Mi?rcoles, 04 de abril de 2007
Homil?a del Sr. Cardenal Arzobispo en la Misa Crismal, en la S. I. Catedral Primada
Toledo, 3 de abril de 2007.

EL SACERDOTE, INSTRUMENTO D?CIL DE CRISTO



Muy queridos hermanos y hermanas en el Se?or. Saludo con un afecto muy especial en este d?a a los Obispos y sacerdotes que hoy nos reunimos para conmemorar, dentro de la Misa Crismal, el d?a en el que el Se?or encomend? a los Doce la tarea sacerdotal de celebrar, con el pan y el vino, el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, hasta que vuelva. Un saludo muy singular a los hermanos sacerdotes que, como excepci?n este a?o, en este d?a, con todos los dem?s hermanos, dan gracias a Dios por sus cincuenta o veinticinco a?os de ordenaci?n; para vosotros: nuestra felicitaci?n, nuestro cari?o fraterno, nuestra gratitud, nuestra plegaria y nuestros mejores deseos.

Hoy, como presbiterio diocesano, Dios nos concede renovar juntos las promesas sacerdotales. ?Cu?ntos sentimientos se agolpan en todos nosotros! ?Cu?ntas cosas os dir?a y compartir?a hoy con vosotros! Ante todo, hermanos sacerdotes, doy gracias a Dios por todos vosotros; y ruego y suplico, desde lo m?s hondo, al que es Dador de todo bien que os fortalezca a todos, y renueve y vigorice en cada uno el don del sacerdocio que ?l ha puesto en nuestras sencillas personas.

A vuestro lado siento el mutuo consuelo de la com?n fe, y la compa??a amiga del Se?or y de cada uno de los hermanos del presbiterio que muestra que no estamos solos y que en tal compa??a nada podemos temer. El que cree nunca est? s?lo: vosotros cre?is. No olvidamos que Jes?s nos ha dicho, "no os llamo siervos, sino amigos"; por eso, no nos deja, nos acompa?a siempre; Cristo est? con nosotros, y nosotros con ?l. Pero, adem?s, estando en comuni?n con Jes?s, estamos unidos con los hermanos en el sacerdocio. Esto que es teol?gicamente as? -hemos sido insertados en una fraternidad sacramental de sacerdotes con el obispo-, gracias a Dios se cumple tambi?n en la experiencia concreta de nuestro presbiterio diocesano. Que Dios siga concedi?ndonos el que nos mantengamos en esta comuni?n sacerdotal entre todos los miembros de nuestro presbiterio con sus obispos, porque de este modo tambi?n experimentaremos mucho m?s, y m?s gozosamente la comuni?n con Jesucristo.

Hemos proclamado el texto evang?lico que evoca la presencia de Jes?s en la sinagoga de Nazaret. All? se aplica a s? mismo la profec?a de Isa?as que dice: "El Esp?ritu del Se?or est? sobre m?; ?l me ha ungido"; ?l es el Cristo, el Ungido, que act?a por misi?n del Padre y en la unidad del Esp?ritu Santo, y que, de esta manera, dona al mundo un nuevo sacerdocio, una nueva realeza, un nuevo modo de ser profeta. La unci?n del Esp?ritu Santo, el d?a de nuestra ordenaci?n sacerdotal, nos asoci? sacramentalmente al mismo Jesucristo, ungido sacerdote ?nico, sumo y definitivo de la nueva y eterna Alianza en la sangre del Cordero, que se actualiza en la Eucarist?a.

Como nos recuerda el Papa Benedicto XVI, en su primera Exhortaci?n Apost?lica postsinodal, Sacramentum Charitatis, cuya lectura, asimilaci?n, y aplicaci?n es tan importante para nuestro futuro y nuestra vida: "La v?spera de su muerte, Jes?s instituy? la Eucarist?a y fund? al mismo tiempo el sacerdocio de la nueva Alianza. ?l es sacerdote, v?ctima y altar: mediador entre Dios y el pueblo, v?ctima de expiaci?n que se ofrece a s? mismo en el altar de la cruz. Nadie puede decir 'esto es mi cuerpo' y '?ste es el c?liz de mi sangre' si no es en el nombre y en la persona de Cristo, ?nico sacerdote de la nueva y eterna Alianza" (Benedicto XVI, Sacramentum Charitatis, 23).

