Martes, 03 de abril de 2007
Extracto del Preg?n de 2006 de la Semana Santa en Los Realejos, dicho por Jos? Gonz?lez Luis, can?nigo de la SAnta iglesia Catedral de La Laguna.


Recuerdos y reflexiones de la
Semana Santa realejera


Extracto del Preg?n de 2006>

La Villa hist?rica de Los Realelos se dispone un a?o m?s a expresar su devoci?n popular en los cultos, oficios procesiones de la Semana Santa. Todas las parroquias del municipio se preparan a celebrar con solemnidad la culminaci?n lit?rgica en la Semana Mayor, particularmente en el Tr?duo Sacro. Pero son las parroquias matrices, la de Santiago Ap?stol y la de La Concepci?n, del Realejo de Arriba y del Realejo de Abajo respectivamente, las cuales, casi desde su creaci?n en el siglo XVI pusieron las bases y desarrollaron paulatinamente representaciones de la Pasi?n.

Nuestros antepasados nos dejaron este legado o herencia de fe que cada parroquia ha sabido mantener con celo guardar como su mejor tradici?n a trav?s de las vicisitudes hist?ricas, cambios sociales y culturales y las reformas lit?rgicas.

Recuerdos de Semana Santa.

Lo que voy a escribir en primer lugar son recuerdos o re-flexiones que me vienen al hilo de estos mismos recuerdos. Seguramente mucho de lo que escriba ser? igual, com?n o muy parecido a lo que acontece en la mayor?a de las Semanas Santas isle?as. Pues sabemos que entre nosotros la Semana Santa como expresi?n de creencias religiosas se configura desde el siglo XVI. Y fue fruto del mestizaje cultural producido a resultas de la conquista. Se mezclaron y difundieron costumbres de castellanos, portugueses, andaluces y de otros.

Este producto h?brido, este mestizaje fue evolucionando con los tiempos con los estilos art?sticos. En todo ello, en estas memorias o recuerdos quiz?s alguien reconocer?, como ocurre en las familias, alg?n detalle t?pico, quiz?s singular de la Semana Santa realejera.

Pues hacemos memoria de la Semana Santa de los a?os 60 del siglo pasado e incluso de la d?cada anterior, y principalmente en la parroquia de la Concepci?n del Realejo Bajo.

En nuestro tiempo las fiestas y m?xime la Semana `Santa eran como el a?re que se respiraba, algo natural e ilusionante. La verdad es que los recuerdos se me agolpan en la memoria y uno no sabe por d?nde empezar.

Todos os d?as de la Semana Santa sal?an pasos que recorr?an las calles empinadas del pueblo. Nunca mejor dicho que el recoleto y silencioso casco del Realejo Bajo se transformaba en un templo, especialmente durante el triduo santo. Yo dir?a tambi?n, que las calles del pueblo se convert?an en un claustro conventual. La Semana Santa, en efecto, ten?a cierto a?re monacal, pues los conventos existentes en el pasado, aunque rea mucho tiempo atr?s hab?an desaparecido, influyeron en el desarrollo de la religiosidad popular realejera.

Algunas im?genes del convento franciscano de anta Luc?a y de los conventos agustinos de San Juan bautista o de Santa M?nica y San Andr?s pasaron a formar parte del elenco de im?genes expuestas en las parroquias y sal?an en la Semana Santa, como el Se?or del Huerto del Carmen que procesiona el Lunes Santo y as? como tambi?n procedente del convento franciscano de Santa Luc?a, el Nazareno de la parroquia de Santiago Ap?stol, obra del imaginero sevillano Mart?n de Andujar que desfila el Viernes Santo en el Realejo de Arriba. Otras im?genes, infelizmente, resultado de los despojos de los conventos perecieron en el incendio de 1978, como la Dolorosa, bella imagen de Jos? Luj?n P?rez. ?Qui?n no la recuerda vestida de rojo-morado y manto azul durante toda la Semana Santa del Realejo Bajo? Ella, ?nicamente, el Viernes Santo y en el Entierro del Se?or era sustituida por Ntra. Sra. de la Soledad, la ?nica superviviente del incendio de 1978, imagen atribuida a Jos? Rodr?guez de la Oliva que se salv? milagrosamente gracias a que se estaba reparando en el taller de Don Jos? S?verio.

