S?bado, 14 de abril de 2007
Desde la revista Arbil n?mero 111

La soledad de Jes?s


por Jos? Luis Serrano

Es palabra de Dios en San Pablo, que todos los que quieran vivir piadosamente seg?n Cristo, han de padecer persecuci?n. Y en esa persecuci?n iremos quedando poco a poco aislados, solos. Y aqu? entran en juego el desaliento y ese pesimismo. No tenemos derecho a ser pesimistas ni a dejarnos desalentar. Pero las fuerzas las sacamos contemplando a Cristo.



Vamos a hacer unas reflexiones.

En el momento en que cada persona, cada uno de nosotros, est? dispuesto a actuar por la Iglesia, por Jesucristo, por su Sant?sima Madre, inmediatamente a esa armon?a de amor que va a llevar al mundo, se van a oponer las armas del enemigo: Mundo, Demonio y Carne. Y de estos tres enemigos, los tres van a ser comunes en la actuaci?n. Pero fundamentalmente me voy a acoger a una regla de San Ignacio que, en la primera semana de sus Ejercicios, en la reglas de discernimiento de esp?ritus, nos dice ?en su segunda regla- ?que en aquellas almas que van de bien en mejor subiendo, usa el enemigo contrario modo que en la primera, que era la de aquellos que van de pecado en pecado mortal cayendo. En este caso, dice, acostumbra com?nmente el enemigo proponer placeres aparentes, pero en los que van de bien en mejor subiendo, usa contrario modo, porque entonces es propio del mal esp?ritu morder, tristar, poner impedimentos, e inquietar con falsas razones para que no se pase adelante? De manera que la t?ctica que el enemigo va a seguir, va a ser la de intentar transformar el buen deseo en desalientos.

Voy a contar una an?cdota que o? en una ocasi?n en la que se dec?a que el demonio sac? en una ocasi?n sus armas a subasta delante de innumerables demonios. Sac? sus armas a subasta y Satan?s dec?a: ??Cu?nto dais por esta piedra? Esta es la piedra de la lujuria, infinidad de almas tengo sumergidas en el infierno por esta piedra?. El resto de los demonios subastaba. Despu?s sac? otra piedra ??Qu? dais por esta piedra? Esta es la piedra de la soberbia, tened en cuenta que en el infierno hay v?rgenes pero no hay humildes, por lo tanto esta piedra de la soberbia es de un valor incalculable?. Pujaban los demonios, y despu?s de sacar una serie de piedras, de repente dijo: ??ay!, ahora aqu? tengo una piedra, pero esta no la saco a subasta. Esta es la piedra con la que m?s almas he metido en el infierno, no hay nadie en el infierno que no est? por ella?. Y entonces los dem?s diablos pujaban y dec?an: ?!s?cala a precio! ?qu? piedra es esa? ?d?noslo! ?comun?canos tu secreto!?. No os comunico nada, dec?a ?l. ?Pero, ?qu? piedra es esa?, le replicaban. ?Ah!, dijo ?l, esta es la piedra del desaliento?. El desaliento. No se trata de empezar a trabajar, se trata de ser constante.- Por la paciencia salvar?is vuestras almas-. Pues bien, para no desalentarnos, vamos a contemplar aqu?, a Jes?s solo, la soledad del Coraz?n de Jes?s. Porque es palabra de Dios en San Pablo, que todos los que quieran vivir piadosamente seg?n Cristo, han de padecer persecuci?n. Y en esa persecuci?n iremos quedando poco a poco aislados, solos. Y aqu? entran en juego el desaliento y ese pesimismo. No tenemos derecho a ser pesimistas ni a dejarnos desalentar. Pero las fuerzas las sacamos contemplando a Cristo.

La soledad del Coraz?n de Jes?s. Idlo contemplando, y no solo ahora, sino cada d?a de nuestra vida durante un buen espacio de tiempo. El Coraz?n de Jes?s, nuestro modelo.