As?, hermanos queridos de este presbiterio, "el misterio del sacerdocio de la Iglesia radica en el hecho de que nosotros, seres humanos miserables, en virtud del Sacramento podemos hablar con su 'yo' in Persona Christi. Jesucristo quiere ejercer el sacerdocio por medio de nosotros. Este conmovedor misterio, que en cada celebraci?n del Sacramento nos vuelve a impresionar, lo recordamos de modo particular", en esta precisa celebraci?n eucar?stica, en la que nos encontramos, de la "Misa Crismal". "Para que la rutina diaria no estropee algo tan grande y misterioso, necesitamos ese recuerdo espec?fico, necesitamos volver al momento en que ?l nos impuso sus manos, y nos hizo part?cipes de este misterio" (Benedicto XVI). Necesitamos volver a aquel momento en que instituy? el sacerdocio al tiempo que la Eucarist?a -"haced esto en memoria m?a"-, y aquel otro momento en que se nos impusieron las manos y nuestras manos fueron ungidas. Con aquellos gestos, el mismo Jesucristo tom? posesi?n nuestra, y el Esp?ritu Santo, a?n con toda nuestra carga de fragilidad y miseria, "nos hizo ser signo que, como d?cil instrumento en sus manos, se refiere a Cristo" (Sacramentum Charitatis): sacramento de la presencia sacerdotal ?nica y definitiva de Cristo.

Como dijo el Papa en la Misa Crismal del a?o pasado, con la hondura, belleza y sencillez que le caracteriza, "nuestras manos han sido ungidas con el ?leo, que es el signo del Esp?ritu Santo y su fuerza. ?Por qu? precisamente las manos? La mano del hombre es el instrumento de su acci?n, es el s?mbolo de su capacidad de afrontar el mundo, de 'dominarlo'. El Se?or nos impuso las manos y ahora quiere nuestras manos para que, en el mundo, se transformen en las suyas. Quieren que ya no sean instrumentos para tomas las cosas, los hombres, el mundo para nosotros, para tomar posesi?n de ?l, sino que transmitan su toque divino poni?ndose al servicio de su amor. Quieren que sean instrumentos para servir y, por tanto, expresi?n de la misi?n de toda la persona que se hace garante de ?l y lo lleva a los hombres".

Ha tomado, en primer lugar, nuestras manos y ha puesto en ellas su propio Cuerpo entregado por los hombres, como vida del mundo, amor de los amores, para que lo traigamos a este mundo y lo llenemos de su amor desbordante en favor de todos. En la sagrada Eucarist?a se da a s? mismo mediante nuestras manos, se da a nosotros. El gran y supremo servicio que Jes?s nos presta a todos, como buen pastor que da la vida por sus ovejas, est? en la cruz: se entrega a s? mismo y no s?lo en el pasado. "Por eso, con raz?n, en el centro de la vida sacerdotal est? la sagrada eucarist?a, en la que el sacrificio de Jes?s en la cruz est? realmente presente entre nosotros. A partir de esto aprendemos tambi?n qu? significa celebrar la Eucarist?a de modo adecuado: es encontrarnos con el Se?or, que por nosotros se despoja de su propia gloria divina, se deja humillar hasta la muerte en la cruz y as? se entrega a cada uno de nosotros. Es muy importante para el sacerdote la Eucarist?a diaria, en la que se expone siempre de nuevo a este misterio; se pone siempre de nuevo a s? mismo en las manos de Dios, experimentando al mismos tiempo la alegr?a de saber que ?l esta presente, me acoge, me levanta y me lleva siempre de nuevo, me da la mano, se da a s? mismo. La Eucarist?a debe llegar a ser para nosotros una escuela de vida, en la que aprendamos a entregar nuestra vida. La vida no se da s?lo en el momento de la muerte, y no solamente en el modo del martirio. Debemos darla d?a a d?a. Debo aprender d?a a d?a que yo no poseo mi vida para m? mismo. D?a a d?a debo aprender a desprenderme de m? mismo, a estar a disposici?n del Se?or para lo que necesite de m? en cada momento, aunque otras cosas me parezcan m?s bellas y m?s importantes. Dar la vida, no tomarla. Precisamente as? experimentaremos la libertad. La libertad de nosotros mismos, la amplitud del ser. Precisamente as?, siendo ?tiles, siendo personas necesarias para el mundo, nuestra vida llega a ser importante y bella. S?lo quien da su vida la encuentra" (Benedicto XVI, En la ordenaci?n de Presb?teros, 7 de mayo, 2006).

