Domingo, 08 de abril de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. - predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo de Pascua, Resurrecci?n del Se?or, el 8 de abril de 2007.


?Ha resucitado!


Domingo de Pascua
Hechos 10, 34a. 37-43; Colosenses 3, 1-4; Juan 20, 1-9


Hay hombres --lo vemos en el fen?meno de los terroristas suicidas-- que mueren por una causa equivocada o incluso inicua, considerando sin raz?n que es buena. Por s? misma, la muerte de Cristo no testimonia la verdad de su causa, sino s?lo el hecho de que ?l cre?a en la verdad de ella. La muerte de Cristo es testimonio supremo de su caridad , pero no de su verdad. ?sta es testimoniada adecuadamente s?lo por la resurrecci?n. ?La fe de los cristianos -dice San Agust?n- es la resurrecci?n de Cristo. No es gran cosa creer que Jes?s ha muerto; esto lo creen tambi?n los paganos; todos lo creen. Lo verdaderamente grande es creer que ha resucitado?.

Ateni?ndonos al objetivo que nos ha guiado hasta aqu?, estamos obligados a dejar de lado, de momento, la fe, para atenernos a la historia. Desear?amos buscar respuesta al interrogante: ?podemos o no definir la resurrecci?n de Cristo como un evento hist?rico, en el sentido com?n del t?rmino, esto es, ?realmente ocurrido??

Lo que se ofrece a la consideraci?n del historiador y le permite hablar de la resurrecci?n son dos hechos: primero, la imprevista e inexplicable fe de los disc?pulos, una fe tan tenaz como para resistir hasta la prueba del martirio; segundo, la explicaci?n que, de tal fe, nos han dejado los interesados, esto es, los disc?pulos. En el momento decisivo, cuando Jes?s fue prendido y ajusticiado, los disc?pulos no alimentaban esperanza alguna de una resurrecci?n. Huyeron y dieron por acabado el caso de Jes?s.

Entonces tuvo que intervenir algo que en poco tiempo no s?lo provoc? el cambio radical de su estado de ?nimo, sino que les llev? tambi?n a una actividad del todo nueva y a la fundaci?n de la Iglesia. Este ?algo? es el n?cleo hist?rico de la fe de Pascua.

El testimonio m?s antiguo de la resurrecci?n es el de Pablo, y dice as?: ?Os he transmitido, en primer lugar, lo que a mi vez recib?: que Cristo muri? por nuestros pecados seg?n las Escrituras; que fue sepultado y resucit? al tercer d?a seg?n las Escrituras; que se apareci? a Pedro y luego a los Doce. Despu?s se apareci? a m?s de quinientos hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todav?a, si bien algunos han muerto. Luego se apareci? a Santiago, y m?s tarde a todos los ap?stoles. Y despu?s de todos se me apareci? a m?, como si de un hijo nacido a destiempo se tratara? (1 Corintios 15, 3-8). La fecha en la que se escribieron estas palabras es el 56 o 57 d.C. El n?cleo central del texto, sin embargo, est? constituido por un credo anterior que San Pablo dice haber recibido ?l mismo de otros. Teniendo en cuenta que Pablo conoci? tales f?rmulas inmediatamente despu?s de su conversi?n, podemos situarlas en torno al a?o 35 d.C., eso es, unos cinco o seis a?os despu?s de la muerte de Cristo. Testimonio, por lo tanto, de raro valor hist?rico.

Los relatos de los evangelistas se escribieron algunas d?cadas m?s tarde y reflejan una fase ulterior de la reflexi?n de la Iglesia. El n?cleo central del testimonio, sin embargo, permanece intacto: el Se?or ha resucitado y se ha aparecido vivo. A ello se a?ade un elemento nuevo, tal vez determinado por preocupaci?n apolog?tica y por ello de menor valor hist?rico: la insistencia sobre el hecho del sepulcro vac?o. Para los Evangelios el hecho decisivo siguen siendo las apariciones del Resucitado.

