S?bado, 14 de abril de 2007
Desde la revista Arbil n?mero 111.

Encuentro fe y raz?n: Padres de la Iglesia primitiva


por Chelo Isart Hern?ndez

La historia de Europa se basa en un concepto peculiar del hombre alumbrado en Grecia ?a partir sobre todo del siglo VI a.c., cuando ?ste es ya consciente de su intimidad- y enriquecido por el cristianismo, pues el hombre, adem?s, es un ser dotado de libertad, que tiende hacia un Dios infinito que le ha creado de la nada



1.- Introducci?n

Ratzinger: ?Cuando la fe cristiana es aut?ntica, no mortifica la libertad ni la raz?n humana [?], al encontrarse y dialogar puede expresarse de la mejor manera. La fe supone la raz?n y la perfecciona y la raz?n, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios? (?ngelus, 28.01.07). Destac? el Papa la urgencia de ?redescubrir la racionalidad humana? ante la tendencia a considerar verdadero s?lo lo que se puede experimentar, pues ?constituye una limitaci?n de la raz?n humana y produce una terrible esquizofrenia [?]. La relaci?n entre fe y raz?n constituye un serio desaf?o para la cultura dominante hoy en el mundo occidental?.

Fides et Ratio: ?la fe y la raz?n son como las dos alas con las cuales el esp?ritu humano se eleva hacia la contemplaci?n de la verdad. Dios ha puesto en el coraz?n del hombre el deseo de conocer la verdad?.

Ya, en la Veritatis Splendor, Juan Pablo II hab?a afirmado que la fe no es un complemento de la raz?n, sino su coraz?n, pues gracias a la raz?n natural, el hombre puede distinguir el bien del mal. No hay competencia entre una y otra, m?s bien todo lo contrario, pero ?sta no es una idea nueva, sino lo que ha repetido la Iglesia desde los primeros Padres del siglo II. En la creaci?n reconocen que se encuentra seminalmente la misma verdad. J. P. II, en la misma enc?clica cita expl?citamente a san Justino, que hab?a hecho suya esta misma idea: ?La semilla del Verbo est? en toda la raza humana? (Apolog?a II, n? 8).

?Quienes vivieron conforme al Verbo, son cristianos, aun cuando fueran tenidos por ateos, como sucedi? con S?crates y Her?clito [?]; los que anteriormente vivieron sin raz?n se hicieron in?tiles y enemigos de Cristo y asesinos de quienes viven sin raz?n? (Apolog?a I, n? 46).

?La fuerza que transform? el cristianismo en una religi?n mundial consisti? en su s?ntesis entre raz?n, fe y vida? (Ratzinger, Sorbona, Congreso ?Dos mil a?os ?despu?s de qu???, 1999). La fe cristiana se decidi? por el Dios de los fil?sofos, el Dios del Logos frente al mito [1], pero lo saca del mundo acad?mico y lo transforma profundamente.

2.- Antecedentes. Helenismo

La historia de Europa se basa en un concepto peculiar del hombre alumbrado en Grecia ?a partir sobre todo del siglo VI a.c., cuando ?ste es ya consciente de su intimidad- y enriquecido por el cristianismo, pues el hombre, adem?s, es un ser dotado de libertad, que tiende hacia un Dios infinito que le ha creado de la nada. Desde este punto de vista, el conjunto de la cultura griega posee unas resonancias muy diferentes de las que pueden despertar en nuestra alma otras culturas, como puede ser la maya, la de los pueblos polinesios o la misma cultura ?rabe. Ha sido considerada ?cl?sica? desde la ?poca alejandrina hasta el siglo XVIII [2], pero se hizo universal s?lo gracias al cristianismo [3].

En la segunda mitad del siglo XVIII, los eruditos en Teolog?a caen en la cuenta de que la civilizaci?n griega ejerci? una influencia profunda en el cristianismo primitivo. El encuentro con la tradici?n hel?nica y, al mismo tiempo, su distanciamiento de ella, fue uno de los retos decisivos con que se enfrent? el cristianismo en sus albores. La nueva religi?n no se detiene en la frontera de Judea o del Mar Muerto, como ocurri? con el juda?smo y otras muchas religiones locales, sino que penetra en el mundo circundante, dominado por la civilizaci?n y lengua griegas. En especial la tradici?n cristiana alejandrina va a dar la mano a la filosof?a griega y va a reunir en s? todo lo bueno del mundo anterior.

?Por qu? el cristianismo se une a la cultura griega y toma de ella lo mejor? ?Por qu? la cultura griega adopt?, al llegar a su fin, esta fe oriental que parece tan alejada de la forma cl?sica del pensamiento griego? ?Son preguntas que no tienen f?cil soluci?n! Tanto si estudiamos el tema como humanistas cl?sicos como si lo hacemos como cristianos. Pero es un hecho evidente que de la Helenidad al Cristianismo se da una estrecha secuencia. Los estudiosos lo reconocen. El cristianismo hab?a afirmado desde el principio que era la verdad y tal pretensi?n ten?a que medirse con la ?nica cultura intelectual del mundo que hab?a logrado la universalidad: la cultura griega.

La realidad fue que los ideales griegos y la fe cristiana se mezclaron; en ambas partes hab?a deseos de compenetraci?n mutua (en el fondo, hab?a una unidad final en las dos). No fue un proceso unilateral, sino que, como es l?gico, se di? una influencia por ambas partes. Algunos hablan de ?una paganizaci?n del cristianismo?; los m?s de una ?anticipaci?n? del mismo, en el sentido de una ?praeparatio evangelica?, de una proped?utica. Es la actitud comprensiva de los Padres griegos. Este acontecimiento decisivo para la nueva fe fue precedido por tres siglos de expansi?n mundial de la civilizaci?n griega durante el per?odo helen?stico [4].

2.1.- La divinidad

Cada d?a son m?s los expertos que afirman que tampoco en lo religioso se dio ning?n corte en la cultura occidental. Es cierto que, mirada con ojos cristianos, la religi?n griega presenta fallos e imperfecciones. Pero tambi?n nos aparece como un ingente proceso de purificaci?n, cuyas ?ltimas etapas se acercan misteriosamente al mundo de nuestras propias convicciones y creencias. Es cierto que, ante los ojos de un cristiano, la Helenidad debe ?justificarse?.

