Lunes, 09 de abril de 2007
Carta del Arzobispo Metropolitano
de Piura
con ocasi?n
de la Semana Santa


Muy queridos hermanos y hermanas:

Con la celebraci?n del Domingo de Ramos en la Pasi?n del Se?or, hemos iniciado la Semana Santa, llamada con justicia la semana mayor del a?o cristiano. Una vez m?s con la ayuda de los ritos sagrados del Jueves Santo, Viernes Santo y de la solemne Vigilia Pascual, reviviremos el misterio de la pasi?n, muerte y resurrecci?n del Se?or Jes?s. Como su nombre lo dice, son d?as santos que nos manifiestan el insondable amor de Dios por nosotros. Son d?as en que el Se?or Jes?s nos dar? la prueba suprema de su amor, entregando su vida por nuestra reconciliaci?n. Durante la Semana Santa, acojamos la exhortaci?n que San Agust?n nos dirige: "Aprende, pues, ?oh hombre!, y conoce a qu? extremos lleg? Dios por ti"(1). Por ello, durante estos d?as no amemos con tibieza a Dios que nos ama con tanto ardor.

Los tres d?as centrales de la Semana Santa, son el Viernes Santo, S?bado Santo y Domingo de Pascua de la Resurrecci?n del Se?or, con su introducci?n que es el Jueves Santo. Estos d?as constituyen lo que llamamos el Santo Triduo Pascual, lo que San Agust?n designa con acierto como la "Pascua de Cristo, muerto, sepultado y resucitado", entendiendo como una unidad el misterio de la Pascua del Se?or Jes?s. Veamos a continuaci?n una breve explicaci?n de cada uno de estos d?as santos.

El Triduo Pascual

El Triduo Pascual tiene su introducci?n con el Jueves Santo, d?a en que conmemoramos la Instituci?n de la Eucarist?a. Antes de ofrecerse a S? mismo al Padre en la Cruz, el Se?or Jes?s, anticipa ese sacrificio en la ?ltima Cena e instituye la Eucarist?a, memorial de su Pasi?n, Muerte y Resurrecci?n. La Eucarist?a es por tanto sacrificio en sentido propio, ya que actualiza siempre en el tiempo el ?nico y definitivo sacrificio redentor de Cristo. Pero adem?s la Eucarist?a es sacramento de la presencia real de Cristo, verdadero banquete y alimento de vida eterna, prenda de la gloria futura y sacramento de unidad. ?C?mo no agradecer al Se?or por tan maravilloso don? "Misterio grande, Misterio de misericordia. ?Qu? m?s pod?a hacer Jes?s por nosotros? Verdaderamente, en la Eucarist?a nos muestra un amor que llega ?hasta el extremo? (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida"(2).

Un misterio que se ha de creer, celebrar y vivir, conforme nos pide el Santo Padre Benedicto XVI en su reciente Exhortaci?n Apost?lica Post Sinodal Sacramentum Caritatis.

Pero el Jueves Santo es tambi?n el d?a en que recordamos la Instituci?n del Sacerdocio, y por tanto somos invitados a rezar por la fidelidad y santidad de nuestros sacerdotes y seminaristas, as? como por el aumento de las vocaciones al sacerdocio. Finalmente es el d?a en que Jes?s nos dej? el Mandamiento Nuevo del amor fraterno realizando el conmovedor gesto del lavatorio de los pies: "Os doy un mandamiento nuevo: que os am?is unos a otros como yo os he amado" (Jn 13, 34). Este d?a singular, que evoca tan grandes misterios, concluye con la Adoraci?n Eucar?stica, en recuerdo de la agon?a del Se?or en el Huerto de Getseman?, y somos invitados a velar y permanecer con ?l en oraci?n: "Quedaos aqu? y velad conmigo" (Mt 26, 38).

El Viernes Santo, primer d?a del Triduo Pascual, evoca el drama de la Pasi?n del Se?or Jes?s, ya comenzada la v?spera con su agon?a en el huerto de Getseman? y que concluye con su muerte en la Cruz. Es un d?a de sufrimiento sobrehumano y de misteriosa confrontaci?n entre el amor infinito de Dios y el pecado del hombre. En este d?a hemos de compartir intensamente los sentimientos del Se?or Jes?s. Tras haberlo acompa?ado en la subida al Calvario, cargando con el madero de la Cruz, debemos detenernos junto con Santa Mar?a, la Inmaculada Dolorosa a sus pies en el G?lgota para hacer memoria de fe sobre estos acontecimientos dram?ticos y al mismo tiempo exaltantes.

