la civilizaci?n del amor.

Volviendo sobre la primera parte del Compendio, conviene ampliar algo el contenido de los cuatro temas que la integran.

El primero de los cuales recuerda la teolog?a del designio amoroso de Dios con toda la humanidad, designio en el que es elemento clave la dignidad de la persona humana.

El segundo tema nos recuerda el sentido de la misi?n de la Iglesia, que obviamente es la evangelizaci?n, dentro de la cual se encuentra el derecho y el deber de presentar y promover la Doctrina Social, como un conocimiento iluminado por la fe, en di?logo cordial con todos los ?saberes?, expresi?n del ministerio de la Iglesia para la construcci?n de una sociedad justa; Doctrina que est? bajo el doble signo de la continuidad y de la renovaci?n.

El tercer tema de la primera parte del Compendio se detiene en exponer la doctrina sobre la persona humana y sus derechos, base antropol?gica imprescindible para entender la familia como santuario de la vida.

Finalmente, el cuarto tema del Compendio, se?ala ampliamente los principios que estructuran todo el andamiaje de la Doctrina Social de la Iglesia.

Con esta visi?n de la primera parte del Compendio, la segunda parte, como ya lo se?al?, afronta siete problem?ticas, siendo la primera de ellas, la que se refiere a la familia, c?lula vital de la sociedad (Cf. N? 209-254), y dentro de ella se se?alan cinco temas: el de la familia como primera sociedad natural; el del matrimonio como fundamento de la familia; el de la subjetividad social de la familia; el del protagonismo social de la familia y el de la sociedad al servicio de la familia.

En el tercer de estos temas, el de la problem?tica sobre la familia, el Compendio se detiene en cuatro puntos espec?ficos: el primero, el del amor y su relaci?n con la formaci?n de la comunidad de personas; el segundo, el de la familia considerada como santuario de la vida, que es el que m?s nos interesa; el tercero, el de la tarea educativa que realiza la familia; y el cuarto, el de la dignidad y los derechos de los ni?os.

De esos cuatro puntos deteng?monos en el segundo, que es como la joya de esta visi?n, y que se refiere espec?ficamente a la familia considerada como santuario de la vida; punto que es el espec?fico de nuestro inter?s (Cf. N? 230-237).

El Compendio parte de recordar al Catecismo de la Iglesia Cat?lica que ense?a que el amor conyugal est? por su naturaleza abierto a la acogida de la vida (Cf. Cat. N? 1652 y Carta a las Familias Gratissimam sane N? 6), ?expresa la subjetividad social de la familia e inicia un dinamismo de amor y solidaridad entre las generaciones que constituye la base de la sociedad? (Cf. N? 230).

La expresi?n ?santuario de la vida? la usa expresamente el Compendio (N? 231), citando a las Enc?clicas Centesimus Annus (N? 39) y Evangelium Vit? (N? 92 y 93); de ah? se deduce que cada familia adquiere un compromiso prof?tico de anunciar esta verdad; compromiso que para ser disc?pulos de Cristo y misioneros de su Evangelio, tendremos que urgir en Aparecida.

Para ser aut?nticos santuarios de la vida, nuestras familias deben contribuir al bien social por medio de una paternidad y una maternidad responsables (Cf. N? 232), en donde se rechacen medios moralmente il?citos como la esterilizaci?n, el aborto y los contraceptivos (Cf. N? 233); y aquellas t?cnicas de reproducci?n asistida que manipulan o sustituyen la dignidad del acto conyugal (Cf. N? 235); o promueven la clonaci?n (Cf. N? 236). Todos estos puntos ameritan reflexiones que exceden los l?mites de esta ponencia.

En cambio, importa se?alar que el entender la familia como santuario de la vida comporta una dimensi?n espiritual, la familia Iglesia Dom?stica, transmisora de la fe, evangelizadora de sus hijos al vivir la presencia de Cristo en el hogar, y obliga a entender a los padres como ?ministros? de la vida, con una perspectiva de comuni?n hist?rica, con las futuras generaciones, comuni?n que tiene su inicio eterno en Dios y que debe conducir a ?l (Cf. N? 237).


REQUISITOS PASTORALES PARA DEFENDER LA FAMILIA COMO SANTUARIO DE LA VIDA

La ense?anza del Compendio, sobre la familia como santuario de la vida, para nosotros en Am?rica Latina, m?xime ahora que estamos en la expectativa inmediata de Aparecida, se debe completar en el terreno pastoral, con el pensamiento de Santo Domingo, sobre todo en dos puntos: primero, el de los cuatro ?cometidos fundamentales? de la familia; y segundo, el de la fijaci?n de algunas l?neas de pastoral familiar.