A pesar de la imperfecci?n que encontramos en el Pante?n griego, tenemos, sin embargo, una distancia enorme entre el ordenado Pante?n de los Ol?mpicos hom?ricos y la ?poca de los oscuros or?genes indogerm?nicos y mediterr?neos de donde procede la religi?n griega. Con todo, a partir del siglo VI la religi?n de Zeus se encuentra sometida a un proceso que la va socavando interiormente, tanto por los fil?sofos como por los poetas y las ideas monote?stas se hacen cada vez m?s fuertes [5]. Las crueles narraciones de Cronos o los amores de Zeus ejercieron a la larga unas consecuencias fatales. Este antropomorfismo de la religi?n, donde se hace a los dioses a semejanza de los hombres, no convenci? nunca al hombre griego.

La depuraci?n moral se ver? con claridad en P?ndaro:

P?ndaro: ?Dios de Dodoma, Dios todopoderoso, oh Padre cuyo arte sobrepasa a todos los dem?s? (citado en Clem. Alejandr?a, Strom. 5, 710). Dios puede de la noche negra hacer salir el d?a inmaculado y, entre las tinieblas, como en una nube sombr?a, ocultar el puro resplandor de la luz? (citado en Clem. Alejandr?a, Strom. 5, 14, 101).

?Qu? cosa es Dios? El Todo? (id. citado en Clem. Alejandr?a Strom. 5, 14, 129).

Y en S?focles

Ant?gona, por fidelidad a las leyes no escritas por hombres, se vincula radicalmente a su conciencia ?tica y entrega su propia vida:

?No pensaba yo que tus proclamas tuvieran tanto poder como para que un mortal pudiera transgredir las leyes no escritas e inquebrantables de los dioses. ?stas no son de hoy ni de ayer, sino de siempre y nadie sabe cu?ndo aparecieron? (Ant. 456 ss.).

En la tragedia de Eur?pides, de forma especial, la ?hybris? es cada vez m?s un concepto subjetivo, una falta individual. El hombre tr?gico tiene muchas veces remordimientos ?no puede ser por el pecado de los dioses! (Orestes).

1.2- Filosof?a

Mayores progresos se observan entre los fil?sofos [6]. No creer en los dioses del Olimpo era tan antiguo como la misma filosof?a (Jen?fanes: ?volviendo la mirada a los cielos, declar? que hay un solo Dios?) [7].

Hay, pues, una serie de figuras se?eras que se pueden interpretar con facilidad como precristianos: Her?clito, Pit?goras, Jen?fanes, S?crates, Plat?n, etc. [8]. Es verdad que estos puntos de contacto con el cristianismo, como verdadera anticipaci?n, se dan en algunas mentes privilegiadas: la idea del Dios concebido por los fil?sofos puede ser incompleta, pero nunca falsa. La clara vinculaci?n entre estas figuras y muchos valores cristianos har? que Nietzsche, en su interpretaci?n anticristiana del helenismo, nos los vaya presentando como elementos perversos o destructores de la genuina Grecia.

La gran revoluci?n de Plat?n es su Dios trascendente, inefable y desconocido; presagia ya, en cierto modo, el Dios cristiano ?no tiene figura humana ni necesita de templos u ofrendas-; supone un gran paso hacia la teolog?a helen?stica, aunque no se trata desde luego de un Dios personal, sino de un monote?smo difuso. A partir de ?l, el sabio querr? buscar la semejanza con la divinidad lo m?s posible. (Teeteto, 176B):

?Dios [?] es el ser m?s justo que existe; s?lo tiene verdadera semejanza con ?l aqu?l de entre nosotros que se hace justo en la medida de sus fuerzas?.

Con todo, el hombre griego tuvo siempre un profundo sentimiento de tristeza y de nostalgia, conciencia en todo momento de que algo le falta. Vivir as?, no es ser cristiano, pero tampoco es volver la espalda al cristianismo, sino estar predispuesto, abierto a ?l. De un alma pagana con estas caracter?sticas es m?s f?cil tener luego un alma cristiana y, con frecuencia, la mejor alma cristiana. De hecho, los cristianos no van a tener nada m?s que hacer que llevar hasta las ?ltimas consecuencias las mismas doctrinas de los fil?sofos griegos [9].

Contempor?neo a san Pablo es Fil?n de Alejandr?a, fil?sofo jud?o del siglo I, que trata de demostrar que su religi?n puede entenderse en t?rminos de la filosof?a griega, justific?ndola as? en el tribunal de la raz?n; absorbi? toda la tradici?n griega y se sirvi? de sus medios literarios para probar su punto de vista, no a los griegos, sino a sus compatriotas jud?os [10]. Es muy importante este dato, pues muestra que toda comprensi?n ?tambi?n entre los no griegos- necesitaba del medio intelectual que proporcionaba el pensamiento griego. Ejercer? muy pronto una influencia decisiva en la Escuela de Alejandr?a, en el siglo II.

1.3.-Lengua

En la primera etapa del cristianismo nos encontramos con el uso del griego desde el N. T. hasta los Padres Apost?licos. El uso de la lengua no era de ning?n modo indiferente [11], pues con ella penetraba en el pensamiento cristiano todo un mundo de ideas y categor?as intelectuales.

