Martes, 03 de abril de 2007
Carta pastoral semanal del Arzobispo de Valencia Don Agust?n Garc?a Gasco Vicente.

Libertad para creer


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 1 de abril de 2007


Creer ?o dejar de hacerlo? es un acto personal en el que cada uno utiliza su libertad para aceptar o rechazar la iniciativa de Dios sobre su propia vida. No es casualidad que grandes hombres y mujeres de todos los tiempos hayan admirado esta libertad del ser humano para aceptar o no a su Creador. El acto de fe es una expresi?n elevada de la dignidad del ser humano y de la libertad de cada persona.
Nadie puede suplir nuestra persona en este acto de libertad. Pero tampoco tomamos esta decisi?n de un modo aislado, sin referencia a las relaciones con los dem?s, a la vida comunitaria, a la dimensi?n familiar, social y cultural de nuestro ser personal. Haber comprendido y compartido con otras personas experiencias de bien, de verdad, de belleza, de justicia, ayudar?n a aceptar casi de modo espont?neo la presencia del amor de Dios en nuestras vidas.

La Iglesia, que ha recibido como misi?n propia la custodia del don de la fe, sabe que un modo de vivir verdaderamente humano est? m?s f?cilmente abierto a este don, que nos revela el amor de Dios por cada ser humano en Jesucristo. Por el contrario, all? donde se promueve el error, la mentira, la manipulaci?n, la malicia, el odio, el resentimiento, el chantaje, la coacci?n, la fealdad, el desgarro, la injusticia, la opresi?n, la explotaci?n o cualquier tipo de violencia se dificulta, hasta el extremo, que el ser humano pueda descubrir su propia dignidad, su inconmensurable valor y el don del amor de Dios.

La libertad de las personas para creer hace posible sociedades abiertas, en las que no se desarrolla una cultura oficial que busca imponer dogm?ticamente sus premisas ideol?gicas. El acto de fe pide que la sociedad respete ?ntegramente los derechos humanos, especialmente la libertad religiosa. Creer en y con libertad requiere una justa autonom?a del orden temporal en sus instituciones y procesos. Una recta comprensi?n de la sana laicidad es favorecida y exigida por la fe cristiana, que encuentra incompatibles el ejercicio de la coacci?n y el acto de fe.

Frente a la laicidad respetuosa con el fen?meno religioso en todas sus confesiones, nos encontramos en la actualidad en Espa?a con el laicismo radical que constituye una utilizaci?n del poder del Estado para fundar una sociedad como si todos los ciudadanos fueran ateos sin aceptar la realidad de la libertad religiosa y sus repercusiones en la vida social y p?blica.

Como hemos se?alado los Obispos, estamos ante el problema radical de nuestra cultura: la negaci?n de Dios; obligar a todos a vivir como si Dios no existiera, a?n cuando sean creyentes. En la Espa?a de hoy se detecta el inter?s por extender un modo de vida en el que la referencia a Dios sea considerada como una deficiencia en la madurez intelectual y en el pleno ejercicio de la libertad.

Llegan a afirmar de forma clara o taimada que Dios es el enemigo de la libertad humana y las religiones ser?an la causa de las guerras. Desenmascarar el ?nacional-laicismo? que se nos trata de imponer resulta necesario y urgente, pues no deja de ser un fundamentalismo que nada tiene que ver con la sana laicidad. La sana laicidad protege a quien no acepta a Dios, pero al tiempo reconoce el derecho a la libertad religiosa con todas sus consecuencias que incluye el respeto de quien libremente desea practicar su religi?n de forma congruente. Nadie puede ser obligado a creer o a dejar de creer. S?lo en un clima de apertura y libertad se respeta verdaderamente a las personas.

El laicismo radical avanza con frecuencia por la falta de consistencia de los propios creyentes, que a veces, somos atra?dos por la tentaci?n de ocultar nuestra fe en la vida p?blica. Nos resulta m?s f?cil dejar de ser cristianos cuando se llega al trabajo, al entrar en pol?tica, al buscar las diversiones con los amigos. Pero quien niega a Jesucristo y oculta su condici?n cristiana en la vida p?blica, dif?cilmente puede creer que ama a Dios con sinceridad y con toda su persona.

Estos d?as de Cuaresma son un tiempo propicio para no negar a Cristo. Sin ostentaciones, pero tambi?n sin complejos debemos actuar decididamente en pos de una sociedad abierta a la fe, en la que se respete plenamente la libertad de las personas.

Con mi bendici?n y afecto,

Agust?n GArc?a-Gasco Vicente
Arzobispo de Valencia


Publicado por verdenaranja @ 23:12  | Hablan los obispos
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