En los cuatro cometidos fundamentales, la familia debe descubrir su identidad como santuario de la vida y su misi?n de custodiar, revelar, y comunicar el amor y la vida (Cf. S.D. N? 214). Ellos son: Primero ?ser el lugar privilegiado? de la vida ?para la realizaci?n personal junto con los seres amados?. Segundo, ser la ?servidora de la vida, ya que el derecho a la vida es la base de todos los derechos humanos. Este servicio no se reduce a la sola procreaci?n, sino que es ayuda eficaz para trasmitir y educar en valores aut?nticamente humanos y cristianos?. Tercero, ?ser la ?c?lula primera y vital de la sociedad? (F.C. N? 42)?, ya que ?por naturaleza y vocaci?n la familia debe ser promotora del desarrollo?, y ?protagonista de una aut?ntica pol?tica familiar?. Cuarto, ?ser ?Iglesia dom?stica? que acoge, vive, celebra y anuncia la Palabra de Dios, es santuario donde se edifica la santidad y desde donde la Iglesia y el mundo pueden ser santificados (Cf. F.C. N? 55)?.

La presencia de Cristo en el hogar afirma y fortalece el amor de los esposos, para que transmitan la fe a sus hijos con el propio testimonio de su vida y sean verdaderamente sus primeros evangelizadores. La familia es germen de las vocaciones sacerdotales y religiosas, como tambi?n de las futuras familias.

En cuanto las l?neas de pastoral que se refieren a la familia como santuario de la vida, Santo Domingo se?ala siete:

Primera, la de capacitar agentes de pastoral familiar (Cf. N? 222).

Segunda, la de no limitarse ?a una actitud meramente protectora?, sino la de asumir una actitud ?previsora, audaz y positiva?; capaz de ?discernir con sabidur?a evang?lica los retos que los cambios culturales plantean a la familia; y, por lo mismo capaz ?de denunciar las violaciones contra la justicia y la dignidad de la familia?; y de ?acompa?ar a las familias de los sectores m?s pobres, rurales y urbanos, promoviendo la solidaridad?. (Idem).

Tercera, ?la de cuidar la formaci?n de los futuros esposos y el acompa?amiento de los c?nyuges, sobre todo en los primeros a?os de su vida matrimonial? (Ibidem).

Cuarta, ?la de proclamar que Dios es el ?nico Se?or de la vida, que el hombre no puede ser amo o ?rbitro de la vida humana?; lo cual implica ?condenar y rechazar cualquier violaci?n ejercida por las autoridades a favor de la anticoncepci?n, la eutanasia, la esterilizaci?n y el aborto provocado? (Cf. N? 223). La instrucci?n Donum Vitae de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe reafirma ?la inviolabilidad del derecho a la vida del ser humano inocente desde el momento de la concepci?n hasta la muerte?(DV 4).

Quinta, ?buscar, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor, caminos y formas para lograr una pastoral orientada a las parejas en situaciones irregulares, especialmente las divorciadas y vueltos a casar civilmente? (Cf. N? 224).

Sexta, ?fortalecer la vida de la Iglesia y de la sociedad a partir de la familia; enriquecerla desde la catequesis familiar, la oraci?n en el hogar, la Eucarist?a, la participaci?n en el sacramento de la Reconciliaci?n, el conocimiento de la Palabra de Dios para ser fermento en la Iglesia y en la sociedad? (Cf. N? 225).

S?ptima, ?invitar a los te?logos, cient?ficos y matrimonios cristianos a colaborar con el magisterio jer?rquico para iluminar mejor los fundamentos b?blicos, las motivaciones ?ticas y las razones cient?ficas para la paternidad responsable? (Cf. N? 226).

Y entonces ?qu? queda faltando para avanzar en una tarea pastoral articulada en defensa de la familia como santuario de la vida? Creo que estructurar mejor nuestra acci?n pastoral sobre la familia, dentro de una org?nica y fuerte Pastoral de la Cultura, obviamente centrada en la cultura de la vida.

Ciertamente, de diferentes maneras el Santo Padre Juan Pablo II y el magisterio tanto pontificio, como episcopal, nos han hablado de la necesidad de promover dicha cultura de la vida y luchar contra la cultura de la muerte, que nos asedia y nos agobia; pero es necesario profundizar m?s sobre el concepto mismo de Pastoral de la Cultura, que no lo hemos asimilado suficientemente en nuestro quehacer pastoral.

Tenemos la riqueza doctrinal del Concilio Vaticano II y de los documentos de Puebla y Santo Domingo; contamos con la labor realizada por el Pontificio Consejo para la Cultura y por el Pontificio Consejo para la Familia, con la constante acci?n que el CELAM en ese punto, como en tantos otros ha difundido y promovido; pero hay algo que no nos ha permitido desarrollar todas nuestras posibilidades pastorales y que nos impide alzar el vuelo que se requiere y que Aparecida debe plasmar y canalizar.

Por eso me atrevo a pedir su reflexi?n sobre la noci?n de cultura, que nos propone el Concilio Vaticano II en la Constituci?n Pastoral Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo moderno ?Con la expresi?n cultura, en general, se indica todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales, procura someter al mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo, hace m?s humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones, finalmente, a trav?s del tiempo, formula, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias y aspiraciones, para que sirvan de provecho a muchos; m?s a?n, a todo el g?nero humano. De ah? se sigue que la cultura lleva consigo necesariamente un aspecto hist?rico y social, y que la palabra ?cultura? asume con frecuencia un sentido sociol?gico y etnol?gico? (N? 53).

La UNESCO, lo cual tiene internacionalmente un gran valor, y permite un di?logo con el mundo que nos rodea, en su reuni?n de M?xico en 1982, con la participaci?n de delegaciones de cerca de 130 Estados, produjo otra definici?n de cultura: ?Con la palabra cultura en un sentido general, se entiende el conjunto de rasgos distintivos, tanto espirituales como materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan una sociedad o un grupo social. Abarca, adem?s de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias? (N? 6).

Monse?or Herv? Carrier S.J. especialista en este tema, quien fuera Secretario del Pontificio Consejo para la Cultura en su obra Evangelio y culturas. De Le?n XIII a Juan Pablo II (Colecci?n Autores N? 1, Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM, Bogot? 1991), nos da otra definici?n de cultura: ?La cultura es el universo humanizado que una colectividad se crea consciente o inconscientemente: es su propia representaci?n del pasado y su proyecto del futuro, sus instituciones y sus creaciones t?picas, sus costumbres y sus creencias, sus actitudes y sus comportamientos caracter?sticos, su manera original de comunicar, de trabajar, de celebrar, de crear t?cnicas y obras reveladoras de su alma, y de sus valores ?ltimos. La cultura es la mentalidad t?pica que adquiere todo individuo que se identifica con una colectividad, es el patrimonio humano trasmitido de generaci?n en generaci?n. Toda comunidad que goza de una cierta permanencia posee una cultura propia, una naci?n, una regi?n, una tribu, una categor?a social definida, como los j?venes y los trabajadores. La cultura designa su manera caracter?stica de comportarse, de pensar, de juzgar, de percibirse y de percibir a los dem?s: cada grupo tiene sus actitudes y su escala de valores? (P?g. 25).

Con estos tres elementos tenemos que fortalecer nuestro concepto de cultura de la vida dentro de la cual el n?cleo central es el de la familia como santuario de la vida, porque la familia est? expuesta a grandes peligros en el contexto cultural e internacional, marcado por el individualismo y el secularismo.

En el contexto actual, tiene que estar presente el Evangelio, que tiene la fuerza de cuestionar la situaci?n actual del mundo y de la sociedad cuando este ordenamiento se torna inhumano.

La situaci?n cr?tica de la familia nos mueve a ir a la fuente de la fe y ser verdaderos disc?pulos de Cristo, que lo anunciemos con el testimonio de nuestra vida, con decisi?n y fortaleza.

Ante las fracturas en la sociedad y en la familia, tenemos que afirmar que la fe en Jesucristo no puede ser una referencia vaga, impl?cita, sino la raz?n fundamental de nuestra esperanza, a?n en medio de las condiciones adversas. Llamados a sacar de las fuentes de nuestra fe el valor necesario para asumir nuestra responsabilidad y a proponer el Evangelio, no como un contraproyecto cultural o social, sino como fuerza de renovaci?n, apoyados en la presencia de Cristo, en comuni?n con la Iglesia, para testimoniar la fe con nuestra propia vida y disipar en la sociedad actual la incertidumbre y el enga?o.

La iglesia no teme tomar la iniciativa e invita a vivir el encuentro con Jesucristo en los sacramentos. Tenemos que fortalecer la Pastoral de la acogida y de la proposici?n, ante las condiciones actuales de la vida conyugal. La subversi?n de valores, hace que la familia sea v?ctima de fuerzas que quieren deformarla y destruirla: inestabilidad de las parejas, transformaci?n de la condici?n femenina, el machismo, los problemas que el ego?smo plantea ante la regulaci?n de los nacimientos, la competencia desigual entre lo laboral y lo econ?mico. Las exigencias del Evangelio en relaci?n con el matrimonio abren camino para construir una vida de pareja en familia. Un camino en donde los esposos no est?n solos, est?n llamados a comprender, con el apoyo de la comunidad cristiana, que la Palabra de Cristo sobre el amor humano responde a lo m?s profundo, y a?n, a lo m?s fr?gil que hay en el coraz?n. La familia es un bien necesario, insustituible para los hijos, indispensable para la sociedad. El Se?or es garante: ?Os doy un Mandamiento nuevo, que os am?is unos a otros, como yo os he amado? .

Toda cultura establece tres tipos de relaciones: en primer lugar entre los seres humanos en diversos grados e intensidades, siendo el primero y primordial el de la familia; en segundo lugar con el entorno, en el que forzosamente implica el medio ambiente y el equipamiento tecnol?gico; y, finalmente con la trascendencia, concretada en nuestra relaci?n con el Se?or. ?C?mo podemos fortalecer estos tres ejes en forma arm?nica dentro de la cultura de la vida?

Tambi?n, toda cultura establece formas de expresi?n y formas de configuraci?n de la convivencia social, lo cual implica el establecimiento de una escala de valores, la cual debe ser continuamente revisada y purificada de las contradicciones y de los aspectos negativos que podemos llamar contravalores. Esto origina tensiones y choques, pero posibilita di?logos, encuentros y enriquecimientos culturales. ?Estamos dispuestos a esa lucha y seremos capaces de esos di?logos; tenemos claridad sobre la escala de valores que debe asumir una cultura de la vida?

Toda cultura implica una cosmovisi?n inmersa en el devenir de la historia, en un espacio y dentro de un tiempo determinado; por eso, toda cultura forzosamente se convierte en el presente, en una memoria frente al pasado; y en un proyecto, frente al futuro. ?Tenemos claridad de nuestra memoria hist?rica y del proyecto de nuestro futuro; dentro de la una y del otro est? con nitidez fijado el sentido de la cultura de la vida?

Por eso para construir y promover una cultura de la vida debemos defender lo humano de la cultura. Tenemos que tomar conciencia de que el ser humano como tal, inteligente y libre, est? amenazado y es patente su precariedad. Su futuro est? lleno de angustia, basta recordar el problema de la energ?a nuclear y la posibilidad de la destrucci?n masiva por el uso de las armas cada vez m?s sofisticadas; el problema de la cat?strofe ambiental, con sus secuelas como el calentamiento global; la experimentaci?n y manipulaci?n biol?gica y gen?tica; y la manipulaci?n de los medios de comunicaci?n social y las tecnolog?as.

Nuestra lucha frontal en el terreno pastoral debe ser contra la cultura de la muerte. Poco a poco y en forma coordinada y sistem?tica ha ido creciendo una verdadera cultura de la muerte (aborto, eutanasia, eugenesia); adem?s de la subcultura de la violencia y de la guerra, con diversas manifestaciones, algunas terribles, como la tragedia del secuestro.

Tenemos que dise?ar pastoralmente en defensa de la cultura de la vida diferentes ayudas adaptadas espec?ficamente y en forma culturalmente diferenciales, tanto para la cultura rural, como para la cultura urbana; tanto para la cultura de la opulencia y de las ?lites, como para la cultura de la pobreza; tanto, para la cultura juvenil, como para la cultura secular, aparentemente alejada de los referentes ?ticos y religiosos.

Esto significa el compromiso de volcarnos dentro de lo que Puebla llam? cultura ?adveniente?, que es una cultura de la imagen, una cultura que utiliza todos los medios de comunicaci?n social y todas las t?cnicas l?citas de publicidad.

?Seremos capaces de transformar pastoralmente esta cultura que nos est? llegando y crear dentro de ella, de acuerdo con su propia din?mica, lo que Juan Pablo II llam? los ?nuevos are?pagos de la fe??

Espero que s? seamos capaces; y estoy seguro que este Congreso nos ayudar? para esa tarea, la cual ponemos bajo el amparo y protecci?n de Mar?a, la Estrella de la Nueva Evangelizaci?n y el modelo de disc?pula, que ya en los inicios de la Evangelizaci?n se manifest? en nuestra cultura, como lo demuestra la advocaci?n de Nuestra Se?ora de Guadalupe.

+ Pedro Rubiano S?enz
Cardenal Arzobispo de Bogot?
y Primado de Colombia



Publicado por verdenaranja @ 0:18  | Hablan los obispos
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