El griego se hablaba en todas las sinagogas de la costa mediterr?nea poblada de jud?os cultos. La r?pida asimilaci?n de su ambiente por parte de las primeras comunidades cristianas se debe a que:

el cristianismo es de origen jud?o y los jud?os de esta ?poca estaban ya helenizados;
hacia ellos se volvieron en primer lugar los ap?stoles.
Fue esa primera comunidad llamada ?helenistas? (Hch 6) la que se dispers? por toda Palestina tras el martirio de Esteban. No eran propiamente griegos, aunque lo mismo que Esteban, todos llevaban nombres griegos (Felipe, Nicanor, Pr?coro, Tim?n, P?rmenas, Nicol?s). Se llamaba as? a los jud?os que hablaban griego porque sus familias hab?an vivido durante mucho tiempo en un ambiente helenizado y despu?s hab?an regresado a su patria. Era normal que ya antes de la muerte de Esteban hablaran del Evangelio a los no cristianos que hablaban su misma lengua y sabemos por el libro de los Hechos que constituyeron una comunidad cada vez m?s fuerte, hasta el punto de que tuvieron sus propios representantes en la distribuci?n diaria de la ayuda a las viudas.

Las discusiones que mantiene Pablo con los jud?os en las sinagogas, que se encontraban en todas las grandes ciudades del mundo mediterr?neo, se realizan en griego y con todas las sutilezas de la argumentaci?n l?gica griega. De otro modo hubiera sido imposible acceder a este mundo. Ambas partes, por ejemplo, citan el A.T. seg?n la traducci?n de la Septuaginta y no seg?n el original hebreo.

3.- Primer encuentro. San Pablo

Desde Her?clito, y m?s claramente a?n desde S?crates, la filosof?a se convierte en una ?cura del alma?, una gu?a de la vida humana para proporcionar la seguridad interior que ya el hombre no encontraba fuera. Cumple, por tanto, una funci?n religiosa. A mediados del siglo I todos saben que un fil?sofo es un hombre interesado en Dios. No es extra?o que, en un primer momento, se interprete tambi?n el cristianismo como una filosof?a, pues, cuando los griegos se encuentran con el juda?smo por primera vez en el siglo II a. C., con Alejandro Magno, llaman a los jud?os siempre ?raza filos?fica?, debido a su monote?smo [12]. Quiz? la Sagrada Escritura no hubiera sido traducida nunca si no hubiera sido por las esperanzas de los griegos de encontrar en ella el secreto de la ?filosof?a de los b?rbaros?.

Este uso de la lengua y las formas griegas se hace cada vez m?s necesario a los cristianos que quieren explicar que Cristo es la Verdad y el cristianismo la verdadera filosof?a. Los ap?stoles cristianos siguen, por tanto, las huellas de los fil?sofos griegos y toman de ellos en ocasiones sus mismos argumentos. Fue el momento decisivo en el encuentro del mundo griego y el cristiano (el futuro del cristianismo va a depender de ?l, en palabras del propio Benedicto XVI). San Lucas lo vio claramente cuando nos narra la intervenci?n de Pablo en el are?pago de Atenas ?Hch 17, 22-23.-, centro intelectual y cultural del mundo griego cl?sico y s?mbolo de su tradici?n; el ap?stol habla a los jud?os en la sinagoga y a los griegos en el are?pago; en su serm?n, ante fil?sofos estoicos y epic?reos, alude a un altar que ha visto en la ciudad dedicado al Dios desconocido y en el que ve una oportunidad para ofrecer una base com?n al di?logo:

?Atenienses, veo que sois, por todos los conceptos, los m?s respetuosos de la divinidad. Al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado tambi?n un altar en el que estaba grabada esta inscripci?n: ?Al Dios desconocido?. Pues bien, lo que ador?is sin conocer, eso os vengo yo a anunciar?.

Todo su discurso lo apoya en el conocimiento natural de Dios [13]. Lucas destaca esta intervenci?n para mostrarnos la nueva situaci?n. Sus argumentos est?n calculados para convencer a un p?blico educado en la filosof?a [14]. La discusi?n requer?a una base com?n; no habr?a sido posible de otra manera. San Pablo escogi? como base la filosof?a griega que era lo m?s representativo de la cultura griega en el momento, pero, si hay algo evidente ?ya en sus cartas -, es la contraposici?n entre sabidur?a de este mundo y la revelada en Cristo. El verdadero punto central, que desaf?a toda filosof?a, es la muerte de Jesucristo en la cruz (??Acaso no entonteci? Dios la sabidur?a de este mundo??, I Co 1, 20). La cruz puede dar a la raz?n la respuesta ?ltima que ?sta busca. No es la sabidur?a de las palabras, sino la Palabra de la Sabidur?a la que Pablo pone como criterio de la verdad.

4.- Los Apologistas. Siglo II

La primera literatura cristiana est? destinada a las comunidades cristianas. Es, pues, interna. Hemos visto c?mo los primeros contactos del cristianismo con la filosof?a se dieron tambi?n en sus or?genes, en plena ?poca apost?lica. Sin embargo, hasta casi mediados del siglo II se desarrolla la literatura cristiana como si la filosof?a no existiera y s?lo a partir del 150, cuando hombres como Justino y Melit?n, salen de las escuelas filos?ficas para incorporarse al cristianismo, comienzan los estudios m?s serios y las relaciones entre ambas. Lo que hizo que los autores cristianos se dirigieran a un auditorio no cristiano fue la cruel persecuci?n a que se vieron sometidos en el Imperio Romano (en el siglo II, Marco Aurelio; en el III, las grandes persecuciones de Decio, Valeriano y Diocleciano).

As? pues, a mediados del siglo II surge una amplia literatura en la que los cristianos defienden su propia fe ante la mayor?a pagana de la poblaci?n, donde no pueden dar por supuesto aquello que van a defender [15]. La Iglesia ya no es una secta oscura, sino que se va imponiendo en todas partes; son muchos los fil?sofos que, como Ar?stides, Justino, Taciano, Hermias y Clemente, han abrazado la fe cristiana; no todos reconocen que la sabidur?a cl?sica no tiene por qu? ser incompatible con la fe, pero, al menos, s? que no era necesario prescindir del amor a la sabidur?a.

Desde el comienzo se van a observar en el seno de la Iglesia dos tendencias: una formada por esp?ritus m?s abiertos, como Justino, Aten?goras, Clemente, Basilio y Or?genes, hombres preocupados de conciliar el cristianismo con la cultura antigua, tratando de ver los lazos comunes y las part?culas de verdad dispersas en ella, y otra de esp?ritus m?s recelosos, como Te?filo de Antioquia, Taciano o Tertuliano, que descartaban toda posibilidad de ?smosis entre el pensamiento de jud?os o paganos y el del cristianismo.

