S?bado, 14 de abril de 2007
Artículo publicado en el Progrma de Semana Santa 1980 de la parroquia de San Marcos de Icod de los Vinos, escrito por el investigador e historiador Juan Gómez Luis-Ravelo.


DATOS HISTORICOS
DE LA IMAGEN DE CRISTO YACENTE


Por Juan Gómez Luis-Ravelo



Entre las más antiguas solemnidades de la Semana Santa de Icod se encuentran las celebradas en honor de la imagen del Cristo Yacente, iniciadas a finales del siglo XVI en la iglesia de San Marcos, por la Hermandad de la Misericordia, beneficiada, un día cada año, en la procesión del Cristo para sus celebraciones del J lleves Santo, por expreso deseo de la donante de dicha imagen, según consta en documento de la época (1).

EL DOCUMENTO

La escritura de donación del Cristo al convento agustino, dada a conocer el año 1977 (2), es un documento de sumo interés para la historia de estas conmemoraciones de la ciudad. En él se especifican, además de la traída de la imagen de las tierras de Nueva España, las especiales condiciones que se imponen para que la misma pudiera salir de la iglesia del convento cada Jueves Santo, cuyos frailes, dice el documento, "la darán y entregarán sin poner ningún inconveniente ni excusa". Los beneficiados de esta condición eran los hermanos de la Cofradía de la Misericordia, instituida en la iglesia parroquia] de San Marcos de este lugar, quienes habrían de solicitarla en ese día para hacerla objeto de homenaje y culto en sus celebraciones, especificando el documento que "luego de la procesión sus mayordomos y mandadores sean obligados a volver al dicho convento la dicha imagen" (3).

La escritura, otorgada por Inés de Montes efe Oca en 12 de diciembre de 13£37, por ante el escribano Lucas Martín de Alzola (4), es interesante, no sólo por permitir documentar la imagen del Cristo, sino que, a través de ella, podemos fijar con certeza el inicio de éstas solemnidades del templo de San Marcos v, además, deja constancia cíe la anterior celebración de procesiones por dicha hermandad al especificar "para las procesiones que la dicha cofradía hace en cada un año en el Jueves Santo" y, más adelante concretar "para la sacar en la procesión que acostumbra" lo que hace suponer que éstas manifestaciones externas tuvieron su origen hacia los años de fundación de dicha Hermandad y posibilita la existencia de alguna imagen anterior perteneciente a ella.

LA IMAGEN

Esta imagen de Ntro. Señor Jesucristo Crucificado, como la cita el documento, es de tamaño natural y puede encuadrarse perfectamente en esa escuela escultórica de carácter popular que se desarrolla en el siglo XV1 mejicano con una especialísima manera de modelar las esculturas con materiales ligeros de peso, sobre todo, cuando se trataba de cuerpos de Cristos que, por estar destinados a ceremonias del descendimiento, de tanta aceptación popular, requerían poder ser manejados con cierta facilidad (5).

A diferencia de otras imágenes de este tipo esta de Icod no tiene talladas las extremidades, lo que hace aún más ligera; solo la cabeza es de madera denotando la intervención de las gubias del anónimo artífice que siguiendo los dictados de la época también dota a la imagen de la necesaria movilidad para que los brazos extendidos una vez quitados los clavos que lo fijan a la cruz, puedan ser unidos al cuerpo y ser utilizada como Cristo Yacente.

Respecto a la fecha de ejecución de la efigie solo sabemos que es anterior al año 1584 ya que en julio de dicho año se mandan a buscar a Yucatán, en Méjico, los bienes dejados por Gaspar de Torres, difunto marido ele la donante, entre los cuales se hallaba el Crucificado (6), lo que no deja lugar a dudas respecto a la filiación de la imagen que, como hemos dicho, queda encuadrada tanto por la técnica empleada en su ejecución como por las características de su estilo, en el arte popular desarrollado en dicho país durante la segunda mitad del siglo XVI.

LA DEVOCION

Si suponemos que grande debió de ser la devoción despertada por la imagen en las humildes gentes del lugar durante los primeros años y grande el impacto emocional que ocasionaría su presencia en las solemnidades del Jueves Santo en San Marcos y del Viernes Santo en la iglesia del convento agustino. el transcurrir del tiempo viene a reafirmar tal suspensión al aumentar sobremanera el lucimiento de estas solemnidades por las numerosas mandas y dotaciones que reciben. En el siglo siguiente se potencian con la adquisición de nuevas imágenes y la especial atención que a ellas dedica el Presbítero don Fernando de Montiel que habiendo fabricado en el templo agustino la capilla de Ntra. Sra. de la Soledad, la cual se hallaba totalmente terminada al finalizar el año 1660, fundó una cofradía de igual título que participaba, con las tras existentes en el templo, en éstas celebraciones del Viernes Santo (7).