Soledades del Coraz?n de Jes?s.

--Vamos a empezar por la soledad en Bel?n. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. La soledad de Jes?s, dice San Ignacio, en suma pobreza. Es impresionante que en la noche de Bel?n el Esperado, el Mes?as, el Ansiado, aqu?l por el que clam? Isa?as: ?destilad, cielos, el roc?o de lo alto, lluevan las nubes al Justo, ?brase la tierra y germine el Salvador,? venga a la tierra y nazca en una soledad total y absoluta en presencia del coraz?n de la Sant?sima Virgen y del coraz?n de San Jos?, a los cuales Dios beneficiaba inmensamente con esta pobreza en que nac?a el Verbo, porque los preparaba as? para poner los ojos y el coraz?n solamente en aqu?l ni?o que nac?a, y no poder ponerlo en ninguna otra criatura. Pero empieza a nacer en soledad y a formar en la madre un coraz?n solitario.

-- La soledad de Jes?s y de la Virgen. Soledad del Coraz?n de Jes?s con su propia madre. Para formar el Coraz?n de la Virgen en soledad a los doce a?os Jes?s abandona a su madre por tres d?as, qued?ndose en Jerusal?n al finalizar la fiesta de la Pascua. En estos tres d?as, nos dicen algunos comentaristas del Evangelio, la Sant?sima Virgen ha sufrido m?s que la Pasi?n, porque en la Pasi?n ten?a la presencia del Hijo, por lo menos el consuelo de estar junto a El.

En estos tres d?as ignoraba d?nde estaba Jes?s. Pero la Virgen sab?a que aquel ni?o era Dios y la Virgen clamaba, y en estos tres d?as oraba y sab?a que vivo o muerto la escuchaba. ?C?mo no respond?a el Hijo de sus entra?as, el Hijo de Dios, el todo bien, y toda bondad? Por eso cuando lo encuentra le pregunta: ?pero, Hijo, ?c?mo lo has hecho as? con nosotros? ?Mira que tu padre y yo, angustiados, te est?bamos buscando!? Y Jes?s les dice: ??Por qu? me buscabais? ?No sab?ais que yo hab?a de estar en las cosas de mi Padre?? Ellos no entendieron nada de lo que Jes?s les hab?a dicho. Jes?s preparaba a la Sant?sima Virgen para vivir su soledad. Fue el primer desgarr?n fort?simo hecho en el Coraz?n de la Virgen, porque el coraz?n de la Virgen ten?a que corredimirnos con un coraz?n solitario.

Preparaba as? a la Virgen para vivir en soledad, porque llegar?a un d?a en que el Hijo de sus entra?as le dejar?a en una soledad total y absoluta.

Por tres veces anuncia Jes?s la Pasi?n en el Evangelio, en el cap?tulo IX de San Lucas dos veces y en el X una tercera vez. De estas tres veces, cuando Jes?s les dice: ?Mirad que subimos a Jerusal?n, donde el Hijo del Hombre va a ser escarnecido, va a caer en mano de los doctores, va a ser azotado, va a ser abofeteado, va a ser crucificado, pero al tercer d?a resucitar?, dos veces a?ade el Esp?ritu Santo: ?y ellos no entend?an nada de lo que les hab?a dicho? y a?ade m?s el Esp?ritu Santo: ?y era ?ste un lenguaje encubierto para ellos? y no quer?an pensar en aquello y les ha dicho: ?mirad que subimos a Jerusal?n?, no mirad que subo, sino que subimos. Y estas palabras nos repite Jes?s a nosotros, subimos, no subo, subimos. Si t? quieres santificarte y quieres vivir en cristiano tienes que subir conmigo a la Cruz. Esto nos cuesta trabajo, no lo entendemos. Dios no tiene otro camino para llevarnos a la santidad que ?se, su propia soledad.