Estas relaciones cordiales duraron un tiempo, hasta casi fines del siglo II, cuando la gente m?s sencilla comienza a alejarse de la filosof?a como consecuencia del gnosticismo, al ver una estrecha relaci?n entre la filosof?a y la herej?a. En estos a?os toda cultura resultaba sospechosa. Con todo, no pod?a condenarse la filosof?a sin m?s, pues era preciso llegar a las capas m?s cultas de la sociedad. El encuentro del cristianismo con la filosof?a no fue ni inmediato ni f?cil.

El tono es diferente a la entusiasta elocuencia cristiana anterior. Los escritores se dirigen a los que les leen con intenci?n de saber m?s, a los cristianos de las clases m?s elevadas que, acostumbrados a la filosof?a, buscan en la nueva religi?n una ense?anza superior, e incluso a los gobernantes del Imperio, y se enfrentan al problema desde la filosof?a [16].

4.1.- San Justino

En este sentido, el Di?logo de S. Justino con Trif?n es un ejemplo paradigm?tico de lo que es un verdadero di?logo, donde los interlocutores realizan un gran esfuerzo por entenderse. El Di?logo se inicia as?:

?Veo que eres un fil?sofo. ?Acaso no se dirige a Dios todo el af?n de los fil?sofos [?] o puede negarse que la tarea de la filosof?a sea examinar el problema de lo divino?? [17]

Justino ?nace en torno al a?o 100, en Palestina- nos cuenta c?mo fue atra?do hacia la filosof?a en su juventud, c?mo estudi? todos los sistemas de la antig?edad y c?mo ninguno le satisfizo hasta que conoci? el cristianismo (Di?logo, 2, 3-6). Tras su conversi?n al cristianismo, no prescinde de la filosof?a, pues nos dice en su Apolog?a I, 5, 4, que S?crates revel? a los griegos lo que Cristo ense?? a los b?rbaros; sin embargo, considera que el cristianismo es la filosof?a absoluta y que tiene que contribuir desde su magisterio como fil?sofo laico a la renovaci?n cristiana de la sociedad: ?Todo el que pudiendo decir la verdad, no la dice, ser? juzgado por Dios? (Di?logo, 82). Morir? m?rtir en torno al a?o 170, bajo el emperador Marco Aurelio. A trav?s de la puerta que ?l abri?, en primer lugar, penetr? la cultura griega en la Iglesia y da paso a la ?poca de los grandes pensadores del cristianismo primitivo.

4.2.- San Clemente de Alejandr?a

En este ambiente cultural crecen tambi?n Clemente de Alejandr?a y su disc?pulo Or?genes. Nacen en un per?odo en que la raz?n humana ya no ten?a en s? misma la confianza que en el per?odo cl?sico de poder llegar a la verdad. Se hacen notar cada vez con m?s intensidad nuevas formas religiosas desconocidas en el siglo V, las llamadas ?religiones de misterio?, que, a partir del siglo IV, son las que m?s atraen al pueblo, pues prometen una relaci?n casi personal con la divinidad [18]. Algunas terminan en el neoplatonismo, pero la mayor?a en pr?cticas supersticiosas, que abundan m?s que nunca en este siglo II, quiz? por tratarse de una ?poca de transici?n. Los dioses ol?mpicos han cedido su puesto a monstruos absurdos; la actitud ahora es la irracionalidad, creencias en la magia o el espiritismo, pr?cticas en boga en esta ?poca, que conducen al pesimismo t?pico del siglo II d. C. [19]

As? pues, para ense?ar al hombre el camino de la salvaci?n, los fil?sofos paganos s?lo contaban con mitos y pr?cticas m?gicas que ocupaban el lugar de la raz?n en vez de asentarse en ella. Ninguna escuela supo decir el camino que deb?a seguir el alma para llegar a Dios. Tal vez esto explique mejor c?mo, junto a la proliferaci?n de las religiones de misterios, va a extenderse muy pronto, el cristianismo.

A estas divinidades absurdas se va a tener que enfrentar el cristianismo, en especial Clemente de Alejandr?a, que, desde el comienzo de su primera obra, procura arrancar al lector de las supersticiones irracionales, llevando hasta sus ?ltimas consecuencias una fuerte pol?mica contra ellas (Protr. I y II).

?Las bacantes celebran a Dioniso, en delirio b?quico, con ceremonias religiosas; comen carne cruda, estando pose?das por una demencia sagrada y realizan la distribuci?n de la carne de las v?ctimas, despu?s de coronarse con serpientes, mientras dan gritos de ?Eva?, aquella Eva por la que sobrevino el extrav?o? (Protr. II, 2).

Presenta, por contraste, la actitud del Logos verdadero con el hombre:

??Qu? quiere el Logos de Dios, el Se?or y su canto nuevo [?] Abrir los ojos a los ciegos, [?] Es el instrumento de Dios que ama a los hombres. El Se?or se compadece, educa, exhorta, amonesta, salva, custodia y nos anuncia el Reino de los cielos como a?adidura en recompensa de nuestro aprendizaje. A cambio s?lo obtiene de nosotros que nos salvemos. Mientras que el mal apacienta la corrupci?n de los hombres, en cambio, la verdad, lo mismo que la abeja, que no maltrata nada de cuanto existe, se vanagloria s?lo con la salvaci?n de los hombres. Puesto que tienes la promesa de Dios, participa de su amor al hombre: ?participa de la gracia!? (Protr. I, 2-3).

Clemente crece en este ambiente cultural y espiritual; su experiencia filos?fica fue muy rica y poco corriente, pues ?nacido en el seno de una familia pagana- recorri? desde joven varios sistemas filos?ficos en busca de la verdad, a la sola luz de la raz?n, sin que ninguno de ellos le revelara a Dios. Decepcionado por ello, tras varios a?os, se alej? del paganismo aborreciendo su incoherencia, hasta que, prosiguiendo en su b?squeda, se encontr? con los profetas hebreos y, poco m?s adelante, con el cristianismo, al que se convirti? ya en su madurez. Se conoce de su vida el per?odo que va desde el 180 ?su conversi?n- al 202 ? 203, en que sale de Alejandr?a huyendo de la persecuci?n de Septimio Severo. En el 180 le encontramos en la escuela de Alejandr?a, bajo la direcci?n de Panteno [20] (seguramente el primer maestro). Por la ense?anza que se impart?a conocemos que se trataba de gente de posici?n elevada e intelectual. Cuando Alejandro fund? Alejandr?a so?aba con que en ella se dar?a el encuentro de dos mundos, Oriente y Occidente. Ahora va a hacerse realidad. Dos sistemas universales ?la cultura griega y la Iglesia cristiana- van a unirse en la Teolog?a alejandrina, en la persona de Clemente.

Clemente es uno de nuestros m?s valiosos informadores de la literatura antigua [21]. Se le considera el escritor m?s sabio de la Antig?edad. Dominaba muy bien a los cl?sicos y conoc?a en profundidad la obra plat?nica, hasta el punto de citarla siempre de memoria. Es el escritor m?s importante de la escuela de Alejandr?a. Todo nos indica, por otra parte, que se mov?a en un ambiente muy refinado, pues cualquiera no pod?a entender con facilidad su densa prosa, llena, adem?s, de reminiscencias b?blicas, filos?ficas y literarias. Sin embargo, cuando se dirige a un p?blico de cristianos sencillos, su estilo cambia por completo, desaparece el helenismo y nos presenta m?s que con sencillez encantadora la doctrina evang?lica.

Clemente es uno de los padres griegos m?s seductores, a pesar de no ser de f?cil lectura por la riqueza de su lengua, por su estilo (lleno de sutiles analog?as apenas perceptibles); se presenta ante el lector como fil?sofo y poeta, erudito y espont?neo a la vez; abunda en citas y reminiscencias cl?sicas, en especial de fil?sofos griegos [22] .

Su estilo literario va a ir muy marcado por su profesi?n; es el educador que no busca su lucimiento personal, sino ser ?til, instruir, profundizar en el misterio de su religi?n. Su primera obra conservada es el Protr?ptico y, tal vez, la m?s importante, pues en ella se da por primera vez la fusi?n entre filosof?a y cristianismo. El autor realiza una invitaci?n apremiante a todos para que busquen la verdad y se conviertan. En toda la obra domina la alegr?a con que proclama la novedad del cristianismo.

Clemente debe su mayor importancia al hecho de haberse enfrentado al problema m?s grave de su tiempo: si pod?a utilizarse la filosof?a griega para ponerla en armon?a con el dogma cristiano. Justifica su estudio diciendo que no puede ser nociva si se utiliza como gimnasia intelectual y ve en ella la maestra de las dem?s ciencias y el ?nico instrumento de llevar el alma hasta el conocimiento de la divinidad (disciplina el esp?ritu, purifica el alma e inculca la virtud). Lo m?s novedoso es c?mo se sirve de la raz?n para hacer volver a los hombres al Creador: persigue en sus p?ginas una b?squeda intelectual, pues el ser hombre es, ante todo, ser racional [23]. La filosof?a, por ello, se convierte en su mayor tesoro:

?El vulgo, como los ni?os que temen al coco, teme a la filosof?a griega por miedo a ser extraviado por ella. Sin embargo, si la fe que tiene ?y que no me atrevo a llamarla conocimiento- es tal que puede pederse con argumentos, ?que se pierda!, pues con esto s?lo ya confiesan que no tienen la verdad. La verdad es invencible, las falsas opiniones son las que se pierden.? (Strom. VI, 10, 80, 5).

Era preciso reconocer que la raz?n humana no hab?a realizado una obra est?ril. Llega a amarla tanto que construir? el edificio cristiano sobre la Biblia y la filosof?a griega pagana, aunque siempre insistir? en que su religi?n era ?la verdadera filosof?a? >[24]. La pagana no refuerza la fe cristiana, sino que la defiende [25]:

?La ense?anza del Salvador es perfecta y nada le falta, porque es fuerza y sabidur?a de Dios; en cambio, la filosof?a griega con su tributo no hace m?s s?lida la verdad; pero haciendo impotente el ataque de la sof?stica [?] se dice que es con propiedad empalizada y muro de la vi?a? (Strom. 1, 20, 100, 1).

Explica atinadamente las relaciones entre fe y conocimiento; quiz?, a veces atribuye a la filosof?a griega una misi?n excesiva, pero siempre considera que la fe es m?s importante:

?La fe es algo superior al conocimiento, es su criterio? (Strom. 2, 4, 15).

Si cita en sus obras muchas opiniones filos?ficas no lo hace sino para criticarlas [26] y para invitar a que los dem?s se aparten cuanto antes de ellas. S?lo se detiene en Plat?n porque ?ste hace de la semejanza con Dios el bien supremo [27]. Tambi?n Clemente comparte que el hombre est? hecho para parecerse lo m?s posible a Dios.

?Busco a Dios, no sus obras. ?Qu? colaborador encuentro en ti para esta b?squeda? [se dirige a la filosof?a] ? Plat?n, ?d?nde hay que seguir las huellas de Dios? [?] Emprende conmigo la b?squeda del bien, pues una emanaci?n divina [28] inspira a los hombres en general y, sobre todo, a los que pasan el tiempo en investigaciones? (Protr. VI, 68).

As? pues, la idea dominante en su obra va a ser la reconciliaci?n de la filosof?a con el cristianismo, elaborando al mismo tiempo una ense?anza cient?fica de la fe y logrando que la nueva religi?n pudiera rivalizar con las dem?s escuelas filos?ficas. El pensamiento de que no hay fe sin ciencia y viceversa dio unidad a toda su producci?n y con ?l se abre paso a la filosof?a en la nueva religi?n, siendo considerado por ello Clemente como el fundador de la filosof?a cristiana. Para Clemente, lo mismo que para Plutarco, la filosof?a griega tiene como fin la teolog?a; cree que es la ?propaideia? del cristianismo, pues, mientras la filosof?a viene del hombre, la ?paideia? verdadera viene de Dios. Ha preparado las almas en el pasado para la recepci?n del Evangelio (Strom. I, 28), siendo el primero que le da esta funci?n.

