Martes, 03 de abril de 2007
Artículo del Padre Antonio María Hernández del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz, publicado en la revista "Como las Abejas" ENERO - FEBRERO 2007 NÚMERO 31.

Dar de comer al habriento



Recuerden que cada persona en el momento de ser concebido en el seno materno, el Padre Dios le envía desde el Cielo un Ángel para que sea su embajador en el corazón de cada niño y de cada niña y será el encargado de presentar al Padre Dios todas las buenas acciones, los buenos pensamientos, los buenos deseos y hasta los buenos propósitos de aquellos niños o niñas que les toca guardar. Por eso se llama el Ángel de la Guarda. En el Cielo hay otros ángeles que tienen otras misiones. Hay arcángeles, querubines, serafines, etc.

Se cuenta que una vez se reunieron catorce Ángeles de la Guarda y decidieron contar cada uno una historia bonita, sobre el niño o niña que les había tocado cuidar y lo que habían conseguido con sus consejos.

El primer Ángel de la Guarda, que va a contar su historia es el Ángel de un tal Raico.

Cuenta este ángel: a mí me ha tocado, por sorteo, comenzar las historias. Yo siento una gran alegría y por eso les pido a todos ustedes que están leyendo este escrito, que presten atención a la historia que les voy a contar.

Yo soy el Ángel de la Guarda de Raico. Raico es un niño buenísimo; pero de vez en cuando protesta y le cuesta obedecer. No lo hace con mala intención: pero le sale y yo me enfado muchas veces con él y le digo. ¿No ves Raico que si me haces caso a mí, que te hablo desde dentro de tu corazón, vas a ser más feliz y vas a tener menos disgustos?

Sucedió una vez que Raico, después de cenar, se puso a terminar la tarea que le habían mandado del colegio. Él estaba solo en la casa, porque sus padres habían salido a ver a unos amigos. Cuando terminó la tarea, se fue a acostar muerto de sueño; pero, de pronto, tocan en la puerta, se asoma a la ventana y ve a un niño que estaba tiritando de frío. Se le enterneció el corazón y le preguntó; ¿Qué haces ahí fuera solo? El niño todo asustado no contestó. Mi Raico le volvió a preguntar, ¿Qué haces en la calle a estas horas? ¿Cómo no te vas a tu casa, pues, ya es tarde?

Por fin, el niño al sentirse acogido le respondió. Es que vine a ver a unos tíos míos que me dijeron que vivían por aquí; pero estoy perdido y no sé la dirección. Yo, dice el Ángel de la Guarda, le susurré a Raico que le preguntara si había comido y él contesto que no había comido nada durante todo el día. Raico se quedó pensativo; ¿Qué hacer? Yo le dejé libre para que él decidiera. De pronto, el niño quiere marcharse de nuevo a casa de sus padres, pero mi Raico siente una corazonada que le puse, que le insinué yo.

Eh amiguito, no te vayas. Le daba pena que se marchara sin comer. Entonces se acuerda que la madre le había dejado en la nevera, una ensaladilla rusa, unas croquetas, leche y un yogur. Tiene hambre el pobrecito, se dijo a sí mismo, Raico. Mi madre no está. Esta comida me la dejó mi madre para mí, para mañana ir de excursión. Entonces, sin pensarlo más le dijo: pasa para adentro para que comas algo y luego sigues el camino. Yo, dice el Angel de la Guarda, di un salto de alegría al ver los buenos sentimientos de mi Raico. Me hizo caso a los buenos pensamientos que le puse en su cabeza. Anda, pasa, siéntate ahí. Le calentó un poco de sopa en el microhondas, luego las croquetas, la ensaladilla rusa, el yogur, la fruta y un café con leche calentito, y se lo sirvió todo, él mismo, como había visto hacer a su madre.

El niño tenía, tanta hambre, que se lo comió todo sin dejar ni las raspas, que limpió con un pedazo de pan. ¡Qué bien lo pasamos los tres! Seguía contando el Angel de la Guarda. El niño porque sació su hambre y se sintió tan bien atendido y querido. Mi Raico, porque sentía por dentro una gran alegría por haber hecho feliz a aquel niño. aunque se quedaba sin comida y yo, sintiéndome muy orgulloso de ser el Ángel de la Guarda de Raico.

Luego el niño, después de dar las gracias a Raico se marchó muy contento y con la barriguita llena. Cuando Raico se quedó nuevamente solo, se dijo a sí mismo: hoy le he dado de comer a este niño, porque tocó en la puerta y lo vi; pero ¡cuántos niños se habrán acostado hoy sin comer! Y ¡Cuántos se mueren de hambre porque no comen nunca! Y yo que protesto tanto, por la comida que me pone mi madre.

Entonces. Continúa el Ángel. Le animé a Raico a que hiciera unos buenos propósitos, sabiendo que un día dijo el mismo Señor: "tuve hambre y me diste de comer" y empezó a darse cuenta que la comida aquella se la había dado al mismo Dios.

Entonces Raico se hizo el propósito, de compartir en el recreo de la escuela. el bocadillo que le daba su madre para él, y cuando se daba cuenta que había niños mas pobres que no tenían nada. También se hizo el propósito de llevar todas las semanas 1 kilo de arroz y 1 kilo de azúcar, o de garbanzos al Hogar Santa Rita, comprado con el dinero que le daba su madre para sus gastos en lugar de comprar chucherías. De todos modos hay que hacer un pequeño sacrificio.

Al terminar la historia del Ángel de la Guarda de Raico los otros trece Ángeles de la Guarda, le felicitaron por estar cuidando a un niño maravilloso que siempre hace caso a sus consejos y todos ellos levantaron la mano para contar también ellos las historias bonitas de otros niños. Pero tranquilos, ya los oiremos a todos. Porque ciertamente, todos los niños del mundo empiezan siendo buenos, luego, no le hacen caso a su Ángel de la Guarda, y el ángel malo les pone malas ideas, en su cabeza y malos deseos en su corazón y se echan a perder.

Santo Tomás de Villanueva, Arzobispo de Valencia. Servía él mismo en su palacio la comida a más de 600 pobres y el último en comer siempre era él.
San Luis Rey de Francia, todos los días del año invitaba a comer en su mesa a 12 pobres y les servía él mismo.

San Pedro de Alcántara, cuando de joven estudiaba en la Universidad de Salamanca. repartía la comida con los necesitados que encontraba, a pesar de que sus padres le reprendían y le decían que esa comida era para él y en su tiempo libre iba a visitar a pobres y enfermos en los hospitales. San Martín de Porres, el Santo mulato o fray escoba, cuando era barbero, repartía todo su sueldo con los pobres y cuando ya era religioso todos los días daba comida a los pobres que venían a pedir de comer en el convento.

Un día San Antonio María Claret. en el momento que iba a comer tocaron en la puerta. eran unos mendigos que pedían comida, fue a la cocina y todo lo que tenía lo repartió y se quedó él sin comer todo el día.

Un niño de pocos años daba todos los días la mitad de su bocadillo a otro pobre que le pedía de comer en el camino del colegio. Como su madre le dijo un día que él tenía que comerse todo el bocadillo para crecer, él le contestó: Mami, déjame dividirlo así, pues, dando al pobre la mitad, me sabe mejor a mí la otra mitad y de esta manera, el Señor me hará crecer más, pronto.

Antonio María Hernández


Publicado por verdenaranja @ 23:56  | Espiritualidad
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