En este d?a, en que, unidos en la fraternidad sacramental del presbiterio con los obispos, rememoramos el misterio del don que hemos recibido por la imposici?n y unci?n de las manos inseparable de la Eucarist?a, no podemos dejar de recordar aquellas consoladoras y alentadoras palabras de Jes?s tras haber instituido la Eucarist?a y el sacerdocio: "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he o?do a mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn 15, 15). El Se?or se pone en nuestras manos, nos transmite a cada uno de nosotros, sacerdotes, y pone en nuestras manos su misterio m?s profundo y personal: quiere que participemos de su poder de salvaci?n, hagamos presente en medio de los hombres y para los hombres aquello que conmemoramos, es decir el misterio redentor, salv?fico, de amor y reconciliaci?n de la cruz para todos los hombres. Pero esto, como es obvio, requiere que nosotros, por nuestra parte, correspondamos a su amistad, es decir, seamos de verdad amigos del Se?or, estemos unidos a ?l, le escuchemos, hablemos con ?l, le conozcamos d?a a d?a mejor en el trato de amistad de la oraci?n, le busquemos y le encontremos donde se encuentra: en el sagrario donde est? presente realmente ?l, y en los pobres y los que sufren con los que se identifica; requiere que nosotros, por nuestra parte, como exhorta san Pablo, tengamos los mismos sentimientos de Jes?s, el cual siendo de condici?n divina se despoj? de su rango tom? la condici?n de esclavo, se rebaj? y obedeci? al Padre hasta la muerte y una muerte de cruz (Cf. Flp. 2). Ser amigos de verdad de Jes?s requiere, pues, que nuestros sentimientos se conformen con sus sentimientos, y que nuestra voluntad se conforme con la suya, que en todo estuvo plegada a la de Dios, el Padre: ser de Dios es la manera ?nica de ser enteramente, por completo, para los hombres. Este es y debiera ser nuestro camino de cada d?a: Conformarnos con ?l, tener sus mismos sentimientos, intensificar la amistad con ?l. Tener los mismos sentimientos y ser amigos de Jes?s son dos realidades que se exigen y reclaman mutuamente. Vivir en comuni?n de pensamiento, de sentimiento, de voluntad y de obra es vivir en la amistad con Jes?s; para ello, no lo olvidemos, es preciso conocer a Jes?s de un modo cada vez m?s personal, escuch?ndolo, viviendo con ?l, estando con ?l. "El n?cleo del sacerdocio es ser amigo de Jesucristo. S?lo as? podemos hablar verdaderamente in persona Christi, aunque nuestra lejan?a interior de Cristo no puede poner en peligro la validez del sacramento. Ser amigo de Jes?s, ser sacerdote, significa, por tanto, ser hombre de oraci?n. As? lo reconocemos y salimos de la ignorancia de los simples siervos. As? aprendemos a vivir, a sufrir ya obrar con ?l y por ?l. . . Ser sacerdote significa convertirse en amigo de Jesucristo, y esto cada vez m?s con toda nuestra existencia. El mundo tiene necesidad de Dios. . . del Dios de Jesucristo, del Dios que se hizo carne y sangre, que nos am? hasta morir por nosotros, que resucit? y cre? en s? mismo un espacio para el hombre. Este Dios debe vivir en nosotros y nosotros con ?l. Esta es nuestra vocaci?n sacerdotal: s?lo as? nuestro ministerio sacerdotal puede dar fruto" (Benedicto XVI, Misa Crismal, 2006) . Avivar y tener los sentimientos de Cristo, mantener y avivar la amistad con ?l, es una llamada que hoy, en esta Misa Crismal, se nos dirige a todos. Para ello es necesario, imprescindible, fortalecer y avivar nuestra comuni?n con la Iglesia, Cuerpo de Cristo, esposa de Cristo, sacramento de su presencia, inseparable de su Cabeza y su Se?or, que es Jesucristo.