Cree que tuvo la misma funci?n que la Ley para los jud?os, pero, con todo, nunca las pone al mismo nivel. Como todos estaban de acuerdo en el origen divino de la Ley hebrea, al igualarlo ahora Clemente con la filosof?a griega, queda claro que tambi?n ?sta procede de Dios: ?l la regal? a los griegos como preparaci?n, como ?pedagoga?. A primera vista llama mucho la atenci?n el puesto que le concede, sin embargo, hay que tener en cuenta que, si le da alguna autoridad es porque la supone dependiente de la sabidur?a hebrea (siempre m?s antigua). Al habla con Plat?n, le dice que la filosof?a griega deriva de la Escritura:

?Las razas b?rbaras son m?s sabias. S? qui?nes fueron tus maestros, aunque quieras ocultarlos. Aprendiste la geometr?a de los egipcios, la astronom?a de los babilonios, recibiste sabios conjuros de los tracios y mucho te ense?aron los asirios. Pero las leyes verdaderas y tu opini?n sobre Dios la recibiste de los mismos hebreos? (Protr., 70, 1).

Si esto es as?, no hab?a ning?n inconveniente, por tanto, en estudiarla.

Su apolog?a del cristianismo es muy diferente de otros escritores cristianos, como Justino; no se limita s?lo a exponer lo absurdo e irracional de los mitos paganos, sino que tambi?n muestra la parte constructiva, la presentaci?n positiva del cristianismo, de forma tan sincera que muy pronto se gan? la simpat?a del p?blico:

??Qu? admirable misterio! El Se?or se abaja y el hombre sube. El que cay? del para?so recibe una recompensa mayor que la misma obediencia, el cielo? (Protr. XI, 112).

La obra que se propuso escribir Clemente constaba de tres partes: la primera se dirig?a a los paganos y la concibi? como una obra de propaganda, adoptando una forma literaria, usada con frecuencia por los fil?sofos griegos desde S?crates, con el fin de exhortar a sus contempor?neos a salir del paganismo y llegarse a Cristo. Es el Prot?ptico. La segunda es un libro de moral cristiana, Pedagogo, para iniciar en la nueva vida al ya bautizado, pero reci?n convertido. Con la tercera, Stromata, se dirige al cristiano que ha le?do ya sus obras anteriores y se encuentra preparado para recibir las m?s altas revelaciones. La idea de iniciaci?n que aparece continuamente en su producci?n tiene su importancia. Lo mismo que en los famosos misterios de la ?poca, tambi?n Clemente ha querido introducir al lector en su santuario y, de grado en grado, elevarlo a los supremos misterios del cristianismo.

Comienza arrancando al lector de las supersticiones m?gicas populares, sin permitirle tampoco encontrar reposo entre los fil?sofos, pues no saben satisfacer las aspiraciones m?s profundas del alma humana; es preciso ir a los profetas hebreos [29].

Aunque se apoya en Plat?n al hablar de la divinidad, con todo su Dios se diferencia en lo esencial del Dios de los fil?sofos; el cristianismo se ve desde el principio como una religi?n muy singular; se sit?a en otro nivel y remueve todas las grandes cuestiones que afectan al hombre [30]. A la noci?n fr?a de aqu?l, lejano, distante, sin ninguna relaci?n con el hombre, el Dios de Clemente es el que se abaja para salir al encuentro del hombre, el que no busca otra cosa que su salvaci?n: ?Padece y se alegra con los hombres, busca, sale al encuentro [?] tiene un coraz?n, est? ah? como amante, con todas las extravagancias de un amante. Este texto nos muestra la transformaci?n del pensamiento puramente filos?fico? [31].

??Por qu? te animo? Estoy ansioso de que te salves. Esto quiere Cristo [?] el Logos de la verdad [?] el que ha construido un templo en cada hombre para establecer a Dios entre los hombres? (Protr., XI, 117, 4).

La caracter?stica m?s importante de su obra es la alegr?a. Habla con el lenguaje de un hombre que ha encontrado las mayores satisfacciones y, en su gozo, querr?a comunicar a todos los sentimientos que le inundan:

??Por qu? llenar mi vida de im?genes, dici?ndome que son dioses el viento, el fuego, la tierra, las piedras, maderas, el hierro, este mundo, e incluso los errantes astros? Anhelo al Se?or de los vientos, al due?o del fuego, al creador del mundo, el que da la luz al sol. Busco a Dios, no sus obras? (Protr., 67, 2).

No tiene ning?n reparo Clemente en afirmar que el cristianismo es la verdadera filosof?a: ?las puertas del Logos son ?razonables? [32] y se abren con la llave de la fe? (Protr. I, 10). Pero tras el cristianismo, m?s que una filosof?a [33], est? el Fil?sofo, el mismo Logos; as? entend?a san Justino su propia fe, convencido de que no supon?a de ninguna manera una ruptura con la historia anterior. De este Logos[34], hab?an participado ya los antiguos que acogieron algunos destellos de la Verdad:

?Imagen de Dios es su Logos [?]; imagen del Logos es el hombre verdadero, el ?nous? que hay en ?l; se dice que por esto fue hecho seg?n la imagen de Dios y conforme a su semejanza [?] Se parece al logos divino por la inteligencia de su coraz?n y por ella es razonable? (Protr. X, 4).

