Lunes, 02 de abril de 2007
ZENIT publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI en la solemne celebraci?n lit?rgica del Domingo de Ramos, 1 de Abril de 2007.


Queridos hermanos y hermanas:
En la procesi?n del Domingo de Ramos nos unimos a la muchedumbre de disc?pulos que, con alegr?a festiva, acompa?an al Se?or en su entrada en Jerusal?n. Como ellos, alabamos al Se?or alzando la voz por todos los prodigios que hemos visto. S?, tambi?n nosotros hemos visto y seguimos viendo los prodigios de Cristo: c?mo lleva a hombres y mujeres a renunciar a las comodidades de la propia vida para ponerse totalmente al servicio de los que sufren; c?mo da valor a hombres y mujeres para oponerse a la violencia y a la mentira y dejar espacio en el mundo a la verdad; c?mo, en lo secreto, induce a hombres y mujeres a hacer el bien a los dem?s, a suscitar la reconciliaci?n donde hab?a odio, a crear la paz donde reinaba la enemistad.

La procesi?n es ante todo un gozoso testimonio que ofrecemos de Jesucristo, por quien se nos ha hecho visible el Rostro de Dios, y por quien el coraz?n de Dios se abre a todos nosotros. En el Evangelio de Lucas, la narraci?n del inicio del cortejo en los alrededores de Jerusal?n est? compuesta siguiendo, en algunos momentos literalmente, el modelo del rito de coronaci?n con el que, seg?n el Primer Libro de los Reyes, Salom?n fue declarado heredero de la realeza de David (Cf. 1 Reyes 1, 33-35). De este modo, la procesi?n de las Palmas es tambi?n una procesi?n de Cristo Rey: profesamos la realeza de Jesucristo, reconocemos a Jes?s como el Hijo de David, el verdadero Salom?n, el Rey de la paz y de la justicia. Reconocerle como Rey significa aceptarle como quien nos indica el camino, Aqu?l de quien nos fiamos y a quien seguimos. Significa aceptar d?a tras d?a su palabra como criterio v?lido para nuestra vida. Significa ver en ?l la autoridad a la que nos sometemos. Nos sometemos a ?l porque su autoridad es la autoridad de la verdad.

Ante todo, la procesi?n de las Palmas es, como lo fue en aquella ocasi?n para los disc?pulos, una manifestaci?n de alegr?a, porque podemos conocer a Jes?s, porque ?l nos permite ser sus amigos y porque nos ha dado la clave de la vida. Esta alegr?a, que se encuentra en el origen, es tambi?n expresi?n de nuestro ?s?? a Jes?s y de nuestra disponibilidad a caminar con ?l all? donde nos lleve. La exhortaci?n del inicio de nuestra liturgia interpreta justamente el sentido de la procesi?n, que es tambi?n una representaci?n simb?lica de lo que llamamos ?seguimiento de Cristo?: ?Pidamos la gracia de seguirle?, hemos dicho. La expresi?n ?seguimiento de Cristo? es una descripci?n de toda la existencia cristiana en general. ?En qu? consiste? ?Qu? quiere decir en concreto ?seguir a Cristo??

Al inicio, en los primeros siglos, el sentido era muy sencillo e inmediato: significa que estas personas hab?an decidido dejar su profesi?n, sus negocios, toda su vida para ir con Jes?s. Significaba emprender una nueva profesi?n: la de disc?pulo. El contenido fundamental de esta profesi?n consist?a en ir con el maestro, confiar totalmente en su gu?a. De este modo, el seguimiento era algo exterior y al mismo tiempo muy interior. El aspecto exterior consist?a en caminar tras Jes?s en sus peregrinaciones por Palestina; el interior, en la nueva orientaci?n de la existencia, que ya no ten?a sus mismos puntos de referencia en los negocios, en la profesi?n, en la voluntad personal, sino que se abandonaba totalmente en la voluntad de Otro. Ponerse a su disposici?n se hab?a convertido en la raz?n de su vida. La renuncia que esto implicaba, el nivel de desapego, lo podemos reconocer de manera sumamente clara en algunas escenas de los Evangelios.

