S?bado, 14 de abril de 2007
D?a 15
II Domingo de Pascua


Vivir en la paz de Dios


San Juan nos ofrece en estos vers?culos una escena verdaderamente pascual. La vida espl?ndida de Jes?s glorioso aparece ante sus disc?pulos como algo normal. Es la vida propia del Hijo de Dios que nos ha sido prometida en su nombre. De esta vida, lo que hoy meditamos a partir del texto precedente, viene a ser s?lo un bot?n de muestra.

Consideremos nada m?s lo que san Juan nos cuenta de aquella tarde del domingo en que resucit? el Se?or. Jes?s se presenta ante sus disc?pulos, Se?or de las leyes f?sicas. Su cuerpo es glorioso ?no podemos imaginar esa corporalidad gloriosa? y, a pesar de que le hab?an abandonado en su momento m?s duro, los tranquiliza. No s?lo les desea la paz, les entrega la paz: la paz sea con vosotros, les dice. Ellos se alegran al verlo y nuevamente les dice: la paz sea con vosotros. Consideremos una vez m?s llenos de agradecimiento que el Se?or querr? siempre nuestro bien, nuestra felicidad y alegr?a, a pesar, incluso, de nuestras infidelidades.

Y dicho esto les mostr? las manos y el costado. ?Qu? importante es no cerrar los ojos a la realidad! A la realidad del amor de Dios por los hombres y a la realidad de nuestro pecado. A la vista de esas manos y ese costado no hay nada que decir. Unicamente reconocer con humildad y agradecimiento nuestra condici?n y la suya. Pero, ni se nos ocurra pensar que, con ese gesto, Jes?s pretende echar algo en cara a los Ap?stoles. El Se?or no sabe sino amar. Por eso, mientras ellos lo contemplan con las huellas frescas de la Pasi?n, con las pruebas del abandono de ellos y de su amor, ?l se reafirma en su entrega incondicionada a los hombres y los llena de paz.

A continuaci?n el amor de Dios por los hombres llega a su c?nit: Jes?s despliega para sus disc?pulos y para toda la humanidad los frutos de su Pasi?n. Entrega el Esp?ritu Santo y configura a unos hombres, simples criaturas, con ?l mismo: Como el Padre me envi? as? os env?o yo. Dicho esto sopl? sobre ellos y les dijo: Recibid el Esp?ritu Santo; a quienes les perdon?is los pecados, les son perdonados; a quienes se los reteng?is, les son retenidos. Que no queramos salir en nuestra oraci?n de las acciones de gracias. Nos entrega al Par?clito, nos encomienda su misma misi?n, nos perdona y garantiza que jam?s nos faltar? su perd?n.

??Dios es mi Padre! ?Si lo meditas, no saldr?s de esta consoladora consideraci?n.
??Jes?s es mi Amigo entra?able! (otro Mediterr?neo), que me quiere con toda la divina locura de su Coraz?n.
??El Esp?ritu Santo es mi Consolador!, que me gu?a en el andar de todo mi camino.
Pi?nsalo bien. ?T? eres de Dios..., y Dios es tuyo.

As? se expresaba san Josemar?a. Y nosotros vamos a decirle a Jes?s que no nos deje ser injustos, que nos abra bien los ojos y nos llene de su luz, para darnos cuenta de lo que somos y valemos; de lo que podemos porque as? lo ha querido Dios. Que nos llenemos de af?n de corresponder y que muchos, que est?n a nuestro lado pero tal vez no se enteran, vibren tambi?n felices ??entusiasmados!? con ?l.

Pero, estemos en guardia, que en cada uno hay un Tom?s desconfiado que "necesita pruebas", que quiere que las cosas le "entren por los ojos". Queramos acostumbrarnos en cambio a lo sorprendente; a algo mucho mayor de lo que nuestros ojos pueden llegar a comprobar. Habremos de poner los medios humanamente desproporcionados de la oraci?n y la expiaci?n, y el empe?o por extender en el mundo el Reino de Dios, asimismo desproporcionado e incre?ble para los criterios meramente terrenos. Estaremos de esta forma viviendo el "permanente tiempo Pascual" que comenz? a partir de la Resurrecci?n de Cristo. Un tiempo apost?lico para el que contamos con los mismos medios que los disc?pulos ?sinti?ndonos uno de ellos?, siguiendo el consejo del Se?or: rogad al Se?or de la mies que env?e obreros a su mies.

A la Virgen la llamamos cada d?a "Reina de la paz" en el rezo del Santo Rosario. Le pedimos la paz que Ella siente, siempre confiada en el amor que Dios le tiene.




Publicado por verdenaranja @ 15:08  | Espiritualidad
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