Hermanos, "el horizonte, adem?s, de los sentimientos y de la amistad en la que Jes?s nos introduce es la humanidad entera, pues quiere ser para todos el Buen pastor que da su vida, y lo subraya con fuerza en el discurso del buen Pastor que vino para reunir a todos, no s?lo al pueblo elegido, sino a todos los hijos de Dios dispersos. Por eso nuestra solicitud pastoral no puede menos de ser universal", de ser misionera para salir siempre de nuevo a los caminos y, de parte de Dios, invitar a su banquete a todos los que hasta ahora no han o?do hablar nada de ?l, o no han sido tocados interiormente por ?l, o se han alejado voluntaria o involuntariamente de ?l y andan extraviados.

Permitidme por ?ltimo, queridos hermanos sacerdotes, queridos seminaristas, queridos hermanos y hermanas en el Se?or, que comparta con todos la gran preocupaci?n por las vocaciones al sacerdocio ministerial. Est? siendo ya angustiosa en algunas di?cesis, con las que nos sentimos solidarios, la escasez de sacerdotes, sin los que no hay Eucarist?a, y sin la que no hay Iglesia. El Papa en su Exhortaci?n Apost?lica nos apremia ante esta urgencia a todos. "La pastoral vocacional, dice, tiene que implicar a toda la comunidad cristiana en todos sus ?mbitos. En este trabajo pastoral capilar se incluye tambi?n la acci?n de sensibilizaci?n de las familias, a menudo indiferentes si no contrarias incluso a la hip?tesis de la vocaci?n sacerdotal? Hace falta sobre todo tener la valent?a de proponer a los j?venes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo? Aunque en algunas regiones haya escasez de clero, nunca debe faltar la confianza de que Cristo sigue suscitando hombres que, dejando cualquier otra ocupaci?n, se dediquen totalmente a la celebraci?n de los sagrados misterios, a la predicaci?n del Evangelio y al ministerio pastoral" (Sacramentum Charitatis, 2526).

Concluyo. Querid?simos hermanos sacerdotes: "Jes?s asumi? nuestra carne. D?mosle nosotros la nuestra, para que de este modo pueda venir al mundo y transformarlo" (Benedicto XVI). Una vez m?s os repito el texto de la Carta a los Hebreos que hoy leemos en el Oficio de Lecturas, no lo olvidemos, teng?moslo siempre muy presente, particularmente en los tiempos que vivimos: "Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto quit?monos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inici? y completa nuestra fe: Jes?s, que, renunciando al gozo inmediato, soport? la cruz, despreciando la ignominia, y ahora est? sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soport? la oposici?n de los pecadores, y no os cans?is ni perd?is el ?nimo. Todav?a no hab?is llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado" (Heb 12).

Que la Virgen Mar?a, en cuyo seno Cristo tom? nuestra carne, os proteja y gu?e. Nos ayude y auxilie a todos. Am?n.
Publicado por verdenaranja @ 15:03  | Hablan los obispos
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