Continuamente Clemente est? haciendo llamadas al hombre ?l?gico? para que acepte al verdadero Logos, ya que s?lo por la raz?n se puede llegar al conocimiento de Dios. Pero, como sabe que la conversi?n no es f?cil, se esfuerza en mostrar la belleza del Logos incitando con vehemencia a seguirle. Es muy significativo que a Clemente le guste designar a Cristo con el nombre de Logos (hasta 49 veces aparece en esta obra). Quiere que el hombre, apoyado en su logos, llegue hasta el verdadero Logos, la verdadera sabidur?a, la que inspir? tambi?n a los poetas y fil?sofos griegos que entrevieron algo de la ?nica verdad, pues el Logos de Dios inserta semillas de verdad en todos los hombres, por lo que muchos fil?sofos han vivido conforme a ?l. No hay obst?culo para quien quiera conocer de verdad a Dios, pues el Logos es imagen de Dios y el hombre lo es del mismo Logos. Defiende con fuerza su fe, pero como quien hab?a estado atrapado en el error de los mitos antiguos y acaba de encontrarse con el esplendor de la verdad. Se pone siempre en el lugar de su adversario ??l estuvo mucho tiempo en este punto de vista- para poder entender mejor sus dificultades y llegar a ofrecerles una respuesta m?s satisfactoria. En todo momento sigue argumentos racionales, mostrando una gran simpat?a por todos, pero sin aguar la doctrina en un intento de facilitar la entrada en el cristianismo. Siempre se le ve entusiasmado con la nueva fe y esta alegr?a le es muy f?cil transmitirla. Destaca mucho su car?cter optimista y positivo.

Conclusiones

Clemente cree que Dios concedi? la sabidur?a a los griegos para conducirlos a la salvaci?n; varias veces insiste en su origen divino y su influencia bienhechora en la Humanidad privada de la luz de Cristo. Lo que la Ley fue para los jud?os, ha sido la filosof?a para los griegos. Clemente siempre procura exponer el cristianismo desde la s?lida base de la raz?n. Sus mejores aliados van a ser Plat?n y la filosof?a. Conservar? ?ntegra la doctrina cristiana, sin hacer nunca concesiones[35]. Establece, asimismo, las bases del verdadero humanismo cristiano, al unir en su persona al hombre griego -por su confianza en la raz?n humana y su af?n por conocer- y al cristiano. Sobre esta base, el hombre pod?a construir un mundo cristiano: el Creador todo lo hizo bien. De este modo, Clemente impidi? que el cristianismo quedara aislado en el mundo de la cultura, al establecer nuevos fundamentos para sistematizar el contenido de la doctrina. Junto a Or?genes, se va a convertir en el fundador de la Filosof?a cristiana.

En su pensamiento se produce por primera vez el encuentro entre la filosof?a griega y el cristianismo. La fusi?n de la religi?n cristiana con la herencia cultural griega hizo que muchos se dieran cuenta de que ambas tradiciones tienen mucho en com?n. El cristianismo se convierte ahora en la nueva paideia, heredero de todo lo que parec?a digno de sobrevivir en la tradici?n griega.

Por eso, la luz de la fe no es extra?a a la raz?n, como algo que le viene de fuera; se trata de una ?nica luz de la ?nica verdad de Dios, que ilumina el camino de los hombres de modos diversos. De este modo, el hombre llega con la fe a la plenitud de su ser ?l?gico?, es decir, a gozar de una raz?n llena de sentido [36].

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Chelo Isart Hern?ndez



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[1] Esta oposici?n se daba ya en el mundo antiguo; las viejas religiones fracasan por la separaci?n que establecen entre la fe y la raz?n (Cf. Ratzinger, Introducci?n al cristianismo, M?jico, 1996 (8? ed.), p. 115.

[2] Con la llegada del historicismo, cambia el concepto y hasta el per?odo m?s oscuro de la historia pod?a tener igual importancia.

[3] No es casual que al actual olvido o desd?n de las ra?ces cristianas de Europa, le acompa?e tambi?n el de la cultura grecorromana.

[4] El gran historiador, que se convirti? en el descubridor de este per?odo griego, Johann Gustav Droysen, se dio cuenta de que, sin la evoluci?n poscl?sica de la cultura griega, habr?a sido imposible o, al menos muy dif?cil, el surgimiento de una religi?n cristiana mundial.

[5] Jen?fanes, ?volviendo la mirada a los cielos, declar? que hay un solo Dios ?, seg?n Arist?teles, Metaph. A 5, 986b 21-25.

[6] Este proceso se hallaba ya prefigurado en los presocr?ticos (en el fondo hac?an tambi?n teolog?a, como ha mostrado claramente Jaeger.

[7] Ya los ?rficos tienen conciencia de su pecado y de la necesidad de purificaci?n interior para evitar el castigo de ultratumba. El examen de conciencia era incluso prescrito por los pitag?ricos y los epic?reos porque, aunque nuestras faltas queden ocultas a los ojos de los dem?s, no lo est?n ante nuestra conciencia ni ante Dios: ?nada se oculta a Dios, conviene que lo sepas, ?l es nuestro vigilante y nada hay que Dios no pueda? (Epicarmo, fr. B, 23). De las doctrinas ?rficas brota tambi?n la idea de la divinidad del alma. Pero el cl?max se alcanzar? con Plat?n y Arist?teles y sus escuelas.

[8] S?crates muere por fidelidad a sus principios; Plat?n asegura que existe una Justicia siempre verdadera y v?lida y que el justo torturado por el verdugo es m?s dichoso que el injusto vencedor, porque a ?ste le atormenta su conciencia de pecado

[9] Apolo y Dioniso son los dos s?mbolos del alma griega, s?ntesis que resulta de su contraposici?n. El alma dionis?aca alienta en la cultura griega en sus albores, se oculta en el per?odo cl?sico intelectual y reaparece en la ?poca helen?stica.

Es verdad que con S?crates aparece en Grecia el hombre que sobrepasa los instintos, ant?poda del dionisismo, negador del mito (Nietzsche lo recordaba con frecuencia). Pero ambas constantes, mito y logos, corren a la par en la historia de la cultura griega. El logos acabar? imperando, por lo que no es desacertado concebir la historia de la cultura griega como el lento tr?nsito del mito al logos. Ambos son esenciales del alma griega; en el mito se incluyen las emociones, los sentimientos, pero tambi?n un profundo sentido de la experiencia religiosa.