As? queda claro lo que significa para nosotros el seguimiento y su verdadera esencia: se trata de un cambio interior de la existencia. Exige que ya no me cierre en mi yo, considerando mi autorrealizaci?n como la raz?n principal de mi vida. Exige entregarme libremente al Otro por la verdad, por el amor, por Dios, que en Jesucristo, me precede y me muestra el camino. Se trata de la decisi?n fundamental de dejar de considerar la utilidad, la ganancia, la carrera y el ?xito como el objetivo ?ltimo de mi vida, para reconocer sin embargo como criterios aut?nticos la verdad y el amor. Se trata de optar entre vivir s?lo para m? o entregarme a lo m?s grande. Hay que tener en cuenta que verdad y amor no son valores abstractos; en Jesucristo se han convertido en una Persona. Al seguirle a ?l, me pongo al servicio de la verdad y del amor. Al perderme, vuelvo a encontrarme.

Volvamos a la liturgia y a la procesi?n de las Palmas. En ella, la liturgia prev? el canto del Salmo 24 [23], que tambi?n en Israel era un canto de procesi?n, utilizado para subir al monte del templo. El Salmo interpreta la subida interior de la que era imagen la subida exterior y nos explica lo que significa subir con Cristo. ??Qui?n subir? al monte del Se?or??, pregunta el Salmo, y presenta dos condiciones esenciales. Quienes suben y quieren llegar verdaderamente hasta arriba, hasta la verdadera altura, tienen que ser personas que se preguntan por Dios. Personas que escrutan a su alrededor para buscar a Dios, para buscar su Rostro.

Queridos j?venes amigos, qu? importante es precisamente esto hoy: no hay que dejarse llevar de un lado para otro en la vida; no hay que contentarse con lo que todos piensan, dicen y hacen. Hay que escrutar y buscar a Dios. No hay que dejar que la pregunta por Dios se disuelva en nuestras almas, el deseo de lo m?s grande, el deseo de conocerle a ?l, su Rostro?

Esta es la otra condici?n sumamente concreta para la subida: puede llegar al lugar santo quien tiene ?manos limpias y puro coraz?n?. Manos limpias son aquellas que no cometen actos de violencia. Son manos que no se han ensuciado con la corrupci?n, con los sobornos. Coraz?n puro, ?cu?ndo es puro el coraz?n? Es puro un coraz?n que no finge y no se mancha con la mentira y la hipocres?a. Un coraz?n que es transparente como el agua de un manantial, porque en ?l no hay doblez. Es puro un coraz?n que no se extrav?a con la ebriedad del placer; un coraz?n cuyo amor es aut?ntico y no una simple pasi?n del momento. Manos limpias y coraz?n puro: si caminamos con Jes?s, subimos y experimentamos las purificaciones que nos llevan verdaderamente a esa altura a la que el hombre est? destinado: la amistad con el mismo Dios.

El Salmo 24 [23], que habla de la subida, concluye con una liturgia de entrada ante la puerta del templo: ?Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria?. En la antigua liturgia del Domingo de Ramos el sacerdote, al llegar ante la iglesia, tocaba fuertemente con la cruz de la procesi?n contra el port?n, que todav?a estaba cerrado y que en ese momento se abr?a. Era una bella imagen del misterio del mismo Jesucristo que, con la madera de su cruz, con la fuerza de su amor, toc? desde el lado del mundo a la puerta de Dios; del lado de un mundo que no lograba acceder a Dios. Con la cruz, Jes?s ha abierto de par en par la puerta de Dios, la puerta entre Dios y los hombres. Ahora est? abierta. Pero el Se?or tambi?n toca desde el otro lado con su cruz: toca a las puertas del mundo, a las puertas de nuestros corazones, que con tanta frecuencia y en tan elevado n?mero est?n cerradas para Dios. Y nos habla m?s o menos de este modo: si las pruebas que Dios en la creaci?n te da de su existencia no lograr abrirte a ?l; si la palabra de la Escritura y el mensaje de la Iglesia te dejan indiferente, entonces, m?rame a m?, que soy tu Se?or y tu Dios.

Este es el llamamiento que en esta hora dejamos penetrar en nuestro coraz?n. Que el Se?or nos ayude a abrir la puerta del coraz?n, la puerta del mundo, para que ?l, el Dios viviente, pueda venir en su Hijo a nuestro tiempo, llegar a nuestra vida. Am?n.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]


Publicado por verdenaranja @ 1:00  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios