Viernes, 13 de abril de 2007
VATICANO - AVE MARIA por don Luciano Alimandi - ??Por qu? busc?is entre los muertos a Aquel que vive??

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - ??Por qu? busc?is entre los muertos a Aquel que vive?? (Lc 24,5). Pregunta que atraviesa tambi?n nuestra ?poca y cuestiona a quien busca al Se?or Jes?s como si se tratase de un personaje de la historia pasada, quiz?s incluso famoso, pero que ha pasado igual por esta tierra y ha muerto como todos los mortales. ?No se puede encontrar al Viviente entre los fallecidos! ?l no se deja encuadrar por nuestras categor?as humanas, no permanece, como quisi?ramos, en nuestros archivos hist?ricos, asociado a tantos otros personajes, es de un tejido completamente distinto al de tantas personas excelentes, las trasciende todas, porque es el Resucitado. ?l, como lo ha proclamado en la tierra, en su largo peregrinaje, es la Resurrecci?n y la Vida, por lo tanto quien cree en ?l tiene la vida eterna (cfr. Jn 11, 25-26). Todo cristiano, porque tiene consciencia de ser como un n?ufrago azotado por las olas en medio de una tormenta, se conf?a al Resucitado y experimenta, as?, una misteriosa transformaci?n, como la levadura que hace fermentar toda la pasta, es decir toda su existencia.
Descubrirlo a ?l, su naturaleza, es ponerse ante una persona fascinante, tan fascinante que uno se siente incendiar el coraz?n por ?l, sin poderlo olvidar m?s, siendo absorbido por ?l. El Santo Padre Benedicto XVI habl? de esta maravillosa transformaci?n, con acentos conmovedores, en la homil?a para la Misa Crismal del pasado Jueves Santo, particularmente dedicada a los sacerdotes, pero que vale tambi?n para todos los bautizados: ?Dios ha realizado ? como dicen los Padres ? el sacrum commercium, el intercambio sagrado: asumi? aquello que era nuestro, para que nosotros pudi?semos recibir lo que era suyo, hacernos semejantes a Dios. San Pablo, para lo que sucede en el Bautismo, usa expl?citamente la imagen del vestido: ?Los que hab?is sido bautizados en Cristo, hab?is sido revestidos de Cristo? (Gal 3, 27). Esto es lo que se realiza en el Bautismo: nosotros nos revestimos de Cristo, ?l nos dona sus vestidos y estos no son una cosa externa. Significa que entramos en una comuni?n existencial con ?l, que su ser y el nuestro confluyen, se compenetran mutuamente? (Benedicto XVI, 5 de abril de 2007).
No nos asombraremos nunca demasiado por esta Obra de salvaci?n querida por el Padre, que no solamente nos rescata del pecado, sino que nos santifica hasta el punto de conducirnos a alturas incre?bles, las de la propia divinizaci?n. Quien ha experimentado su encanto, no puede olvidarlo nunca m?s. En el Oficio de Lectura del S?bado Santo se leen estas palabras estupendas, puestas en la boca del Resucitado que visita a Ad?n en los infiernos para llevarlo consigo al Reino de la Luz: ?Lev?ntate, vay?monos de aqu?. El enemigo te hizo salir del para?so; yo, en cambio, te coloco no ya en el para?so, sino en el trono celestial. Te prohib? comer del simb?lico ?rbol de la vida; mas he aqu? que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ?ngeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios, aunque no eres Dios? (cfr. De una antigua homil?a sobre el S?bado Santo).
S?lo una creatura inmaculada, querida as? por el Padre, y que permaneci? tal por su fidelidad, pod?a adherirse toda ella a este indecible proyecto de redenci?n: ?la Virgen de la Cruz! A Ella el Hijo muriendo le entreg? a la Iglesia. El Verbo de Dios, proclam?ndola Madre, la don? a los redimidos, representados todos por Juan que estaba a su lado al pie de la Cruz, y a todos los hombres hijos de su Hijo.
?Madre de la Iglesia? es el t?tulo que revela al mundo su universal maternidad espiritual, Ella que ha cre?do, sin ver, ha amado como su Hijo, se ha ofrecido completamente al Padre en sacrificio espiritual, compartiendo con el Hijo un martirio interior, que la hizo realmente Madre de la divina Gracia. No fue al sepulcro con las dem?s mujeres, el primer d?a despu?s del s?bado, no llev? los aromas para ungir el Cuerpo de Cristo, porque Ella sab?a en la fe que aquel Cuerpo estaba vivo, como su Hijo hab?a prometido.
S?lo acogiendo a Mar?a, como Juan que ?vio y crey?, nosotros alcanzaremos las inefables alturas de nuestra Redenci?n, porque a su Coraz?n hemos sido confiados en un ?Totus tuus? universal, que como una ola de gracia parte del G?lgota y atraviesa la historia de nuestra salvaci?n. El camino de un cristiano, para llegar a la fe segura, al amor indefectible, no puede dejar de lado a la Madre de Jes?s, que desde el Viernes Santo, al pie de la Cruz, nos toma de la mano y nos acompa?a a la alborada del Domingo de Resurrecci?n. Pasando ante la tumba vac?a, donde qued? solo la S?bana, testigo tan silencioso cuanto elocuente de la Resurrecci?n de Cristo. La Virgen, como los ?ngeles, nos repite dulcemente a lo largo de nuestra vida, durante nuestras ?semanas santas? que ?no busquemos nunca entre los muertos a Aqu?l que est? vivo?, est? vivo y presente en la Iglesia. (Agencia Fides 11/4/2007; righe 58, parole 870)


Publicado por verdenaranja @ 0:32  | Espiritualidad
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