Martes, 03 de abril de 2007
Recuerdo que hizo Benedicto XVI del Papa Pablo VI el 3 de marzo de 2007 al recibir a los miembros del instituto dedicado a este pont?fice, Giovanni Battista Montini, en la ciudad de Brescia.


Queridos hermanos y hermanas:
Me alegra acogeros a cada uno de vosotros, que form?is parte del comit? cient?fico y del comit? ejecutivo del Instituto "Pablo VI", promovido por la "Obra para la educaci?n cristiana" de Brescia con el fin de fomentar el estudio de la vida, del pensamiento y de la actividad de este inolvidable Pont?fice.

Os saludo a todos cordialmente, comenzando por los se?ores cardenales presentes. En particular, saludo al doctor Giuseppe Camadini, y le agradezco las palabras que me ha dirigido en su calidad de presidente de vuestro Instituto. Dirijo, adem?s, un saludo especial a monse?or Giulio Sanguineti, obispo de la di?cesis en la que mi venerado predecesor naci?, fue bautizado y ordenado sacerdote. Le agradezco tambi?n todo lo que hace para sostener y acompa?ar de forma autorizada la actividad de una instituci?n tan benem?rita. Gracias, queridos amigos, por haberme obsequiado con un ejemplar de todas las publicaciones que hab?is editado hasta ahora. Se trata de una serie muy amplia de vol?menes, que testimonian el notable trabajo que hab?is realizado durante m?s de 25 a?os.

Como se ha dicho, tuve ocasi?n de conocer la actividad de vuestro Instituto. He admirado su fidelidad al Magisterio, as? como su intenci?n de honrar a un gran Pont?fice, cuyo anhelo apost?lico procur?is destacar gracias a un riguroso trabajo de investigaci?n y a iniciativas de elevada calidad cient?fica y eclesial. Al siervo de Dios Pablo VI me siento muy vinculado personalmente por la confianza que me demostr? al nombrarme arzobispo de Munich y, tres meses despu?s, incluy?ndome en el Colegio cardenalicio, en 1977.

Fue llamado por la divina Providencia a guiar la barca de Pedro en un per?odo hist?rico marcado por muchos desaf?os y problemas. Al repasar con el pensamiento los a?os de su pontificado, impresiona el celo misionero que lo anim? y lo impuls? a emprender arduos viajes apost?licos, incluso a naciones lejanas, y a realizar gestos prof?ticos de amplio alcance eclesial, misionero y ecum?nico. Fue el primer Papa en viajar a la tierra donde Cristo vivi? y de la que parti? Pedro para venir a Roma. Aquella visita, s?lo seis meses despu?s de su elecci?n como Supremo Pastor del pueblo de Dios y mientras se estaba celebrando el concilio ecum?nico Vaticano II, revisti? un claro significado simb?lico. Indic? a la Iglesia que el camino de su misi?n consiste en seguir las huellas de Cristo. Esto fue precisamente lo que el Papa Pablo VI trat? de hacer durante su ministerio petrino, que desempe?? siempre con sabidur?a y prudencia, con plena fidelidad al mandato del Se?or.

En efecto, el secreto de la acci?n pastoral que Pablo VI llev? a cabo con incansable entrega, tomando a veces decisiones dif?ciles e impopulares, radica precisamente en su amor a Cristo, un amor que vibra con expresiones conmovedoras en todas sus ense?anzas. Su alma de Pastor estaba totalmente impregnada de celo misionero, alimentado por un sincero deseo de di?logo con la humanidad. Su invitaci?n prof?tica, repetida muchas veces, a renovar el mundo atormentado por inquietudes y violencias mediante "la civilizaci?n del amor", nac?a de su total confianza en Jes?s, Redentor del hombre.

?C?mo olvidar, por ejemplo, aquellas palabras que tambi?n yo, entonces presente como perito en el concilio Vaticano II, escuch? en la bas?lica vaticana en la inauguraci?n de la segunda sesi?n, el 29 de septiembre de 1963? "Cristo, nuestro principio ?proclam? Pablo VI con ?ntima emoci?n, y oigo a?n su voz?; Cristo, nuestro camino y nuestro gu?a; Cristo, nuestra esperanza y nuestro t?rmino. (...) Que no se cierna sobre esta reuni?n otra luz si no es Cristo, luz del mundo; que ninguna otra verdad atraiga nuestros ?nimos fuera de las palabras del Se?or, nuestro ?nico Maestro; que ninguna otra aspiraci?n nos anime si no es el deseo de serle absolutamente fieles" (Concilio Vaticano II. Constituciones, Decretos, Declaraciones, BAC, Madrid 1968, p. 1045). Y hasta su ?ltimo suspiro, su pensamiento, sus energ?as y su acci?n fueron para Cristo y para su Iglesia.

El nombre de este Pont?fice, cuya grandeza la opini?n p?blica mundial comprendi? precisamente con ocasi?n de su muerte, sigue unido sobre todo al concilio Vaticano II. En efecto, aunque fue Juan XXIII quien lo convoc? e inici?, le toc? a ?l, su sucesor, llevarlo a t?rmino con mano experta, delicada y firme. No menos arduo fue para el Papa Montini gobernar la Iglesia en el per?odo posconciliar. No se dej? condicionar por incomprensiones y cr?ticas, aunque tuvo que soportar sufrimientos y ataques, a veces violentos, pero en todas las circunstancias fue firme y prudente timonel de la barca de Pedro.

Con el paso de los a?os resulta cada vez m?s evidente la importancia de su pontificado para la Iglesia y para el mundo, as? como el valor de su alto magisterio, en el que se han inspirado sus Sucesores, y al que tambi?n yo sigo haciendo referencia. Por tanto, me complace aprovechar esta circunstancia para rendirle homenaje, a la vez que os animo, queridos amigos, a proseguir el trabajo que hab?is emprendido desde hace tiempo.

Haciendo m?a la exhortaci?n que os dirigi? el amado Papa Juan Pablo II, os repito de buen grado: "Estudiad con amor a Pablo VI (...); estudiadlo con rigor cient?fico (...); estudiadlo con la convicci?n de que su herencia espiritual contin?a enriqueciendo a la Iglesia y puede alimentar la conciencia de los hombres de hoy, tan necesitados de "palabras de vida eterna"" (Discurso al Instituto Pablo VI de Brescia, 26 de enero de 1980, n. 2: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 10 de febrero de 1980, p. 20).

Queridos hermanos y hermanas, gracias una vez m?s por vuestra visita; os aseguro un recuerdo en la oraci?n y os bendigo con afecto a vosotros, a vuestras familias y todas las iniciativas del Instituto Pablo VI de Brescia.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede]



Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Habla el Papa
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