En la centuria siguiente no sólo mantienen su esplendor estas solemnidades sino que algunas de ellas adquieren un mayor auge, especialmente la procesión del Entierro de Cristo, motivado por la participación en ella de la comunidad franciscana, establecida en el lugar desde el siglo anterior, según se constata en ciertas cláusulas del testamento del escribano don Luis de San Juan Pinelo de Armas (8) que a la letra dice lo siguiente: "impongo y sitúo en dicho Oficio y a de tener obligación de dar al convento del Señor San Agustín de este lugar de Ycod nueve reales de plata para que el R.P. Guardián que es o fuere de dicho convento nombre tres Religiosos sacerdotes para que el Viernes Santo carguen la Urna de Nuestro Redentor Difunto con otros nueve de plata que dejo al Convento del Señor San Francisco de este lugar sobre el dicho oficio para que el R.P. Guardián que es o fuere nombre otros tres Religiosos Sacerdotes de su Religión para que carguen con los otros de San Agustín y todos seis han de sacar de dicho convento ende se celebra el entierro de Cristo y llevar la Urna en toda la procesión hasta dejar Sepultado a Nuestro Redentor Jesucristo sin que en esto se falte según llevo dicho… Item impongo sobre dicho oficio quince reales que dejo al convento del Señor San Francisco de este lugar para que perpetuamente para siempre jamás tenga obligación y cuidado el R.P. Guardián que es o fuere de dicho convento venga a la función del Entierro de Cristo al convento del Señor San Agustín de este lugar para acompañar a la procesión con su comunidad asta dejarla en dicho convento del Señor San Agustín sin que se falte en esto que es mi voluntad...".

En este mismo siglo XVIII la Hermandad de la Misericordia al adquirir un Cristo de muy buena factura, que aún se conserva en la parroquia de San Marcos, renunció o dejó
de utilizar su derecho sobre el de los frailes que siguió siendo homenajeado en su iglesia hasta mediados de dicha centuria cuando los mismos al ser exclaustrados, abandonaron el convento. El Cristo, con las demás imágenes del Santo Entierro pasaron a la iglesia parroquial en la que han continuado celebrándose hasta la actualidad tanto las funciones religiosas como la procesión y las tradicionales ceremonias del Entierro y del Descendi¬miento.

LA CEREMONIA DEL DESCENDIMIENTO

Aunque no se conoce documento alguno que lo asevere es lógico pensar, tanto por la raigambre popular que este tipo de ceremonias adquirió en el siglo XVI como por las propias características de la imagen reseñadas. que el ceremonial del Descendimiento se inició en esos primeros años posteriores a la donación de la imagen.

Tampoco se halla documentado cuando la misma dejó de celebrarse con carácter anual para pasar a realizarse cada lustro, aunque sospechamos que si bien, después del trasvase de estas solemnidades desde la iglesia del convento de San Sebastián a la parroquial de San Marcos, la misma adquirió nuevo auge, más tarde, avanzada va la actual centuria, la falta de comunidades religiosas y los imperativos de diverso orden aconsejaron espaciar la celebración de este antiguo y emotivo acto consistente en desclavar de la Cruz el cuerpo del Cristo Muerto y descolgarlo del alto madero, utilizando un largo lienzo, para ser depositado en el interior de la Urna en la que será llevado en procesión.

En el presente año, como cada lustro, la tradición retorna para constituirse en uno de los más emotivos cuadros de la Semana Pasional icodense y emocionar a la masa de fieles que abarrota las amplias naves del templo, invadidos de un profundo sentimiento de piedad, al ver trepar a los dos sacerdotes hacia lo alto de la Cruz central donde la figura del Cristo Muerto se destaca, sobrecogedora en su palidez, sobre el fondo negro del velo que cubre los oros del retablo de la capilla mayor de San Marcos, escoltada por las retorcidas figuras de los dos ladrones que cuelgan de las cruces laterales, mientras la voz del predicador retumba entre la arquería de piedra desgranando las "Siete Palabras" del Sermón.

Icod de los Vinos, marzo de 1980

NOTAS:

(1) Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, leg, 2.489, C 360v.
(2) DOMINGO MARTINEZ DE LA PEÑA Y GONZALEZ: Esculturas americanas en Canarias. Segundo Coloquio de Historia Canario-americana. Cabildo Insular de Gran Canaria (1977). Tomo 2, p. 479.
(3) El texto de éste documento se transcribe, en parte, en la presente publicación en el trabajo del que es autor Armindo de la Guardia Luis; Fundación de la Capilla Mayor de la iglesia de San Agustín.
(4) Inés de Montes de Oca fue la mujer de Gaspar de Torres, fallecido con anterioridad, de cuyo matrimonio nació el capitán Baltasar de Torres, fundador de la Capilla Mayor de la iglesia del convento agustino de San Sebastián.
(5) DOMINGO MARTINEZ DE LA PEÑA Y GONZALEZ. Op. cit. p. 478. Al estudiar otras imágenes de similares características señala que su modelado "coincide con una técnica muy empleada por los indios tarascos del estado de Michoacán, en Méjico. Tal técnica era a base de una pasta que se preparaba con la médula de la caña del maíz, mezclada con goma".
(6) Archivo Histórico Provincial, leg. 2.468, f. 83.
(7) DOMINGO MARTINEZ DE LA PEÑA Y GONZALEZ: Antiguas solemnidades del Viernes Santo en la iglesia de San Agustín. Día, 4 de abril de 1958.
(8) El testamento lo hizo de mancomun con su segunda mujer, María Josefa Evora de Artacho, otorgado por ante si mismo en Ycod el día de julio de 1751. Archivo Histórico Provincial, leg. 2.353, f. 274v.


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