Las apariciones, adem?s, testimonian tambi?n la nueva dimensi?n del Resucitado, su modo de ser ?seg?n el Esp?ritu?, que es nuevo y diferente respecto al modo de existir anterior, ?seg?n la carne?. ?l, por ejemplo, puede ser reconocido no por cualquiera que le vea, sino s?lo por aqu?l a quien ?l mismo se d? a conocer. Su corporeidad es diferente de la de antes. Est? libre de las leyes f?sicas: entra y sale con las puertas cerradas; aparece y desaparece.

Una explicaci?n diferente de la resurrecci?n, aquella que present? Rudolf Bultmann, todav?a la proponen algunos, y es que se trat? de visiones psic?genas, esto es, de fen?menos subjetivos del tipo de las alucinaciones. Pero esto, si fuera verdad, constituir?a al final un milagro no inferior que el que se quiere evitar admitir. Supone de hecho que personas distintas, en situaciones y lugares diferentes, tuvieron todas la misma impresi?n o alucinaci?n.

Los disc?pulos no pudieron enga?arse: eran gente concreta, pescadores, lo contrario de personas dadas a las visiones. En un primer momento no creen; Jes?s debe casi vencer su resistencia: ??tardos de coraz?n en creer!?. Tampoco pudieron querer enga?ar a los dem?s. Todos sus intereses se opon?an a ello; habr?an sido los primeros en sentirse enga?ados por Jes?s. Si ?l no hubiera resucitado, ?para qu? afrontar las persecuciones y la muerte por ?l? ?Qu? provecho material pod?an sacar?

Negado el car?cter hist?rico, esto es, el car?cter objetivo y no s?lo el subjetivo, de la resurrecci?n, el nacimiento de la Iglesia y de la fe se convierte en un misterio m?s inexplicable que la resurrecci?n misma. Se ha observado justamente: ?La idea de que el imponente edificio de la historia del cristianismo sea como una enorme pir?mide puesta en vilo sobre un hecho insignificante es ciertamente menos cre?ble que la afirmaci?n de que todo el evento ?o sea, el dato de hecho m?s el significado inherente a ?l- realmente haya ocupado un lugar en la historia comparable al que le atribuye el Nuevo Testamento?.

?Cu?l es entonces el punto de llegada de la investigaci?n hist?rica a prop?sito de la resurrecci?n? Podemos percibirlo en las palabras de los disc?pulos de Ema?s: algunos disc?pulos, la ma?ana de Pascua, fueron al sepulcro de Jes?s y encontraron que las cosas estaban como hab?an referido las mujeres, quienes hab?an acudido antes que ellos, ?pero a ?l no le vieron?. Tambi?n la historia se acerca al sepulcro de Jes?s y debe constatar que las cosas est?n como los testigos dijeron. Pero a ?l, al resucitado, no lo ve. No basta constatar hist?ricamente, es necesario ver al Resucitado, y esto no lo puede dar la historia, sino s?lo la fe.

El ?ngel que se apareci? a las mujeres, la ma?ana de Pascua, les dijo: ??Por qu? busc?is entre los muertos al que est? vivo?? (Lucas 24, 5). Os confieso que al t?rmino de estas reflexiones siento este reproche como si se dirigiera tambi?n a m?. Como si el ?ngel me dijera: ??Por qu? te empe?as a buscar entre los muertos argumentos humanos de la historia, al que est? vivo y act?a en la Iglesia y en el mundo? Ve mejor y di a tus hermanos que ?l ha resucitado?.

Si de m? dependiera, querr?a hacer s?lo eso. Hace treinta a?os que dej? la ense?anza de la Historia de los Or?genes Cristianos para dedicarme al anuncio del Reino de Dios, pero en estos ?ltimos tiempos, ante las negaciones radicales e infundadas de la verdad de los Evangelios, me he sentido obligado a volver a tomar las herramientas de trabajo. De aqu? la decisi?n de emplear estos comentarios a los evangelios dominicales para contrarrestar una tendencia frecuentemente sugerida por intereses comerciales, y para dar a quien tal vez los lea la posibilidad de formarse una opini?n sobre Jes?s menos influenciada por el clamor publicitario.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]


Publicado por verdenaranja @ 2:03  | Espiritualidad
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