Soledad del coraz?n de Jes?s con los suyos. Sus familiares, nos dice San Marcos (Mc 3, 20-21), que ven?an a buscarle en cuanto sali? a la vida p?blica y quer?an llev?rselo porque dec?an que estaba como fuera de s?, como loco.

Soledad del Coraz?n de Jes?s en Nazaret, su pueblo. Ya hab?a dicho El que ning?n profeta lo es en su patria (Juan, 4,44) (y en Juan 6,22: los judios le buscaban para matarle). Pero lleg? a Nazaret y los nazarenos quisieron precipitarlo por un barranco. Jan Dobraczynsky en ese libro ?Cartas de Nicodemo? describe a Jes?s; El, (Jes?s), nos dice el Evangelio, pasando por el medio se retiraba y alej?ndose del pueblo (Nazaret) ?dice Jan Dobraczynsky- contempl? la ciudad a lo lejos, se sent? en el suelo, comenzaron a convulsionarse sus hombros, agacho la cabeza ?Jes?s estaba llorando-. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron, los de Nazaret, los ?ntimos, con los que hab?a estado treinta a?os de su vida, y a los que amaba, porque el desgarr?n de la soledad de Jes?s es que cada uno de los que le produce soledad, es amado por El.

Soledad de Jes?s con las masas: no lo entendieron. Tuvo que decirles: ?vosotros me busc?is porque os he dado de comer? (Jn 6,26). Pero en cuanto se qued? solo y empez? a pregonar el Serm?n de la Eucarist?a, ?dura doctrina es esta? (Jn 6, 60-66), le dejaron solo. Las masas le llevaban multitudes de enfermos, pero solamente una vez leemos en el Evangelio, y tambi?n era un enfermo, le llevaron pecadores que era lo que hab?a venido a buscar. Las masas entend?an como nosotros una salvaci?n de lo temporal, en lugar de una salvaci?n de abundancia de vida divina en el alma. Soledad del Coraz?n de Jes?s ante las masas.

Soledad del Coraz?n de Jes?s con los te?logos de la ?poca. No nos extra?emos ahora cuando nos hacen sufrir ciertas teor?as, ?vosotros escudri??is las Escrituras y no me hab?is conocido?. Soledad del Coraz?n de Jes?s con los fariseos, que debieron de haberle recibido entre aplausos y v?tores, y los tuvo que llamar ?raza de v?boras, sepulcros blanqueados? Pero los amaba, amaba Jes?s a aquellos fariseos y tuvo que enfrentarse con ellos, decirles abiertamente lo que hac?an porque pon?an cargas que ellos no eran capaces de soportar, aunque dijese al pueblo en cuanto a ellos: ?haced lo que os dicen, aunque no hag?is lo que ellos hacen?.

Soledad del Coraz?n de Jes?s con los m?s ?ntimos (ap?stoles). A Pedro le tuvo que decir ?aparta de M? Satan?s?, porque Pedro no hab?a entendido el dolor de la Cruz y le quer?a separar de que subiese a Jerusal?n. En la noche de la Cena todav?a les tendr? que decir: ?Tanto tiempo con vosotros, Felipe, y a?n no me hab?is conocido?.

Soledad del Coraz?n de Jes?s en Gerasa (ver Lucas 8, 26-30). (Gerasa estaba en territorio de Dec?polis). Fue preferido a 2.000 cerdos despu?s de hacer la curaci?n del endemoniado, tras haber sepultado en una piara de dos mil cerdos a una multitud de demonios ??nuestro nombre es legi?n?-. Vinieron despu?s aquellos ciudadanos griegos del territorio de Dec?polis para decirle: m?rchate de aqu?, creemos que eres un buen hombre, pero nos has infringido un gran da?o?.

