S?bado, 07 de abril de 2007
El mayor espect?culo
es un hombre esforzado luchando contra la adversidad;
pero hay otro a?n m?s grande:
ver a otro hombre lanzarse en su ayuda.
Oliver Goldsmith


Alfonso Aguil?
Interrogantes.net


?En la vocaci?n, es uno mismo el que debe responder y, por tanto, el ?nico responsable ante Dios. ?Eso supone que deba surgir como algo espont?neo, que se me tenga que haber ocurrido a m?? ?No te parece que, si me lo ha sugerido otro, es un descubrimiento forzado y, por tanto, antinatural?

Tu punto de partida es perfectamente razonable. Nadie debe atosigarte, ni coartar tu libertad, ni quitarte el protagonismo que evidentemente debes tener en todo el proceso de discernimiento de tu vocaci?n. Pero eso no quita que alguien te pueda o deba aconsejar algo, o estimularte a ser generoso. La cuesti?n clave es si Dios te llama o no, y a qu? te llama, y no si se te ha ocurrido a ti solo, o a ti primero, o sin que nadie te diga nada. Debes ser t? el protagonista, pero puede haber personajes secundarios. No eres t? el director de la pel?cula, sino Dios.

Debes hablarlo con Dios, pues el compromiso es con ?l. Y sabes de sobra que entregarse a Dios no es decir que s? a la persona que te lo ha planteado, sino decir que s? a Dios. No es una persona que te intenta convencer de algo, sino una persona que te ayuda a ponerte frente a tu responsabilidad delante de Dios.

En el Evangelio puede leerse bien claro que los disc?pulos fueron elegidos por el Maestro. No se presentaron voluntarios. La clave de toda vocaci?n no es la iniciativa humana personal, sino una misteriosa iniciativa de Dios. No tenemos que exigir explicaciones a Dios, o imponerle un modo de dirigirse a nosotros, puesto que es ?l quien llama y puede hacerlo como desee, tambi?n a trav?s de otras personas.

??Y c?mo sabes t? que Dios quiere hacerlo as??

Veo que lo hace en bastantes casos relatados en el Evangelio, en los que llama a trav?s de otras personas. Fue Andr?s quien condujo a Jes?s a su hermano Pedro. Jes?s llam? a Felipe, pero Felipe a Natanael. Por eso insist?a Juan Pablo II en que "no debe existir ning?n temor en proponer directamente a una persona joven o menos joven la llamada del Se?or. Es un acto de estima y de confianza. Puede ser un momento de luz y de gracia."

Lo normal es que descubramos la llamada de Dios en las palabras o los hechos de otras personas, y por eso es fundamental tener el o?do atento, saber leer entre l?neas, reconocer la voz de Dios, venga de quien venga. Peter Berglar, un prestigioso profesor de Historia Moderna en la Universidad de Colonia, siempre contaba con emoci?n c?mo un d?a de invierno de 1974 acudi? a su despacho un estudiante que quer?a consultarle sobre diversos puntos referentes a sus clases. Al terminar, estando ya los dos de pie, su alumno le pregunt?: "Cree usted, se?or profesor, que Dios es el Se?or de la historia?". El profesor Berglar se volvi? a sentar, un tanto desconcertado por la pregunta. Aquello fue el inicio de una larga conversaci?n. Y comienzo tambi?n de un largo proceso interior que le hizo profundizar en su fe y descubrir su vocaci?n. Un catedr?tico ilustre, un intelectual de relieve que, como buen universitario, supo aprender de un alumno suyo de tercer semestre que, entre otras cosas, le dio, con su valent?a y su cordialidad, una gran lecci?n sobre c?mo debe plantearse el apostolado cristiano.

La clave est?, como ha se?alado Benedicto XVI, en que cada uno intente reconocer cu?l es su vocaci?n y c?mo es el mejor modo de responder a esa llamada que est? ah?, para ?l.

??Y c?mo empieza la vocaci?n?

La vocaci?n suele comenzar con un descubrimiento inicial, del que sobreviene un di?logo de oraci?n. Es una llamada que cada uno debe leer en su propio coraz?n, y en la que siempre queda un margen al misterio y a la interpretaci?n. Como explicaba Juan Pablo II en Los ?ngeles en 1987, respondiendo a una pregunta sobre su propia vocaci?n, "tengo que empezar por decir que es imposible explicarla por completo. Porque no deja de ser un misterio hasta para m? mismo. ?C?mo se pueden explicar los caminos del Se?or? Con todo, s? que en cierto momento de mi vida me convenc? de que Cristo me dec?a lo que hab?a dicho a miles de j?venes antes que a m?: "?Ven y s?gueme!". Sent? muy claramente que la voz que o?a en mi coraz?n no era humana ni una ocurrencia m?a. Cristo me llamaba para servirle como sacerdote".

??Y si solo tenemos una sospecha de que tenemos vocaci?n?

Te contesto entonces con otras palabras de Juan Pablo II, esta vez en Argentina en 1985, hablando del celibato: "Pido a cada uno de vosotros que se interrogue seriamente sobre si Dios no lo llama hacia ese camino. Y a todos los que sospechan tener esta posible vocaci?n personal, les digo: rezad tenazmente para tener la claridad necesaria, pero luego decid un alegre s?."

??Y eso supone un desarrollo muy largo en el tiempo?

El discernimiento de la vocaci?n supone una amistad con Dios. Pero igual que dos personas pueden conocerse y hacerse muy amigos en una tarde, nosotros podemos alcanzar amistad con Dios en cuanto abrimos nuestra alma a ?l. El ejemplo del Buen Ladr?n es claro: toda una vida de lamentables errores se supera en un momento, cuando pide ayuda a Dios. En cuanto abre un resquicio de su alma, Dios se vuelca.




Publicado por verdenaranja @ 1:35  | Art?culos de inter?s
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