M?s a?n en este d?a debemos contemplar a Cristo crucificado. S?lo as? es posible comprender la misericordia de Dios. Al respecto el Santo Padre nos ha dicho recientemente que "contemplando con los ojos de la fe al Crucificado, podemos comprender profundamente cu?n inconmensurable es la potencia del perd?n y de la misericordia del Se?or?Aqu?l que nosotros mismos hemos atravesado con nuestras culpas no se cansa de derramar en el mundo un torrente inacabable de amor misericordioso?Que la humanidad pueda comprender que solamente de esta fuente es posible obtener la energ?a espiritual indispensable para construir aquella paz y aquella felicidad que todo ser humano busca sin detenerse"(3).

S?, contemplando al crucificado es posible medir hasta el fondo la verdad de las palabras de Jes?s: "Tanto am? Dios al mundo que le entreg? a su Hijo ?nico, para que todo el que crea en ?l no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16).

El S?bado Santo, segundo d?a de Triduo Pascual, recuerda el tiempo misterioso y sagrado en que el cuerpo del Se?or Jes?s permaneci? en el sepulcro. En su libro Ser Cristiano, el hoy Papa Benedicto XVI escribe a prop?sito de este d?a: "Hay en el evangelio una escena que preanuncia de forma admirable el silencio del s?bado santo y que al mismo tiempo, parece como un retrato de nuestro momento hist?rico: Cristo duerme en un bote, que est? a punto de zozobrar asaltado por la tormenta?Los disc?pulos desesperados, sacuden al Se?or y le gritan que despierte; pero ?l parece asombrarse y les reprocha su escasa fe?Y sin embargo, Se?or, no podemos hacer otra cosa que sacudirte a ti, el Dios silencioso y durmiente y gritarte: ?despierta! ?No ves que nos hundimos? Despierta, haz que las tinieblas del s?bado santo no sean eternas, env?a un rayo de tu luz pascual a nuestros d?as?no nos abandones en la oscuridad, no dejes que tu palabra se diluya en medio de la charlataner?a de nuestra ?poca. Se?or, ay?danos, porque sin ti perecer?amos"(4).

El S?bado Santo, d?a de silencio y de espera debemos vivirlo en la compa??a de Santa Mar?a, la mujer fuerte de la fe, de la esperanza invicta y de la ardiente caridad, que confiada espera el triunfo de su Hijo: la Resurrecci?n.

El Domingo de Pascua, tercer d?a del Triduo Pascual, es el d?a del triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la gracia sobre el pecado, del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte. Es el d?a en que el Se?or Jes?s resucita glorioso. El Domingo de Pascua lo comenzamos a vivir con la solemne Vigilia Pascual, durante la cual en cada iglesia el canto gozoso del Gloria y del Aleluya pascual se elevar? del coraz?n de los nuevos bautizados y de toda la comunidad cristiana, feliz porque Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte.

La Resurrecci?n del Se?or Jes?s nos da la certeza que a pesar de toda la oscuridad que podamos ver hoy en el mundo, el mal no tiene la ?ltima palabra. La ?ltima palabra la tiene la misericordia divina que es el l?mite que Dios ha impuesto al mal. Jesucristo resucitado es la misericordia divina en persona. Comprometidos con esta certeza, los cristianos podemos comprometernos con m?s valent?a, esperanza y entusiasmo en la construcci?n de la ansiada civilizaci?n del amor, de un mundo m?s justo y reconciliado.

Con la Solemnidad de la Pascua, la m?s importante del a?o, podemos decir que la obra de la Reconciliaci?n est? concluida, y que s?lo el Se?or Jes?s, hijo de Dios y de Mar?a Sant?sima, pod?a convertir una semana de odio, dolor y muerte, en la semana m?s santa del a?o.

La Confesi?n Pascual

Con ocasi?n de la proximidad de la Pascua, la Iglesia invita a todos sus hijos a un deber caracter?stico de nuestra participaci?n en la celebraci?n de la gran fiesta de la Pascua: el deber de confesarnos, es decir de acercarnos sincera y personalmente al sacramento de la Reconciliaci?n, confesando los propios pecados con humilde arrepentimiento y con un firme prop?sito de enmienda. Invitaci?n dif?cil de acoger para algunos, pero muy saludable, sabia y liberadora para el que tiene el valor de aceptarla en su vida.