Y permaneci? la costumbre, creo, cuando ya hab?an abandonado los frailes sus monasterios bien a causa de la desamortizaci?n, bien por ruina o incendio de que los p?rrocos de las parroquias matrices invitaban a un "padrito" que as? sol?a llamarse al sacerdote de ?rdenes religiosas que reforzaba y ayudaba en las m?ltiples tareas de la Semana Santa, particularmente en confesiones, procesiones y sermones.

Son dignas de menci?n y curiosas las costumbres sociales de la Semana Santa. Las chicas y se?oras estrenaban traje y zapatos, y un buen terno los hombres. Y los muchachos m?s andariegos particip?bamos en varios desfiles procesionales, o a?n m?s curiosos nos gustaba hacernos presentes en las procesiones del Realejo de Arriba cuando eran compatibles los horarios, lo que ocurr?a frecuentemente porque la banda de m?sica acompa?aba con sus marchas ambas procesiones.

Es m?s, incluso nos acerc?bamos a pueblos vecinos no s?lo para visitar los monumentos, y rezar la estaci?n al Sant?simo Sacramento, sino para presenciar procesiones de cierto renombre. Los de la ?poca recordamos "el estruendo" en la ma?ana del Mi?rcoles Santo cuando se rasgaba el velo blanco de la Parroquia en la funci?n en honor del Se?or de la Ca?ita.En el momento en que el cantor del Evangelio de Lc 23,47-46 proclamaba "... la regi?n qued? en tinieblas hasta med?a tarde. El velo del templo se rasg? por medio. Jes?s grit? muy fuerte: Padre, a tus manos encomiendo m? esp?ritu. Y dicho esto expir?". Justo en ese momento se provocaba un fuerte estruendo que retumbaba en todo el templo.

Del Viernes Santo pocos olvidan el Encuentro, procesi?n de gran relieve teatral y dram?tico y de gran aceptaci?n popular. Por supuesto la concurrencia del p?blico estaba asegurada en la ma?ana del viernes. Entonces los j?venes ten?an la oportunidad de mostrar sus destrezas cargando a paso muy ligero el trono deSan Juan.

La dieta alimentar?a era sobria y austera por penitencia, qu?z?s por escasez pero nunca faltaban las rebanadas o torr?jas, ni los ?ames, ni los rosquetes y buenas tartas y dulces caseros para todos los protagonistas y peque?os actores de la Semana Santa, recompensa y premio por la participaci?n en los actos lit?rgicos y desfiles procesionales. Todos eran importantes en la representaci?n de aquella Semana Santa.
Cada parroquia se esmeraba en la presentaci?n y vivencia de los actos lit?rgicos particularmente los del triduo sacro. El Jueves Santo llevaba detr?s los preparativos a fin de que todo estuviera a punto para el monumento: las flores, los s?mbolos de la cena del Se?or, se cuidaba la luz, el canto, los ornamentos lit?rgicos, todo. Mucho tiempo antes se sacaba brillo a las p?ezas de orfebrer?a, custodias, c?lices, otros objetos sagrados, las cruces. ciriales, salvas y salvillas.

Las hermandades y cofrad?as, muy pocas todav?a en aquel tiempo, encargadas de los pasos, respond?an de la preparaci?n, ornamentaci?n del trono, y los vecinos del trayecto procesional, que era alternativo cada a?o en algunos casos, tambi?n estaban muy pendientes de adornar las ventanas y balcones con colgaduras.

Reflexiones en torno a la devoci?n popular.

En la d?cada de los ochenta del siglo pasado asist?amos a la revitalizaci?n de las hermandades y cofrad?as. En la parroquia de Sant?ago Ap?stol hab?a funcionando desde muy antiguo la de la Veracruz o de la Misericordia.

Este nuevo despertar penitencial renov? la Semana Santa en los pueblos y parroquias en las que no hab?a tanta tradici?n de cofrad?as de penitentes o de capuchinos. Otra novedad fue la incorporaci?n de la mujer en las cofrad?as de penitentes.

