Jueves, 29 de marzo de 2007
VATICANO - AVE MARIA a cargo de don Luciano Alimandi - ?Y el nombre de la Virgen era Mar?a?

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - ?La Virgen se llamaba Mar?a! El primer t?tulo que el Evangelio atribuye a Mar?a es: ?la Virgen?, porque solo en una tierra virgen, inmaculada, Dios Padre pudo generar a su Hijo. El Verbo de Dios se ha Encarnado en el vientre de esta mujer, porque encontr? la semejanza perfecta con ?l. En Mar?a, el Se?or se ha reflejado y ha encontrado sus rasgos, como un lago en lo alto de las monta?as que reproduce perfectamente la imagen del Cielo sobre ?l, al punto de hacer confundir donde termina uno (el lago) y donde comienza el otro (el cielo), as? el alma inmaculada de Mar?a reproduce la imagen de Dios.
Ciertamente Dios es infinitamente m?s grande que Ella, ?l es el Creador, Ella es una criatura, ?pero qu? criatura! La Virgen Mar?a, como la Iglesia sabiamente ense?a, era como un cristal sin mancha, absolutamente l?mpido, que reflejaba plenamente el rayo de luz de Dios que la atravesaba. Nada en Mar?a ha retenido para s? los dones de Dios: la libertad recibida del Creador fue siempre consagrada a ?l, cada movimiento de esta estaba orientado a la gloria del Se?or. Todo en Mar?a conduce a Dios, como en un espejo pur?simo ?l puede reflejarse en ella. La Encarnaci?n se realiz? porque un cristal as? estaba finalmente listo, porque hab?a un lago perfectamente manso y l?mpido al punto que la Imagen de Aqu?l que lo hab?a creado pod?a ser reproducida sin la m?s m?nima imperfecci?n. Nada distorsionado en esta extraordinaria creatura, que fascina el mundo ang?lico y fascin? al Arc?ngel Gabriel, cuando, en el absoluto respeto de su libertad, se presento a la Elegida Madre del Redentor para acoger el ?s? esperado desde siglos por la entera creaci?n. Solo aquel ?s? habr?a hecho descender al Hijo de Dios sobre la tierra, ning?n otro lo hubiera tra?do, solo la Virgen lo pod?a hacer.
?Aqu? estoy, soy la sierva del Se?or, se cumpla en m? seg?n tu Palabra?: la Virgen responde con su libertad al llamado de Dios, apenas comprende que es ?l quien lo quiere, que no se trata de un proyecto humano: ?no conozco var?n?, dice al inicio, y, tras la explicaci?n ang?lica, pronuncia el ?aqu? estoy? diciendo inmediatamente ?soy la sierva del Se?or?. No dice ?soy la Madre del Se?or?, sino ?la sierva?, la esclava. ?Ella es el cristal que se deja atravesar por el pur?simo rayo de Luz de Dios, ella es el espejo de agua l?mpida que se ofrece a s? mismo para reflejar el Cielo, para el encanto de toda la creaci?n!
La solemnidad de la Anunciaci?n es, entonces, la realizaci?n de la Encarnaci?n, el ?s? de Mar?a refleja y hace reflejar perfectamente el ?s? del Hijo de Dios, como el Santo Padre Benedicto XVI, en el reciente ?ngelus, afirm? significativamente: ?En realidad, el ?s? de Mar?a es el reflejo perfecto del ?s? de Cristo mismo, cuando entr? en el mundo, como escribe la Carta a los Hebreos interpretando el Salmo 39: ??Aqu? estoy, vengo para hacer, oh Dios, tu voluntad!? como est? escrito en el rollo de libro? (Hb 10,7). La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre y as?, por el encuentro de ambos ?s?, Dios ha podido asumir un rostro de hombre. Es esta la raz?n por la cual la Anunciaci?n es tambi?n una fiesta cristol?gica, porque celebra un misterio central de Cristo: su Encarnaci?n? (Benedicto XVI, ?ngelus del 25 marzo 2007).
El d?a 25 de marzo es escogido, para peque?os o grandes eventos eclesiales, como el d?a de consagraci?n a Mar?a (pi?nsese en la consagraci?n del mundo al Coraz?n Inmaculado de Mar?a el 25 de marzo de 1984). Vivir la consagraci?n significa entrar en la escuela de esta Madre, la Virgen, sobre todo para aprender a ser ?puros de coraz?n?, porque solo los ?puros? ver?n a Dios. Es necesario caminar con ella para dejarse purificar progresivamente la mente, el coraz?n, los labios, el cuerpo, la mirada? por la misma luz, que ha consagrado toda la existencia de la Virgen, la luz del Verbo encarnado: ?Yo soy la luz del mundo. El que me sigue nunca andar? en tinieblas, sino que tendr? la luz de la vida? (Jn 8, 12).
En la historia de las apariciones marianas, basta pensar en Lourdes, clara manifestaci?n del proyecto de Dios: ?Enviar a la Madre para preparar el camino al Hijo! La Inmaculada refleja la luz de Jes?s y, si la dejamos entrar en nuestras casas, en nuestro ambientes de trabajo, en nuestras comunidades y familias, la vida no ser? m?s la misma de antes, porque aquella luz se difundir? y el deseo de Cristo en nuestros corazones aumentar?. (Agencia Fides 28/3/2007; l?neas 49, palabras 781)
Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Espiritualidad
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