Soledad del Coraz?n de Jes?s. Los ?ntimos en el momento de la agon?a en Getsemani se quedaron dormidos (Mt 26, 36-46). Poco despu?s nos dice el Evangelio: ?entonces sus disc?pulos, abandon?ndole todos, huyeron ( Juan 22, 39)

Soledades del Coraz?n de Jes?s. En la Cruz. No tenemos palabras para expresar el misterio de la soledad de Jes?s. Maldito el que cuelga del madero, qued? abandonado, a?n del Padre de los Cielos: ?Dios m?o, Dios m?o, ?por qu? me has abandonado??. No podemos llegar a comprender este misterio, y as? es como Jes?s ha realizado nuestra salvaci?n. Y despu?s de la Cruz, nos dice San Juan de ?vila que, si repiti?: ?todo se ha acabado?, dice Juan de ?vila todo se ha acabado en cuanto al padecimiento que no en cuanto al amor, porque nos sigue amando.

Soledad del Coraz?n de Jes?s que mantiene hoy. Hoy hay tambi?n Herodes. Jes?s ante Herodes, ?qu? soledad tuvo el Coraz?n de Jes?s! Ante H?rodes Jes?s callaba, no dijo ni una sola palabra. Habl? con Pilatos, habl? con Caif?s, con An?s. Con Herodes el lujurioso, el que viv?a con la mujer de su hermano, ante Herodes Jes?s callaba.

Soledad del Coraz?n de Jes?s con la injusticia de Pilatos, que seis veces, seis veces dice que es inocente y lo entreg?.

Y nosotros hoy, ?no dejamos solo al Coraz?n de Jes?s? Porque sigue prolongando el amor, que no ya el padecimiento, pero se ha quedado en la Eucarist?a, memorial de su Pasi?n. Est? en los Sagrarios. ?Cu?nto tiempo acompa?amos nosotros a Jes?s ante un sagrario?, ?acompa?amos a Jes?s en la Eucarist?a?

Soledad del Coraz?n de Jes?s con nosotros mismos. Somos de sus predilectos, de sus ?ntimos, nos ama y le tenemos durante el d?a como en el olvido. Nuestra propia alma se ha convertido para El en un hospedaje en que es el gran ausente. Hay tantas cosas que nos preocupan y no nos preocupa el Coraz?n de Jes?s.

Miradle a El. Juan Pablo II nos dijo a los j?venes, en una de sus tres audiencias que tuvo con los j?venes: ?Buscad a Jes?s, amad a Jes?s, dad testimonio de Jes?s?.

Vayamos a la Sant?sima Virgen, acompa??mosla en la soledad, convirtamos nuestra vida en una sonrisa para la Virgen. Cuenta un sacerdote esta an?cdota. ??Qu? duda cabe que cuando Mar?a se encontraba destrozada con Jes?s, entre sus brazos muerto, y se acercaron Nicodemo y Jos? de Arimatea para decirle: Se?ora, aqu? tenemos un sepulcro nuevo donde poder enterrarle, Ella mirar?a agradecida!! Era una preocupaci?n para la Virgen d?nde depositar a su Hijo, porque el Talmud prescrib?a que los ajusticiados ten?an que ser sepultados en la fosa com?n, tendr?a que ir all? a la fosa, donde estaban ya los cad?veres de malhechores anteriormente ejecutados.

Aquello era un drama para la Sant?sima Virgen, pero tambi?n el Talmud prescrib?a que se le podr?a enterrar en un sepulcro sin estrenar. Cuando Jos? de Arimatea ofreci? el sepulcro y dijo: Se?ora, aqu? tengo un sepulcro nuevo, si quer?is podemos depositarlo ah?, ??? qu? duda cabe que de entre el dolor de la Virgen arrancar?a una sonrisa, mirar?a agradecida !!! Hoy hay que ofrecerse a la Virgen y decirle: Madre, mira, soy un sepulcro, de m? no se puede esperar nada m?s que corrupci?n, pero si mis miserias sirven de algo a la misericordia infinita de Jes?s, ponlo dentro de m?, por lo menos que aqu? descanse, que encuentre un lugar de refugio. ?Busqu? qui?n me consolase y no lo hall?, quise encontrar consolador, no lo hubo?. Aqu? hay unas almas para ofrecerse a ser consoladoras del Coraz?n de Jes?s. En San Juan 15, 18 nos dice: ?Si el mundo os odia, sabed que a m? me ha odiado antes que a vosotros?; y en el vers?culo 20: ?Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es m?s que su se?or. Si a m? me han perseguido, tambi?n os perseguir?n a vosotros; y en Juan 16, 4: os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acord?is de que ya os lo hab?a dicho?