La participaci?n del pueblo es variada, activa pero con distinto grado de implicaci?n. La gente mira, siente y acompa?a las im?genes. Hay visi?n, sonido, olor, sentimiento. El cofrade y su familia se sienten religados a su imagen, a su trono. Se establece una positiva complicidad.

De las im?genes se puede sacar todo el mensaje de Jes?s. Puede haber alg?n elemento negativo como la ostentaci?n y opulencia, el querer sobresalir en adornos y lujo sobre otro paso perteneciente a tal o cual cofrad?a o hermandad. Hay que eliminar la porf?a o rivalidad, pero a favor est?n los elementos positivos, ganan ?stos ?ltimos. Todo ello contribuye a que el pueblo creyente se acerque al misterio de Cristo de diversas maneras, normalmente en este caso desde el sentimiento. Somos inteligencia sentiente, dec?a el fil?sofo Zubiri. Se ha dicho que los pasos en nuestras calles con la huella art?stica que imprimi? cada escultor o imaginero es un microevangelio una preciosa catequesis, am?n de la relaci?n que se establece entre cada actor o participante con su imagen y lo que ella le sugiere. Sentimiento y depurada t?cnica han demostrado los imagineros canarios en las obras esculpidas con sus gubias. Es justo que de nuevo mencionemos a algunos de ellos: a Jos? Rodr?guez de la Oliva, al gran-canario Jos? Luj?n P?rez, a Fernando Est?vez o a Ezequiel de Le?n y a otros an?nimos artesanos. Ellos son los autores de muchas de las im?genes que recorren nuestras calles, y que nos hacen tanto f?en espiritual.

En las procesiones hay mucha predicaci?n y tambi?n en el canto sacro, y en los V?a Crucis y en cualquier manifestaci?n religiosa.

Cada parroquia del municipio agrupada en torno a sus feligreses y a sus propias im?genes-s?mbolos conmemora la Semana Santa. Tambi?n lo hacen las parroquias de m?s reciente creaci?n. Aqu? en el Tosca! en la parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe se celebra con toda solemnidad el Domingo de Ramos con procesi?n de palmos y olivos desde la capilla antigua hasta la Iglesia y se realiza un muy sentido y espiritual Viacrucis el Viernes Santo. Tambi?n la parroquia de Ntra. Sra. del buen Viaje en Icod el Alto concita a su feligres?a en el tradicional V?acruc?s del Viernes portando la cruz desnuda, s?mbolo de la Resurrecci?n. Todas las iglesias se esmeran en las celebraciones, todas viven y testimonian externamente su fe.

No obstante, siempre existe el riesgo de quedarse en la mera representaci?n, en la c?scara o corteza, es necesario purificar y evangelizar, predicar el sentido de lo que se est? festejando. Por otra parte, hoy la catequesis, la predicaci?n, los mensajes y la cultura se expresan y son captados de manera muy icnogr?fica, es el lenguaje ic?nico de las nuevas tecnolog?as, dan son los nuevos iconos que dan sentido y significaci?n en nuestro mundo.

Esto afecta tambi?n a la transmisi?n del Evangelio. La religiosidad popular naci? antiguamente desde la adoraci?n a Jes?s y los santos: orar, ver, sentir y tocar. La peregrina Egeria, monja gallega, que peregrin? al final del siglo IV a los Santos Lugares nos describe en el diario de su visita c?mo vivi? con intensa emoci?n all? las liturgias de la Semana Santa. Todos los peregrinos, anotaba Egeria en su diario, deseaban ver y tocar los lugares santificados por presencia f?sica del Jes?s hist?rico, sobre todo el G?lgota y la tumba de Cristo.

Las representaciones surgieron frente a una liturgia que no se entend?a, frente a una lengua que tampoco se entend?a y hab?a que completar aquella predicaci?n muy Verbalista y conceptual. Por ello se desencaden? el movimiento religioso de manifestaciones participativas donde se visualizaban teatralmente y se saboreaban los hechos sagrados y no s?lo se escuchaba sino que el fiel se implicaba activamente. Ello atrae a la gente y as? expresa su sentimiento religioso. Los actos lit?rgicos hay que unirlos con la manifestaci?n religiosa.

Jos? Gonz?lez Lu?s
Can?nigo de, la Santa Iglesia Catedral de La Laguna


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