Martes, 03 de abril de 2007
Art?culo de Salvador Fern?ndez, publicado en la revista "Iglesia Nivariense", MARZO 2007, n?mero 73, en la secci?n la Calle opina


HAY QUE CALAFATEAR EL BARCO


Quienes vivimos cercanos a la mar generalmente conocernos el significado de calafatee el barco. Consiste en limpiar el casco, y en rellenar sus posibles grietas, evitando as? el peligro de naufragar.

Si paseamos por alg?n puerto podremos comprobar con qu? esmero se limpia el casco, al que se le han ido adhiriendo algas y burgados, que dificultan la buena navegaci?n de la nave.

Al propio tiempo se aprovecha para retocar la pintura, eliminar las zonas oxidadas y hasta a?adirle detalles de buen gusto. Podemos creer - por la expresi?n del "capit?n" - que en ese nav?o se est? a gusto, feliz y apasionado por la navegaci?n.

Se me ocurre pensar que la celebraci?n de la Cuaresma, la Semana Santa, es una cita anual que tenernos para calafatear nuestro vivir cristiano, revisando el casco de nuestra nave, reparando grietas y eliminando adherencias que dificultan una buena navegaci?n.

Una puesta a punto tanto si eres esposo/a, padres, hijos, solteros, cada uno seg?n la nave que le corresponde gobernar.

Las adherencias pueden ser muchas y hasta es posible que alguna grieta puede suponer un serio peligro para tu nave.

Grietas como el abandono de la oraci?n, de la eucarist?a, de reconciliarte con Dios, acaso una v?a m?s profunda como puede ser la infidelidad.

Adherencias, tal vez muchas, que pueden estar sumergidas en el estr?s, pero que dificultan la convivencia diaria, y abundan las faltas de respeto, el ego?smo, la no colaboraci?n, la ausencia del dialogo, del ser detallista con tu c?nyuge, con tus padres...

Y tal vez descubrimos que el mayor error que hemos cometido ha sido el tirar por la borda al Capit?n del barco, de forma que nuestra nave de cristiana solo tenga la etiqueta, pero nada m?s.

Envueltos por la niebla de lo material, navegamos en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la sociedad ignorando a quienes est?n en serias dificultades, a punto de naufragar, comport?ndonos con una total insolidaridad.

Es posible que en alg?n puerto visitemos la iglesia no por valorar que en el sagrario est? Jes?s esper?ndonos sino por cumplir con alg?n entierro, una boda o un bautizo. De resto sentirme y saberme Iglesia, comunidad de personas, lo desconozco, lo ignoro.

Pienso que es tiempo de aprovechar esta invitaci?n de la Cuaresma para descubrir aquello que tenemos que corregir, hacer un prop?sito firme, a mi medida, y cumplirlo.
Con la barca a punto, bien calafateada, con el Capit?n a bordo, podemos navegar mar adentro, seguros de llegar al Puerto de la Esperanza.


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