[10] Curiosamente su obra la conservaron los Padres de la Iglesia, no la literatura griega y mucho menos el mundo jud?o. Tuvo gran inter?s para la Teolog?a cristiana.

[11] El gusto por la lengua ?tica en todas las regiones hizo que se siguieran leyendo las obras cl?sicas en las escuelas (tambi?n en las escuelas cristianas). Los m?s autorizados de los Padres estaban de acuerdo en que se deb?a leer la literatura pagana cl?sica; no es cierto que los cristianos quemaran estas obras; la actitud de la Iglesia durante todo el per?odo bizantino fue la contraria ?incluso sobrevivieron las obras de Juliano el Ap?stata! (s?lo eliminaban las obras de los cristianos que hab?an ca?do en la herej?a.

[12] S?lo la filosof?a griega se pod?a corresponder con el monote?smo cristiano.

[13] Clemente fue el primer autor que prest? mucha atenci?n a las citas literarias cl?sicas en el N.T.. Al ser muy culto, identific? varias cartas de san Pablo, sobre todo cuando se dirige a la cult?sima comunidad de Corinto. Ya san Pablo, en su Ep?stola a los Romanos, 2, 14-16, habla de la aportaci?n de la sabidur?a griega a la causa de la verdad.

[14] En un escrito cristiano posterior, el autor de los Hechos de Felipe, interpreta correctamente este pasaje y hace que su protagonista llegue tambi?n a Atenas y ante el mismo p?blico que Pablo, para hablar del mismo tema: ?He venido a Atenas para revelaros la paideia de Cristo? (c?p. 8, 3). Llama al cristianismo paideia de Cristo porque quiere mostrar que ?ste es la continuaci?n de la paideia griega cl?sica; a la vez implica que la paideia cl?sica est? siendo superada por Cristo que es el centro de una nueva cultura. La paideia antigua se convierte en su instrumento.

[15] Los defensores del cristianismo tienen que emplear siempre argumentos filos?ficos; los cristianos eran acusados de canibalismo (por comer y beber el Cuerpo y la Sangre de Cristo), de ateos (por no venerar a los dioses del Imperio), de subversi?n pol?tica (por negar honores divinos al Emperador). Tambi?n S?crates y Plat?n hicieron frente a la misma acusaci?n de ate?smo.

[16] Justino dirige su Apolog?a ?cf. Apolog?a I, c?p. 2- a ?hombres p?os y fil?sofos, amantes de la cultura? (= paideia).

[17] La filosof?a griega no negaba en absoluto esto, sino que lo daba por supuesto.

[18] Aparece una alusi?n clara en el discurso de Diotima en el Banquete de Platon.

[19] Los hombres de este per?odo exig?an de la religi?n lo que los ritos tradicionales no les pod?an ofrecer: una relaci?n m?s directa con la divinidad; garant?a de pervivencia personal; purificaci?n de las faltas.

[20] De los or?genes de la escuela catequ?tica de Panteno apenas se conoce nada; seguramente pudo surgir a comienzos del siglo II, como r?plica a la herej?a gn?stica, siguiendo el modelo de la escuela de Justino.

[21] Muchas obras s?lo conocemos su existencia por la menci?n que de ellas hace Clemente. Sorprende la gran cantidad de citas ?de un gusto exquisito, adem?s- con que salpica su obra y la naturalidad con que lo hace.

[22] Destaca Plat?n con gran diferencia, pues su fil?sofo preferido; llega a llamarle ?Amigo de la verdad e inspirado por Dios mismo? (Strom. I, 42). Cita fij?ndose en el contenido, nunca por ornato o erudici?n.

[23] Es el primer escritor que usa la l?gica como disciplina.

[24] Su uso de la filosof?a se encuentra siempre subordinado a la preocupaci?n de conservar ?ntegro el mensaje cristiano.

[25] J.P. II, Fides et ratio, 38.

[26] Critica con dureza, sobre todo, el epicure?smo.

[27] Admira de ?l su concepci?n de la providencia divina, la inmortalidad del alma y las penas o recompensa en el m?s all?.

[28] Para Clemente significa la acci?n del E. Santo.

[29] Ya la tradici?n erudita alejandrina (Fil?n, sobre todo) hab?a subrayado la antig?edad de la sabidur?a de oriente frente a la griega; incluso en el Timeo plat?nico encontramos a un sacerdote egipcio que le dice a Sol?n que los griegos son siempre ni?os.

[30] Ser? muy diferente del juda?smo, del que procede, y del islamismo, que no deja de ser un sincretismo de juda?smo y cristianismo, mezclado con elementos paganizantes (cf. Dalmacio, pp. 207-8).

[31] Ratzinger, Introducci?n ?, p. 117.

[32] Capacidad del hombre para distinguir el bien del mal.

[33] ?La religi?n cristiana no es una filosof?a, es decir, un concepto impersonal; s?lo se puede comparar a una pasi?n? (Chesterton, San Francisco, Madrid, p. 12).

[34] Algunos han querido ver en el logos de Clemente una influencia directa del de Fil?n, pero hoy los cr?ticos rechazan un?nimemente esta hip?tesis. El fil?sofo jud?o concibi? la idea del Logos para completar el hueco que la filosof?a de Plat?n hab?a dejado en su pensamiento: Dios era trascendente y, como tal, no pod?a tener ning?n contacto con el hombre. Fil?n pens? que el Logos era el intermediario que acercar?a a la materia el elemento divino, sin mezclarse nunca con ella. Para Fil?n no se trataba de Dios mismo, sino quiz? de la Idea principal de Dios. Clemente, en cambio, afirma que el Logos es Dios mismo, Cristo (el inicio del evangelio de san Juan).

[35] J. Tixeront, Histoire des dogmes dans l?antiquit? chr?tienne I, Par?s, 1915 (8? ed.), p. 282.

[36] Cf. J.A. Mart?nez Camino, ?Fe y raz?n en la Veritatis Splendor?, en Evangelizar la cultura de la libertad, Madrid, 2002, p. 301.
Publicado por verdenaranja @ 0:03  | Art?culos de inter?s
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