Una an?cdota. Se dice que cuando Jes?s mor?a en la Cruz, Dios Padre y Satan?s estaban jug?ndose la Redenci?n del mundo en un tablero de ajedrez. Dios Padre dejaba a Satan?s manejar el tablero de la Historia y le dijo: ?juega, tienes el tablero a tu disposici?n, pon las fichas donde quieras? y Satan?s iba colocando aqu? un pe?n, aqu? se serv?a de la ignorancia humana, de los celos, de las envidias, de los rencores, de la carne, y poco a poco iba preparando el jaque. Cuando ya coloc? a Jes?s en la Cruz, cuando ya estaban aquellos que meneaban la cabeza para decir: ?b?jate de la Cruz?, cuando Jes?s estaba aparentemente contemplando el triunfo m?s aplastante, que era ver el triunfo de sus enemigos en la soledad total y absoluta, entonces colocando las piezas sobre el tablero, Satan?s miraba a los ojos de Dios y Dios le dec?a: ?no cambias?, y ?l (Satan?s) dijo: ya no, mate. Y dijo Dios Padre, ?seguro?, mate ?replic? ?l- ?De verdad? ?volvi? a preguntar-, puedes todav?a corregir tu jugada, y Satan?s, viendo todo tan perfectamente planificado respondi?: no, definitivamente mate (muerte de Jes?s). Entonces Dios Padre volte?, dio la vuelta al tablero y por debajo se estaba jugando otra partida en la que cada una de las piezas que el demonio hab?a ido colocando, hab?a dado lugar precisamente a la derrota suya final. Se hac?a la Redenci?n de los hombres clavando a Cristo en la Cruz, como hab?a hecho Satan?s, y era ?l el que quedaba hundido para siempre en la eternidad.

Seamos SIEMPRE colaboradores y ap?stoles de Jesucristo. Nuestra misi?n, luchar, ser sembradores de buena semilla. Sea Cristo la recompensa. Como nos record? Juan Pablo II en su visita apost?lica a Espa?a (en 1982) en el discurso a los educadores: ?queridos educadores en la fe; ante este estupendo panorama de un mundo a catequizar para acercarlo a Cristo, ante tantos adultos, j?venes y ni?os que reclaman una entrega fiel a la causa del Evangelio, con que vigor y condici?n resuenan en este encuentro las palabras del Ap?stol: ?si evangelizo, no es como motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. Hay de mi si no evangelizare?

Termino volviendo a la soledad de Bel?n. All? hay un juego de miradas. La Virgen mira a Jes?s y a la Virgen San Jos?, a los dos mira Jes?s y se sonr?en los tres

Esta es la soledad de nuestra vida, tener los ojos clavados en la Virgen, clavados en Jes?s, identificarnos con El: de dos corazones, hacer un latir, y morir contigo, morir contigo, para en ti vivir.

Es una soledad que fortalece, es una soledad consoladora, es una soledad que llena de alientos, ante la cual no tiene el desaliento entrada, es la soledad de compartir la Cruz con Jes?s y poder decir con San Pablo: ?con Cristo estoy clavado en la Cruz y vivo yo, m?s ya no yo, es Cristo quien vive en m?

Pues terminemos con esas palabras con que Juan Pablo II comenzaba o terminaba sus intervenciones ?Alabado sea Jesucristo?
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Jos? Luis Serrano
Publicado por verdenaranja @ 0:13  | Art?culos de inter?s
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