Si queremos participar fructuosamente en la celebraci?n de la Pascua, no dejemos de acercarnos confiadamente a la confesi?n sacramental que es como una especie de muerte y resurrecci?n para cada uno de nosotros. Una buena confesi?n nos ofrece la posibilidad de volver a comenzar nuestra vida y tener realmente parte en la alegr?a del Se?or Resucitado. El perd?n que el Se?or Jes?s nos da en este sacramento es fuente de paz interior y exterior, y nos hace capaces de ser artesanos de reconciliaci?n en un mundo donde a?n contin?an presentes las divisiones, las injusticias, los odios, y la violencia. Reconciliados con Dios y con nosotros mismos, podemos ser instrumentos de reconciliaci?n con los hermanos, esforz?ndonos por ser amables con todos, por ser sembradores de comuni?n, y personas capaces de perdonar y acoger a todos, incluso a los enemigos.

Por ello exhorto a todos los fieles cristianos de Piura y Tumbes a que se acerquen con confianza al Sacramento de la Reconciliaci?n. Tengamos la valent?a del arrepentimiento y de alcanzar la gracia de Dios por la confesi?n sacramental. Esto nos har? libres y nos dar? la fuerza que necesitamos para llevar a adelante las tareas y trabajos que nos esperan a diario en la sociedad y en la Iglesia.

De otro lado no caigamos en la tentaci?n de creer que no necesitamos de este Sacramento: "Nunca falta qu? perdonar; somos hombres. Habl? algo de m?s de la cuenta, dije algo que no deb?a, re? con exceso, beb? demasiado, com? sin moderaci?n, o? de buen grado lo que no me estaba bien o?r, vi con gusto lo que no era bueno ver, pens? con deleite lo que no deb? pensar?"(5).

Asimismo pido, a todos los sacerdotes de mi Arquidi?cesis, que con ocasi?n de la pr?xima Semana Santa fijen de manera estable en todas las parroquias e iglesias de Piura y Tumbes, que habitualmente est?n abiertas al culto, generosos horarios de confesiones, que ofrezcan a los fieles las m?ximas facilidades posibles para confesarse. Que estos horarios est?n adecuados a las necesidades reales de los penitentes, d?as y horas que les resulten asequibles.

Asimismo ofr?zcase la celebraci?n del Sacramento de la Reconciliaci?n antes de las Misas de horario y durante la celebraci?n de la Eucarist?a(6), si es que se cuenta con otros sacerdotes disponibles.

Invito a todos los sacerdotes de la Arquidi?cesis Metropolitana de Piura que tengan la facultad de administrar el Sacramento de la Reconciliaci?n, a mostrarse siempre totalmente dispuestos a administrarlo cada vez que los fieles lo soliciten razonablemente.

Como acertadamente ha dicho hace poco el Santo Padre Benedicto XVI, "el confesor, con una d?cil adhesi?n al Magisterio de la Iglesia se hace ministro de la consoladora misericordia de Dios, resalta la realidad del pecado y manifiesta al mismo tiempo la ilimitada potencia renovadora del amor divino, amor que restituye la vida?Experimentando la ternura y el perd?n del Se?or, el penitente se siente m?s f?cilmente impulsado a reconocer la gravedad del pecado, m?s decidido a evitarlo para crecer en la amistad con ?l"(7).

Hacia la Pascua

Queridos hermanos, con la ayuda de la gracia divina, dispongamos nuestros corazones para participar activa y conscientemente en el Triduo Pascual, a fin de que contemplando la muerte y resurrecci?n de Cristo podamos acoger en nuestros corazones el amor del Se?or Jes?s y darlo a los dem?s como nuestro mayor tesoro.

Que Mar?a Sant?sima, la Madre que sigui? fielmente a su Hijo en su Pasi?n y comparti? la alegr?a de su Resurrecci?n, sea la Madre en cuya compa??a vivamos estos d?as santos, para que tengamos un encuentro gozoso con Cristo Resucitado, y caminemos hoy y siempre tras las huellas del Reconciliador.

Con mi deseo de una Feliz Pascua de Resurrecci?n, les imparto con afecto mi bendici?n pastoral.

San Miguel de Piura, 1 de abril de 2007
Domingo de Ramos en la Pasi?n del Se?or.

Mons. JOS? ANTONIO EGUREN ANSELMI, S.C.V.
Arzobispo Metropolitano de Piura

Notas
1. San Agust?n, Serm?n 183.
2. S.S. Juan Pablo II, Carta enc?clica Ecclesia de Eucharistia, n. 11.
3. S.S. Benedicto XVI, Angelus, 25-II-07.
4. Joseph Ratzinger, Ser Cristiano, pp. 90 ? 91; Ed. S?gueme, colecci?n Estela n. 54.
5. San Agust?n, Serm?n 57.
6. Congregaci?n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucci?n Redemptionis Sacramentum, n. 76.
7. S.S. Benedicto XVI, Discurso a los penitenciarios de las cuatro Bas?licas Pontificias Romanas, 19-II-07.
Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Hablan los obispos
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